“Debemos aprender a ser ciudadanos críticos”

Un millón de gotas, de Víctor del Árbol
Editorial Destino

‘La tristeza del samurái’ y ‘Respirar por la herida’ son dos títulos, traducidos a varias lenguas y merecedores de distintos premios, que han consagrado a Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) como una de las voces literarias más potentes de la literatura contemporánea. Dos éxitos de crítica y público que pretende superar con ‘Un millón de gotas’, una historia, como casi todas las suyas, que se desarrolla en dos épocas distintas de la reciente historia, enlazadas por la memoria de los personajes y la huella que un pretérito imperfecto dejó en sus vidas.

Gonzalo, un abogado casado con dos hijos que ejemplariza al hombre neutro y convencional de nuestro tiempo, experimenta una transformación liberadora tras el suicidio de su hermana, policía de profesión. Por otra parte, Del Árbol recrea la peripecia vital de su padre, Elías Gil, un joven de fervientes ideas comunistas que, en 1933, llega a la Rusia de Stalin y descubre allí el horror libre de máscaras.

Detalle de la portada del libro 'Un millón de gotas', de Víctor del Árbol. Editorial Destino

Detalle de la portada del libro ‘Un millón de gotas’, de Víctor del Árbol. Editorial Destino

El influjo del pasado en el presente, su peso y huella juega un papel fundamental en su obra. ¿Es este juego entre el hoy y el ayer uno de su leit motivs?

El pasado me interesa como evocación, una idea nostálgica que sirve de refugio ante un presente que puede ser demasiado árido y un futuro que no se atisba en el horizonte más que como un borrón. La idea de inventar o recordar de un modo fraccionado ese tiempo que “decimos” que fue mejor simplemente porque ya lo dejamos atrás y resulta sencillo moldearlo a nuestro gusto. Esa idea me sirve para personajes y para contextos históricos y sociales.

¿Cómo se gesta cada historia en su cabeza? ¿Tiene algún ritual o manía a la hora de escribir?

Siempre hay alguna idea, una trama, un personaje flotando a mi alrededor esperando el momento para concretarse en un argumento. A veces la idea nace de alguna pregunta personal que me hago, o de la observación de alguien o algo que despierta mi curiosidad. A partir de ese punto de ignición empiezo a construir de manera independiente personajes que puedan ayudarme a concretar dicha idea, después paso a sus vidas, sus circunstancias y finalmente los enlazo en una trama que resulte natural a su condición. No tengo grandes manías, no soy supersticioso, pero sí unos hábitos más o menos definidos. Preferentemente, empiezo a escribir temprano, las horas del amanecer son las mejores. Suelo hacerlo en el jardín, bajo el porche, porque no fumo dentro de casa y para escribir necesito fumar, así que en invierno toca pasar frío. Otra costumbre es escribir el primer borrador, esbozos, biografías, etcétera, a mano. Me ayuda a ir más deprisa y después me sirve como primera corrección.

Víctor del Árbol. Imagen cortesía del autor.

Víctor del Árbol. Imagen cortesía del autor.

¿Por qué eligió la Rusia de Stalin como una de los escenarios de ‘Un millón de gotas’?

Es el punto de partida de uno de los protagonistas principales, Elías Gil, un joven idealista hijo de minero que llega a la Unión Soviética para trabajar en el gran Canal de Moscú y vivir en primera persona la gran Utopía de su padre, el Comunismo, que Elías ha idealizado a través de la lectura y la música soviéticas. Pronto va a descubrir qué gran prisión sin rejas es la Unión Soviética de Stalin y sus planes quinquenales. Aun así se resistirá a perder esa inocencia primigenia, hasta que sufra en sus carnes la realidad de Gulag. Este es un tema muy estudiado y no pocas veces llevado a la ficción. A mí me interesaba incrustarlo en la historia de este personaje español, que se convertirá en mi hilo conductor para hablar de los horrores del siglo XX.

¿Qué opina del panorama literario y cultural? ¿Cree que saldremos de este atolladero?

Sí, claro que saldremos; cuando decidamos que ha llegado el momento de abandonar esa idea paternalista del Estado y la Política y adoptemos la actitud de ciudadanos críticos, vigilantes y activos. Hemos pasado por el shock inicial de esta crisis, por la etapa de la indignación, la rabia y la incredulidad. Ahora ha llegado el momento de hacer algo constructivo con todo esto. Si algo nos ha enseñado esta crisis es que no podemos dejar el destino de nuestros hijos en manos de gente sin escrúpulos, que el valor de una persona no se mide en dividendos y que la manipulación y la mentira no pueden ser lo habitual en las estructuras del sistema. Y el primer paso será recuperar el valor y el prestigio de una educación que enseñe a las personas a ser críticas desde la niñez, y la literatura, como cualquier otra expresión de la cultura tiene que jugar un papel decisivo.

Portada del libro 'Un millón de gotas', de Víctor del Árbol. Editorial Destino.

Portada del libro ‘Un millón de gotas’, de Víctor del Árbol. Editorial Destino.

¿Ha votado en las elecciones europeas?

Por supuesto. Hay que entender que, pese a todas sus carencias, España ha dado un salto adelante al formar parte de Europa y no hay marcha atrás. En mi opinión cada vez debería haber menos “ismos” y más Europa. Una Europa, por cierto, de los ciudadanos, no de las estructuras financieras.

¿Algún proyecto entre manos?

Sí, leer los siete libros que tengo pendientes en mi mesa, preparar un viaje a algún lugar de África, y por supuesto, seguir escribiendo una historia que, de nuevo, me baila ante los ojos, cada vez de modo más insistente.

Víctor del Árbol. Imagen cortesía del autor.

Víctor del Árbol. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Cazadoras Asociados pintan a Crimea

Crimea, por Cazadoras Asociados
Café Malvarrosa
C / Historiador Diago, 20. Valencia
Hoy viernes 28 de marzo, de 20.00 a 23.00 horas

Ya habían hecho una exposición express en una finca por la Petxina, ocupando las paredes de la escalera y vendiendo alguna que otra pieza entre subidas y bajadas de piso. Ahora repiten experiencia, tras haber pasado un cierto tiempo que se les hacía largo. Reunidos en el Café Malvarrosa, barruntando proyectos que no terminaban de ver la luz, decidieron espolear el ánimo con un arranque súbito. José Morea propuso una exposición sobre Crimea, porque allí terminó la segunda gran guerra y parecía iniciarse la tercera, y motivados por tan explosiva declaración de intenciones el colectivo Cazadoras Asociados se puso manos a la obra. El resultado, fruto de ese trabajo express, se verá hoy viernes en el Malvarrosa: 12 obras de 12 artistas con el conflicto ucraniano como excusa creativa.

Obra de Ximo Amigó para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa

Obra de Ximo Amigó para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa

“Crimea se plantea más como concepto, que como cuestión política”, explica Morea, que tampoco descarta el trasfondo ideológico, porque “a los artistas nos preocupa lo que pasa a nuestro alrededor”. Y lo que pasa allá a lo lejos, con Rusia volviendo a aparecer como el malo de una película con enrevesada trama, ha servido de acicate a los artistas de Cazadoras Asociados, mezcla de sustantivo femenino y adjetivo masculino como prueba de la contradicción que motiva al grupo. Un grupo formado por 18 artistas de diferentes estilos y motivaciones que, reducido para esta ocasión a 12, han encontrado en Crimea el objeto de sus respectivas propuestas plásticas.

Juegos de palabras

Las hay, lógicamente, de todas formas y colores: “Desde el pop a la abstracción lírica, pasando por la figuración fría”, según revela Joan Verdú, que junto a Ximo Amigó, Julio Bosque, Calo Carratalá, Toni Doménech, Marcelo Fuentes, Antonio Girbes, JARR, Guillermo Peyró Roggen, Manolo Rey, Pepe Romero y el propio José Morea, conforma la docena de Cazadoras Asociados en torno a Crimea. Los desastres bélicos siempre han concitado la mirada entre estupefacta y crítica de los artistas. Quizás porque lo real de la experiencia humana, en tanto hábitat de lo incognoscible, es después de todo el motor de la creatividad: de la nada, o partir de su experiencia, nacen a duras penas ciertas pinceladas de vida.

Obra de Marcelo Fuentes para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa.

Obra de Marcelo Fuentes para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa.

Joan Verdú, por ejemplo, se centra en el juego de palabras. De manera que Crimea deja de ser Crimea, para convertirse en A crime por la simple traslación de una de sus letras. Y, así, el crimen, sin duda triste paisaje de todo conflicto bélico, aparece como una de las referencias mayores en la obra express de Verdú, amortiguador jocoso de ese fondo real que nubla el pensamiento durante la guerra. José Morea también hurga en la llaga del dolor con cataplasmas lingüísticas. En su caso, Crimea se transforma en Lacrimea. Una lágrima roja fruto de la herida abierta en la extinta Unión Soviética, de la que sigue manando un río de sangre roja.

Nada corriente

Como señalan Morea y Verdú, cada cual ha tratado el tema de Crimea a su manera,  a veces con alusiones más o menos directas, o bien abordando la irrupción de la nueva bestia con veladuras, metáforas o abstractos acercamientos. “No somos una corriente artística, porque cada uno es de su padre y de su madre, pero sí es verdad que solemos crear en torno a determinadas temáticas”, apunta Joan Verdú. En este caso, Crimea, como antes lo fue el tema de la escalera. Y luego vendrán otros. De hecho, ya tienen prácticamente cerradas las dos próximas exposiciones express, que prefieren no adelantar. Una en el refugio del Instituto Lluis Vives y la otra… “Mejor no lo pongas, porque falta sellar el acuerdo”, apunta Verdú.

Obra de Guillermo Peyró Roggen para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa.

Obra de Guillermo Peyró Roggen para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa.

“Huyendo de lo comercial”, explica Morea, Cazadoras Asociados busca mediante todas estas intervenciones plásticas de un solo día, que el arte se salga de las vías convencionales para iluminar otros derroteros, otras salidas de madre. El Café Malvarrosa, donde ahora suelen reunirse después de hacerlo en el antiguo estudio de Paco Bascuñán, será el nuevo laboratorio de experimentación de este inquieto, cáustico, dubitativo e imprevisible colectivo de artistas ahora en pie de guerra. Mejor dicho, a pie de guerra. Les duele lo que pasa y van y lo pintan.

Obra de José Morea para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa

Obra de José Morea para la exposición express sobre Crimea. Imagen cortesía de Café Malvarrosa

Salva Torres