Mundo B (Bajo sospecha) de Mavi Escamilla

Mundo B, de Mavi Escamilla
Presentación del Catálogo de la Exposición
Martes 14 de julio, a las 19.30h
Aula Magna
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Calle de la Universidad, 2. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

Tres cosas hay en la vida (dice la canción): salud, dinero y amor. Y el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios. Mavi Escamilla que, junto a Miki Leal, ganó la XII Bienal Martínez Guerricabeitia en 2014, maneja esa terna con una visión más oscura, de ahí los chorretones que a modo de lágrimas negras ensucian su pintura. Suciedad que, a tenor de lo visto en el medio centenar de piezas que exhibe en La Nau, proviene sin duda del dinero, de cuyos usos y abusos se nutre Escamilla para construir ese ‘Mundo B’ que da título al conjunto expositivo.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Que los trabajos expuestos sean de 2007 a 2010, en pleno azote de la crisis económica, se antoja mera coincidencia. Porque lo cierto es que el dinero, ya lo dijo Quevedo, es poderoso caballero, y de eso hace ya 400 años. Lo mismo cabe decir del amor, objeto de múltiples agravios desde tiempos del Marqués de Sade, y ahora igualmente denostado por las urgencias del placer que dicta el más torvo capitalismo. Y si hablamos de las armas que igualmente constituyen motivo de su obra, ahí está la milenaria tradición guerrera para echar por tierra su simple actualidad.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

El ‘Mundo B’ en el que hurga Mavi Escamilla, teniendo al dinero, el sexo y las armas como protagonistas, adquiere relevancia por su tratamiento. Diríase que bajo la cara A de un mundo más amable se escondiera la cara B de una realidad más siniestra. Un mundo que Escamilla coloca bajo sospecha, ya sea poniendo toda la carne en el asador de la pulsión (sexual, económica), o bien mostrando la putrefacción de tanta carnalidad sometida al imperio de la corrupción. Sospecha que sirve a la artista para poner en relación el gesto seductor de las mujeres que ofrecen sus cuerpos, con la fuerza igualmente seductora del dinero cuya visa oro todo lo puede.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Señora B, la pieza incorporada a la Colección Martínez Guerricabeitia desencadenante de la exposición, ejemplifica ese poder del dinero, bajo cuyo oropel late una majestuosa calavera. Porque la calavera es otro de los emblemas de ese ‘Mundo B’ que Escamilla pone bajo sospecha. Y resulta sin duda inquietantemente cautivador ese universo donde alternan, nunca mejor dicho, mujeres de alterne y hombres silenciados por cierto afán de posesión desmedida. Porque, en el fondo, lo que provocan esas lágrimas negras en los cuadros de Mavi Escamilla es la conversión de todo el mundo representado en objetos de intercambio.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición 'Mundo B' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición ‘Mundo B’ del Centre Cultural La Nau.

Por eso las mujeres, los hombres, las pistolas, las tarjetas visa oro y hasta las naturalezas son, qué duda cabe, muertas. Todo ello sometido a la implacable lógica del mercado, allí donde los sujetos son meros objetos y los objetos han perdido su digno valor de uso. Escamilla, como bien sintetiza en ‘I Trust Me’, relega la confianza en Dios (‘In God We Trust’) sustituyéndola por la fe ciega en un dinero emblema de nuestra identidad líquida

‘Mundo B’, como esas facturas en B o cara oculta del capitalismo, del que Mavi Escamilla da buena cuenta en su obra plagada de sujetos inertes, cadavéricos, armados y desalmados (fríos, sin alma), bañados en tinta que en ocasiones chorrea. Lágrimas negras de un universo, todo él, habitado por objetos que se adueñan del sujeto hasta vaciarlo por dentro. Un carrusel de muertos vivientes.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

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Tomorrowland: El lobo de la esperanza

Tomorrowland, de Brad Bird
Con George Clooney, Britt Robertson, Hugh Laurie, Raffey Cassidy
Estados Unidos, 2015

Si hay un rasgo excepcional y admirable de la especie humana es su capacidad de crear relatos. Relatos míticos, filosóficos, científicos, artísticos con los cuales configurar y legitimar las instituciones, los pensamientos y la ética. Relatos que narran nuestro modo de moldear, pensar y crear el presente y el futuro de la humanidad.

Y sobre esta idea se asienta la película de ciencia-ficción Tomorrowland: en la fuerza del relato como espacio para orientar el futuro de la humanidad. Si esa es la premisa, hay una cuestión sobre la que pivota la historia del film de Brad Bird: ¿qué palabras compondrán el contenido del relato que dé sentido a nuestro futuro?

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de 'Tomorrowland', con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Britt Robertson, George Clooney y Raffey Cassidy en un fotograma de ‘Tomorrowland’, con la Ciudad de las Artes de Valencia al fondo.

Para contestar esta pregunta la película narra la fábula indígena de los dos lobos: “En el mundo hay dos lobos: uno oscuro que habla de desastres y desesperación y otro luminoso que inspira optimismo y esperanza. ¿Cuál vivirá? El que tú alimentes.”

El lobo de la esperanza

Tomorrowland es una anomalía dentro de las películas de ciencia-ficción actuales. En las últimas décadas los filmes de este género se han caracterizado por contar historias apocalípticas. Películas catastrofistas, entrópicas, desesperanzadoras, donde la humanidad se extingue o el planeta tierra desaparece, sin ninguna posibilidad de resurgimiento. Una ciencia-ficción fruto del relato posmoderno que ha configurado el sentido del presente y el futuro de finales del siglo XX y principios del XXI. Sí, un relato posmoderno que ha alimentado durante muchos años al lobo “oscuro” con palabras como descreimiento, relativismo, sospecha, corrupción, avaricia, hasta moldear unos  individuos apáticos y dirigir a la sociedad a la anomia.

Britt Robertson en un fotograma de 'Tomorrowland', de Brad Bird.

Britt Robertson en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Tomorrowland critica el pensamiento de este relato posmoderno o, si seguimos con la fabula indígena, lucha contra el lobo “oscuro”. Tomorrowland alimenta al lobo “luminoso” con palabras como ilusión, optimismo, creación, invención, educación, orientadas a la emancipación de la humanidad. Una luminosidad que se refleja no sólo en el obvio mensaje,  sino también en la puesta en escena -iluminación, vestuario…-  que construye.

Tomorrowland no es una buena película, a nivel estético-narrativo. Ahora bien,  es interesante  por ese énfasis que pone en marcar la importancia  de las palabras, de los relatos para insuflar “valor e ilusión” o “cobardía y desesperanza” para  ver la realidad presente y crear nuestro futuro.

George Clooney en un fotograma de 'Tomorrowland', de Bard Bird.

George Clooney en un fotograma de ‘Tomorrowland’, de Brad Bird.

Begoña Siles

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¿Es el arte un lugar seguro?

Este es un lugar seguro, de Priscilla Monge
A Figure Four Trap, de Yann Sérandour
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 3 de julio de 2015

Nada más entrar en la galería Luis Adelantado refulge una obra en neón de la artista costarricense Priscilla Monge que dice: ‘Este es un lugar seguro’, título a su vez de la exposición. Y un par de pisos más arriba, el francés Yann Sérandour despliega una serie de piezas en torno a la idea de trampa: ‘A Figure Four Trap’. Isabel Puig, de la Asociación Valenciana de Educadores en Museos (AVALEM), se encargó, en una visita guiada, de ir esclareciendo a un nutrido grupo de personas la obra artística de Monge y Sérandour.

Vista de la entrada a la exposición de Priscilla Monge. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Vista de la entrada a la exposición de Priscilla Monge. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Empezó diciendo algo que, aun caracterizando el trabajo de ambos artistas, finalmente los atraviesa a todos. Dijo primero: “Uno de los valores que extraigo es el de ironía y, otro, la presencia del juego”. Aspecto éste que, en efecto, adquiere un carácter más general: “Los artistas juegan todo el tiempo”. Y puestos a comparar, Isabel Puig, siempre con mucho tino, advirtió: “Hay ironías duras, solemnes, y otras más livianas”. Para agregar a continuación: “El factor sorpresa también juega”.

Una vez completado el recorrido, el diálogo entre Monge y Sérandour echaba chispas. Porque si Monge entendía que el arte y el espacio que lo acoge poseían cierto grado de seguridad, sin duda recogido en el título de su exposición (‘Este es un lugar seguro’), Sérandour llenaba el suyo de trampas, planteando serias dudas acerca de ese mundo interior, poblado de crudas interrogaciones, que por contraste exponía Monge. Isabel Puig había dado en el clavo: hay ironías duras y otras más livianas.

Serie de relojes de la obra Objeto de medición, de Priscilla Monge. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Serie de relojes de la obra Objeto de medición, de Priscilla Monge. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Y la dureza de Monge no sólo estaba inscrita en su pieza de neón, tan afirmativa como sugiriendo por contraste cierta inseguridad exterior al arte, sino en esa otra denominada ‘Objeto de medición’: una serie de relojes con bastidores de bordado y mármol a modo de “lápida o epitafio”, precisó Puig. Al margen de la historia relativa a cierta práctica forense, ligada a las horas que marcaban los diversos relojes, saltaba a la vista la falta de una de las manecillas. Eran, por así decirlo, relojes a los que les faltaba un brazo; amputados. En ese tiempo herido, Monge había depositado la cifra de su ironía. De ahí la crudeza y solemnidad que apuntó Isabel Puig.

El universo de Priscilla Monge se nutre de esas heridas, en las cuales hurga con delicadeza sabedora del material sensible con el que trabaja: los sentimientos humanos. Y el único lugar seguro para tratarlos es el arte, porque ahí fuera lo real acecha. No es que el arte reconforte, ocultando lo espinoso de la existencia. Todo lo contrario: manifiesta que el tiempo hiere con su inexorable paso, pero también cuando parece detenido en esas tristes horas. Pero al hacerlo, frente a esos otros discursos de la racionalidad instrumental, muestra su eficacia para abordar la siempre quebrada subjetividad.

Obra de Yann Sérandour en la exposición A Figure Four Trap. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Yann Sérandour en la exposición A Figure Four Trap. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Sérandour, en cambio, apela al juego, a la trampa, para revelar el carácter ficticio de cuanto nos rodea. En su caso, no hay seguridad que valga, porque el arte viene precisamente a constatar lo que Jean Baudrillard (citado por Isabel Puig al referirse a la serie de objetos de Monge que absorbían angustias o aseguraban la continuidad de la vida) decía en relación con el simulacro de la cultura. De ahí el frágil pájaro, la trampa a punto de caerle encima o la repetición a base de opuestos. Nada es seguro en el universo de Sérandour, porque todo es susceptible de mímesis, de engaño y de sorpresa, que transforman la realidad en un juego de descréditos.

¿Es el arte un lugar seguro? Priscilla Monge responde de manera afirmativa porque sabe que fuera de él se halla la intemperie que en su obra acoge, arropa e interroga. Yann Sérandour utiliza el arte para mostrar las trampas de una realidad invadida por la irónica sospecha. Un contraste digno de reflexión, como bien mostró Isabel Puig durante su visita guiada y la galería Luis Adelantado que propicia tan elocuentes diálogos.

Obra de Priscilla Monge en la exposición precisamente titulada 'Este es un lugar seguro'. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Priscilla Monge en la exposición precisamente titulada ‘Este es un lugar seguro’. Fotografía de Nacho López cortesía de Luis Adelantado.

Salva Torres

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Jules Julien, Blues en Espai Tactel

‘Blue Series: A Romantic Cluedo’, de Jules Julien
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 14 de noviembre
Hasta el 31 de diciembre de 2014

El misterio que desprenden las imágenes de Jules Julien sitúa al espectador en un escenario de duda. Le obliga a convertirse en parte del proceso –en “sospechoso”– de la recomposición de las memorias personales del artista, como si de un cadavre exquis se tratara, que ahora aparecen reflejadas en nuestro propio espejo. Desde hace varios años su trabajo artístico consiste en interpretar la realidad y sus experiencias pasadas a través de composiciones digitales. Unas veces son rostros o fragmentos del cuerpo en los que enfatiza diferentes aspectos mediante el encuadre. Otras se trata de objetos o situaciones. Son imágenes que dejan de ser aquello que representan al desdoblarse, se transforman en símbolo y son dotadas de una gran carga enigmática y de extrañeza.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Jules Julien con ‘Blue Series: A Romantic Cluedo’ presenta su primera exposición individual en Espai Tactel. La cual articula bajo un solo color: el azul. Otras series anteriores han sido dedicadas a otros colores, como pueden ser el blanco o el rojo. Si bien es cierto que existen precedentes en la elección monocroma como es el caso de los monochromes blues del también artista francés Yves Klein o de la trilogía Trois couleurs del cineasta polaco Krzysztof Kielowski, la muestra de Julien se compone, por un lado, de una serie de imágenes digitales impresas en diversas tonalidades de color azul –unas partes más claras, con leves matices de un azul claro y otras más oscuras– que componen un fuerte universo poético fácilmente reconocible por el uso de las formas limpias y depuradas. Algunas de las imágenes aparecen duplicadas, mirándose a sí mismas en un intento de recuperar esos recuerdos.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Se trata de imágenes-reflejo. Su obra rezuma una nostalgia por recoger figuras y objetos familiares. Pero siendo conscientes de que, como advierte Enrique Vila-Matas, “la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”.

Por otro lado, encontramos una proyección en el que se superponen imágenes creando un juego visual a modo de flashback que producirá un efecto confuso y de desorden ante el espectador.

Obra de Jules Julien en la exposición Blues. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Asimismo, la muestra se completa con el libro Les Souveniers –‘Los recuerdos’. Una publicación que recoge fragmentos de aquellas situaciones vividas por el artista: desde los objetos tan bien iluminados y perfectamente definidos en una noche fluorescente azul o un hombre subido a un tractor vestido con unas bermudas azules de lycra hasta la acogedora habitación azul de una artista o las salpicaduras azul-púrpura en las manos al presionar con ellas los racimos de uva en una cubeta. Y es que el azul sirve de nexo de unión de todas sus vivencias. El azul lo impregna todo como el sonido melancólico del blues.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blues Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blues Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En definitiva, la obra de Julien reunida para esta exposición responde a su personalidad particular que logra elaborar un complejo pero homogéneo discurso poético y plástico a la vez que se constituye como sujeto dentro de su producción. Este trabajo se presenta como piezas de un relato: representaciones de objetos –flores, cráneos, urracas, chicharras, perros–, escritos y proyecciones, que narra un itinerario de las memorias de su universo personal, de su forma de entender la realidad. Además, la estructura hermética de sus obras hace que se presenten como jeroglíficos y exigen al espectador mantener una actitud consciente y activa. Es decir, a ser partícipe de este cluedo. Una verdadera invitación a andar y seguir las pistas en las habitaciones, estancias y pasajes secretos de la Mansion Boddy de Jules Julien. Pues, en cierto modo, como escribe Julio Cortázar en Rayuela: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Obra de Jules Julien en la exposición 'Blue Series. A Romantic Cluedo'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Jules Julien en la exposición ‘Blue Series. A Romantic Cluedo’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

José Luis Giner Borrull

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