El 40 aniversario de Television y su ‘Marquee Moon’

Television
Marquee Moon
Publicación 8 de febrero de 1977
Elektra records
40 aniversario

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Hoy, 8 de febrero del 2017, se cumplen 40 años desde la publicación del fundamental, seminal y esencial debut de TELEVISION. Estamos hablando de, nada menos y nada más, el “Marquee moon”, una obra que, pese a su mérito, influencia y reconocimiento por parte de críticos y entusiastas simpatizantes, se mantiene como uno de esos discos llamados “de culto” puesto que no ha obtenido una trascendencia popular acorde a la calidad e importancia de su contenido.

Para rendirle un merecido homenaje creo que tendríamos que contemplarlo con el uso de la máquina del tiempo hasta trasladarnos a un año clave de cisma roquero. Aunque algunos iluminados ya podían barruntar lo que se avecinaba, el año 1977 supuso, al fin y al cabo, la ruptura definitiva con unos sonidos setenteros que cada vez daban más signos de agotamiento. De una mayoría es sabido lo que en Europa implicó durante aquel año el “Never mind the bollocks” de los Sex Pistols pero lo que no resulta tan popular, salvo para frikis y amiguetes de las catacumbas rocanroleras, es la tremenda magnitud del CBGB neoyorkino.

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Es allí, en el célebre club underground de punk-rock y new wave donde se cocieron un buen número de propuestas musicales con vital importancia en el devenir de la música popular. Ramones, Blondie, Talking Heads,… fueron su cara más divulgada, pero allí, entre sus subterráneas paredes, transitaron otros nombres, tanto o más fundamentales pero menos afamados, como por ejemplo TELEVISION, la banda del egregio Tom Verlaine.

Digamos que “Marquee moon” fue, salvando honrosas excepciones menos obvias (como por ejemplo el homónimo de los Modern Lovers o el “Rock ‘n’ roll animal” del mismísimo Lou Reed), la primera gran obra musical que recolectó, amasó y troqueló el suculento patrimonio de la Velvet Underground. Digamos también que, además de su inclinación velvetiana en esta irrepetible masterpiece, el talento del Sr. Verlaine se aproximó tanto al pretérito reinado del glam de Bowie o Bolan como a la actitud y urgencia del punk coetáneo.

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Ocho coplillas, para qué más, sin residuos ni despojos. Muy difícil elegir una favorita. Quizás guardo especial cariño y devoción por “Friction”, la primera que escuché, con ese halo de “no futuro”, de desesperanza, de que los chicos acabarán de bruces entre barrotes de una pestilente mazmorra.

Pero al loro con ese inicio. “See no evil” es para volar muy alto, para lamer las heridas con esas guitarras que, entre Tom y Richard Lloyd, se muestran provocadoras antes de apostar por la melancolía en un tributo a la divina belleza como “Venus”, o por la hipnótica y oscura profundidad de escuchar la tormentosa “Marquee moon” que da título a esta emblemática POM (puta obra maestra para aquellos lectores que desconocen el significado de este vocablo). Fred Smith al bajo y Billy Ficca a la batería completaban un cuarteto de leyenda.

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Más crápula, y al mismo tiempo más iluminada es “Elevation”. No me extrañaría que en un posible sondeo fuese la preferida de los más fans. El noctambulismo más sensible y amargo se exhibe en “Guiding Light”, de esas canciones que crecen en sucesivas audiciones, tal y como seguramente haya podido sucederle a alguien a lo largo de estas cuatro últimas décadas tras escuchar y estremecerse con “Prove it”.

Muy atinadamente se clausura este clásico con “Torn curtain”, conteniendo las lágrimas, para recordar un pasado que dejó una indeleble huella, algo similar a lo que es en conjunto la desgarradora grandeza de uno de los discos más fundamentales de la historia del rock. Llegarían más destacables trabajos de Television (“Adventure”, «The blow up») o de Tom Verlaine en solitario, pero nunca más tan geniales y tan monumentales como el “Marquee moon”.

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Please, que nunca se haga muy popular, que una minoría privilegiada de resistentes podamos continuar disfrutando del más moderno y vanguardista disco de los últimos cuarenta años.

Juanjo Mestre

* Texto adaptado para Makma del artículo también publicado en el Espacio Woody/Jagger.

Fernando Vicente y la anatomía femenina

El eterno femenino, de Fernando Vicente
La Fiambrera Art Gallery
Calle Pez, 7. Madrid
Hasta el 24 de octubre de 2015

Fernando Vicente (Madrid, 1963) es un artista autodidacta cuyos primeros trabajos vieron la luz en los años ochenta, en plena movida madrileña. Durante más de diez años trabajó en el mundo de la publicidad, terreno que abandonó en 1999 para volver de nuevo a la ilustración. Desde entonces ha realizado numerosos trabajos como los carteles de la Feria del Libro de Madrid o portadas de libros y discos. Además, sus trabajos han sido publicados en medios como Babelia, El País, Gentleman, Vogue, Rock de Lux, Playboy o Letras Libres.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

Con esta exposición La Fiambrera Art Gallery da a conocer al público los trabajos de uno de sus artistas de cabecera, Fernando Vicente, y su visión sobre la mujer, un elemento constante en toda su carrera.

La muestra incluye los trabajos más recientes e inéditos sobre sus conocidas series de pin ups, 26 ilustraciones que muestran la belleza femenina con un estilo pícaro y sensual.

Además, este recorrido se completa con 14 pinturas de su serie Venus, realizadas sobre láminas anatómicas y con referencias a los grandes temas de la pintura clásica. Fernando Vicente utiliza en esta serie una de sus técnicas características: combinar la presencia constante de la figura humana con otros elementos que el propio artista ha ido coleccionando a lo largo de su vida.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

La Fiambrera continuará la temporada 2015-2016 con las siguientes exposiciones: Álvaro Pérez-Fajardo, del 30 de octubre al 5 de diciembre. El viaje, exposición colectiva con obra original de todos los artistas de La Fiambrera, del 11 de diciembre al 13 de febrero de 2016.

La Fiambrera es una galería de arte enfocada en ilustración, diseño gráfico, y arte lowbrow en la que han expuesto artistas como Sonia Pulido, Juan Pablo Baene, Sergio Mora, Jon Langford o Roberto Maján. Es, también, una librería especializada en ilustración, diseño y cultura popular. Ambas actividades están acompañadas en el espacio por una tienda de objetos de decoración y accesorios, en la que con cada exposición se incorporan publicaciones y productos relacionados con la muestra o con el artista, además de un pequeño café.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

Obra de Fernando Vicente. Imagen cortesía de La Fiambrera Art Gallery.

Obra de Fernando de Vicente. Cortesía de La Fiambrera.

Obra de Fernando de Vicente. Cortesía de La Fiambrera.

 

 

GOSSYPIUM, de BERENA ÁLVAREZ

Espai d’Art Fotogràfic
C/ Torn de l’Hospital, 19. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

El aire que respiramos no solamente está compuesto por oxígeno y nitrógeno, sino también por imágenes, la gran mayoría procedentes de la publicidad, las cuales nos educan, moldean y construyen según los parámetros establecidos desde el punto de vista patriarcal, heterosexual, occidental y blanco. La fotógrafa Berena Álvarez Fernández (León, 1982), consciente de ello, subvierte a lo largo de su serie fotográfica Gossypium, esta considerada verdad absoluta, motivo por el cual nos va a proponer un choque potentemente cruel y provocador que nos enfrente a la iconografía adscrita al cuerpo de las mujeres a lo largo de la historia de las imágenes.

Pero vamos por partes. El título no es casual. Gossypium es el nombre genérico utilizado para designar las plantas herbáceas y los arbustos cultivados para  producir algodón, una fibra sensible a la vez que fuerte, que forma parte de nuestra cotidianeidad, de nuestro día a día. Por otra parte, “estar entre algodones” es una expresión coloquial principalmente vinculada a las mujeres y al deber ser, la cual nos vacía de todo contenido de inteligencia, situándonos en un nimbo en el que permanecemos inmaduras y en la tierna infancia, además de incompletas.

El color del algodón es el blanco, el color de la pureza, pero también el color con el que se simboliza la virginidad, adscrita al cuerpo de las mujeres y a una membrana que no solo nos habla de su supuesto honor, sino también del de su familia. El blanco, contrapuesto al color rojo, son los colores utilizados por Berena Álvarez en su trabajo. El color rojo significa atención y también es un color adscrito al cuerpo de las mujeres, pues es el color de la sangre menstrual, el color de la sangre esparcida tras la rotura del himen y el color de la violencia. Ambos colores serán los apropiados por Berena Álvarez para escenificar en un cuerpo masculino, la manera a través de la cual, hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia.

Tomando como punto de partida el trabajo de la japonesa Ryoko Suzuki en su serie Blind del año 2001 donde su rostro y su cuerpo son atados con total dureza, Berena Álvarez también procederá a atar para sus fotografías a un modelo masculino. Para la cultura japonesa, las ataduras, también simbolizan placer para la mirada masculina, tal y como nos lo ha transmitido el polémico fotógrafo Nabuyoshi Araki, quien basándose en la técnica tradicional del Kinbaku, el considerado arte de atar con cuerdas, representa a modelos femeninas sometidas y humilladas como fetiches sexuales.

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Por otra parte, las mujeres hemos sido únicamente representadas como contenedoras de belleza para la mirada masculina y deleitarla a través de nuestros cuerpos ha sido la finalidad adscrita. Viejas, no servimos, somos rechazadas y consideradas brujas. Así lo han reflejado pintores como Tiziano, Rubens, Velázquez o Courbet a través de sus Venus de pieles nacaradas, y Goya a través de sus brujas entradas en años preparando el aquelarre. Solamente hemos entrado desnudas a los museos, porque nuestros cuerpos jóvenes han simbolizado lo estético y lo proporcionado, lo bello y también lo sublime. A lo largo de la historia del arte, los hombres han representado la inteligencia, el poder y la valentía, mientras que las canas y las arrugas eran sinónimo de experiencia y sabiduría.

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Dispuesta a deconstruir dichos significados, es un hombre el protagonista de su trabajo. Pero no un hombre cualquiera. Según los cánones de belleza patriarcal actuales, es un hombre joven, delgado, proporcionado y blanco, objetualizado por la fotógrafa con la finalidad de mostrarlo del mismo modo a como hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte. Para ello, Berena Álvarez se sirve de la fibra del algodón, anteriormente mencionada y  concretamente de un cordel de color rojo, para delimitar las zonas que de su cuerpo, a la artista le interesa mostrar.

¿Acaso los cuerpos femeninos no han sido diseccionados y desmembrados a lo largo de la historia del arte? ¿Qué hizo, por ejemplo Courbet, en El origen del mundo en 1866 o Duchamp al escenificar una violación vista por una mirilla en su obra Étant donnes iniciada en 1946? Al igual que en la obra de ambos artistas, considerados genios dentro de la historia del arte, Berena Álvarez no otorga importancia al rostro del modelo, ¿pues cuando tuvo importancia la individualización de un rostro femenino en escultura o en pintura? Ya que equiparadas a una serie, nos convertimos incluso en la temida mujer, privándonos de nuestra pluralidad y diferencias, mientras los hombres han sido los considerados iguales.

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Berena Álvarez, por tanto, persigue abrir la mente y con ello ser subversiva para que los hombres se den cuenta de la realidad de la escenificación de la violencia en los cuerpos de las mujeres. Con ella, el sometimiento del modelo indica reflexión frente a la realidad que no es otra que la violencia contra las mujeres, invisibilizada y a la vez permitida y tolerada por los medios de comunicación.

Las fotografías de Berena Álvarez levantarán ampollas y diferentes opiniones, pero seguro que muchas más en comparación a las que en estos momentos nos invaden con la intención de publicitar una película vendida a través del marketing editorial como porno para las mujeres amas de casa y para mamás, y que no es otra que Cincuenta sombras de Grey de la británica E. L. James, lo cual ya nos indica que estamos ante un porno convencional donde ellas tienen que ser las dominadas, porque de lo contrario y como nos indica Beatriz Gimeno, no sería propio ni de amas de casa ni de mamás.

Si el erotismo es desterrado del modelo masculino, protagonista de las fotografías de Berena Álvarez, ¿por qué se ve erotismo en la imagen que publicita la película en los cines donde la protagonista femenina decide ser sumisa para curarle a él la perversión? ¿Por qué toleramos unas imágenes y otras no? La cultura patriarcal que nos rodea es sádica con las mujeres y acepta dicho sadismo y dichas fantasías sexuales en el cuerpo de las mujeres con el propósito de excitar. Pero el trabajo de Berena Álvarez va mucho más allá. Su modelo es sumiso como lo ha sido a lo largo de la historia del arte el cuerpo de las mujeres. Pero la diferencia radica en serlo conscientemente o no, con una finalidad claramente política y subversiva.

Por otra parte, su trabajo deconstruye la clásica división de los sujetos y redefine la necesidad política de situar la idea de diferencia a través del género y de la sexualidad. Sus fotografías son disidentes frente a la norma, además de contestatarias frente a la realidad patriarcal que nos rodea y que se reproduce constantemente, y con ellas, la fotógrafa pretende conformar un nuevo léxico a través del cual podamos cobrar conciencia de cómo han estado configurados nuestros cuerpos en base al género como concepción social impuesta.

Irene Ballester Buigues