Tintes de ciudad

‘Tintes’ de Luis Lonjedo
Galería 9
C / Conde Salvatierra, 9. Valencia
Hasta el 3 de junio de 2016

Es el paisaje urbano, junto con todos sus protagonistas, la principal razón que aboca al artista Luis Lonjedo a la creación. Hace fotografía o toma apuntes del natural, combina, pasea por las calles, mercados, plazas… La ciudad como su fuente de alimento artístico. En esta ocasión, nos muestra sus piezas más recientes en la Galería 9, en pleno centro de la ciudad de Valencia.

En su proceso creativo todo empieza con poner la mirada sobre un personaje solitario, individual, pero enmarcado en un conjunto. Tras el paso del tiempo, un concepto derivado que también trata, ha extraído ese detalle que le ha hecho fijarse en el individuo y lo ha vuelto a encajar, transformándolo, en la misma situación en la que lo había encontrado. En esta suerte de juego que trata de enfatizar y al mismo tiempo esconder, Lonjedo solo quiere representar la realidad. Dicha observación de la realidad no implica que las pinturas se configuren como realistas, ni siquiera como reinterpretativas, sino como objetos que logran crear una nueva dimensión que se plasma en el lienzo, cartón o mural.

'Boceto niños', 2016. Luis Lonjedo. Imagen cortesía de la galería.

‘Boceto niños’, 2016. Luis Lonjedo. Imagen cortesía de la galería.

La técnica de la caña con la que crea las piezas ayuda al artista a alejarse, dotándole de una óptica diferente para establecer cierta distancia con los protagonistas de sus obras, al igual que cuando pasea por las calles. El color diluido es un referente que hace reconocibles sus obras, pero aún así los trazos sueltos se desatan en algunas piezas como en ‘Boceto niños’, en blanco y negro, y donde predomina el dibujo. Solo la línea ha sido la encargada de reconstruir ese momento. Podemos afirmar así que es la línea marcada, y no el color, la que cimienta las composiciones.

No presta atención a los formatos, aunque el mismo Lonjedo destaca de esta exposición dos de sus favoritos ‘Saldos’ e ‘Indicaciones’ que son de los más pequeños que se exponen. Parece rescatarlos de la misma forma en la que despuntan en sus cuadros esos individuos anónimos que quedan ahogados con la masa de alrededor. Destaca también otra pieza audiovisual realizada por Alfonso Calza en la que se pueden apreciar los distintos murales que Luis Lonjedo se ha llevado a cabo, dos de ellos en el barrio del Carmen en el marco del proyecto La Calle de los Colores, y otro en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

'Saldos', 2016, Luis Lonjedo. Imagen cortesía de la galería.

‘Saldos’, 2016, Luis Lonjedo. Imagen cortesía de la galería.

‘Tintes’ cuenta historias de individuos anónimos que pasean por la ciudad. Un gesto inocente puede ser el pretexto indicado que desencadene toda una serie de líneas desinhibidas, esas que Luis Lonjedo no puede dejar de inventar.

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Video de presentación de la exposición en Galería 9:

María Ramis

“Mi experiencia de lo rural no es idílica”

La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco
Seix Barral

Con un solo libro Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) pasó de ser un escritor prácticamente desconocido a un fenómeno literario. Su novela Intemperie, publicada por Seix Barral hace tres años, escaló la cima de los más vendidos y cosechó numerosos premios. Elegido Libro del Año por El País, en 2013, y seleccionado por The Independent como uno de los mejores traducidos del 2014 en Reino Unido. Ha sido traducida a una veintena de lenguas y será llevada al cine próximamente. Su segunda y esperada obra, La tierra que pisamos, aparecida en la misma editorial a principios de 2016, obtuvo un éxito de ventas similar y críticas de diverso signo.

Un argumento mínimo magnificado por una prosa depurada y libre de artificios. Poética y diáfana reducida a su máximo poder evocador. Carrasco recrea otra vez magistralmente el ambiente rural, pero en este relato la violencia ejercida por el poder no es un acto particular sino la sistemática aniquilación del pueblo vencido por el vencedor, a través de la eficaz maquinaria de sus tropas. Eva Holman, esposa de un vetusto héroe de ese ejército, residentes ambos en un pueblo de Extremadura, es la narradora. La aparición en sus tierras de un hombre extraño, abre una brecha en su mundo fortificado cuyos sólidos cimientos comienzan a resquebrajarse.

Tras vivir hasta los 20 años en pueblos extremeños, Carrasco se trasladó a Sevilla en 2005. Allí ha empezado ya a recoger notas para su próximo libro, mientras se concreta el rodaje de la película basada en Intemperie. El triunfo no se le ha subido a la cabeza: “Gracias a todos los lectores que se acercan a mí y comparten conmigo sus conclusiones y sensaciones. Es un privilegio”, dice.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

¿Cómo afectó a su vida el éxito de Intemperie? ¿Se sintió muy presionado al escribir la segunda novela?

Mi vida personal sigue siendo la misma. La profesional ha cambiado radicalmente y para mejor. Para empezar, puedo dedicarme plenamente a la escritura, cosa que antes no podía hacer. Además, he podido acercarme a autores a los que admiro y también a los libreros y a los lectores. El balance es magnífico.

En cuanto a la presión, no la he sentido demasiado. O eso creo. Pensé mientras escribía y lo sigo pensando, que tenía que trabajar para conseguir un libro que respondiera a mis intenciones literarias, a mi instinto. Ahora, cuando leo las críticas, unas mejores y otras peores, me siento tranquilo porque he escrito el libro que yo quería, no necesariamente el que se podía esperar de mí.

¿Por qué  cree que sus relatos tan alejados de las fórmulas convencionales del best seller alcanzan los primeros puestos de ventas?

La historia de la literatura está llena de libros que venden sin responder al esquema del best seller. Por suerte hay una gran variedad de gustos lectores. En mi caso creo que ayuda el hecho de que me centro en temas con los que muchas personas se sienten identificadas: el dolor, la identidad o la voluntad para superar las dificultades.

¿Le han dolido las críticas a La tierra que pisamos?

No, por supuesto que no. El dolor solo lo puede causa un ser querido. Sí que es cierto que hay críticas que resultan molestas, pero no porque no sean elogiosas con el libro, sino porque no son serias. Tanto si un libro te gusta como si no te gusta, como crítico debes aportar argumentos que sustenten tu valoración y eso no siempre sucede. Yo no califico las críticas como malas o buenas dependiendo de si censuran o elogian al libro. Mis dos novelas han recibido algunas críticas poco elogiosas con el texto y que yo considero buenas porque están bien construidas y me ayudan a entender mejor mi trabajo y a identificar los errores que cometo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

¿Le complace que lo comparen con Delibes o Coetzee? 

Me complacería si tales comparaciones tuvieran sentido literario. En mi opinión esas comparaciones se hacen para, de algún modo, dar pistas a los lectores sobre un autor del que no se tenían noticias. Dicho esto, prefiero que me comparen con autores a los que admiro, como a los que cita, que autores que no me gusten.

¿Se podría interpretar su novela como una ucronía sobre lo que hubiera pasado en caso de ganar Hitler la Segunda Guerra Mundial? 

Sí, por qué no. No era mi intención, pero no negaré que tuve en cuenta esa vía mientras trabajaba en la novela. De todos modos, el tipo de ocupación colonial que plantea la novela tiene más semejanzas con el modelo de la colonización europea de África en el siglo XIX.

¿La narradora representa el despertar de la conciencia de la vieja Europa colonizadora?

Esa sería una buena intención, desde luego, pero no he sido tan ambicioso. Al menos conscientemente. Eva Holman, la narradora, habla en primera persona de lo que le sucede a ella, pero lo cierto es que ella es una buena representante de la sociedad en la que ha crecido. Su valentía a la hora de asumir su responsabilidad individual sería deseable para la vieja Europa y para cada uno de nosotros.

¿Tiene que pensar mucho o podar mucho el texto para lograr ese estilo tal depurado o le nace así directamente?

Mi estilo es, sobre todo, fruto de esa poda a la que se refiere. Escribo abundantemente, como si recolectara materiales, y luego dedico mucho tiempo a quitar lo que me parece que sobra o que no aporta. El resultado es un texto en el que se aprecian vacíos, lugares oscuros que es preciso rellenar.

¿De dónde procede esa nostalgia por el mundo rural que destilan sus historias?

De mis orígenes. He vivido en pueblos hasta que tenía casi veinte años y, desde entonces, sigo frecuentando la España rural. En cualquier caso no percibo mi mirada como nostálgica. Mi experiencia y mi visión de lo rural no es idílica. Si hay alguna nostalgia es, si acaso, de la infancia o de la libertad infantil.

Denos noticias de la película basada en Intemperie y sobre sus próximos proyectos.

La película sigue avanzando de puertas adentro. La productora sigue buscando director y no creo que tarde mucho ya en encontrarlo. A partir de ese momento, vendrá el guión y la producción echará a rodar. En cuanto a mis próximos proyectos, ya estoy tomando notas para mi próximo libro. No diré más porque es demasiado pronto y cualquier cosa que diga puede ser papel mojado mañana mismo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Bel Carrasco

Paisajes de Lituania cogidos al vuelo

Lituania inédita, de Marius Jovaisa
Sala Alta del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 6 de enero de 2016

El MuVIM acoge la exposición Lituania inédita, del fotógrafo Marius Jovaisa, que inauguró esta semana el diputado de Cultura de la Diputación de Valencia, Xavier Rius, que se muestra en la Sala Alta del MuVIM y en cuya presentación estuvo igualmente el cónsul de Lituania en Valencia, Tomas Irnius, y el director del museo, Rafael Company.

La muestra expone imágenes aéreas de la República de Lituania realizadas por el fotógrafo lituano Marius Jovaiša entre los meses de mayo a octubre del año 2007. Las 45 fotografías corresponden a paisajes, tanto del interior como de la costa, urbanos y rurales, lugares históricos, tierras de cultivos y grandes bosques con ríos y lagos, algunos de ellos protegidos por la Unesco.

Inauguración de 'Lituania inédita', de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

Inauguración de ‘Lituania inédita’, de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

Constituyen una selección de un proyecto mayor realizado con vuelos en ultraligero con motor, en Wilga o avión polaco de cuatro plazas, en CTws o biplaza alemán, en helicóptero militar Mi-8 y en globo aerostático.

Los pilotos volaban unas dos horas antes de la salida del sol y una hora y media después de su puesta, momentos en los que es mucho más difícil planear y volar, pero fueron los momentos elegidos por el fotógrafo para conseguir estos instantes más artísticos y bellos.

Marius Jovaiša nació el 21 de junio de 1973 en Vilnius, capital de la República de Lituania. Ha fotografiado desde el aire los países de Australia, Hawai, la Polinesia, Namibia, Nueva Zelanda, Lituania y Cuba, publicados en diversos libros.

Fotografía aérea de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM.

Fotografía aérea de Marius Jovaisa. Imagen cortesía del MuVIM.

Historias urbanas: en busca del sitio perdido

Historias urbanas. J. Albert, C. Godella, F. Llop, P. Martínez

Aula Cultura La Llotgeta

C / Plaza del Mercado, 4. Valencia

Hasta el 24 de mayo

Historias urbanas es el título que engloba cuatro exposiciones sin duda atravesadas por ese denominador común, pero bien diferentes entre sí. Historias que acoge el Aula de Cultura La Llotgeta de la Obra Social de Caja Mediterráneo hasta el 24 de mayo. Historias de cuatro artistas: Jaume Albert, Francisco Llop Valero, Pablo Martínez Muñiz y Carme Godella, éste último, nombrando el trabajo realizado por Idoia Calabuig y Ovidi Sambonet. Historias, en suma, que tienen a la sociedad contemporánea como protagonista, centrando su mirada en la alienación urbana y su necesidad de reencuentro con uno mismo.

Podría decirse que esas Historias urbanas se hallan partidas en dos: las que propician por un lado, Jaume Albert y Pablo Martínez, frente a las consideradas por Carme Godella y Francisco Llop. Las dos primeras, poniendo directamente el acento en la extrañeza que provoca la propia ciudad, con sus eventos de masas o su paradójico vaciado en el límite fronterizo entre lo urbano y lo rural. Y las dos segundas, destacando precisamente todo lo contrario: la proximidad facilitada por el encuentro gastronómico y la cercanía del cliente que se aproxima al banco de toda su vida, dejando de lado el paradójico engaño de las preferentes.

Historias urbanas. Jaume Albert. La Llotgeta

Historias urbanas. Jaume Albert. La Llotgeta

Cuatro propuestas que, así, enlazadas, dibujan el perfil del sujeto posmoderno: cada vez más comunicado, merced al imparable desarrollo de la tecnología, y cada vez más aislado, fruto de la incapacidad para establecer contactos reales, de carne y hueso, que la aparente comunicación escamotea. Es decir, un sujeto instalado en el confort y en el placer que la sociedad del bienestar propicia, mientras siente que en esa red de superficiales contactos apenas se reconoce.

Jaume Albert lo hace con su serie Targets, instantáneas tomadas en la distancia y el anonimato que evocan las grandes concentraciones de masas (mítines, acontecimientos deportivos, proyecciones cinematográficas), para revelar esa ficción que, por un lado, nos atrae y, por otro, nos repele. Atracción generada por la pulsión escópica de esos espectaculares eventos que, a su vez, deja la sensación amarga del posterior vaciado a solas.

Historias urbanas. Pablo Martínez Muñiz. La Llotgeta

Historias urbanas. Pablo Martínez Muñiz. La Llotgeta

Los Maximalismos y otras poéticas del espacio invadido, de Pablo Martínez, siguen el rastro de esa contradictoria sensación entre lo pleno y lo vacío, que el artista sitúa en la periferia de las ciudades. Allí donde el ruido de las grandes urbes se confunde con la desolación de ciertos territorios fronterizos desaparece el sujeto, dejando la impresión de espacios abandonados a su suerte, que es la que le aguarda igualmente al individuo que se mueve entre dos aguas.

Carme Godella se interroga por la construcción de la identidad a través de la gastronomía, sin duda esencial para el ser humano. Fuente de placer, desde esas primeras sensaciones extraídas del seno materno, y de dolor, fruto de su carencia, la alimentación provoca sentimientos encontrados que los artistas de Carme Godella despliegan en su obra titulada precisamente Alimentació és paisatge. Un paisaje interior conformado a través de nuestra relación natural y artificial con la fuente alimentaria.

Francisco Llop, desde su despacho de una entidad financiera, pone su mirada en la cercanía de los clientes que a diario le visitan. Paradójica mirada entre lo que se entiende por fría relación con el abstracto dinero y sus empleados serviciales, y lo que Llop Valero transmite con su cámara, que viene a humanizar esos contactos entre cliente y trabajador de una oficina bancaria. De ahí el titulo de su trabajo: Banca personal. Nada que ver con la ficción programada para extraer comisiones del usuario convertido en cifra de cuenta corriente, y más que ver con la antigua relación de la persona que confiaba en la caja de sus ahorros. Historias urbanas, toda ellas, sobre las que merece la pena pensar. Ahí están, las cuatro y de dos en dos, en La Llotgeta.

Salva Torres