Germán Salto, el despertar de un orfebre

Germán Salto
Salto – 2015
Salto Music

German Salto 1

Fotografía de Juan Perez Fajardo

Las cosas vienen como vienen y son como son. Hay que aceptarlas. De verdad que me satura bastante eso de que nuestros artistas se dediquen a cantar en lengua anglosajona, para eso ya tenemos a los de fuera y, de forma inconsciente, tiendo a valorar mejor el que por aquí se arriesga en las ricas lenguas vernáculas del actual estado español y obtiene como resultado un producto musical de calidad. Pero ojo, tampoco es una obsesión y ello no me impide pasar por alto algunas cosas que considero que merecen la pena. Además, tampoco es que con nuestras lenguas todo sea para gritar de júbilo, ni mucho menos, ojalá. Al final la reflexión concluyente cuando me topo con artefactos cantados en inglés como Salto es que cada artista debe hacerlo en el idioma que le pase por los cojones. Y luego ya veremos.

Nos remontamos primero al hallazgo, al momento revelador. Si resulta que leyendo al Tete Joserra en el Exile Sh Magazine hablaba de una colección de canciones mágicas, de sonido pulcro, hecho en el cielo, de Chris Bell, el alma dulce de la Gran Estrella, es entonces cuando al que suscribe se le disparan todas las alarmas. Eso sí, en estas cosas siempre me surge primero un estúpido espíritu dubitativo y vacilante pensando si el que elogia ha podido ser algo exagerado, desproporcionado, aunque, al mismo tiempo, en este caso la curiosidad era más corrosiva de lo normal pues no son pocas las cosas que hemos compartido, el aprecio que le profeso o los gustos musicales que tenemos en común.

1. GERMAN SALTO - Salto

Portada e interiores de José Fragoso.

Sonó “Monster” y lo vi, lo sentí, ipso facto. Sí, madre del amor hermoso, entre ruinas de destrucción el cielo se despejó, como también entre las notas tristes de “Between the lines”. Un manto azul lo cubrió todo allá arriba y, a lo lejos, cual si fuera una postal, se divisaron unos picos nevados. El cosmos de la estrella maldita, el universo de Bell había tocado con su varita mágica a Germán Salto, un desconocido para mí hasta hace más o menos cuatro telediarios, madrileño para mejores señas y del que se percibe claramente como un orfebre de nivel, pero de mucho nivel, tanto que algunos podemos deducir que su legado en forma de canciones no nos abandonará. Vamos, que ni con el mejor de los desodorantes.

“Girl” nos devuelve la grandeza de la Big Star y, por qué no también, la de Badfinger o los Jayhawks. Las guitarras suenan con ese poso melancólico de unas melodías que rozan la perfección. Atrapado. Pero es que en “Till the morning” no hay nubarrón que se resista, un cielo de terciopelo y la Gran Estrella que se dirige hacia Escocia con un Chevrolet blanco, portando un temazo a la altura de las mejores canciones de mis siempre amados Teenage Fanclub.

german salto 2

Sorprende “S.O.S”, como aquellas viejas canciones que envuelven y que siempre agradece la parroquia beatlemana más melódica, al igual que “Hold on”. Pero lo más fascinante de esta última es que desprende optimismo con ese in crescendo made in Steve Cradock. Y sí, no solamente no habría desentonado en absoluto en dos obras maestras noventeras como “Moseley shoals” o “Marchin’ already” sino que podría ser alguna de sus coplas más brillantes.

Por si fuera poco la cadencia armónica de los Jayhawks se presenta en una copla tan otoñal como “There ain’t no time”, así como tampoco faltan las notas setenteras más elaboradas y desesperadas con un “Ernie the falconer” a lo Petty o una exquisita “Walter Freeman” que a buen seguro habrá recibido la bendición del Señor Bolan allá arriba (o allá abajo).

Para colmo cierra una preciosidad en toda regla, «Lonesome bird», a medio camino entre Nick Drake, Jeff Buckley y los Zeppelin más acústicos, con la que se extienden las alas para volar alto, muy alto. Y entonces ¿qué más se puede pedir si hay un cóctel melódico que recoge por aquí, por allí, por allá, y nada desentona? Pues eso, decía al principio que las cosas vienen como vienen, son como son. Hay que reconocerlo. El disco de German Salto apunta tan alto que dificílmente pocos, muy pocos, podrán birlarle alguno de los más apreciados metales con los que me gusta distinguir lo mejor de cada año, de mi año.

Salto - Gallo

Y ya puestos digo más porque en un momento determinado tampoco se me caen los anillos por desbordarme en pasión cuando considero que la cosa lo merece. Este disco está «tocado», como comentaba más arriba. No ha habido en la historia de este país mejor álbum en lengua anglosajona y dudo mucho que llegue pronto uno que pueda superarlo. No tiene nada que envidiar a los de fuera. En todo caso ya les gustaría a muchos de allí o de allá parir un gallo que cacareara como el de Germán Salto. Como bien he leído a José Fragoso, autor de la excelente portada «la idea del gallo representa el despertar majestuoso de un artista hasta ahora agazapado como guitarrista de otras bandas».

Estamos ante una de esas maravillas cósmicas que por estos lares salen algunas pocas veces, una opinión subjetiva sin ánimo de ser compartida. Ahí queda.

JJ Mestre

* Publicado artículo también en el siguiente enlace del Espacio Woody/Jagger