Cuestionando los límites espaciales

Something Happened, comisariada por Diana Guijarro
Daniel Jacoby, Nicolás Lamas, Zilvinas Landzbergas, Gabriel Lecup, Fran Meana
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 2 de septiembre de 2019

Gabriel Lecup se refiere a Jean Paul Sartre cuando alude a los tres personajes encerrados en el infierno, en su obra A puerta cerrada, que contiene la famosa frase “El infierno es el otro”. Lo dice para introducir su propuesta en el proyecto ‘Something Happened’, comisariado por Diana Guijarro, y en el que participan junto a él Daniel Jacoby, Fran Meana, Nicolás Lamas y Zilvinas Landzbergas. Cinco artistas interviniendo una de las salas del Centre del Carme, para poner en cuestión los límites espaciales, los efectos que dicho continente ejerce sobre su producción artística y las diatribas que tales relaciones suscitan en el propio espectador, al que pretenden incomodar. 

Lecup, además de referirse al espacio habitado por esos otros que resultan el infierno para uno mismo, aludió a ciertos peces asiáticos que, encerrados en una misma pecera, luchan entre sí hasta la muerte. Pecera que forma parte de su instalación, junto a un caleidoscopio metáfora de ese infierno y una pequeña pieza, con espejos a modo de ilusión óptica que abre un espacio ficticio por detrás. “Hay una puerta que se puede abrir, pero por la que los personajes no pueden salir, al estar ocupados en su lucha interna”, explicó Lecup. 

Pieza de Gabriel Lecup. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Si la pecera evoca en cierto modo a la película ‘Rumble Fish’ (La ley de la calle, de Francis Ford Coppola), por aludir a los peces luchadores de Siam, la pieza de cristal bien pudiera referirse a ‘El ángel exterminador’, de Luis Buñuel, en la que un grupo de burgueses invitados a una cena no pueden salir de una habitación, sin que nada se lo impida y por razones desconocidas. “Hice el video [de la pecera] antes de ver ‘Rumble Fish’. Es un trabajo autobiográfico, porque yo entrené a esos peces para la pelea y supone cierto arrepentimiento por lo que hice de niño”, señaló Lecup, igualmente interesado por la película de Buñuel y otras muchas relacionadas con esa dimensión espacial angustiante. “Somos parte de esa crueldad”, dijo, con respecto a esa contemplación morbosa de los peces que luchan hasta la muerte.

Daniel Jacoby, ausente durante la presentación, también indaga en el contexto claustrofóbico de tres personajes, dos hombre y una mujer, para construir cierta distopía en un cubículo. Guijarro se refirió a la “estética agobiante” y “atmósfera especial” que caracteriza el trabajo de Jacoby, vinculado en este sentido con el de Lecup, ambos dejando paso al de Fran Meana, que dijo conjugar tecnologías digitales y analógicas, llevando los materiales industriales “al límite”. Lo hace en la columna que separa dos espacios, mediante formas generadas en 3D por ordenador y que vienen a “replicar los crecimientos de hongos”, subrayó Meana. 

Pieza de Zilvinas Landzbergas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Sus piezas están suspendidas con imanes en las aristas de la pared que divide dos espacios, y lijadas “para que reaccionen a los cambios atmosféricos de la sala”. No solo el cemento, sino los restos de la actividad industrial forman parte de su proceso productivo, al igual que la luz lo hace en el trabajo de Landzbergas. “El arte es un sistema de preguntas más que de respuestas”, apuntó el artista de origen lituano, que también se refirió al museo “como espacio de proceso y no de resultados”. Su luz, compuesta por diversas hileras de fluorescentes, se halla interrumpida por un gran mural de plástico a modo de pared surcada por diversas rasgaduras obtenidas del propio frotamiento previo contra el suelo.

“Revelar el espacio como algo construido”, de manera que el espectador sea “consciente de sus mecanismos”, está en la base de su propuesta. “Somos polvo de estrellas de una explosión original que produjo luz”, indicó Landzbergas, al tiempo que se refería al plástico del mural como “material de supervivencia extrema” utilizado, sin ir más lejos, por los refugiados. Espacios angustiosos, materiales llevados al límite y luces que dejan entrever ciertas sombras, dejan paso por último a la intervención de Nicolás Lamas, atraído por “lo liminal”, lo que sucede “entre dos estados, la vida y la muerte, lo nuevo y lo viejo”.

Instalación de Nicolás Lamas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un “estado intermedio” entre las ruinas tecnológicas y naturales, representadas por materiales desechables de ordenador y comunidades de avispas, en la que pone su atención Lamas: “Me interesa el ritmo estructural” que, a su juicio, desencadena el encuentro entre panales “que son comunidades de insectos heterogéneos que colisionan entre sí, en relación con elementos industriales y tecnológicos”. Ese choque disruptivo entre estructuras antagónicas es el representado en este último espacio repleto de diversos anaqueles llenos de elementos reciclables. 

‘Something Happened’ (Algo sucedió) es la tercera parte del proyecto ‘Totalidad e infinito’ de Diana Guijarro, que toma el título de un ensayo de Emmanuel Levinas, en el que viene a decir: “El ansia por trascender llega cuando la verdadera vida está ausente  y mi estancia en el mundo se piensa como una marcha”. Una marcha que, en el caso de los cinco artistas que intervienen el Centre del Carme, se tambalea entre la angustia del espacio cerrado y su apertura ambigua. Menos mal que Levinas echa una mano: “Es ahora cuando el arte y las palabras pueden convertirse en un médium de la verdad”.  

Instalación de Zilvinas Landzbergas. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres