No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Francés y Mazzoleni juntos en Del Palau

Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni
Galería del Palau
C / Palau, 10. Valencia
Inauguración: martes 6 de octubre, a las 20.00h
Voz y sonido: Montserrat Palacios y Llorenç Barber
Hasta el 31 de octubre

Entrar en la Iglesia de San Marcos en Castiglione de Sicilia y tropezarse con las instalaciones de Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni hace saltar todas las alarmas perceptivas: todo es y convive sin bordes ni casi convenciones, lo lleno y lo vacío entran en ósmosis extremas pero fértiles, el aire bombea tropiezos de efímeros túmulos, y hasta las paredes aceptan gustosas manchas centenarias que se acompañan y visten de trazos y trozos de pintura en irregular mosaico de teselas en expansión. No se sabe si la iglesia devino constructo inacabado, o si fue atacada por bombas de racimos esta vez no mortales sino en raciones de sutiles reyertas que desafían las leyes del equilibrio, o se suben por las paredes.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Fuencisla Francés. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Todo en San Marcos devino un cara a cara, un toma y daca en el que a) puede ser b) sin dejar de ser a), y b) es a) sin olvidarse de b) ni dejarse la piel en el tropezón. Por su parte el suelo devino catafalco y altar con toda la rotundidad de sus huecos y vacíos, de modo semejante a como el viejo altar devino suma de ondas expansivas que cantan profundidades de ojo trabucado. Fuencisla Francés y Leopoldo Mazzoleni conviven y vivifican un recinto transfigurado por su hacer creativo y solicitan del transeúnte visitante mas dimensión y paseo: madera más madera, paredes más paredes acechan pues al arte romo y encerrado de cuantos no acaban de salir de los marcos y el tiralíneas.

De igual manera el canto de Montserrat Palacios, que oficia de obertura a tan expansiva exposición, es un emitir bucal que suena sumando y oteando direcciones, silencios, registros, fonemas, y glisandos que demandan del oidor recorridos y atenciones en movimiento. Su cantar hilvana paseos, gestos, miradas, acercamientos, improvisaciones y hasta contacto y roce con unos y otros.

Lo sonoro, lo plástico, lo constructivo entraron en dilatación y mestizaje. El desafío continúa y se embebe de lo real.

Obra de Paolo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.

Obra de Leopoldo Mazzoleni. Imagen cortesía de Galería del Palau.