La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

Allioli fotográfico en Russafa

‘L’allioli de María’, de Jordi Piris
Sporting Club Russafa
C/ Sevilla, 5. Valencia
Hasta el 31 de marzo de 2016

Durante el mes marzo podrás adentrarte en el valenciano barrio Russafa y toparte casi de frente con ‘L’allioli de María’, una nueva apuesta del Sporting Club Russafa que narra desde una perspectiva fotográfica muy particular temas como el erotismo, el misticismo, la oposición entre el bien y el mal, y el mediterráneo. Todo ello, apostando por la figura de la mujer como la herramienta visual que potencia el lineal recorrido expositivo.

Si bien es cierto que la fotografía de Jordi Piris, también coordinador de la muestra, acompaña al espectador en todo momento; se remarca continuamente la multidisciplinareidad, que queda congelada en dichas fotografías. En este proyecto se pueden observar trazos de danza, diseño, pintura, escultura e incluso el trabajo del artista fallero José Lafarga. El diseño gráfico y pinturas han sido obra de Carmen Signes, las esculturas de Elena Martí Manzanares y de Jesús Martín-Lorente; y algunas muestras de vestuario a modo de pieza escultórica de Jessica Muñoz.

Vista general del montaje expositivo.

Vista general del montaje expositivo.

Como si de una gran superproducción se tratara, otros profesionales han trabajado en el maquillaje, peluquería, puesta en escena e iluminación de las fotografías. Incluso, nos cuenta Lucía Peiró, que el día de la inauguración varios cocineros regalaron a los asistente la elaboración de diversos aliolis de colores. La gastronomía más mediterráneo, no solo se menciona en el conjunto de la exposición, sino que también quiso emerger de las fotografías para hacerse realidad. Añadiendo, aún más si cabe, mayor pluralidad.

El proyecto, además de poner en valor las diferentes disciplinas que pueden llegar a intervenir alrededor de una sola idea, desea culminar con la edición de un foto-libro cuya narración se constituya a través de la secuenciación de imágenes fotográficas. ‘L’Alioli de María’ es una extraña mezcla artística que sorprende y que, por todo lo que conlleva su elaboración, anima a indagar en dispares y aún más ajenas materias.

María Ramis

La belleza revulsiva de Liliana Maresca

Liliana Maresca
Galería Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Inauguración: viernes 29 de enero, a las 20.00h
Hasta el 15 de abril de 2016

La obra de Liliana Maresca, que incluye esculturas, objetos, instalaciones, dibujos, pinturas, montajes gráficos, y que se exhibe en la galería Espaivisor, se desarrolló y brilló principalmente durante buena parte del período de la postdictadura argentina, desde mediados de los años ochenta hasta la muerte de la artista, a fines de 1994, víctima del sida.

Su poética se alimentó y configuró a caballo de las décadas de los ochenta y de los noventa, entrelazándolas. Liliana también fue una influyente gestora de exposiciones que llevaron su sello personal, alrededor de las cuales supo articular a distintas generaciones de artistas, embarcados en estilos y tendencias que en aquellos años se veían como antitéticos y en tensión, pero que ella supo amalgamar. Y este poético encabalgamiento de tendencias y generaciones lo produjo tanto a partir de la mirada abierta de propia obra múltiple, como a través de su enorme capacidad organizadora. Las exposiciones temáticas grupales y colectivas que gestó hicieron historia.

Entre aquellas movidas puede citarse la muestra ‘Lavarte’ -en octubre de 1985- en una lavandería automática en pleno centro de Buenos Aires, por la que pasaban miles de personas al mes: allí la artista cruzó artes visuales, teatro y música.

Un año después organizó ‘La Kermesse’, una suerte de feria artístico circense, en el Centro Cultural Recoleta (entonces denominado Ciudad de Buenos Aires) en la que tomaron parte artistas plásticos, actores, músicos, vestuaristas, sonidistas, escenógrafos, directores, etc. Arte, juego y participación popular, al modo de las ferias barriales, que incluyó, por ejemplo, una rueda de la fortuna, un túnel del amor y un tren fantasma.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Desde 1989, junto a un grupo de artistas -y junto, también, con quien firma estas líneas-, Liliana organizó ‘La Conquista’, una gran exposición que fue montada y exhibida entre fines de 1991 y los primeros meses de 1992, para dar puntos de vista artísticos contra el proceso del “Descubrimiento” de América del cual se conmemoraban cinco siglos y que, por esos años, comenzaba a adquirir el nombre políticamente correcto de “Encuentro de culturas”. El subtítulo de aquella gran exposición que ocupó la totalidad del Centro Cultural Recoleta fue “500 años, 40 artistas”.

En ‘La Conquista’, Liliana presentó una gran instalación con la que evocaba duramente el nacimiento del mercado en América del Sur Latina, la época en que los conquistadores buscaban futuros destinos para ubicar sus productos y para extraer materias primas. Ella comparaba la sangre derramada mediante el exterminio de los aborígenes, con los lingotes de oro -los bienes obtenidos-. Una asociación plástica entre mercado, dinero y violencia.

Hacia fines de los ochenta su obra había comenzado a hacerse más política y a volverse anticipatoria respecto de ciertas consecuencias que se avecinaban, cuando la era menemista (por el gobierno del ex presidente Menem, que ocupó el cargo durante dos presidencias, entre 1989 y 1999) entregó el manejo del Estado al neoliberalismo, esto es: a los intereses privados, a la lógica bancaria, al capital concentrado, a las corporaciones y a las “leyes” del mercado.

En 1990 presentó una muestra crucial en el Centro Cultural Recoleta, en la que la artista exhibió un verdadero carro de cartonero lleno de deshechos, y tres réplicas, una en tamaño real, pintada de blanco; y dos en pequeña escala, objetos de bronce, uno plateado y otro dorado, como si fueran joyas.

Con aquella muestra la artista vislumbró antes que nadie uno de los oficios que mayor cantidad de personas excluidas reclutaría durante los años siguientes: el de los miles y miles de marginados del sistema, que poco a poco, por el efecto deletéreo de la economía menemista se fueron transformando en legión de familias cirujas (vagabundos), cartoneras y recicladoras de basura.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

La politización en la obra de Liliana también supuso al propio cuerpo, en una oscilación que iba del erotismo (sus desnudos fotográficos y sus piezas eróticas como los exhibidos en la presente exposición en Espaivisor dan cuenta de este aspecto), a la provocación ideológica, en obras conceptuales como aquella en la que la artista se ofreció al público “para todo destino”, relacionando cuerpo y mercado. Esto sucedió a fines de 1992, en la muestra que presentó en el Casal de Catalunya, ubicado en el porteño barrio de San Telmo.

En otro de los núcleos de la obra de Maresca se evoca la ide’a de juego, como sucede tanto en Patín, como en los múltiples ’No todo lo que brilla es oro’ y Caja chica’, que se exponen en la presente muestra valenciana. Los elementos, en estos dos últimos casos, parecen invitar al espectador a un juego de esos que orientan los destinos o deciden la suerte de los participantes, a través de las posibilidades combinatorias, metafóricas y simbólicas.

La última exposición que Liliana realizó en los instantes finales de su vida fue una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, en noviembre de 1994, a la que dedicó la energía que le quedaba. El título que eligió para la exposición resulta demostrativo de su actitud frente al arte y la vida: ‘Frenesí’. Fue emblemática una de las obras que la artista había hecho especialmente para la exposición y que daba nombre a la muestra. Se trataba de un objeto encontrado por la artista, en sus recurrentes búsquedas callejeras: una raíz que lucía como un cuerpo femenino retorcido y consumido, en relación de tensión, y también de amor, con los cánones de la belleza tradicional, como sucede, en cierto grado, con la pieza ’Cíclope’, de 1991, exhibida en Espaivisor.

Toda categorización del trabajo de Liliana es sólo aproximada porque su obra siempre se resistió al disciplinamiento y especialmente a ser clásica, porque lo clásico muchas veces gusta pero no incomoda el presente de quien observa, como le gustaba a la artista.

La primera incomodidad de su producción, en el sentido de interrogarse a sí misma y de cuestionar al espectador, viene de la propia construcción de cada obra. Su trabajo evidencia a una artista con talento para crear obras bellas, que al mismo tiempo se resistía a la belleza fácil, esa que deja al espectador en un lugar pasivo por su efecto tranquilizador. Maresca siempre buscaba otra belleza, extraña y reflexiva, muchas veces revulsiva.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Fabián Lebenglik

Editor de la sección de artes visuales del periódico Página/12 y director editorial de Adriana Hidalgo Editora

 

Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

La danza, protagonista en Sala Russafa

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance
Reflejos de luz en las grietas de un cristal roto, de Eva Bertomeu
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Sábado 17 y domingo 18 de enero

Relevo de Alicias sobre el escenario de Sala Russafa. Tras el éxito de ‘Alicia en Wonderland’, que volverá en primavera, este fin de semana la danza es la protagonista en la programación de artes escénicas del centro cultural, que incluye un nuevo acercamiento al clásico de Lewis Carroll.

Se trata del que realiza la prestigiosa compañía catalana Thomas Noone Dance, que llega a Valencia tras su paso por escenarios de países como Italia, México, Francia, o Alemania. El coreógrafo británico, afincado en la capital catalana y premiado con el galardón Ciutat de Barcelona en 2011, es el creador de ‘Alicia’, un espectáculo para público familiar que recupera los elementos y personajes icónicos de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

Escena de 'Alicia', de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘Alicia’, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Su protagonista es una niña que viaja con una maleta llena de sorpresas. Apoyados por los cambios de vestuarios y el uso de máscaras, cuatro bailarines ponen en escena, a través del movimiento, las situaciones más absurdas de la novela, demostrando que la imaginación es capaz de ofrecer a los viajes más intensos y maravillosos.

Antes de proseguir su gira por ciudades como Donosti, Leioa, Murcia y Tenerife, el sábado 17 (17h) y el domingo 18 (12:30h) podrá verse esta pieza, llena de emoción, ternura y dinamismo, que acerca la danza a los pequeños para, sin palabras, contarles cientos de historias. (Alicia: http://vimeo.com/108718437)

Eva Bertomeu en una de sus coreografías. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Eva Bertomeu en una de sus coreografías. Imagen cortesía de Sala Russafa.

En la programación para adultos, Eva Bertomeu, una de las bailarinas y coreógrafas valencianas más destacadas, vuelve al teatro de Ruzafa. Galardonada con el Premio de la Generalitat Valenciana a la mejor bailarina 2007 y 2008, al mejor espectáculo de danza en 2008 y a la mejor dirección coreográfica en 2007, Bertomeu se ha convertido en un nombre destacado dentro de nuestra escena.

Esta semana interpreta en Sala Russafa dos funciones (17 y 18 de enero) de su espectáculo ‘Reflejos de luz en las grietas de un cristal roto’, una coreografía que recrea el movimiento, colores y líneas que dibujan los rayos de sol sobre el vidrio, describiendo un nuevo comienzo. Le acompañan sobre el escenario los bailarines Lorena Ortiz, Bárbara Díaz, Fredo Belda y Miguel Ángel Machado.

Escena de 'IUS', de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘IUS’, de Eva Bertomeu. Imagen cortesía de Sala Russafa.

El programa se completa con ‘IUS’, reconstrucción de una pieza creada por Bertomeu, que se representó en Dansa Valencia 2010 y que viajó a festivales de Francia y Bélgica. Ahora, la coreógrafa la retoma para expresar a través del baile una idea del derecho (ius) basada en la descripción de Domicio Ulpiano “el Derecho es la técnica de lo bueno y lo justo”. (Reflejos de la luz… : https://www.youtube.com/watch?v=R8jNAOetcAI)

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Alicia, de la compañía Thomas Noone Dance. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Los ‘huesos’ del teatro…Escalante

30 anys de l’Escalante
MuVIM
C / Quevedo, 2. Valencia
Hasta marzo de 2015

Igual que el cuerpo humano, el hecho teatral se compone de carne y huesos. La carne es la interpretación de los actores que se renueva en cada función para hacer realidad los pensamientos y emociones creados por el dramaturgo. Los huesos son el armazón, el artefacto, el andamio y carpintería que soportan esa magia y la hace posible. Escenógrafos, diseñadores de vestuario, cartelistas, músicos, maquilladores y otros técnicos que arropan con su trabajo a los actores. Esa faceta, el teatro entre bambalinas y en versión infantil,  se muestra en la exposición ’30 anys de l’Escalante’, comisariada por Paula Salinas, que se puede visitar en el MuVIM hasta el mes de marzo. «El objetivo de la muestra es acercar el teatro al público desde otro punto de vista, dando a una visión más completa de la puesta en escena de un espectáculo teatral», dice  Vicent Vila,  director del teatro de la Diputación.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Teatro desde dentro

Vestuarios, escenografías, carteles originales, diseños de figurines, fotografías, etcétera. La exposición realiza un recorrido por las últimas décadas de la escena valenciana, mostrando el trabajo del teatro desde un punto de vista global. Se estructura en tres apartados: la producción y exhibición de espectáculos para niños, la formación de profesionales de las artes escénicas y la didáctica para acercar el teatro a los pequeños.    Entre más de un centenar de imágenes y objetos que componen la  exposición, se exhibe el traje que llevaba El Gran Kahan en Els viatjes de Marco Polo, la escenografía que ambientó Amada Candela o Pinotxo, marionetas que aparecieron en Tirant Lo Blanc, fotos de La Guerra dels Mons, o el cartel original de una pieza de la cultura valenciana El llibre de la selva del artista Sento.

Una sección de la muestra está dedicada al trabajo que desde hace 10 años realiza L’Espai d’Exposicions, dedicado a acercar las artes escénicas a los niños mediante talleres, actividades y exposiciones. Una de las piezas más destacadas es la de Miquel Calatayud que representa el Globe Theatre, donde Shakespeare representaba sus obras, o maquetas de escenografías creadas por artistas como Miró, Popova y Tatlin.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de València.

Producción y exhibición de espectáculos, formación para profesionales y didáctica para espectadores. La combinación de estas tres líneas de trabajo, así como su especialización en el público infantil, hacen del Escalante una experiencia única en el panorama nacional. «Cuando empezamos nadie había probado a poner en marcha un teatro público solo para niños», recuerda Vila. «Con el apoyo de la Diputación, tres décadas después seguimos siendo los únicos que trabajamos todas estas áreas, centrándonos siempre en el público infantil».

Además del reconocimiento de la crítica, una muestra del éxito del Escalante son los más de dos millones y medio de espectadores que han pasado por su patio de butacas,  una media del 90% de ocupación en todas sus funciones, convirtiéndose en uno de los excepcionales casos de teatro público rentable. Los fines de semana el 60% del público son mayores de 18 años.

La muestra del MuVIM, además de brindar homenaje a este proyecto teatral, ofrece la oportunidad de hacer un viaje en el tiempo a todos los que alguna vez, cuando eran niños, se dejaron atrapar por la magia del teatro en una de las butacas del Escalante.

Imagen de la exposición 30 anys de l'Escalante en el MuVIM. Foto: Raquel Abulaila.

Imagen de la exposición 30 anys de l’Escalante en el MuVIM. Foto: Raquel Abulaila.

Memoria de tres décadas

El balance de estas tres décadas en cifras habla por sí mismo: 41 espectáculos,  8.200 representaciones, 2.500.000 espectadores y  40 premios. Cifras orientadas a un solo un objetiv: potenciar el amor por el teatro y la opinión crítica entre los pequeños.

En 1985 nace un proyecto pionero en España, un centro teatral público dedicado exclusivamente a la producción y exhibición de teatro para niños en un emplazamiento también único. Un palacete tardo renacentista en pleno casco antiguo de Valencia. Con la llegada de Vicent Vila a la dirección, en 1989, el Escalante define su sello, con producciones de gran envergadura, que aportan una alta calidad artística y apuestan por los profesionales de la escena valenciana. Además, se abre la programación a compañías nacionales, internacionales, incluyendo  espectáculos de todo tipo de géneros dirigidos al público infantil. Para profundizar en la formación y completar el modelo de centro teatral, en 1995, se crea una escuela de teatro que trabaja cinco áreas: la profesional, las especializaciones, la Escoleta, el teatro para adultos y el Aula de Teatre. En 2005, nace L’Espai d’Exposicions, dedicado a la creación de actividades como visitas guiadas, talleres para niños y comisariado de exposiciones temporales, siempre relacionadas con las artes escénicas, que giran por España.

Otra área dentro del Escalante que funciona desde sus inicios es la de publicaciones. Con la colaboración de editoriales como Bromera, Universitat de Valencia o Kalandraka, se imprimen los textos teatrales y músicas creadas para sus espectáculos. Con un equipo de 18 profesionales, el Escalante es un modelo de teatro público sostenible: con un 90% de ocupación en sus representaciones. Una labor reconocida con la Medalla de Plata de las Bellas Artes concedida por el Ministerio y otros 39 galardones otorgados por las asociaciones de críticos y profesionales de las artes escénicas.

Exposición 30 anys a l'Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Exposición 30 anys a l’Escalante en el MuVIM. Cortesía del Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Bel Carrasco

Las 10.001 noches del Escalante

Les 1001 Nits, de Vicent Vila
Escalante Centre Teatral
C / Landerer, 5. Valencia
Estreno: lunes 13 de octubre
Hasta el 21 de diciembre, 2014

Para celebrar sus 30 años, el Escalante estrenará la producción propia ‘Les 1001 Nits’, un proyecto largamente deseado por su director Vicent Vila. Y ahora que han pasado más de 10.000 noches desde que el Centre Teatral de la Diputación de Valencia arrancará en 1985, la famosa recopilación de cuentos ve la luz con nueve actores en escena que dan vida a 72 personajes, apoyándose en el uso de marionetas.

Una escena de 'Les 1001 Nits', de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Una escena de ‘Les 1001 Nits’, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Para reforzar la magia del libro, y el milagro que supone contar con un teatro público reiteradamente premiado, el Escalante exhibe 87 dibujos de Josep Segrelles realizados en 1932 para ilustrar precisamente ‘Las 1001 noches’ que tradujo Vicente Blasco Ibáñez. Como recordó el comisario de la exposición, Joan Josep Soler, hablamos del artista plástico valenciano por el que sienten admiración (“son auténticos fanáticos de su obra”) Guillermo del Toro (‘El laberinto del fauno’) o John Howe, ilustrador de ‘El señor de los anillos’. Soler avanzó que el cineasta, de hecho, tiene previsto visitar en breve el Museo Segrelles de Albaida.

La efemérides se completa con una macro exposición en el MuVIM, que tendrá lugar en diciembre. Ocupando la Sala Parpalló, podrán verse los diseños, el vestuario, las escenografías y los carteles originales de ilustradores valencianos que han ido participando durante estos 30 años en las producciones y exposiciones del Escalante. Y para remate conmemorativo también se editará, en colaboración con Bromera, un anexo al libro que celebraba el 25 aniversario del teatro, con textos de las últimas producciones teatrales.

Escena de 'Les 1001 Nits', de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral.

Escena de ‘Les 1001 Nits’, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral.

¿Que por qué un teatro como el Escalante sigue vivo y coleando, pese a la sempiterna crisis del teatro y la más reciente pero devastadora crisis económica? La palabra la tiene Vicent Vila: “Es un secreto publico: porque nunca nos ha faltado el apoyo de la Diputación de Valencia y porque había un público que atender y una demanda por parte de los profesionales”. Lo cual ha hecho que el Escalante haya montado más de 40 producciones propias, obteniendo prácticamente otros tantos premios, para un total de 2.500.000 espectadores.

“Es un ejemplo de teatro público de calidad y sostenible”, que cuenta con “un 90% de ocupación en cada función”, destacó Cristóbal Grau, diputado de Teatres, encantado de poder ofrecer una buena noticia en tiempos de descrédito de la clase política. Una buena noticia que, en el caso del Escalante, “casi pasa desapercibida por lo habitual que resulta”, subrayó su director.

Actores y responsables institucionales, tras uno de los ensayos de 'Les 1001 Nits' ante los medios de comunicación. Imagen cortesía del Escalante.

Actores y responsables institucionales, tras uno de los ensayos de ‘Les 1001 Nits’ ante los medios de comunicación. Imagen cortesía del Escalante.

‘Les 1001 Nits’ que ha escrito y dirige Vicent Vila, cuenta con un reparto encabezado por María Almudéver, con sonido original del Premio Nacional de Música, Joan Cerveró, y dirección artística de Ana Garay, escenógrafa que ha trabajado con Pilar Miró, Adolfo Marsillach, Mario Gas o Josep Maria Pou, entre otros. La exposición de Segrelles se completa igualmente con esculturas de la ceramista Reme Tomás.

‘Las 1001 noches’ representa sin duda el espíritu del Escalante: un  teatro que se mantiene vivo, como Sherezade, porque el rey Shahriar (la Diputación) no puede dejar morir a quien embelesa con tanta narración ya vista y por venir. De nuevo Vicent Vila: “Es un homenaje al equipo técnico del Escalante, que se ha entregado al montaje con abnegación, amor y profesionalidad”. Y así durante ya más de 10.000 y una noches.

Escena de Les 1001 Nits, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía del Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Escena de Les 1001 Nits, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía del Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Salva Torres

La triple tragedia de Medusa

Medusa, de Sara Baras
Festival d’Estiu Sagunt a Escena
Martes 12 de agosto, 2014

Fundir la estética griega clásica y la pasión dinámica del baile flamenco es uno de los retos que vence Sara Baras  en su montaje ‘Medusa’, que se podrá disfrutar el 12 de agosto en el Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Estrenada con gran éxito en el Teatro de Mérida la pieza proseguirá su gira por otras localidades y festivales. Cuenta la triple tragedia de la bella sacerdotisa de Atenas, violada y luego condenada por la diosa, que la convierte en un monstruo capaz de petrificar a los hombres con una mirada, decapitada por el héroe Perseo.

Otro de los retos asumidos por Baras, Premio Nacional de Danza 2003, responsable también de la dirección, la iluminación y el diseño de vestuario,  consiste en mantener una narración lineal más allá de una sucesión de números de baile. Para ello combina la danza con la palabra declamada por el actor Juan Carlos Vellido, que interpreta a la conciencia de la protagonista con textos rimados del cantautor Javier Ruibal.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

“Ha sido la obra más fiel a lo que quería contar”,  afirma la bailarina gaditana. “No ha sido un pretexto para bailar, sino hacer un guión para una historia y no salirme de ahí en ningún momento”.

Fundir dos códigos estéticos aparentemente opuestos como el universo griego, estático y contenido, y el mundo flamenco, potencia y movimiento se ha resuelto con brillantez. Convertir los tacones en sandalias y las túnicas en batas. O viceversa. Y, sobre todo, los elementos de baile: el tritón de Poseidón que agita David Martín, las armas exhibidas por el cuerpo de baile, el escudo de Perseo. Elementos que limitan el juego de brazos. “En estos tres meses hemos pasado hasta cuatro horas bailando con las armas”, cuenta Baras y potenciando el zapateado, la gran baza de la bailaora.

¿Qué representa este montaje en el conjunto de su trayectoria? 

Medusa significa un paso adelante y no sólo para mí sino también para la compañía. La identidad como dramaturgia flamenca de esta pieza es muy diferente y hemos crecido sobre todo a nivel interpretativo.

¿Qué es lo que le fascinó de este  personaje mitológico?

Me enamoró descubrir que detrás del monstruo con cabellos de serpiente había una mujer violada y castigada injustamente por un juego de dioses. Necesitábamos defenderla  y eso hacemos en cada función.

¿A quién le gustaría dejar petrificado con una mirada? 

Me gustaría dejar petrificado al Síndrome Rett y a todas las enfermedades crueles como ésta, una enfermedad que se da solo en las niñas y es un sufrimiento horroroso de ellas y de sus familias. Colaboro con una fundación que llevan los papás de Martina que se llama Miprincesarett  y su labor es admirable. Pienso en ellas y sus familias y sueño que alguien tuviera el poder de dejar petrificada ésta y otras enfermedades tan crueles.

Escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

La tragedia de Medusa es similar a la que padecen muchas mujeres en algunos países que tras ser violadas sufren el rechazo de la gente. ¿Qué opina al respecto?

Soy partidaria de defender a todas las personas que sufren injusticias. Es increíble que dentro de la mitología haya historias que miles de años después se sigan repitiendo. Es doblemente doloroso pensar en el sufrimiento de esas mujeres.

Hace poco se cumplió el décimo aniversario de la muerte de Antonio Gades. ¿Qué recuerda del gran maestro? 

Antonio Gades marcó un antes y un después en la danza de nuestro país. Su disciplina, su seriedad, su orden y su puesta en escena eran impecables. Nos trasmitió el amor y el respeto por nuestro arte y por nuestros maestros. Yo tuve la suerte de verlo bailar muchas veces y de conocerlo personalmente. Era una pasada, uno de esos genios de los que nunca dejas de aprender.

¿Por qué el ballet es un arte minoritario en España? 

Sinceramente yo no considero que el ballet sea un arte minoritario en España, aunque en estos momentos debido a las circunstancias tan complicadas que vivimos hay muchas compañías de danza que no han conseguido mantenerse y muchas personas que no pueden permitírselo.

¿Qué recuerdos guarda de Valencia? 

Todos muy buenos. No sé cuántas veces he bailado allí pero tengo clavado la entrega del público valenciano que es maravilloso. Tenemos muchas ganas de volver con nuestra ‘Medusa’ y espero que sea una noche tan mágica como su público.

Una escena de la obra 'Medusa', de Sara Baras. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Una escena de la obra ‘Medusa’, de Sara Baras. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Transitando por la galería Luis Adelantado

Visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 4 de julio, 2014

Vamos a transitar/recorrer el espacio de la galería Luis Adelantado, con la idea de sentirlo un poco nuestro, entenderlo como propio, tanto al contenedor como al contenido.

Bagaje, teatralidad, contraste, cambio, luz…

Pongamos atención sobre algunos de estos conceptos que nos servirán de hilván en esta experiencia. Sazonarán de sentido el camino, veámoslo juntos.

La doble exposición sobre la que vamos a hablar hoy, acoge las obras del artista holandés Folkert de Jong, y la artista francesa Delphine Courtillot.

Ambas muestras están íntimamente relacionadas, más allá de su relación personal, lo cotidiano transciende los límites convencionales para mostrarse tal y como es, honesto y directo.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Folkert es un artista bien conocido por sus instalaciones teatrales, y su crítica cáustica/mordaz hacia los emblemas del poder. Bajo el título de Desengaño, nos invita a reflexionar a través de este concepto y en relación a su trabajo. En este momento nos rodean las obras de Folkert que presiden la entrada a la galería de Luis Adelantado.

Como él mismo comenta, cayó en sus manos un recopilatorio de Poesía española con este título de tintes dramáticos, que tan bien se relacionó con sus obras. El desengaño nos habla de un conocimiento de la verdad que nos saca del error, de la ignorancia…Entronca además con la situación social actual, con algo tremendamente contemporáneo en las obras de Folkert, como la dualidad, de luces y sombras, entre lo oscuro de esas miradas perdidas, y la luz que salpica de optimismo un futuro próximo.

En esta primera sala de la Galería, os invito a deambular por esta especie de sembrado de rostros de terra sigillata que parecen dialogar entre sí. Sus expresiones  son intensas pero contenidas. Si focalizamos nuestra atención en ellas, veremos que son rostros arquetípicos que nos recuerdan a personalidades que ostentan el poder, reinas, príncipes, papas… De hecho son personalidades atrapadas entre el poder, y la ruptura de la luz, manifiesta mediante los vitalistas colores en la base de las esculturas. Para Folkert, este desacuerdo, este entender la realidad como algo que está en continua eclosión, es el campo de cultivo perfecto para la creatividad. En esta ocasión, la presencia de la luz en las obras de Folkert, tiene una fuerte carga simbólica, optimista. Ya que aboga por la etimología primitiva de la palabra Crisis, como oportunidad de cambio.

Obra de Delphine Courtillot en la exposición 'Aterlier familial'. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Delphine Courtillot en la exposición ‘Aterlier familial’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

A continuación, pasaremos a la segunda planta de la galería para conocer el trabajo de Delphine Courtillot. En la muestra Atelier familial veremos distintas influencias (Omega Workshop, Sonia Delaunay…) y una manera de trabajar que nos habla de integrar vida cotidiana y arte. Nos presenta una serie de túnicas de formas rectas y llenas de color, concebidas como arte.

Esta incursión en lo textil, supone una nueva experiencia para Delphine, cuyos trabajos anteriores, si bien vinculados con el imaginario de principios del s.XX, formaban parte de algo más clásico. El punto de partida de este trabajo es una colaboración que llevó a cabo con Folkert,  para la creación del vestuario de una compañía de teatro neoyorquina de Vanguardia. Se sintió muy a gusto a la vez que liberada con este trabajo, de modo que decidió ahondar en él. La idea de que sea un taller familiar, nos habla de un trabajo íntimo, de una familia ficticia tal vez, que se genera con quienes trabajamos habitualmente.

La reflexión que se esconde tras estas túnicas de inspiración ancestral, referencia una  ruptura con la sociedad de consumo, con la falta de derechos que se desprenden de los abusos de la producción en cadena propia de las exigencias del mercado. En definitiva, reivindica la defensa de la identidad como algo único y valioso, y la ruptura con el Made in China. Emplear el mínimo conocimiento técnico, y las formas más básicas para expresar algo con pureza, libre.

Esculturas de Folkert de Jong en la exposición 'Desengaño'. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Esculturas de Folkert de Jong en la exposición ‘Desengaño’. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Continuando con esta experiencia retomamos la visión de Folkert en esta tercera de las cuatro plantas de la galería, y nos encontramos con una de las obras más icónicas de esta exposición. El trono de coronación. Este asiento, es una réplica exacta al trono de coronación inglés que se encuentra actualmente en Westminster Abbey, pero intervenido mediante la presencia de la luz.

El autor está muy interesado por el tema de la materialización del poder, y cómo esto cobra sentido con el paso de los años, el poso de las creencias sobre objetos físicos, otorga incluso una identidad/personalidad a los mismos…. Le fascina la necesidad del ser humano de conectar con este tipo de creencias que transcienden lo humano. De hecho, se convierten en algo autónomo, en un emblema. El trono cuenta con su propio ritual, que se completa al acoplar la piedra del destino al asiento original. A principios de siglo el trono fue atacado, entre otros por las sufragettes, quienes lanzaron sobre él un bolso lleno de explosivos, en su defensa por la equidad.

Para finalizar esta experiencia compartida que espero hayan disfrutado, vamos a disfrutar de esta última sala con escasas palabras, dejando que sean las emociones quienes nos hablen a nosotros, y no al revés…Antes de entrar a esta última sala, sólo diré que se trata de una colaboración entre Folkert y Delphine, donde se mezclan el barro de él, la tela de ella y la luz de ambos, los que estáis aquí lo estáis viendo, los que estáis leyendo estas líneas quedáis invitados a conocerlo.

Agradezco vuestra atención, y espero veros pronto.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig