«Sólo la tecnología nos diferencia de los romanos»

Princeps. Primer ciudadano de Roma, de Gabriel Castelló
Editorial Good Books

Desde la fundación de la ciudad de Valencia (Valentia) a la muerte de Julio César y la lucha de tres grandes personajes históricos por el poder de Roma. El escritor valenciano Gabriel Castelló ha novelado este amplio periodo de la historia a través de las peripecias de la familia Antonio, asentada en nuestra tierra y dedicada al comercio del vino y del aceite. Durante años Castelló ha vivido con una parte del cerebro en el presente, trabaja en una empresa de telecomunicaciones, y con la otra en el pasado. Incluso logró adelgazar más de diez kilos siguiendo una dieta propiamente romana con la que no pasó hambre. Con Princeps. Primer ciudadano de Roma acaba de culminar una trilogía, integrada por Valentia y Devotio, lectura obligada para los que desean  profundizar en las raíces de nuestra historia. “Sólo la tecnología nos diferencia de los hombres y mujeres de la época romana”, afirma.

Portada de 'Princeps. Primer  ciudadano de Roma', de Gabriel Castelló. Editorial Good Books

Portada de ‘Princeps. Primer ciudadano de Roma’, de Gabriel Castelló. Editorial Good Books

¿Cómo se siente después de haber corrido este maratón histórico?

Me siento muy bien, realizado y satisfecho por haber escrito una saga en la que mis personajes ficticios, los Antonios, han ido cediendo el protagonismo a los grandes nombres de la época. En Valentia Cayo Antonio Naso compartió protagonismo con Quinto Sertorio y su hijo Lucio lo hizo con los Pompeyos, padre e hijos, en Devotio. En Princeps concluye la saga con un Lucio Antonio Naso implicado con Sexto Pompeyo y después con Marco Antonio en su lucha fratricida contra el nuevo favorito de fortuna: Cayo Octavio Turino, quien pasaría a la historia como Augusto. Desde la fundación a la refundación de nuestra querida Valencia, en ese medio siglo del I a.C. cambió el mundo antiguo, desapareció la república y nació el imperio.

¿Cuánto tiempo ha dedicado a su obra?

Imposible saber la ingente cantidad de horas, viajes, estudios, trabajo en definitiva, que me han llevado pensar, crear, escribir y revisar esta saga ambientada en la Hispania romana. Pero no me duele ni un segundo de los empleados en haber hecho este homenaje a la antigua Roma en general, y a nuestra Valentia en particular.

¿Qué cuenta exactamente en Princeps?

La trama de la novela es la carrera hacia el poder absoluto de tres hombres, Sexto Pompeyo, el joven e impetuoso hijo de Pompeyo el Grande, Marco Antonio, mano derecha del asesinado César, y el heredero de éste, un joven muchacho enfermizo, Cayo Octavio, que pronto mostró que la fuerza no reside en los músculos y la salud, sino en la astucia. Esta carrera jalonada de intrigas, guerras y pasiones concluyó con el principado. Roma quedó bajo el mando incontestable del primus inter pares, o también llamado princeps, el primer ciudadano de Roma. Contra todo pronóstico en aquellos tiempos, el corredor en apariencia más débil al inicio de la carrera fue quien la ganó. Estamos en el 2000 aniversario de la muerte de Augusto y Princeps es mi tributo a su triunfo.

¿Cuál fue el auténtico perfil de Cleopatra con nariz o sin ella?

De la Cleopatra mitificada por Shakespeare y Hollywood a la verdadera reina de Egipto dista un océano. Tan intrigante como todos sus antecesores Ptolomeos, no le tembló el pulso para deshacerse de dos hermanos y una hermana en su consolidación del trono, ni de retenerlo seduciendo a los dos hombres más poderosos de su época, e intentarlo sin éxito con el tercero. A tenor de los bustos y monedas que se conocen no era especialmente hermosa según nuestros cánones de belleza. Tenía la nariz prominente y aguileña, el mentón saliente, el pelo claro, los ojos verdes, y un encanto femenino que Plutarco ya ensalzó en su Vida de Antonio. Hablaba siete lenguas y fue instruida por los mejores preceptores de Alejandría. Probablemente, fue el gobernante más preparado de todo el Mediterráneo Antiguo de su época, aunque sus excentricidades y ambición desmedida la llevaron al abismo.

¿Qué paralelismos advierte entre el nacimiento del Imperio y nuestros días?

Luchas intestinas por el poder, senadores demagogos, puntos de tensión política en Oriente, pasión ciudadana por el vino y los espectáculos. Me cuesta encontrar cosas diferentes a nuestra actualidad en el mundo antiguo. Solo la tecnología nos diferencia de aquellos hombres y mujeres que lucharon con tanto ahínco por sus intereses.

¿Algún proyecto entre manos?

Para las próximas Saturnales (las Navidades) tendré un nuevo trabajo publicado, esta vez no de ficción, sino de divulgación histórica, sobre los Archienemigos de Roma. En este ensayo, con ilustraciones del gran dibujante Xurxo Vázquez, revisaré a los hombres y mujeres más relevantes que se enfrentaron a Roma desde comienzos de la república hasta la agonía del Imperio. No solo aparecerán los famosos Aníbal, Atila, Espartaco o Cleopatra, sino otros bárbaros casi anodinos que harán las delicias de los curiosos.

Gabriel Castelló. Imagen cortesía del autor.

Gabriel Castelló. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Jugo de Tomatina

Días de rojo, de Pablo Argente
Libro autoeditado
Ilustraciones de Pablo Argente

Todos los últimos miércoles de agosto las calles de Buñol son escenario de una batalla campal a tomatazo limpio. Una batalla ‘sangrienta’ pero incruenta teñida de carmesí y bermellón y los demás tonos del rojo que, en forma de jugo, pulpa y carne se incrusta a pegotes en la piel de una multitud enardecida y medio desnuda. La Tomatina es una fiesta relativamente reciente, nació a mediados del pasado siglo, pero que goza de gran proyección internacional y compite con celebraciones míticas como los Sanfermines o las Fallas. ¿A qué se debe este éxito internacional que obligó al Ayuntamiento de Buñol a imponer un límite y un precio de entrada para garantizar la seguridad de los numerosos participantes? ¿Cuáles son los orígenes de la Tomatina y su evolución histórica? ¿Se trata de un derroche inaceptable en esta época de crisis o de una terapia de grupo ideal para dispersar la indignación generalizada y la mala leche?

A estas preguntas y otras más responde el fotógrafo valenciano Pablo Argente en Días de rojo, un libro ilustrado con sus propias fotografías y muy ilustrativo que analiza la Tomatina desde un enfoque antropológico e histórico. Autoeditado por Argente, con textos en castellano e inglés y el apoyo del Ayuntamiento de Buñol, que ha adquirido varios ejemplares, el libro se vende a 15 euros en Railowsky, París-Valencia, el MuVIM, la Beneficencia y otras librerías.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

El enorme poder de convocatoria de la Tomatina, que atrae a ciudadanos de todo el mundo, se debe en gran parte a que responde a un patrón universal. Al modelo de celebración originaria como pretexto para transgredir por un tiempo el orden establecido y dar rienda suelta a los impulsos, habitualmente constreñidos por el corsé de la sociedad, reflexiona Argente. Esta función terapéutica, liberadora, entronca con las celebraciones paganas como las fiestas dionisiacas, las saturnales y otros muchos rituales enraizados en el Mediterráneo, ligados a la religión o a los ciclos de la naturaleza.
Un hecho curioso es que la Tomatina carece en origen de estos vínculos. Surgió de forma espontánea, en agosto de 1945, cuando una disputa intrascendente entre jóvenes festeros desató la primera batalla a base de intercambio de tomatazos. La experiencia resultó tan placentera que los protagonistas quisieron repetirla el año siguiente, pero fueron reprimidos por las autoridades que, en 1957, prohibieron la manifestación popular incluso con penas de prisión. En 1959, se logró por fin la venia del poder y con ello cierta domesticación de la eclosión festiva. En 1972, se organizó por primera vez la distribución de la hortícola munición en camiones y, en 1983, la Tomatina dio el salto a través de la televisión. Las impactantes imágenes en rojo les valió a los buñoleros el título de Interés Turístico Nacional, en 2002, y a partir de esa fecha la magnitud del evento creció de tal forma que se ha impuesto el número clausus por razones de seguridad en esta época de masificación. Pagar una entrada, aunque sea económica, chirría con el concepto de fiesta popular, pero en cierta manera es el precio del éxito. El uso de un espacio público pero limitado y el bien de todos justifica la adopción de tal medida.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

La Tomatina no es la única fiesta que utiliza algún producto comestible como vehículo de interacción, recuerda Argente. En la Pobla del Duc de Valencia se celebra una batalla con uvas de baja calidad y en la localidad alicantina de Ibi, los enfarinats, una pelea a base de harina y huevos. Los habitantes de Ivrea, un municipio italiano, son más bravos y usan naranjas como munición. En India o Nepal se celebra en la primavera el Holi, una fiesta callejera y multitudinaria en la que la gente se lanza unos a otros polvos de colores y agua.
Gamberra y guarra: sin duda. Pero teniendo en cuenta que en España muchas fiestas se basan en el maltrato, tortura y muerte de animales que en ocasiones reportan también la muerte de humanos, la Tomatina bien merece la indulgencia si no la aprobación de todos. ¡Y que viva el tomate!
Pablo Argente (1977) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, estudió fotografía en la escuela EFTI y Postgrado en Fotoperiodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en el estudio Cresphoto, Vila Ediciones, Diario Valencia Hui y ha realizado colaboraciones para 20 Minutos o la Agencia France Press.
Como freelance ha desarrollado diferentes reportajes gráficos en el ámbito de la antropología social: hinduismo, kumbh Mela, bous al carrer, grandes premios de motociclismo, etcétera. Nació y creció en Valencia, pero siente una gran conexión con Buñol, donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia y residen muchos de sus amigos y familiares.
Días de rojo, fruto del orgullo y pasión que el autor siente hacia su pueblo y hacia la Tomatina, le llevó durante varios años a dedicar parte de su trabajo como fotoperiodista a inmortalizar y tratar de comprender esta fiesta. A través de su obra intenta transmitir la catarsis que viven las calles de Buñol cada último miércoles de agosto.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Bel Carrasco