La trágica odisea de la migración

Migraciones: odiseas contemporáneas, de Pablo Noguera
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 6. Valencia
Hasta el 20 de diciembre de 2016

«Dulce es la tierra cuando aparece ante los ojos de los naúfragos» (Odisea, XXIII, 232, Homero).

Dulce es la costa de Algeciras, o de Chios, o de Lampedusa… dulce es la costa para los que ya no tienen otra opción de supervivencia, dulce es la costa para los que llegan a verla. Como Ulises, se someten a una odisea en busca de un futuro mejor.

Mi proceso no es en este caso denunciar las injusticias o abrir un debate ya instaurado en nuestras sociedades, sino incitarnos a reflexionar y ver desde una nueva perspectiva la odisea trágica de la migración, y situarnos de cara al viaje hacia el desconocido, hacia lo que debe ser una vida mejor, incluso al precio de la vida misma, y franquear fronteras humanas y geográficas como las cartografías y paisajes topológicos de las manchas de pintura o acuarela, largas perspectivas de ensoñación o psico-geografias del viaje, el eterno arquetipo del laberinto que no ayuda a los hombres en su búsqueda de una vida apacible.

Cuadernas, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Cuadernas, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Un elemento se repite, el esqueleto de una barca, restos solitarios, símbolo trágico de la inseguridad del viaje, baos, quilla y roda que componen los cruces de las difíciles elecciones del camino. Caminos de mar y caminos de desierto, los biotopos naturales más duros y menos favorables a la existencia. En frente de sus superficies desesperadamente vacías, oscilamos entre el ensueño y la desesperación.

Desgraciadamente, no nos enfrentamos a un tema muy positivo pero, en señal de esperanza, he querido trabajar con colores y con la ayuda del diorama, apegado a mi propia tradición. Si encontramos un carácter poético en este trabajo, es porque se trata de un viaje inmóvil y de una odisea sin riesgos.

“Desgraciado, acuérdate de tu patria, si es que tu destino es que sobrevivas y llegues a tu alta morada y a la tierra de tu patria” (Odisea, X, Homero).

Épave, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Épave, de Pablo Noguera. Imagen cortesía del Institut Français de Valencia.

Pablo Noguera

“Mi novela habla de las relaciones tóxicas”

La rebelión de Penélope, de Dolores García
Editorial Versátil

Penélope trabaja en una notaría de Castellón, ha pasado la barrera de los cuarenta, tiene una hija veinteañera que la ignora y atraviesa una profunda crisis personal. Descubre que ya no ama a un marido que la ha mantenido anulada durante más de veinte años. Una mañana despierta junto al cadáver de su mejor amiga y, a través la investigación criminal dirigida por el inspector Santiago Ramírez, reconstruye su vida y los motivos que la han conducido hasta una encrucijada vital.

Es el argumento de La rebelión de Penélope (Editorial Versátil), tercera novela de Dolores García ganadora del Premio Letras del Mediterráneo 2016 concedido por la Diputación de Castellón, con una dotación de 10.000 euros. ¿Se trata de una novela negra, rosa, o tal vez psicológica?  “Es una novela con todos los ingredientes que ha requerido la historia que cuenta”, responde García. “No se la puede clasificar en un género concreto. Es la vida tal y como se nos presenta y nos desborda cuando nos abrimos a ella tras un periodo de represión y desamor. Es una historia de búsqueda de la propia identidad, de dignidad, de miedo a la soledad, de nuevas oportunidades, de hundimiento y resurgimiento. Los protagonistas, Penélope y el inspector Santiago Ramírez, están inmersos, de diferente manera, en relaciones tóxicas y adictivas que les anulan y les impiden ser felices. Penélope dará un paso crucial en su vida rompiendo con un matrimonio de veinte años que la anula. Esta decisión pondrá en marcha un efecto dominó en todos los que la rodean y sacará lo mejor y lo peor de cada uno de ellos”.

Portada de 'La rebelión de Penélope', de Dolores García.

Portada de ‘La rebelión de Penélope’, de Dolores García.

García eligió Castellón de la Plana y localidades próximas como Peñíscola, Benicàssim y Oropesa para ambientar su historia, “porque necesitaba ubicar a la protagonista en una ciudad española de tamaño medio”, comenta. “La historia de Penélope no es la de una heroína, sino la de una mujer normal y corriente de hoy en día. Una situación que atraviesan muchas mujeres  en localidades donde el anonimato de las grandes urbes no es posible y tiene un gran peso la crítica social. Además, en la provincia de Castellón hay lugares fácilmente evocados por el lector, como la inconfundible silueta del castillo de Peñíscola y sus callejuelas, el Desierto de Las Palmas, en Benicàssim, con un viejo convento dominico derruido, ideales para las escenas de acción y suspense de la novela”.

La elección del nombre, Penélope, tampoco es casual. “La Penélope de la Odisea que esperó durante 30 años que regresara su marido, Ulises, representa a la mujer pasiva que espera a que le hagan feliz, que no busca su propia identidad, sino que existe en la medida que sirve a los demás como esposa, madre o hija”, explica García. “Mi  Penélope rompe con esta anulación y toma las riendas de su vida. Pero esto tiene riesgos y los va a sufrir hasta descubrir por qué cae en relaciones adictivas y consigue liberarse definitivamente de ellas”.

Portada de 'El secreto de Monna Lisa', de Dolores García.

Portada de ‘El secreto de Monna Lisa’, de Dolores García.

Éste es su tercer título tras El secreto de Monna Lisa y La reina del azúcar, que se desarrolla en Melilla a principios del siglo XX. “Creo que mi estilo narrativo ha ido depurándose y volviéndose más ágil y ligero. Aunque conserve un ritmo y estilo propios que hace que me reconozcan mis lectores”.

Según García, que la mujer sea la principal consumidora de ficción no es una cuestión de género sino de educación.  “A la mujer se le ha reprimido en todos los campos de la realidad y la imaginación ha sido su refugio. La literatura está íntimamente ligada a la imaginación. Se convierte en una realidad en la mente del lector gracias a ella y en una vía de escape de la realidad y una catarsis de emociones. Por otro lado, a los varones se les ha reprimido la manifestación, incluso el sentimiento, de las emociones y los han dirigido hacia ‘cosas importantes’. Se les ha educado para identificar emoción con debilidad. Quizás por ello han estado más orientados a géneros no emotivos, en principio, como la ciencia-ficción, la novela negra y, en cierta medida, la histórica”.

Sobre el panorama literario opina que “está transformándose a demasiada velocidad y no da tiempo a que se asienten obras de calidad y se den a conocer entre los lectores. El mercado literario está dominado por la oferta abrumadora de nuevos títulos y de modas de género literario, que no por la demanda, que es mucho más lenta. Creo que debería corregirse ese desajuste y dejar de ser un monstruo que devora a sus propios hijos”, concluye Dolores García.

Dolores García. Imagen cortesía de la autora.

Dolores García. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Julio Llamazares, la pasión de escribir

Charla de Julio Llamazares
Con motivo de la Festa del Llibre de Muro

«Escribir es mi manera de estar solo, mi manera de estar en el mundo. Siempre me recuerdo escribiendo, es más, no sé cómo se vive sin escribir». Son las palabras de Julio Llamazares en la conferencia que ofreció en Muro en la Festa del Llibre. Llamazares la tituló ‘El oficio de mentir’, una reflexión sobre el género narrativo. 

Llamazares transmite la pasión serena del escritor, el encanto y la magia que puede provocar la lectura de un libro. Infunde ganas de leer, de recuperar el tiempo perdido, añadir más historias a nuestra vida a través de la ficción.

«Una forma de recuperar el tiempo y no perderlo es escribiendo, leyendo, haciendo las cosas que nos hacen pensar más, sentir más, saber más y vivir más. Porque  al fin y al cabo, las novelas son vidas que pudimos vivir pero que no vivimos- explica Julio Llamazares. Cuando lees, estás viviendo la vida de Don Quijote, de Madame Bovary, de Ulises cruzando el Mediterráneo, o de cualquiera de los personajes. Leer te hace vivir mucho más. Para eso sirve la lectura, para ver el mundo con mayor profundidad porque incorporas a tu mirada la mirada de otros escritores o de otros artistas».

El escritor y periodista leonés ejerce una literatura comprometida, alejada del entretenimiento. «Ahora abunda mucho lo del best-seller que son novelas para entretener. Yo no escribo para entretener a nadie, yo escribo para conmover, para hacer sentir, para hacer pensar. Yo escribo para remover la conciencia de la gente».

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

La novela, el arte de mentir.

Cuando un escritor, según Llamazares, empieza una novela ejerce el oficio más viejo del mundo que  no es el de la prostitución, sino el de contar mentiras.

«Escribir puede que no  sea más que una manera de seguir mintiendo después de la infancia sin tener que avergonzarnos ante las demás personas. Qué es sino contar mentiras: narrar historias imaginarias y sucesos y anécdotas inventados por personajes que jamás han existido en la realidad».

La mentira puede ser una herramienta que nos permite conocer algo más.

«Las mentiras sirven para soportar el miedo, para ahuyentar los fantasmas, para entretener las noches y, sobre todo, para tratar de entender la vida».

Llamazares opina que una determinada novela, un cuadro, una película, una fotografía, un paisaje, influyen sobre nosotros y ya no somos exactamente los mismos.

«Una novela, como un cuadro o una película no es otra cosa al final que el poso, la sensación que nos queda de ella cuando hemos olvidado sus mentiras. Por ejemplo: ‘El Jarama’ o la película ‘Casablanca’. Lo que de verdad Rafael Sánchez Ferlosio, el autor de ‘El Jarama’, o Michel Curtiz, de ‘Casablanca’, querían contarnos con ellas es esa sensación lejana que nos queda cuando hemos olvidado su argumento. Una sensación lejana desolada en una, nostálgica en la otra, melancólica y épica en ambas que permanece en nuestro recuerdo y que ni siquiera el tiempo podrá borrar de nuestra memoria porque ya ha pasado a formar parte de nosotros».

La fascinación por la mentira es tan hipnótica que con el paso del tiempo el autor ya no recuerda la parte verídica y la inventada de sus relatos.

«A estas alturas de mi vida y de mi obra literaria, yo no tengo ya duda alguna que ese placer de narrar, de contar, de mentir, el placer de ejercer el oficio más viejo del mundo es el único que me mueve cuando me pongo a escribir un cuento o una novela. En cualquier caso confieso que lo hago, lo mismo ahora que de niño, aunque entonces, claro está, no lo sabía,  para engañar al tiempo, mi único, invencible y verdadero enemigo».

‘La lluvia amarilla’, su libro más vendido.

Su segundo libro ‘La lluvia amarilla’, es su novela más vendida y traducida en todo el mundo.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Llamazares explicó que pensaba no iba a tener tanta repercusión.

«En plena época de la Movida escribir una novela sobre la desaparición del mundo rural, sobre la historia del último habitante de un pueblo abandonado, era una provocación. Cuando mandé la novela a la editorial, le dije a Mario Lacruz, director de Seix Barral: ojo, que con esta novela no vamos a vender ni mil ejemplares. Era una novela sobre el mundo rural en extinción y un monólogo de 200 páginas. Y me dijo Mario Lacruz: bueno, ya veremos».

Llamazares nació en Vegamián, un pueblo de León que fue inundado para el embalse del Porma. Su población es la base de su novela, ‘Distintas formas de mirar el agua’, la novena que escribe y la última hasta el momento.

«Yo nací allí por casualidad, mi padre era el maestro de la escuela. La primera vez que vi mi pueblo lo vi con 28 años, cuando vaciaron el embalse. Estuve en la casa donde nací, llena de algas y truchas muertas. Esto es como si tu ves a tus padres por primera vez cuando sacan los huesos de la tierra. Yo empecé a tomar conciencia a raíz de ver las ruinas de mi pueblo cuando vaciaron el pantano. Hablando con mucha gente noté lo que significa  ese desarraigo de no poder volver jamás».

«Estaba condenado a contar esa novela y la publiqué el año pasado. Es la novela que más rápido he escrito y lo hice en un año. Y surgió sin pretenderlo. Empezó a brotar como la fuente de la memoria. Habla de la experiencia a través de la mirada de toda una familia de 17, 18 miembros que van a tirar las cenizas del abuelo. Cada capítulo es lo que piensan la viuda, los hijos, los yernos, la nuera, los nietos y cómo la memoria se va difuminando».

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares habla de la España creciente y la menguante. La segunda es la escondida, de la que no se habla casi nunca, que coincidiría geográficamente con la zona interior del país. Recalca que ‘La lluvia amarilla’ sigue vigente porque en España hay en estos momentos más de 5 mil pueblos abandonados y se calcula que de aquí al 2020 quedarán vacíos otros dos mil o tres mil.

Considera que existe un menosprecio hacia los pueblos.

«Hay una cierta mirada despectiva en España sobre lo rural, sobre los pueblos. Vivimos en una sociedad que curiosamente desprecia todas sus raíces».

Ahora prepara el segundo volumen de ‘Rosas de piedra’, la segunda entrega del libro de viajes por las catedrales de España. Recientemente ha visitado lo que denomina las catedrales de Levante que son las de Segorbe, Valencia, Orihuela y Murcia.

En un coloquio con los alumnos del Instituto de Muro explicó por qué no quiere recibir premios.

«El único premio para un escritor es que le lean, todo lo demás forma parte de la sociedad del espectáculo y de la corrupción literaria».

Carles Figuerola

Trazos de temporalidad

‘Jueves y sábado’, de Joan Sebastián Granells
Galería Rosa Santos
Carrer de la Bosseria, 21 Valencia.
Hasta el 20 de mayo de 2016

Dos días de la semana: jueves y sábado. Dos coartadas que parecen no tener sentido: una versa sobre el ‘Ulises’ de James Joyce y la otra, simplemente, sobre sudokus. A la entrada en la galería Rosa Santos quizá el espectador se sienta algo desconcertado. Dicho desconcierto no supone un handicap pues al pasear por la muestra, por todos esos dibujos hiperrealistas de Joan Sebastián, solo hace falta prestar algo de atención para contrarrestar el efecto de desasosiego.

“He querido representar mi propia aventura de cada sábado”, nos explica el artista. Efectivamente, no hay mejor manera de explicarlo. Una prudente equiparación entre las casi 19 horas que dura en la novela la aventura de sus protagonistas, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, y las continúas huellas que se quedan reflejadas en cada periódico semanal que el artista utiliza para dar comienzo al fin de semana. A modo de ritual, al igual  que su propia técnica, la minuciosidad y el detallismo han sido llevados al extremo, lo que nos induce a reflexionar sobre el tiempo: los momentos de pensamiento previo a la obra, la extensa duración de sacar adelante cualquier proyecto, las horas, minutos y segundos que suponen un trabajo de dedicación artística…

En palabras de Nacho París, autor del texto que acompaña la exposición, “El ‘Ulises’ es sin duda tanto en el proceso de creación de la novela, en los avatares de su publicación y sobre todo en su estructura y estilo narrativo (…), un ejemplo singular de subjetivación de la experiencia temporal”. Este efecto es que el Joan Sebastián ha querido trasladar a su cotidaneidad.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

A través del uso de la técnica del dibujo, y solo dibujo, Joan Sebastián va situando la mirada del espectador. En las piezas donde aparecen los sudokus, cada elemento de la obra y aún más, la texturización del grafito, ya indican claros indicios del paso del tiempo. Lo mismo ocurre con las representaciones del libro ‘Ulises’ extraído de la biblioteca, las dobleces, rasgaduras y con los casi imperceptibles surcos consecuentes de los usos continuados. Con grises y negros, y las degradaciones consecuentes del roce de la mina sobre el papel, crea representaciones, captaciones realistas de un momento pero de las que no podemos llegar a asegurar que han tenido lugar.

Esa representación del no-suceso, o esa sensación de estar esperando por algo que no llega a ocurrir, es un aspecto continuado en la obra de Joan Sebastián. Ya en ‘Sala de espera’ (2009), exposición también llevada a cabo en la misma galería, donde reflexiona sobre el paso del tiempo o mejor, sobre un espacio temporalidad donde no ocurre nada. Desde luego, esta mezcla imposible que el artista propone en esta ocasión para los muros de la galería Rosa Santos funciona para transportar al observador a una especie de sala del no-tiempo, donde todo se detiene, donde no se puede dejar de admirar la delicadeza de la técnica y donde sobre todo, apetece sacar de la biblioteca el ‘Ulises’ de James Joyce.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

Humor contra fanatismo

Dessins en liberté (Dibujos en libertad)
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 8. Valencia
Hasta el 17 de febrero de 2016

El Roto, Ulises, Ajubel y Kap son los cuatro viñetistas españoles o residentes en España que participan en la exposición itinerante Dessins en liberté (Dibujos en libertad), que conmemora en clave de homenaje a las víctimas de la trágica matanza de los periodistas de Charlie Hebbo hace un año en París.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Producida por el Instituto Francés y el semanario Courrier International, la inauguró el pasado jueves en la sede del Instituto Francés de Valencia el presidente de la Unión de Periodistas, Sergi Pitarch. En total son medio centenar de dibujantes procedentes de 45 nacionalidades distintas que, a través de sus obras, combinando el ingenio, el humor y la ironía levantan una sólida barrera contra el fanatismo y el terror.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Abierta hasta el 17 de febrero, esta muestra incluye una docena de paneles dedicados a una temática específica de plena actualidad relativa a la libertad de expresión: censura, internet, corrupción, derecho de la mujer, racismo, rebeliones, clima, etcétera.

En recuerdo a los acontecimientos de enero de 2015 contra la redacción de Charlie Hebdo, el objetivo de esta muestra es “ensanchar la perspectiva ilustrando la manera en la que la libertad de expresión se ejerce hoy en día en todos los continentes”.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

A partir de la conocida ilustración de los cigarrillos Gitane, Ulises hace un alegato contra el racismo, un tema que tratan también el canadiense Bado (El racismo es el otro), el argentino Langer o Glez de Burkina Faso y el mexicano Boligan. No es casualidad que en el panel dedicado a poner en solfa la corrupción aparezcan otros dos españoles: El Roto con una de sus imágenes que valen por millones de palabras y Kap con una viñeta de corte clásico que representa a un grupo de trajeados con los bolsillos rebosantes de billetes ante una caja fuerte vacía llena de telarañas: No sabemos lo que ha pasado…¡pero hace unos años la caja estaba llena!

El cubano Ajubel que residió varios años en Valencia, donde fue editado por el sello MediaVaca, opta por una imagen siniestra de un hombre barbado con y sin cabeza: Je pense…donc je ne suis plus!

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Haddad. Instituto Francés de Valencia.

Ilustración de Haddad. Institut Français de Valencia.

Bel Carrasco

Only Paper, una vuelta a los orígenes

Only Paper. Exposición colectiva

Espai Rambleta

Bulevar Sur esquina Pío IX. Valencia

Hasta el 7 de noviembre

La tan cacareada muerte del papel parece haberle dado vida. La pasada semana se presentó en Valencia la revista de humanidades y economía La maleta de Portbou, en puro papel. Y, ahora, María Tinoco y Cristina Chumillas han comisariado una exposición ecléctica, que tiene, eso sí, como denominador común el papel. Un total de 14 artistas, completamente diferentes entre sí, exhibe su obra realizada en diferentes tamaños y formato, pero toda ella en papel. Only Paper es, sin duda, un título apropiado para reflejar esa unanimidad artística en torno a un soporte material que muchos dan por muerto, ante el arrasador avance de la tecnología, pero que no deja de renacer de sus cenizas.

Obra de Moisés Mahiques para Only Paper en Espai Rambleta.

Obra de Moisés Mahiques para Only Paper en Espai Rambleta.

Terminará siendo un objeto de culto al que acudirán los amantes de la buena vida artística. Entretanto, ahí sigue, mostrándose fuerte como Ulises ante el canto de sirenas digital que amenaza con hundirlo. Para ello, María Tinoco y Cristina Chumillas se sirven de 14 artistas cuya fuerza mayor reside en la consistencia que les proporciona tan frágil papel. Papel de todos los estilos, temáticas y colores. Papel ilustrado, collage, dibujo, “papercut”, diseño y hasta viñetas de cómic. Todo ello en la planta cuarta de Espai Rambleta, diseño de Tactelgraphics y que el DJ Cryïng Hemeroteqüe se encargó de sonorizar durante la inauguración.

Detalle de la obra de Tactelgraphics para Only Paper en Espai Rambleta.

Detalle de la obra de Tactelgraphics para Only Paper en Espai Rambleta.

Siendo el papel el elemento aglutinador de Only Paper, el variopinto abanico de propuestas de la exposición deja de chirriar bajo el manto protector de esa principal línea argumental. De este modo, el batiburrillo deja de ser tal para transformarse en un caleidoscopio de propuestas que tan pronto arrancan una sonrisa irónica al espectador, como le producen una acidez estomacal fruto del cóctel amargo que destilan en conjunto algunas imágenes.

Predominan las propuestas irónico festivas de El Rotor, Sergio Mora, Sobelman Corta y Pega (Elisa Gómez Sobelman), (Mamen) Agente Morillas y, ya más mordaces, Marcos Martínez, Valero Doval y, sobre todo, Eneko Las Heras, cuyo humor destila un aroma próximo al que destapa Chema Madoz con sus imaginativas fotografías. Elena Mir y Felipe Pantone se salen de ese universo crítico y sardónico, para plantear sutiles juegos ópticos mediante relieves y manieristas grafismos.

Detalle de la obra de Rafa Fonteriz para Only Paper en Espai Rambleta.

Detalle de la obra de Rafa Fonteriz para Only Paper en Espai Rambleta.

Tactelgraphics (Ismael Chappaz y Juanma Menero) prefiere enfundarse el chándal y mostrar un inquietante rostro cubista, que bien pudiera remitir al provocador manifiesto futurista de Marinetti (“no hay belleza sino en la lucha”). Como luchando anda Paula Bonet, con sus rostros de mirada angelical, mejillas sonrosadas y una mirada que por fuera seduce, mientras aflora cierta angustia existencial en sus pupilas. Las viñetas de Rafa Fonteriz, dentro de un marco narrativo de cine negro, también muestran esa contrariedad de lo bello y lo siniestro.

Obra de Agente Morillas para Only Paper en Espai Rambleta

Obra de Agente Morillas para Only Paper en Espai Rambleta

Y mientras todos ellos emplean entre tres y 11 imágenes para rendir pleitesía al papel, Antonio Fernández Alvira y Moisés Mahiques concentran sus respectivas propuestas en una sola imagen. Fernández Alvira, en esa línea de tensión que, en el fondo, recorre el conjunto, muestra dos cuerpos en lucha salpicados de guirnaldas y medallas, como estampa histriónica del poder. El dibujo “reiterativo” de Moisés Mahiques sobresale por su minucioso trabajo de figuras en bucle sobre fondo negro. Quizás sea ésta, de hecho, la mejor manera de decir que el papel sigue vivo, por su inacabada trayectoria en tiempo de sucesivos enterramientos. 

Detalle de la obra de Eneko para Only Paper en Espai Rambleta

Detalle de la obra de Eneko para Only Paper en Espai Rambleta

Salva Torres

Horacio Silva, por las nubes

Galería Kessler Battaglia

Horacio Silva

Valencia

Pasaje Giner, 2 (Plaza de la Reina)

Hasta el 6 de abril

Si el optimista, como decía Bernard Shaw, es el que inventa el avión, mientras el pesimista se encarga del paracaídas, entonces Horacio Silva pertenece a la categoría de los primeros. Y como prueba ahí está la serie de aviones expuesta en la galería Kessler Battaglia. No sólo es la primera vez que junta de esa manera tantas aeronaves, sino que también es su primera incursión en el registro del videoarte. Lo hace sin paracaídas, pensando, como buen artista, que no hay peor caída que la simple declaración de intenciones. De manera que Horacio Silva se ha puesto al mando de una exposición de altos vuelos.

La ha titulado Gate-22, por la puerta de embarque de los aeropuertos y porque ese número parece perseguir a Horacio, desde que naciera en una calle de Valencia con dicha numeración. Sus posteriores residencias, también: Conde Altea, 22; Dr. Sumsi, 22; Denia, 22. Ese carácter obsesivo del azar termina lógicamente dejando huella. Y puestos a dejar volar la imaginación, que es lo que Horacio Silva hace en Gate-22, nada mejor que ese título para nombrar el conjunto aéreo dispuesto en Kessler Battaglia, a modo de hangar poético donde el artista deposita sus sensaciones viajeras.

“Ha sido una experiencia muy gratificante”, dice. No sólo en relación al conjunto expositivo, sino sobre todo con respecto a su primera videocreación. “Es conceptual, plástica y sintética”. Tres escasos minutos que resumen la concepción poético visual de la muestra. El video tiene dos elementos: el propio Horacio Silva y diversos aviones que sobrevuelan su figura. “Parezco un gigante, dada la proporción entre mi cuerpo y los aviones”. Y agrega: “Es un personaje que sueña y cuando pasan los aviones se despierta”. También recuerda al emblema de las torres gemelas abatidas por el mal sueño de Occidente. Pero esa es otra de las muchas historias que el video de Horacio Silva puede suscitar.

En el fondo, se trata de eso: de “plasmar imágenes que te emocionen”; que “induzcan a la reflexión”. Metidos en la “piel de acero” del avión, el viajero parece sumergido en el letargo que propicia la altura y la invisibilidad exterior. Ahí, flotando en el aire, hay tiempo para pensar en lo que uno deja y hacia dónde se dirige. Horacio Silva ya mostró su Cuadernos de viaje en Las Atarazanas hace diez años. Entonces vendió uno de sus aviones (“un cuadro muy melancólico”) a la compañía Air Nostrum. Pero nunca había acumulado tantos aviones en una sola exposición. “Viajar me gusta mucho y como no hay viaje sin vehículo que te transporta, me faltaba ese elemento”. Dicho y hecho.

Metidos de nuevo en esa piel de acero del avión, inducido por pensamientos flotantes, Horacio Silva cita a Ulises, el viajero homérico que “no piensa tanto en la llegada, como en el transcurso del viaje”. Un viaje muy presente en su obra, porque Horacio lleva haciendo aviones “desde hace bastante tiempo”. Mucho antes que Almodóvar lo tuviera presente en Los amantes pasajeros. “No es cuestión de modas”, recalca Horacio, sino de “retomar un elemento cuya estructura me gusta”. Le gusta porque “te llena el cuadro de forma muy interesante”. Aviones que en Gate-22 te permiten acceder, por esa puerta de embarque tan obsesiva en la vida y obra de Horacio Silva, al flotante universo de los sueños y las pesadillas.

Salva Torres

 

 

Señores viajeros, con ustedes Horacio Silva

Galería Kessler Battaglia

Horacio Silva

Valencia

C/Pasaje Giner, 2, Plaza de la Reina

Inauguración: jueves 28 de febrero, a las 20.00h

Hasta el 6 de abril

El vuelo como metáfora de la libertad. Comenta el poeta griego Constantin Cavafis sobre Ulises que lo importante es el viaje no la llegada. «Al emprender el viaje para Ítaca desea que el camino sea largo, lleno de peripecias, lleno de saberes”. Sin embargo, en el avión, el viaje es corto. El proceso es aparentemente breve pero no exento de emociones. En el avión es la introversión, la lejanía física de la tierra permite la reflexión interior. El tiempo transcurre entre el pensamiento y la ilusión que generó la aventura, la imaginación de los mapas ocultos por las nubes y el deseo de conocer el destino y lo que le deparará. Es nuestra piel de acero que nos traslada a través de las nubes poniendo a prueba nuestros temores y nuestras esperanzas.

Horacio Silva nos presenta en la galería Kessler Battaglia su última producción de lienzos dedicada al viaje bajo el título GATE-22, incorporando un nuevo lenguaje como es el videoarte en la exposición. Un viaje, sin duda metáfora de la libertad, para ser visto y tocado mediante el audiovisual y la obra plástica. Un viaje al fondo de la mente, sin necesidad de embarque, facturación de maletas y aterrizajes forzosos. Un viaje, por seguir con Cavafis, sin apresuras, porque  es “mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino”. Horacio Silva en estado puro.