Escif y la revolución de lo real

Escif. Todo lo que sobra
Falla Mossen Sorell – Corona
Marzo 2015, Valencia

La revolución de lo real

El tránsito del sistema dictatorial al modelo democrático ha supuesto que en el Estado español hayan convivido en el tiempo formas y comportamientos que han prolongado una determinada manera de entender la representación pública, así como su relación con la ciudadanía. La posición de vasallaje del individuo hacia sus representantes se pone de manifiesto cada vez que tiene lugar la escenificación del poder. Los coches oficiales, los escoltas, el despliegue de seguridad, la colisión de protocolos y toda una parafernalia inacabable que consume recursos, con el solo propósito de engrasar una ficción que adquiere la apariencia de normalidad a costa de una fórmula de repetición.
Con la fiesta de las Fallas en Valencia sucede algo similar, pues se ha pasado de la manifestación popular espontánea a un dispositivo instrumentado desde el poder político. El maximalismo, la sobredimensión y el exceso, característicos de la política municipal y autonómica valenciana en las dos últimas décadas, han estimulado el desenfreno también en el modo de entender las fallas, convertidas en “monumentos” desprovistos de contenidos significantes.

En el campo de las expresiones artísticas en el espacio público, se viene trabajando en la reconsideración del uso del arte en la ciudad, poniendo en cuestión la función ornamental o decorativa con la que el arte es empleado en tantas ocasiones. La faceta estética del arte no agota sus otras muchas posibilidades, más interesantes a mi parecer. La capacidad crítica y participativa del arte en el espacio público apela a una interpretación horizontal de la sociedad, con relaciones más naturales y menos regladas, contribuyendo al desarrollo de estímulos que activan en el individuo una progresión en la reconquista de la calle como lugar vertebrador de la comunidad. Ese proceso simbólico está conectado con la creciente necesidad que expresa la ciudadanía por recuperar el pulso con la realidad, saliendo del letargo de la opulencia falaz, para llevar a cabo un ejercicio de empoderamiento más participativo y menos autocrático.

La Falla Corona trabaja desde hace años para convertir el dispositivo fallero en una herramienta de experimentación cultural, huyendo de los estándares que parecen haber homologado estética y discursivamente las imágenes que cada año son devoradas por el fuego. Huir de la grandilocuencia y penetrar en los códigos de lo cotidiano no son tareas sencillas, cuando se piensa en el abigarramiento característico de las fallas. Sin duda se trata de un reto, que un artista urbano como Escif ha sabido formular con acierto. Los muros del centro histórico de Valencia le han visto crecer, mientras le sirven de bastidor para sus grafitis, cargados de mensajes en combustión, que buscan la complicidad del observador para hacer detonar las convenciones que durante demasiado tiempo han nublado el juicio de una mayoría. Pero a la vez que asistimos al final de esa época, Escif salta del muro para llevar a cabo una intervención que subvierte la estandarización fallera.

“Todo lo que sobra” pone en crisis el concepto de representación hegemónica, elimina los elementos centrales y rompe con la jerarquía del tamaño para llevarlo todo a una escala 1:1. Escif compone una narración realista que reconstruye el aspecto habitual del entorno a partir de materiales poco sofisticados como el cartón y la madera, que nos lleva al origen de las fallas. En la actualidad muchas calles, plazas e intersecciones son desalojadas de mobiliario urbano, de vehículos, semáforos y cualquier otro elemento que dificulte el uso del espacio público para el propósito de plantar las fallas, peatonalizando por unos días grandes áreas de la ciudad que habitualmente se encuentran subrogadas al tráfico rodado. Todo eso es lo que sobra, lo que se retira, para dejar disponible el espacio necesario en el que escenificar una catarsis anual de diversión autorizada. Pero en esta ocasión la falla pensada por Escif se arroga la responsabilidad de replicar los elementos retirados, con la intención de recomponer el aspecto cotidiano de este entorno, llevando a cabo el propósito de asemejarse a la realidad, mientras lo habitual es que las fallas se alejen de ésta para conducir al público por una experiencia espectacularizada. “Todo lo que sobra” es una réplica a la ciudadanía, una indicación que nos sugiere que recuperemos la iniciativa, que nos invita a pasar de la pasividad del que “mira” a la actitud del que “ve”. A veces son los pequeños gestos los que condensan la capacidad de transformarnos, y con ello extender cambios que nos revolucionan.

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Escif lleva a cabo en la Falla Corona un ejercicio de sensatez que deja en evidencia a todas esas epopeyas de poliespan disneyficado, que año tras año compiten por elevarse hacia equilibrios imposibles. Parece que ha llegado el momento de poner los pies en el suelo, la sociedad ha comenzado a mostrarse intolerante con los juegos de apariencias. Si es cierto que el fuego cumple la función de purificar y regenerar, Valencia –aunque solo sea en lo simbólico- deberá pronto arder para expiar sus excesos. De momento la Falla Corona ha comenzado por desprenderse de “todo lo que sobra”, invitando a deshacerse de los atributos inútiles para poder llegar mejor a la esencia de las cosas. Es frecuente que las ramas impidan ver el bosque, pero también sucede en ocasiones que las verdades fundamentales se muestran sencillas a los ojos de todos y es nuestro enrevesado entendimiento el que nos impide reconocerlas. En la sencillez reside no solo la belleza, sino también la inteligencia.

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José Luis Pérez Pont

Nota:
La versión popular del origen de las fallas dice que fueron iniciadas por el gremio de carpinteros. En la víspera del día de su patrón San José, quemaban en una hoguera purificadora, las virutas y todo lo que sobraba, haciendo limpieza de los talleres antes de entrar la primavera.

¿Como hacer una falla que no sea una falla, pero que si sea una falla? La propuesta consiste en reproducir aquellos elementos que “sobran” en el escenario habitual de una falla. Hacer una falla con todo lo que no es una falla, pero que irremediablemente forma parte de la transformación del paisaje urbano durante esta celebración; Tanto los elementos que han de quitarse para despejar el espacio, como aquellos que son accesorios al monumento fallero. Así pues, la falla consistirá en diferentes objetos copiados de la realidad, tales como una moto junto a la pared de Beneficiencia, un contenedor gris, una señal de tráfico, una rejilla de alcantarilla, dos coches aparcados en la plaza, dos cajas de petardos vacías, tres bicicletas con sus respectivos candados, tres bolardos negros, tres paquetes de tabaco, cuatro bolsas de snacks, cinco vallas de separación con sus respectivas publicidades, cinco chicles pegados, doce colillas, vasos rotos, muchos confetis,…

Muñoz Puelles: Vidas gigantes para ‘nanos’

A la velocidad de la luz (El joven Einstein)
Vicente Muñoz Puelles
Editorial Anaya

Las biografías de los grandes hombres y mujeres forman parte esencial de la educación de las nuevas generaciones como ejemplo y  estímulo al estudio y superación personal. El escritor valenciano Vicente Muñoz Puelles, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, ha dedicado parte de su producción literaria a este tipo de obras. La última, ‘A la velocidad de la luz (El joven Einstein)’, recientemente publicada por Anaya, cuando se celebra el año dedicado al científico más importante del siglo XX, Premio Nobel de Física en 1921 y padre de la teoría de la relatividad.

Portada del libro 'A la velocidad de la luz (El joven Einstein)', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘A la velocidad de la luz (El joven Einstein)’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Por qué se ha especializado en este tipo de libros?

Lo que he hecho es más bien ampliar el campo de mis actividades literarias, simultaneando esas biografías recientes con mi propia obra de ficción y con las adaptaciones de obras clásicas. Pero a la hora de escribir el trabajo es muy parecido. Por seria y rigurosa que sea, una obra literaria siempre es ficción, en el sentido de que solo puede abarcar determinados aspectos de la realidad. Lo que sí es nuevo en mi producción son las vidas de científicos, como Ramón y Cajal, Charles Darwin, sobre quien he escrito dos novelas, Marie Curie y Einstein, que acaba de salir.

Portada del libro 'El rayo azul', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘El rayo azul (Marie Curie, descubridora del radio’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Cuántos ha escrito y a qué edades van destinados?

Es difícil dar una cifra exacta, porque hace ya muchos años que escribí un ‘Yo, Goya’ y un ‘Yo, Colón’ para jóvenes, y algunas de mis novelas, como ‘El último manuscrito de Hernando Colón’, tienen mucho de biografía. Tampoco hay una diferencia esencial, desde el punto de vista narrativo, entre un libro como ‘La guerra de Amaya’, que cuenta la juventud de mi madre, y ‘El rayo azul (Marie Curie, descubridora del radio)’, que cuenta la juventud de esta última, salvo, naturalmente, los aspectos científicos. Por dar una cifra, podría decir que he escrito alrededor de una quincena de libros biográficos. En cuanto a la franja de edad, los editores suelen destinarlos a alumnos de la ESO o de Bachillerato, pero a mi modo de ver escribir solo tiene sentido cuando uno se dirige a todos los públicos.

¿Qué método sigue para armonizar la amenidad y la didáctica?

Más que un método, es una suma de factores: identificación con el punto de vista del personaje que cuenta la historia, sencillez de estilo, claridad de exposición. Nunca cuento algo que a mí mismo no me interese o que no entienda. Y procuro que nada entorpezca la fluidez del relato. Creo que es posible ser preciso sin ser aburrido o inexacto.

Portada del libro 'El pintor de las neuronas', de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

Portada del libro ‘El pintor de las neuronas’, de Vicente Muñoz Puelles. Editorial Anaya.

¿Qué hay en la vida de Eisntein que pueda resultar interesante a los jóvenes?

Las cualidades más características del joven Einstein, tal como lo veo, eran la amplitud de su curiosidad, su imaginación, su rechazo al autoritarismo, su inconformismo permanente, su carácter independiente y su escepticismo ante las creencias de los mayores y ante la ciencia oficial de su tiempo. Tenía la ambición de entender el universo y, al mismo tiempo, un elevado sentido del humor. Esas cualidades, a mi modo de ver, siguen siendo muy deseables entre los jóvenes.

¿Cómo cree que influye en la educación el conocimiento de la vida de estos grandes hombres?

Según un estudio de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la Obra Social La Caixa presentado hace poco, la divulgación científica aumenta un 5,6 % el número de los jóvenes interesados en estudiar ciencia o tecnología. Eso, naturalmente, en cuanto a los científicos. El ejemplo debería ser válido en otros campos, y parece posible que, leyendo mis libros sobre Goya o sobre Dickens, otros jóvenes sientan deseos de pintar o escribir. No en vano la juventud es o debería ser la etapa más creativa.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía del autor.

Vicente Muñoz Puelles. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Inmaculada Martínez: playa, luz y… sombras

Operación Ocio, de Inmaculada Martínez Martí
Galería Rosalía Sender
Carrer del Mar, 19. Valencia
Hasta el 13 de diciembre, 2014

A primera vista, la obra de Inmaculada Martínez resulta amable. Su serie de escenas playeras, donde se respira cierta paz y tranquilidad, con colores suaves y suave cadencia expresiva, provoca un tranquilo reconocimiento. El espectador, delante de esas representaciones veraniegas, parece a resguardo de la duda, arropado por esa naturaleza apacible de los días en calma. Diríase que la artista de Mislata, en medio de las prisas que nos acucian, hubiera decidido transformar el bullicio en sencillez.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

Su ‘Operación ocio’, tal es el título de su exposición en la Galería Rosalía Sender, consiste en apoderarse de la realidad con naturalidad, sin grandes aspavientos, mostrando la quietud que reina afuera, a partir de un estado similar proveniente de dentro. Frente al discurrir turbulento de la vida agitada por lo que algunos filósofos llaman “síndrome de ocupación desmedida”, Inmaculada Martínez opone una mirada relajada, ociosa, toda ella volcada en la contemplación de una naturaleza sosegada.

La propia artista señala, al referirse a su exposición, que con esa veintena de obras lo que intenta es “contagiar de optimismo al espectador, que llegue por su sencillez, naturalidad”. Y añade: “Que no nos deje impasibles pero desde un lado optimista, sin necesidad de emplear recursos de fácil impacto”. Nada que ver con su anterior muestra ‘Estado de inconsciencia’, donde “hacía una profunda reflexión sobre la vida y la muerte y el proceso de duelo”.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

‘Operación ocio’ apunta en esa otra dirección más optimista, pero a veces da la impresión que cierto estado de ánimo anterior se cuela en su más reciente obra. Por ejemplo, en las dos piezas tituladas ‘Pregón’. En ellas, se aleja del motivo playero para mostrar pequeños grupos de personas ocupando un espacio interior despojado de elementos; espacios sobrios que parecen evocar cierto silencio y recogimiento.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martínez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

En algunas otras obras, aunque el sosiego de la playa en calma transmita esa respiración ajena a las prisas, el ambiente creado no deja de producir sensaciones contradictorias. De nuevo, las personas que habitan ese paisaje amable y colorista parecen guardar un secreto que las empalidece. Como si tanto placer reflejara en su piel sombría la señal de un próximo desencuentro. Como si la playa, al igual que contara Manuel Vicent en relación al mar Mediterráneo, de tan aparentemente quieta ocultara bajo la luz transparente del cielo y de las aguas un peligro inadvertido.

La mezcla de rostros claros y rostros borrosos, de cuerpos tamizados por un sol que bruñe la piel al tiempo que la difumina, convierte la ‘Operación ocio’ de Inmaculada Martínez en algo más que un amable día de playa. Bajo esa aparente calma exterior, late la inquietud de un placer amodorrado.

Obra de Inmaculada Martinez en la exposición 'Operación ocio' de la galería Rosalía Sender.

Obra de Inmaculada Martinez en la exposición ‘Operación ocio’ de la galería Rosalía Sender.

Salva Torres