La plástica espiritual de José Cosme en Miami

‘Plástica del Espíritu’, de José Cosme
10º Miami New Media Festival
Diversas sedes de la ciudad de Miami
Hasta el 25 de noviembre de 2016

El artista conceptual José Cosme, profesor de la UCV, participa con su vídeo arte titulado  ‘Plástica del Espíritu’ en el Miami New Media Festival. Cosme es uno de los 8 artistas invitados que han mostrado su trabajo en el PAMM (Perez Art Museum Miami) el pasado 22 de octubre, dentro del seno del festival, que conmemora su 10ª edición mediante una programación desarrollada en diversas sedes de la ciudad, como Arts Connection Space, Vice City Bean, ICL Studio, Imago Art in Motion y el Miami Theatre Center, hasta el próximo 25 de noviembre de 2016.

Treinta y tres artistas locales e internacionales procedentes de 15 países presentarán videoarte, performances, arte sonoro y las nuevas obras de arte de medios digitales.

‘Plástica del Espíritu’ es un video arte reinterpretativo de dos performances enlazados en el tiempo: el primero titulado ‘Manresa’ y realizado en 1966 por el conceptual alemán Joseph Beuys y el segundo realizado por José Cosme en Aranjuez, en 2005, y llamado ‘¿Dónde está el Elemento 3?’.

La proyección transforma las imágenes que fueron reproducidas en otras piezas del artista como ‘televisión de fieltro’, obra expuesta en CIRCA Puerto Rico, y adquiere un carácter atemporal. El vídeo, producido en blanco y negro con evocación retro, tiene al fieltro como principal elemento discursivo de la evolución y la relación entre épocas y artistas en la búsqueda de una «Plástica del Espíritu». La cristología reflejada en el Fluxus de los 60 se plantea ahora como “teología conceptual” (término acuñado por el artista y del que utiliza sellos propios en otras ocasiones).

Fotograma perteneciente a 'Plástica del Espíritu', de José Cosme. Fotografía cortesía del artista.

Fotograma perteneciente a ‘Plástica del Espíritu’, de José Cosme. Fotografía cortesía del artista.

Por otra parte, bajo el título ‘Plástica de Espíritu’ la proyección es a su vez perteneciente a una propuesta de diferentes obras relacionadas con la expresión y búsqueda de lo espiritual desde una concepción teológica. Todas estas obras que el artista evoca con el mismo título muestran un mismo hilo discursivo desde lo teológico hacia una expresión poética propia, que en su metamorfosis matiza aquellas características que cada obra pretende revelar acerca del misterio trascendente y su manifestación en el mundo espiritual. Toda las obras inscritas en ‘Plástica del Espíritu’ muestran una transformación en continua evolución del proceso creativo, de la obra en si misma y de su relación con el público con la intención de provocar, desde la experiencia estética, una búsqueda de la presencia real de lo espiritual presente en cada ser humano. Puesto que la obra es básicamente conceptual, la proyección, limitación o concreción en la estética propuesta, así como en su factura artesanal, puede tener diferentes interpretaciones formales dependiendo de las distintas obras que el artista realiza.

La escena transcurre en un fondo de fieltro. Unos brazos gemelos  surgen lateralmente y actúan paralelamente desde la parte izquierda y derecha de la imagen a modo de danza lenta y armónica. El elemento central es una maleta de médico de los años 50, donde las manos se sumergen y buscan pausadamente un misterio escondido valioso y posiblemente curativo. Una fina cuerda comunica con el interior del maletín y va siendo extraída por las manos de una forma casi ritual. Aparece  como conectada con algo interno y termina emergiendo como pieza amorfa envuelta en fieltro. Las manos descubren con cuidado aquello que contiene la tela de fieltro. Es una Tau franciscana. Una cruz partida. Un elemento que representa la cruz de Cristo y su fuerza redentora en el Espíritu. Las manos desaparecen y todo queda en contemplación. Es el elemento1 de la acción ‘Manresa’ de 1966.

Fotograma perteneciente a 'Plástica del Espíritu', de José Cosme. Fotografía cortesía del artista.

Fotograma perteneciente a ‘Plástica del Espíritu’, de José Cosme. Fotografía cortesía del artista.

 

El laberinto de Manuel Martínez Ojea

Fabulaciones de un imaginario, de Manuel Martínez Ojea
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 1 de abril, a las 20.30h
Hasta el 13 de mayo de 2016

La actual muestra del pintor Manuel Martínez Ojea puede considerarse como la consolidación de una obra pictórica madura e inagotable. Atrás queda esa etapa inicial donde se podían distinguir con claridad las dos direcciones en que se vertebraba su creación: su trabajo dentro del Grupo La Campana, en Las Tunas, Cuba, del cual es fundador (junto a los artistas Carlos Pérez Vidal y Óscar Aguirre Comendador, quien esto escribe); y sus exposiciones personales como artista independiente. La primera se inclinaba hacia un perfil de tipo interdisciplinario y social participando en los diferentes proyectos que llevó a cabo el grupo en esta ciudad intentando dinamizar el contexto cultural haciendo partícipe al espectador de estas experiencias. La segunda señalaba ya los matices personales en el campo de la investigación, reflexión y búsqueda en la propia historia del arte, principalmente en la pintura.

Obra de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

No es bueno, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Manuel, poco a poco, fue abandonando el aspecto político que tanto caracterizó a su producción en Cuba (como la de muchos artistas de esa época inconformes con su propio “status” y con la realidad política y social del país, artistas  que conforman hoy la diáspora artística en el exilio) para concentrarse en una obra de carácter  más  personal y universal. Comenzó a explorar las posibilidades que le brindaba el estudio del arte y sus variadas disciplinas para sumergirse en su análisis y su conocimiento y así poder dotar a su obra del asombroso y variado contenido que hoy disfrutamos.

En 1996, para el proyecto ‘Navegantes’, comenté algunas ideas teóricas sobre su obra, su preocupación genuinamente ontológica…”Su prisma abarca desde las más sofisticadas reflexiones filosóficas, teológicas o éticas, hasta las más sencillas historias de amor, romántico nacionalismo o los variados recuerdos de aquella isla (Cuba) que no deja de atraparnos con su hechizo”. Ahora, observo cuánto se ha desarrollado y madurado su obra, cuánto ha acentuado su personalidad en algo más de una década, cuánto tesón pone en su trabajo porque es un artista distante de todos los circuitos comerciales del arte, despreocupado por si es conocida o no su obra, si es adquirida o no en las exposiciones en que participa, sólo trabaja y ama el arte.

Muralla, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Muralla, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Pintor perfeccionista por naturaleza,  se preocupa porque sus piezas  tengan una terminación exquisita. Conviven en ellas el óleo, el acrílico, cristales, elementos de metal y madera confeccionados a mano por él, pero sin llegar a ser completamente “objetuales”. Prefiero hablar de pequeños “iconos modernos”, pequeños libros ilustradores que utilizan la técnica mixta para intentar provocar al espectador, obras de pequeño formato (del que se ha adueñado para sus creaciones) dotadas de un carácter  monumental y de muchos contenidos que logran que el público termine sucumbiendo ante su hechizo, sumergiéndose en ese mar de sensaciones e historia que emana de sus pequeñas creaciones: obras-libros, intimistas y esencialistas.

Paradójicamente, si queremos salir o llegar al final de ese “laberinto” que conforman sus creaciones no siempre la salida está hacia delante, debemos mirar hacia atrás, a veces me parece que es un artista perdido en el tiempo, lo imagino caminando por alguna calle de Florencia, esa ciudad que tanto mencionamos en nuestras conversaciones, camino de su estudio o hacia alguna iglesia de visita u oración. Deberíamos pensar  en los artistas italianos que él tanto admira (Cimabue, Giotto, Masaccio, Fra Angélico, Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, Vasari y tantos otros) y en toda la filosofía y la estética de la Italia de esa época: el bajo Medioevo y el Renacimiento.

Malformación, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Malformación, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Quizás sea Giotto (pintor, arquitecto, decorador y escultor italiano) quien más influya en su pintura, no sólo por representar la estética medieval en su trascendente paso al Renacimiento sino también por su estilo, su maestría, la frescura y vida que hay en sus creaciones, la emoción que emana de sus personajes, sus composiciones bellísimas, la espiritualidad de sus temas, su apasionante aproximación al espíritu humano.

La obra de este maestro italiano es tan  intemporal que podríamos encontrar sus influencias no sólo en los grandes artistas posteriores en los que tanto influyó, sino en muchos creadores contemporáneos ya que su legado es inmenso y su obra grandiosa. Reconozco mi atrevimiento al proponer este “paralelismo”, pero sin duda las obras de Manuel sobrepasan ese límite que las convierte en trascendentes, por sus mensajes, sus metáforas, la agudeza de sus ideas y la complejidad de sus personajes.

Baluarte devaluado, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Baluarte devaluado, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Pintor atormentado, admirador también del arte y la música clásica, de la iconografía, la arquitectura y el arte contemporáneo que denote  siempre un trasfondo consistente, Manuel nos invita a realizar un pequeño viaje y detenernos en esas “pequeñas paradas” (que son las obras seleccionadas para esta muestra) para intentar comprender algunas claves de su pensamiento y de su compleja propuesta artística. Nos sacude en cada parada como obligándonos a reconocer nuestra mediocridad y pensar más en esas esencias que intenta mostrarnos, en esas reflexiones y disertaciones sobre tan diversos temas  o problemáticas que pudieran ser (incluso) autobiográficas para cualquiera de nosotros.

Estudioso de los materiales pero también de las ideas, de los soportes y técnicas para conseguirlos, apasionado de los libros y las herramientas, amante de la belleza que nos regala el arte, cronista y polémico (también por naturaleza), nos presenta desde su inconformidad una poética narrativa muy personal, una obra íntima, vulnerable y verdadera, mística por su propia naturaleza.

Constantemente repasa y bebe de la propia historia del arte que tanto le apasiona pero también nos habla de la vida, de la familia, sus afectos, sus sentimientos y sensaciones, acerca de este mundo en el cual nos ha tocado vivir,  mostrándonos un ejemplo de coherencia consigo mismo y con su trabajo, caminando hacia nosotros como si fuese “El Caballero de la armadura oxidada”.

Obra de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Cielo, mar, tierra, de Manuel Martínez Ojea. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Óscar Aguirre