Danzad, danzad, malditos

Danzar en precario. El sector de la danza en la Comunidad Valenciana
Estudio promovido por la Asociación de Profesionales de la Danza en la Comunidad Valenciana (APDCV)
Realizado bajo la dirección de Albert Moncusí, del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València

Años de la Gran Depresión. Crisis galopante. Multitud de jóvenes y no tan jóvenes haciendo lo imposible por sobrevivir. El director Sidney Pollack llevó esa situación al cine en su película ‘Danzad, danzad, malditos’. En ella, un tropel de personas bailan hasta la extenuación en un concurso con el fin de alcanzar un jugoso premio en metálico. Día y noche, sin apenas descanso. Salvando las distancias, un estudio promovido por la Asociación de Profesionales de la Danza en la Comunidad Valenciana (APDCV) revela lo próxima que está aquella realidad de la presente.

Se trata del primer estudio laboral y sociológico que se hace en la Comunidad Valenciana sobre el sector de la danza. Estudio que viene a reflejar el mismo carácter extenuante de una profesión al límite de sus posibilidades. Los datos son harto elocuentes. El 51,1% de los profesionales que trabajan en espectáculos de danza percibe menos de 600€ al mes. Este porcentaje se eleva hasta el 61% si se trata de aquellos que se dedican a la enseñanza de la danza no reglada. Y el 82% no percibe remuneración alguna por las horas extras y los ensayos.

Danzar en precario, estudio promovido por la Asociación de Profesionales de la Danza en la Comunidad Valenciana. Imagen cortesía de la APDCV.

Danzar en precario, estudio promovido por la Asociación de Profesionales de la Danza en la Comunidad Valenciana. Imagen cortesía de la APDCV.

La socióloga y bailarina Carolina Ponce tildó de “craso error” que no se tenga en cuenta a los profesionales del sector a la hora de la gestión cultural de la danza. Una danza, dijo, que “sobrevivirá titánicamente, pero sobrevivirá”. Al estilo de la maldición fílmica. Y se dirigió al sector con signo exclamativo: “¡Reclamad vuestro derecho!”. Albert Moncusí, director del estudio realizado por el Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, señaló que era “muy difícil vivir de la danza y dedicarse a la danza”. Un sector, a juicio de Miguel Tornero, presidente de la APDCV, “multidisciplinar y escasamente articulado o directamente desarticulado”.

Si las artes en general y la cultura en su más amplia acepción “están mal”, el de la danza, subrayó Moncusí, “es el más perjudicado”. El estudio ofrece más datos que corroboran tamaña precariedad. Un 20,3% de los profesionales por cuenta propia –la mayoría directores artísticos, coreógrafos y en menor medida bailarines- lo hace sin contrato. Y dada la inestabilidad laboral y la escasa duración de los contratos de trabajo, los profesionales de la danza se ven obligados a realizar múltiples actividades alejadas de su actividad escénica. Práctica que lleva a cabo un 43,3% de los profesionales y que, como subraya el estudio, “dificulta su desarrollo profesional”.

Logotipo de la APDCV.

Logotipo de la APDCV.

La precariedad se hace extensible a otros ámbitos de su quehacer artístico. “La danza raramente aparece en los medios de comunicación”, delata el informe, que también destaca el “descenso drástico” de las funciones, de público y de recaudación de danza en la Comunidad Valenciana. “Sólo la pérdida de espectadores ha caído en un 50%”. El estudio concluye con un “suspenso para la política cultural autonómica”, incidiendo en algo que se hace extensible a otros sectores de las artes: la toma de decisiones “desde una nula visión estratégica, sin criterios técnicos y sin un consenso con los profesionales”.

Asimismo, se denuncia que si bien la disponibilidad de espacios escénicos en la Comunidad Valenciana es aceptable en relación con el conjunto de autonomías –ocupa la cuarta plaza, con un total de 139 espacios-, esos espacios “están infrautilizados”. Finalmente, proponen la reducción del IVA cultural, el incremento de la inversión pública en ayudas y subvenciones, así como establecer un cupo mínimo de danza en la programación anual de teatros y centros culturales, entre otras demandas. De lo contrario, no quedará más remedio que seguir con la supervivencia titánica a la que se refirió Carolina Ponce.

Actuación escénica cortesía de la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad Valenciana (APDCV).

Danzar en precario, estudio promovido por la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad Valenciana. Imagen cortesía de la APDCV.

Salva Torres

“Es una comedia feroz sobre el amor y la vida”

El crimen de la hermana Bel, de Frank Marcus
Dirección: Rafael Calatayud
Teatro Rialto
Plaza del Ayuntamiento, 2. Valencia
Hasta el 17 de octubre

En la película ‘Tootsie’ (1982) de Sydney Pollack, la enfermera jefe de la famosa serie televisiva (Dustin Hoffman) llevaba algo colgado entre las piernas. En ‘El crimen de la Hermana Bel’ una dulce monjita televisiva en la vida real es una mujer airada e iracunda, algo dipsómana y lesbiana. Esta historia fuerte y transgresora, coproducción de CulturArts y La Pavana, estará en el teatro Rialto hasta el 17 de octubre.

‘El crimen de la Hermana Bel’ es un texto de Frank Marcus, dirigido por Rafael Calatayud e interpretado por las actrices Teresa Vallicrosa, Anna Casas, Maria José Peris y Amparo Fernández.  El montaje se inspira en ‘The killing of Sister George’, publicada en Reino Unido en 1964, y llevada más tarde al cine por Robert Aldrich.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

La protagonista, Julia, es una actriz madura que lleva diez años interpretando a la bondadosa Hermana Isabel en una serie televisiva de gran éxito. El personaje se ha convertido en un icono nacional en una sociedad conservadora. A diferencia del personaje que interpreta, Julia es una mujer ruda, iracunda y aficionada al alcohol, que mantiene una turbulenta relación con una mujer bastante más joven.

“Una comedia feroz que nos habla del amor, de la vida, de los difusos límites entre lo real y lo ficticio”. Así define Rafa Calatayud esta pieza con la que supera los 30 años en la profesión. “Se mueve entre el humor y la emoción y nos muestra sin tapujos las perversiones del ejercicio del poder y la manipulación de las vidas ajenas”. La música y las canciones tienen presencia, pero “no es una comedia musical, es un drama con canciones, las canciones están integradas en esa continuidad dramática que cuenta la historia”.

¿Qué más  descubrirán los que vayan a ver la obra? 

Verán  una comedia dramática donde contamos la relación entre dos personajes que viven la vida tal cual es. No les importa lo material. Están refugiadas en el sentimiento, en el sentido, en la emoción, en el querer, en el amor. Conviven tormentosamente, felizmente. Como es la vida. La vida es tormentosa, es feliz, alegre, divertida, tremenda, celosa. La protagonista es Julia Márquez, que interpreta a una monja que hace milagros en una serie convencional, y que en su vida real no tiene nada que ver con el personaje que interpreta. Su vida profesional se ve afectada por causa de su vida personal y a partir de ahí vienen todos los conflictos.

'El crimen de la hermana Bel', de Frank Marcus, dirigida por Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

‘El crimen de la hermana Bel’, de Frank Marcus, dirigida por Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

¿Cómo llegó el texto a sus manos y qué le interesó de él?

Es un texto que me interesó desde que vi la película de Robert Aldrich, ‘El asesinato de la hermana George’. Me informé sobre el autor, Frank Marcus, y conseguí el texto teatral. Me interesó el texto por el mundo, submundo que plantea. El poder, la interpretación, el teatro dentro del teatro, lo que es ficción, lo que es realidad. Ese mundo en el que se confunde que un actor protagonista puede convertirse en un icono porque lleva mucho tiempo interpretando a un personaje. Entonces la gente confunde, incluso no reconoce al actor, sino que reconoce al personaje. También toda la parte emocional, su recorrido a través de los cuatro personajes. Cuatro mujeres llenas de sentimientos, de sensaciones, de dependencia, de amor. Por otra parte, no me apetecía hacer un montaje convencional. Imaginé que todo transcurría en una sala de ensayos, en un plató cinematográfico, lugar de encuentro. Algo que me interesaba mucho. Mezclar ficción y realidad. También en la puesta en escena. En definitiva, el texto me interesó porque habla de sentimientos, de emociones.

¿Cómo se desarrolló el proceso de dirigir a cuatro magníficas actrices? 

Cada una es un mundo. Son personajes muy contrastados. Ir más allá del texto es muy importante. Las actrices no se tienen que quedar con la capa externa del personaje, porque si no estamos contando nada. Toda esa parte visceral que los personajes tienen que encontrar a partir de los ensayos y la dirección. Cuento con cuatro actrices extraordinarias.  Hemos trabajado y disfrutado del trabajo, con nuestros momentos de crisis. Pero siempre con buen hacer, con esfuerzo, vamos encontrando ese camino, ese recorrido emocional, que les pide esta función.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Después de 30 años, ¿todavía sigue disfrutando de su trabajo?

Sigo disfrutando como el primer día, como el primer montaje. Cuando comienzo un montaje es como si fuera el primero que hago. El descubrirlo, dialogar con los personajes, desentrañar el texto, significar cada momento, que las actrices busquen la mirada, que exista el diálogo, la comprensión por parte del público, que las actrices tengan la capacidad de comunicar y comuniquen. Es lo más bonito. Es el trabajo y disfruto el proceso de ensayos. Las representaciones es como el día a día, ver cómo evoluciona un espectáculo. Buscar su buena evolución. El actor no tiene que quedarse con lo que tiene. Ese punto de estar como al borde del precipicio. En cada representación, después de un estreno, debe sentir que es el primer día que representa esa función. Como yo cuando dirijo siento que es el primer día que dirijo esa función. Con ese nervio, esa inseguridad, ese punto que tiene que tener un actor de no tenerlo claro. Me gusta que el actor tenga ese punto de vértigo. Eso da vida. Da verdad, produce como cierta inquietud en el espectador. Hace que el espectador esté más atento a lo que ocurre en el escenario. Y para eso el actor tiene que sorprenderse cada día.

Una escena de 'El crimen de la hermana Bel', de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Una escena de ‘El crimen de la hermana Bel’, de Rafael Calatayud. Imagen cortesía de Teatro Rialto.

Bel Carrasco