Mery Sales evoca a Hannah Arendt

El incendio y la palabra, de Mery Sales
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El título de la exposición es harto elocuente: ‘El incendio y la palabra’. Si al principio fue el verbo quien con su palabra introdujo sentido en el caótico mundo, ahora es Mery Sales quien trata de hacer lo propio en La Nau siguiendo el rastro de la filósofa alemana Hannah Arendt. Apoyándose en muchas de sus reflexiones, la artista se esfuerza por contener el incendio que se propaga por el mundo, utilizando el cortafuegos de las palabras. En su caso, palabras en forma de textos plásticos de gran intensidad evocadora.

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

El mar bravío y en ocasiones enrojecido, alusiones al franquismo y al movimiento 15M, sujetos anónimos que luchan por sustantivarse en pugna con el colectivo, y el rostro y la boca en múltiples detalles junto a las palabras de la propia Hannah Arendt, integran el conjunto expositivo. Lo real de la naturaleza, estallando o a punto de hacerlo, enfrenta a esa otra naturaleza, la humana, consigo misma, en un ejercicio de tensión que a Mery Sales, como a la misma Arendt, les provoca múltiples interrogantes.

“Lo que el sentido común y la gente normal se niega a creer es que todo es posible” (‘Los orígenes del totalitarismo’). Esta cita, al pie de la obra ‘Arde el Reichstag’, indaga en la extrañeza que la propia Mery Sales no deja de revelar en ‘El incendio y la palabra’. Porque, sin duda, todo es posible: la realización de aquello que abre una vía de esperanza allí donde no cabía ninguna, pero también la manifestación de un horror inimaginable. A este último, Arendt denominó con acierto “la banalidad del mal”. Un mal perpetrado no por desalmados y criminales, sino por personas anodinas que cumplen metódicamente con su trabajo de exterminio.

Obra de Mery Sales en 'el incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en ‘el incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

El asunto de la libertad, ejercida con valentía, y el de la violencia, letal cuando forma parte de un programa político, ocuparon un lugar central en las reflexiones de Hannah Arendt. Mery Sales, en conversación con Fina Birulés, especialista en la pensadora alemana, habla de la filósofa como una “avisadora” de incendios o “vigía de su tiempo”. Avisadora o vigía de cuanto amenaza con destruir el esfuerzo de las  palabras por habitar el mundo.

El reto, explica Mery Sales, “residía en cómo pintar políticamente”. Porque si el arte está allí donde cesan las evidencias, al pintar políticamente se corre el riesgo de caer en el panfleto. Por eso las citas que acompañan a ‘El incendio y la palabra’ no deben ser tomadas al pie de la letra, sino al modo de señales luminosas que guían al espectador en medio de la tormenta desatada por las inquietudes artísticas. Inquietudes que Sales cifra en ese “pensar sin barandillas”. Una de las obras, de hecho, se titula así: ‘Sin barandillas’, por encima de las cuales vuelan unos papeles al aire. Y aquí vuelve sobre Arendt para decir: “Atrévete a pensar por ti mismo, párate, ten el coraje de equivocarte”.

Obra de Mery Sales en la exposición 'El incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en la exposición ‘El incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

Esa lucha entre la palabra que busca a tientas, que trata de comprender lo incomprensible, y el incendio que amenaza con destruirlo todo, está en el germen del trabajo que Mery Sales expone en La Nau, pero también del que atraviesa el conjunto de su obra. Hannah Arendt lo explica así: “Comprender no significa justificar lo injustificable…la carga que nuestro siglo [refiriéndose al pasado siglo XX] ha colocado sobre nosotros, y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso”.

Por eso Mery Sales tan pronto muestra el mar revuelto de las pasiones como las manos que se aferran a un altavoz. Lo real a punto de desestabilizarnos y el coraje de las palabras que intentan, como brazadas desesperadas, encontrar el equilibrio. También hay en su obra cierta denuncia a la impostura política. Impostura cuyos trazos leves no llegan a emborronar lo que después de todo prima en ‘El incendio y la palabra’ y de lo que Arendt se hace eco al pie de la serie ‘Hervideros’: “Alzar desde lo profundo es la tarea de la poesía y de todo el arte”. En esa tarea insiste una y otra vez Mery Sales.

Noticia en El Mundo Comunidad Valenciana:

PREWEB27DI – Valencia – VALENCIA – pag 30

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

El gran hotel Budapest, entre dos Europas

El gran hotel Budapest, de Wes Anderson
Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín 2014

La película “El gran hotel Budapest”, además de la hermosa historia de amistad y amor que se narra, es un homenaje a un acto esencial y diferenciador de la especie humana: el hecho de contar y de escuchar historias como experiencia trascendental del ser humano. Esta es la esencia de la película de Anderson, basada en un cuento de Stefan Zweig, cuya obra de ficción o biográfica, de este autor, es ante todo una reflexión sobre la importancia de ese acto, de contar y de escuchar historias, como vehículo para comprender la esencia del sujeto.

La historia de ‘El gran hotel Budapest’, reciente Premio del Jurado en el Festival de Berlín, empieza como todas las historias: con una interrogación existencial provocada por cierta sorpresa que viene a quebrar el orden de la anodina realidad cotidiana. En la película de Anderson todo se inicia cuando un joven escritor, interpretado por Jude Law, huésped del decrépito Hotel Budapest, se queda fascinado por la presencia de otro huésped: ¿Quién es ese hombre mayor, de mirada melancólica, sentado en el hall?, pregunta al botones.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Ese hombre (Mr. Moustafa / Murray Abraham) es el actual dueño del hotel, cuya historia dará a conocer el pasado tanto del propio hotel como del singular director que lo precedió. Será la figura de éste, Gustave (Ralph Fiennes), el centro de una narración que desvelará cierto acto heroico fundador del relato moderno. Esto es, el relato de valores tales como la racionalidad y el impulso artístico, base de la civilización europea, que tendrá su correlato siniestro en forma de totalitarismo.

Gustave representa la figura del hombre que, en medio de la barbarie, logrará con sus actos preservar la vida del emigrante Moustafa, botones del hotel, posibilitando que éste continúe su digna labor al frente del Gran Hotel Budapest junto a su esposa Agatha (Saoirse Ronan). He ahí la importancia del relato, en tanto espacio de transmisión de experiencias que merecen la pena ser vividas.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Contada en tono de comedia esperpéntica, muy del gusto de Anderson, tal y como ya demostrara en ‘El viaje a Darjeeling’, ‘El gran hotel Budapest’ sigue las peripecias de Gustave y su botones Moustafa, en medio de la guerra europea, para reflejar lo que cuesta mantener la dignidad humana cuando se desata la pasión bélica. Gracias al coraje, tan ingenuo como genuino, de Gustave, el emigrante Moustafa logrará salvar la vida.

Y como corresponde a la cadena de tareas que envuelve al relato, Moustafa corresponderá a tamaña actitud heroica de su jefe, continuando su labor al frente del Hotel Budapest, por el que dará la fortuna heredada con el fin de mantener en pie un hotel amenazado por la voracidad destructora del comunismo radical. La amistad, una vez más, privilegiando el recuerdo del amigo muerto y de la mujer amada, por encima de consideraciones crematísticas hoy tan en boga. La Europa ilustrada, entonces, como ahora, amenazada por intereses espurios: del totalitarismo bélico al económico. Siempre nos quedarán los relatos como antídoto frente a la devastación.

Fotograma de 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.

Fotograma de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson.

Begoña Siles