Artur Heras o la pintura como combustible

No Ficción. Artur Heras
Sala Estudi General i Acadèmia
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 18 de septiembre de 2016

Artur Heras, acuciado por la rabiosa actualidad del discurso periodístico, tuvo que aclarar: “No hay temas de actualidad en mi obra; no pretendo hacer crónica puntual”. Gay Talese, al que Tom Wolfe atribuyó el nuevo periodismo que a él le adjudicaban, ya advirtió que para escribir un buen reportaje había que poner mucho cuidado en no imaginar absolutamente nada. Se trataba, dijo, de colocarse en la posición de quien nada sabe de antemano y por eso escucha. Y el emigrante le parecía un buen punto de arranque.

“La razón por la que la emigración es necesaria es porque la gente necesita sentirse un extraño. Eso es combustible, te da energía”. Artur Heras diríase que, siguiendo el ejemplo de Talese, se vuelve un exiliado cuando pinta, atendiendo a la extrañeza que le produce la vida. De manera que su obra, lejos de navegar plácidamente por esa actualidad palmaria, se deja empapar de la extrañeza que produce el tejido mismo de la realidad. “Yo escribo reportajes, y un reportaje no es ficción”, que decía Talese y secunda Heras.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Imagen de la exposición de Artur Heras en La Nau.

La exposición ‘No-Ficció’, que ocupa dos salas del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, explora esa ficción que no es tal. El propio Heras lo aclara cuando dice que al igual que la literatura, “la pintura está históricamente asociada a la ficción y en cualquier caso, tanto en las historias inventadas como en la transcripción de un hecho real, esta construcción se hace a través del lenguaje”. Y es a través de él como el artista de Xàtiva pone en tela de juicio los lugares comunes, emergiendo la extrañeza propia de quien se descubre atravesado por esas formas pictóricas.

Las más de 400 obras que integran esa ‘No-Ficció’, y que según Heras bien podrían servir de biografía, parecen construir una red mediante la cual contener cierta energía destructiva. De ahí la presencia de calaveras, de muerte, de esqueletos, pero también de esvásticas, de utopías, de rostros cariacontecidos. “Me interesa la pulsión a la hora de crear”, y cómo “cada proyecto es un modo de viajar por la experiencia, sin un plano para ese viaje”. Algo así como el texto y el abismo, con el que el profesor Jesús González Requena distingue ficción y artificio.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

“La palabra ficción no me gusta. Todas las grandes películas y todas las grandes novelas son verdad. Son verdad subjetiva. Son el resultado del trabajo que le ha permitido a un sujeto sobrevivir. Y que permite a otros sobrevivir porque lo revisitan y lo hacen suyo”. Artur Heras acoge en su obra “las emociones y el laboratorio” mediante el cual recrea ciertas experiencias. De ahí la importancia de las citas literarias como parte intrínseca de ciertas vivencias y que le llevan al artista a emitir cierta crítica: “Eso de que una imagen vale más que mil palabras es una soberana estupidez”.

Y con el lenguaje como único medio de acceder a esa extrañeza de quien emigra hacia territorios siempre nuevos, Artur Heras va construyendo esos espacios de ficción que se comportan como reflejo de experiencias vividas. “Arte y artificio están en el mismo registro. Lo que debe quedar claro es que artificio no es sinónimo de mentira: es sinónimo de construcción humana”, apunta González Requena, como abriendo camino hacia la obra Heras, quien dice “reivindicar el poder de les imatges per transcendir les fronteres de la simple percepció, intentant oferir un antídot a l’excés de missatges que inunda les nostres retines”.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau.

Josep Salvador, comisario de la exposición ‘No-Ficció’, explica que en las propuestas de Heras “hay una defensa del carácter revelador y comunicativo de la emoción, más allá de una lógica reductora y programática: la imagen siempre como símbolo o metáfora. Se trata pues de descifrar y no de la simple efusión lírica”. También: descifrar a partir de las formas efusivas que dialogan entre sí en su obra, y que hacen de sus imágenes un territorio a explorar, ajeno a la profusión de mensajes tan nítidos como atropellados.

La Sala Academia de La Nau reúne una veintena de piezas en torno a ‘Les emocions’, mientras que la Sala Estudi General compendia las relacionadas con el ‘Laboratori’, en una de cuyas paredes se suman 365 + 1 imágenes que vienen a radiografiar el actual año bisiesto en otras tantas emociones. “No se trata de ejercicios formalistas, sino que son trabajos que tratan de describir una significación precisa”, señala Salvador. “Son el simulacro de una experiencia”, añade.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Vista de la exposición de Artur Heras en La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, ofrece un título alternativo de la exposición: “La estética aumentada”, refiriéndose a la realidad aumentada tan en boga ahora. Sin embargo, la ‘No-Ficció’ de Artur Heras, en tanto espacio donde múltiples formas combaten entre sí en medio del mundanal ruido, ya parte del aumento que provoca la extrañeza. El artista fija su atención en algo que le conmueve y, a partir de ahí, crea formas que le permitan sobrevivir. En este sentido, Heras, como Talese, se colocan siempre del lado de quien no es el conquistador o el poderoso, sino de quien siente la fragilidad del ser humano.

“La práctica de la pintura es solitaria”, dice. Y en esa soledad ha producido en tres o cuatro años el 90% de la obra inédita que muestra en La Nau. Obra en la que también subyace la idea de memoria “existencial o de ocultamiento de la misma”. Historia e intrahistoria, que diría Unamuno, de esa memoria que vuelve a luchar contra el olvido o los lugares comunes. “Hay mucho de memoria, de cuestionamiento acerca del sentido de la vida”.

Artur Heras, en medio de la vorágine de las presentaciones y las ruedas de prensa, recuerda lo que apuntó el compositor ruso Dmitri Shostakóvich, cuando en plena Guerra Mundial, sitiada Leningrado, hablaba de las emociones que le llevaban a seguir creando sinfonías en medio del horror bélico. He ahí el combustible, sin duda producto de la extrañeza, del que hablaba Talese y del que Artur Heras se nutre para construir la ‘No-Ficció’ que hasta mediados de septiembre se mantendrá en La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Artur Heras delante de una de sus obras. Fotografía de Miguel Lorenzo cortesía de La Nau.

Salva Torres

Sociedad psicopática

Psico, de Aurelio Delgado
Carme Teatre
C / Gregorio Gea, 6. Valencia
Hasta el 28 de febrero

American Psycho es uno de los hitos de la novela negra. Publicada en 1991 por Bret Easton Ellis, describe en primera persona la vida de un yuppie de Manhattan, un psicópata envanecido que comete una serie de crímenes sanguinarios reales e imaginarios.  Una audaz versión de esta historia llega este mes al escenario de Carme Teatro con Psico, escrita y dirigido por Aurelio Delgado, una producción de la compañía residente de esta sala alternativa.

“La novela de Easton me encantó porque es mucho más que un thriller típico, una sagaz descripción del ambiente de una sociedad que permite la existencia de personajes como el protagonista, Bateman”, dice Delgado.

Patrick Bateman, el protagonista tiene 27 años y vive en el edificio American Gardens, entre la riqueza y sofisticación de la alta sociedad de Nueva York. Cultiva su cuerpo y apariencia, prestando gran atención a los objetos, las marcas y el diseño. Graduado en Harvard y con un máster en la Escuela de Negocios de Harvard, es vicepresidente del departamento de fusiones y adquisiciones en Pierce & Pierce.

Psico, de Aurelio Delgado. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Psico, de Aurelio Delgado. Imagen cortesía de Carme Teatre.

También un asesino en serie, caníbal y practicante de sexo violento. Siente especial predilección por prostitutas jóvenes, aunque también comete crímenes con mendigos, artistas callejeros, homosexuales e incluso niños. Sus principales crímenes son descritos en el libro con escalofriantes detalles. También, sus obsesiones sobre tecnología, vestuario o los cantantes y grupos musicales de moda son expuestas en forma prolija.

La novela no sólo describe las andanzas del desaforado Bateman. Es sobre todo un demoledor retrato crítico del modo de vida de los yuppies de finales de los ochenta. El cultivo de la apariencia, el culto al éxito económico y materialista como aspiración suprema, las relaciones humanas superficiales (es habitual la confusión de nombres entre los personajes), el sexismo y el narcisismo que inducen al menosprecio hacia las mujeres, Un clasismo exacerbado que conlleva el rechazo visceral hacia los mendigos, los afroamericanos y los artistas, así como al consumo habitual de distintas drogas, sobre todo cocaína.

La libre adaptación de Delgado desdobla el poliédrico personaje  de Bateman en tres actores que representan cada una de sus principales facetas, además de un maniquí parlante que les da la réplica. Son Paco Martínez Novell, Rafa Alarcón y Vicente Arlandis. “La pieza dura hora y media y en ella se condensa lo fundamental de la novela, un texto de 400 páginas, sin regodearse en el tema de la violencia que se trata de forma muy sutil”.

Lo importante no son los asesinatos sino el retrato de un estilo de sociedad que llegó al culmen en la década de los ochenta retratada también magistralmente en La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe. “Un mundo de puras apariencias, banal, obsesionado por las modas, las marcas, los restaurantes de lujo y todo lo superfluo”, apunta Delgado. “El universo propio de los brokers de Wall Street que se extiende por  occidente,  donde el capitalismo impone unas normas, que atendiendo principalmente al consumo, sumerge nuestra realidad en esa sociedad del espectáculo de la que habla Guy Debord”, concluye Delgado.

La novela inspiró un par de películas bastante mediocres que se quedan en la anécdota de los crímenes sin ahondar en el mensaje esencial del autor. Psico se representa en Carme Teatre todos los fines de semana del mes de febrero.

Psico, de Aurelio Delgado. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Psico, de Aurelio Delgado. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Bel Carrasco