Gandía se viste de Roma

Romanorum Vita
Obra Social «la Caixa»
Paseo del Puerto de Gandía (Valencia)
Hasta el 10 de septiembre de 2016

Viajar en el tiempo, conocer cómo vivían los hombres y mujeres de otras épocas, y saber cuáles eran sus actividades y rituales, ha sido una fantasía recurrente en la historia de la humanidad. El imperio romano ha sido uno de los destinos preferidos de este tipo de viajes, un periodo fascinante que ha inspirado novelas, películas y series de televisión.

Por una parte, nos entusiasma la grandeza y opulencia de la vida imperial. Por otra, nos conmueven los pequeños detalles que aproximan la vida romana a nuestra propia realidad. La exposición de la Obra Social ”la Caixa”, organizada en colaboración con el Ayuntamiento de Gandía, invita a los visitantes a pasear por una ciudad romana reconstruida a partir de descripciones literarias y testimonios arqueológicos de hace 2.000 años para descubrir que los romanos no están tan lejos de nosotros.

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social «la Caixa».

Romanorum Vita pretende constituir un nuevo concepto de exposición de divulgación histórica pensada para todos los públicos. Traslada a los visitantes a un paseo por una ciudad romana poco antes de la destrucción de Pompeya, en el año 79 d.C., en plena época imperial. La exposición transporta a sus calles en un día cualquiera: negocios, importancia del agua, olores, formas de expresión y religiosidad popular, entre otros; todo aquello que hervía alrededor de los grandes escenarios del senado, el foro, los teatros y el circo.

La muestra, organizada y producida por la Obra Social ”la Caixa”, está comisariada por Isabel Rodá, catedrática de arqueología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Romanorum Vita podrá verse en el Paseo del Puerto, del 20 de julio al 10 de septiembre de 2016. En ella, los visitantes descubrirán que, en las calles, artesanos y comerciantes desarrollaban todo tipo de actividades, y cómo estas se llenaban de gente. Paseando por una calle cualquiera o por delante del foro de una ciudad romana, los espectadores comprobarán cómo eran las letrinas y el olor que desprendían. O cómo eran los comercios y que ya existía lo que podríamos considerar como el precedente de los locales de comida rápida.

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita, por cortesía de Obra Social «la Caixa».

En la muestra se ha hecho un uso innovador de distintos elementos -desde la inclusión de ruidos y olores característicos de la época hasta la interacción entre el espacio escenográfico y un gran audiovisual- para lograr que los espectadores se sumerjan en la ciudad y descubran sus similitudes con la vida cotidiana actual. Uno de estos montajes audiovisuales se proyecta sobre la fachada de la domus, de 12 metros de ancho, y en él pueden verse los personajes clave de la ciudad romana gracias a un rodaje realizado con más de 30 figurantes.

La muestra, de 400 metros cuadrados, da la bienvenida a los visitantes en una ciudad arquetípica del imperio romano y presenta un día cualquiera de esa ciudad, veinticuatro horas en que descubrirán cómo era la vida en la calle y en el interior de una casa de una familia que podríamos considerar de clase media alta. La Obra Social «la Caixa», con su voluntad de acercar la exposición a todos los públicos, también ha preparado innovadores recursos de accesibilidad para personas con deficiencias visuales, como son una audiodescripción y una guía en lenguaje braille.

Romanorum. Imagen cortesía de Obra Social "la Caixa".

Imagen de la exposición Romanorum Vita por cortesía de Obra Social «la Caixa».

 

Jugo de Tomatina

Días de rojo, de Pablo Argente
Libro autoeditado
Ilustraciones de Pablo Argente

Todos los últimos miércoles de agosto las calles de Buñol son escenario de una batalla campal a tomatazo limpio. Una batalla ‘sangrienta’ pero incruenta teñida de carmesí y bermellón y los demás tonos del rojo que, en forma de jugo, pulpa y carne se incrusta a pegotes en la piel de una multitud enardecida y medio desnuda. La Tomatina es una fiesta relativamente reciente, nació a mediados del pasado siglo, pero que goza de gran proyección internacional y compite con celebraciones míticas como los Sanfermines o las Fallas. ¿A qué se debe este éxito internacional que obligó al Ayuntamiento de Buñol a imponer un límite y un precio de entrada para garantizar la seguridad de los numerosos participantes? ¿Cuáles son los orígenes de la Tomatina y su evolución histórica? ¿Se trata de un derroche inaceptable en esta época de crisis o de una terapia de grupo ideal para dispersar la indignación generalizada y la mala leche?

A estas preguntas y otras más responde el fotógrafo valenciano Pablo Argente en Días de rojo, un libro ilustrado con sus propias fotografías y muy ilustrativo que analiza la Tomatina desde un enfoque antropológico e histórico. Autoeditado por Argente, con textos en castellano e inglés y el apoyo del Ayuntamiento de Buñol, que ha adquirido varios ejemplares, el libro se vende a 15 euros en Railowsky, París-Valencia, el MuVIM, la Beneficencia y otras librerías.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

El enorme poder de convocatoria de la Tomatina, que atrae a ciudadanos de todo el mundo, se debe en gran parte a que responde a un patrón universal. Al modelo de celebración originaria como pretexto para transgredir por un tiempo el orden establecido y dar rienda suelta a los impulsos, habitualmente constreñidos por el corsé de la sociedad, reflexiona Argente. Esta función terapéutica, liberadora, entronca con las celebraciones paganas como las fiestas dionisiacas, las saturnales y otros muchos rituales enraizados en el Mediterráneo, ligados a la religión o a los ciclos de la naturaleza.
Un hecho curioso es que la Tomatina carece en origen de estos vínculos. Surgió de forma espontánea, en agosto de 1945, cuando una disputa intrascendente entre jóvenes festeros desató la primera batalla a base de intercambio de tomatazos. La experiencia resultó tan placentera que los protagonistas quisieron repetirla el año siguiente, pero fueron reprimidos por las autoridades que, en 1957, prohibieron la manifestación popular incluso con penas de prisión. En 1959, se logró por fin la venia del poder y con ello cierta domesticación de la eclosión festiva. En 1972, se organizó por primera vez la distribución de la hortícola munición en camiones y, en 1983, la Tomatina dio el salto a través de la televisión. Las impactantes imágenes en rojo les valió a los buñoleros el título de Interés Turístico Nacional, en 2002, y a partir de esa fecha la magnitud del evento creció de tal forma que se ha impuesto el número clausus por razones de seguridad en esta época de masificación. Pagar una entrada, aunque sea económica, chirría con el concepto de fiesta popular, pero en cierta manera es el precio del éxito. El uso de un espacio público pero limitado y el bien de todos justifica la adopción de tal medida.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

La Tomatina no es la única fiesta que utiliza algún producto comestible como vehículo de interacción, recuerda Argente. En la Pobla del Duc de Valencia se celebra una batalla con uvas de baja calidad y en la localidad alicantina de Ibi, los enfarinats, una pelea a base de harina y huevos. Los habitantes de Ivrea, un municipio italiano, son más bravos y usan naranjas como munición. En India o Nepal se celebra en la primavera el Holi, una fiesta callejera y multitudinaria en la que la gente se lanza unos a otros polvos de colores y agua.
Gamberra y guarra: sin duda. Pero teniendo en cuenta que en España muchas fiestas se basan en el maltrato, tortura y muerte de animales que en ocasiones reportan también la muerte de humanos, la Tomatina bien merece la indulgencia si no la aprobación de todos. ¡Y que viva el tomate!
Pablo Argente (1977) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, estudió fotografía en la escuela EFTI y Postgrado en Fotoperiodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en el estudio Cresphoto, Vila Ediciones, Diario Valencia Hui y ha realizado colaboraciones para 20 Minutos o la Agencia France Press.
Como freelance ha desarrollado diferentes reportajes gráficos en el ámbito de la antropología social: hinduismo, kumbh Mela, bous al carrer, grandes premios de motociclismo, etcétera. Nació y creció en Valencia, pero siente una gran conexión con Buñol, donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia y residen muchos de sus amigos y familiares.
Días de rojo, fruto del orgullo y pasión que el autor siente hacia su pueblo y hacia la Tomatina, le llevó durante varios años a dedicar parte de su trabajo como fotoperiodista a inmortalizar y tratar de comprender esta fiesta. A través de su obra intenta transmitir la catarsis que viven las calles de Buñol cada último miércoles de agosto.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Bel Carrasco