Editoras en tiempos convulsos (I)

#MAKMAEntrevistas | Editoras en tiempos convulsos (I)
Con las editoras Ana Orantes (Kaótica Libros y Lastura Ediciones), Carmen Moreno (Cazadora de Ratas), Charo Fierro (Huerga & Fierro) y Marian Bango (Satori Ediciones)
Miércoles 20 de mayo de 2020

Artistas plásticas, escritoras, editoras, bailarinas, actrices, directoras de arte, comisarias, cineastas, y tantos otras, que, con iniciativa, talento y perseverancia, trabajan diariamente para mantener activo el tejido cultural, a pesar de no ver siempre recompensada su labor por ignominiosos motivos de género, a los que sumar las innumerables casuísticas de sus respectivos sectores.

El pasado domingo 17 de mayo, ‘Día das Letras galegas 2020’, fue una oportuna jornada para revisitar la figura de la escritora, editora y periodista –entre otras y fértiles dedicaciones– Emilia Pardo Bazán (1851-1921), ilustre aristócrata abanderada de los derechos de la mujer, quien encabezaba sus correspondencias y diversas obras con el lema “De bellum lucem” (“La luz en la batalla” o “La luz de la guerra”).

Y conviene conducirse a partir de esta sentencia idealista y motivacional para resaltar el decisivo trabajo de un reducido, aunque contundente, grupo de mujeres que imprimen entusiasmo, lucidez y capacidad de gestión en sus proyectos editoriales, y que aportan conocimiento y destreza en la materialización de los títulos que componen el catálogo de sus sellos.

Mujeres combatientes y carentes de corsés que han convertido las virtudes literarias en senda profesional, cuyo cauce y dinámica presentes se han visto gravemente afectados por las consecuencias sanitarias y económicas de la COVID-19, dibujando un impredecible escenario sobre el que reflexionar a partir de las siguientes cuestiones que les planteamos desde MAKMA.

1) ¿Qué ha supuesto para ti esta inesperada situación de alarma sanitaria y confinamiento?
2) ¿Cómo has afrontado a nivel profesional la presente situación?
3) ¿De qué modo vislumbras con inmediatez y a medio plazo el devenir editorial? ¿Qué cambios, a tu juicio, deberían implementarse?
4) ¿Qué títulos y/o novedades han visto afectadas sus presentaciones durante estos meses?
5) ¿Consideras que serán rentables las normas sanitarias que habrán de implementar ferias y festivales del libro durante el último tercio del año?
6) Otros reflexiones y comentarios.

ANA ORANTES (KAÓTICA LIBROS Y LASTURA EDICIONES | MADRID)

1) Ha supuesto un gran cambio de rutinas diarias; he pasado de estar casi todo el tiempo fuera de casa a no salir de ella. Me ha permitido hacer una vida social mayor con mi comunidad, con la que normalmente, en una ciudad como Madrid, se tiene poco trato. También me estoy comunicando más con familiares y amigos que de forma habitual. He reflexionado mucho más sobre mi vida personal y profesional, lo que me ha empujado a realizar cambios que quizá en otro momento no me hubiera atrevido a llevar a cabo. Lo peor está siendo no poder ver a mis familiares y amigos, que, por suerte, están todos bien. Este aislamiento físico me ha llevado a pensar más en los demás y a repensarme. Me agarro a eso y a que soy afortunada por poder trabajar en lo que me gusta. Además, puedo dar paseos todos los días con mi perra –ella siempre me salva del caos–.

2) Comencé la cuarentena trabajando para una editorial en la que he puesto todo mi esfuerzo durante más de dos años y empezando mi propio proyecto de edición. Ahora trabajo para otra editorial distinta, Lastura Ediciones, y continúo con más ganas que nunca en Kaótica Libros. Como comentaba antes, me he atrevido a realizar cambios y, sin saltar de sector, me he embarcado en estos dos proyectos en los que creo realmente. Lastura ya es una editorial sólida en la que espero poder aportar cosas buenas y de la que voy a aprender muchísimo junto a Lidia López Miguel; y Kaótica Libros, que nació en enero de 2020, ha surgido del mismo caos y en el caos. Nunca me imaginé que de tal forma, pero, a pesar de los miedos y de las especiales complicaciones que está sufriendo el mundo del libro, siento que Kaótica tendrá futuro. Soy afortunada porque a este proyecto personal que llevo años imaginando han querido sumarse con su apoyo las editoras Lidia López Miguel y Sofía Sánchez.

3) El confinamiento para muchos está siendo un periodo de incertidumbre al tener que paralizar la actividad normal. Ahora mismo, con la reapertura de las librerías y todas las estrategias de venta online que han surgido, parece que vuelve a haber movimiento, pero tenemos que ser conscientes de que va a ser mínimo en comparación a lo que son estos meses otros años, en los que realizamos ferias y eventos que nos aportan las mayores ventas del año. Todos queremos que nuestros libros estén disponibles, vamos cargados de novedades, pero tampoco podemos colapsar el mercado.

Deberíamos reflexionar sobre el ritmo que mantenemos en general y, en particular, sobre el ritmo de publicación. A medio plazo, espero que la situación de salud pública haya mejorado y podamos volver a hacer presentaciones y actividades, aunque sean de aforo limitado y con precauciones. Lo que ayudaría de verdad al sector de la cultura y en especial al del libro (siempre el más perjudicado), es que vuelva a haber subvenciones para bibliotecas e instituciones así como protección y facilidades para las editoriales y librerías independientes, tanto para el negocio físico como para el digital. Es necesario crear alianzas entre libreros y editores y, hasta que nos sea posible, volver a dialogar cara a cara de nuestros libros, potenciar la venta online y los eventos virtuales.

4) Desde Lastura Ediciones hemos mantenido el calendario de publicaciones, pero sí hemos tenido que cancelar muchas presentaciones. Estamos realizándolas online y hemos lanzado una propuesta, ‘Al habla con la editora’, a través de los directos de Instagram. En Kaótica Libros hemos aplazado el lanzamiento de las novedades y la presentación oficial de la editorial, que esperamos poder hacerla pronto. La primera novedad va a ver la luz el mes que viene; se trata del libro ‘Manifiesto Cíborg’, de Donna Haraway, dentro de nuestra colección de ensayos ‘Teorías del caos’, un libro de cabecera que define totalmente los cuatro pilares en lo que se basa la editorial: feminismo, ecología, teorías queer y transhumanización ética. Próximamente, también publicaremos ‘El hilo de Ariadna. Las mujeres y lo femenino en la salida del laberinto’, de Manuel Ángel Vázquez Medel.

5) Para ferias y festivales independientes sí lo veo viable, pero lo veo complicado para las ferias del libro más grandes en las que se invierte más dinero y las ventas se realizan por la cantidad de público constante que acude a ellas. Va a ser difícil llegar a tener ganancias con un aforo controlado, manteniendo las distancias, teniendo que desinfectar las casetas… Pensar en una feria en la que no puedes abrazar a tus compañeros, autores, amigos y clientes se hace realmente extraño.

6) Fuerza a todos para continuar en este caos, de las crisis siempre emergen nuevas oportunidades.

CARMEN MORENO (CAZADOR DE RATAS | CÁDIZ)

1) Creo que, como a todo el mundo, un momento de desconcierto brutal que continúa, porque nadie ha dicho que esto haya acabado, solo que ha mejorado. No creo que vayan a retomarse ni ferias ni eventos literarios (ojalá me equivoque) y eso hace que todo lo que habíamos planeado para este año se haya ido al garete. En cuanto a lo de no salir, me da bastante igual. La vida del editor y del escritor es muy solitaria. Se sale poco en general, así que sin demasiados cambios. Lo peor es la incertidumbre, pero una editorial pequeña siempre vive en ella.

2) Ya te digo, intentando hacer muchos cambios dentro de la editorial y proyectando diferentes cosas para intentar salir adelante. Lo cierto es que la primera decisión fue dejar de imprimir todo lo que no fuera imprescindible. Los autores/as lo han entendido, pero eso no hace que te quede un regusto amargo por ellos y por ti.

3) Es complicado. Ya se ha dado un paso importante, establecer el IVA del libro electrónico en el 4%, era algo necesario. Por lo demás, no me gustaría estar en el pellejo de nadie del Gobierno en este momento. En Andalucía, tanto PP como Vox tienen una clara política de menosprecio al libro; de hecho, el Centro Andaluz de las Letras sigue sin tener quien lo dirija después del despido de Juan José Téllez.

Cuando el sector del automóvil está en crisis, los Gobiernos ha puesto en marcha innumerables campañas de ayudas. Cuando la banca estuvo al borde de la quiebra por (vamos a llamarlo) «mala praxis», nos obligaron a pagar sus deudas y a que arrimáramos el hombro para sacar a entidades que no se conocen por sacar al ser humano del hoyo en el que ellas solitas se habían metido. Lo menos que podemos esperar en el sector es que se nos ayude, pero ya te digo que en Cádiz, por ejemplo, las ayudas van a ser retransmitidas por Facebook, así que, o eres seguidora del partido en el poder, o te vas a enterar de poco. Bueno, también se lo comentan a algún medio escrito que casi nadie lee.

4) Uf. Más de 15 títulos. Títulos que o salieron en marzo, con lo cual se tuvo que cancelar todo, o algunos otros que deberían haber salido en abril o mayo y no van a salir porque ¿para qué? No hemos querido estarnos quietas, pero, desde luego, no podemos asumir ahora gastos de libros que no se pueden promocionar. Los libros que sacamos: ‘Diario de Dimas’, de Pepe Maestro (juvenil), ‘Todo forma parte del plan’, de Marisa Adal, ‘Impías’, de Carmen Moreno, ‘El saludo de las brujas’, de Emília Pardo Bazán, ‘Hija de las sombras’, de Felicidad Martínez.

5) No. De hecho, ya hay muchas ferias que han comunicado que se cancelan definitivamente. Además, ¿cómo vas a mantener dos metros de distancia de seguridad en un stand? Es imposible. ¿Cómo consigues controlar el aforo en grandes recintos o en parques como El Retiro. Pensemos que llega el verano, sí, pero que las autoridades ya han dicho que hay que estar preparados porque este virus se activa con el frío. Y lo más importante, ¿merece la pena poner en riesgo la vida de los lectores por vender? Creo que hasta que esto no haya sido controlado –y eso solo pasará cuando haya vacunas para todos– no vamos a poder ponernos en marcha.

6) Hay que ser cuidadosos, pero no hay que tirar la toalla.

CHARO FIERRO (HUERGA & FIERRO EDITORES | MADRID)

1) Parón, reflexión, saneamiento y priorización de proyectos para beneficio de las colecciones y la continuidad del sello Huerga & Fierro.

2) Creo que la respuesta ya la he dado en la primera pregunta. Pero si hablamos de cómo afronto esta situación, diría que intentando tener la suficiente calma para no precipitarme en decisiones que puedan perjudicar nuestra trayectoria y a nuestrxs autorxs.

3) Junto con mi compañero, llevo 40 años dando identidad propia al sello H & F. Somos un sello independiente que siempre hemos resistido a los múltiples envites y retos que el mercado ha ido imponiendo. Los cambios más significativos serán los que a partir de ahora nos inponga la situación acontecida: fomentar más las estrategias comerciales y de promoción por vía redes sociales e implantación tecnológica.

4) A finales de 2019 inauguramos una nueva colección –’Rayo Azul Poesía–, dirigida por Oscar Ayala y Enrique Villagrasa; arrancamos con seis títulos: ‘Dije Luz’, de Mar Benegas, ‘Placeres y Mentiras’, de Mercedes Escolano, ‘Después’, de Isabel Bono, ‘Pavesas y Lar’, de José A. Hernández, ‘En este momento que llamamos lugar’, de Juan A. Tello, y ‘Vikinga’, de Isabel Tejada Balsas. Justo en el mes de marzo, unos días antes del confinamiento, llegaron de imprenta 7 títulos más: ‘Aquí y Ahora’, de José M. Lucía Mejías, ‘Trilogía de las Sombras’, de Enrique Falcón, ‘Ciclo del 9’, de Raúl Herrero, ‘El aliento del Klai’, de Alejandro Céspedes, ‘La llama inversa’, de BeatrizRrusso, ‘Que llueva siempre’, de Luis Miguel Rabanal, y ‘Lo que dejamos fuera’, de Regina Salcedo’. En total, 13 títulos que en todas y cada una de las ferias y eventos hubieran sido la novedad tanto como nacimiento de la colección así como de cada título individual. También otras novedades de poesía, como ‘Habitada por Palabras’, de Rocío Rojas-Marcos, ‘Lo que pudo haber sido’, de Itziar Mínguez, ‘Pastos de invierno’, de Isaac Alonso, etc., se han visto afectadas en los distintos eventos y ferias que estaban programadas sus participaciones.

5) Rentables, no; necesarias, sí. Ahora bien, creo que si en los supermercados, centros comerciales y otros establecimientos, la gente entra, elige el producto, lo toca…, y en las cajas se aglomera la gente, en ferias y librerías no tendríamos que estar tan limitados a la hora de poder abrir y recibir a los lectores; estoy convencida que en ellas se cumplirán los mismos protocolos que en los locales que he mencionado y con mucha más garantía, seguridad e higiene.

6) Considero que el libro es también ALIMENTO de PRIMERA NECESIDAD.

MARIAN BANGO (SATORI EDICIONES | GIJÓN)

1) Por un lado, una gran preocupación debido a la situación de extrema gravedad a nivel sanitario y de suma tristeza por la pérdida de vidas de tantas personas. La preocupación se extiende también al futuro, pues afrontaremos en el muy corto plazo una gran incertidumbre económica en todo el país. A nivel personal, he de confesar que el confinamiento me ha ayudado a desconectarme de una rutina laboral demasiado intensa y de unas dinámicas de trabajo demasiado autoexigentes, así que me he permitido reconectar conmigo misma y disfrutar de lecturas que tenía pendientes y que nada tenían que ver con mi trabajo.

2) La idea principal que me he autoimpuesto es la de no proyectar un futuro apocalíptico ante nosotros. Comenzar poco a poco, valorando la situación que se abre ante nosotros a cada momento y buscar en ella, sino los aspectos positivos, al menos los escenarios más realistas.

3) Ojalá lo tuviera claro, pero no creo estar en posición de aventurar qué nos deparará todo esto al sector editorial. La cancelación de Sant Jordi y la FdL de Madrid, por ejemplo, supone un durísimo golpe, pero quizá se pueda amortiguar en cierto modo con las nuevas fechas que se han propuesto (julio y octubre, respectivamente). Me preocupan especialmente las librerías, cuya situación antes de la COVID-19 no era especialmente buena. Quizá deberían de implementarse medidas de apoyo a los pequeños libreros, ayudas al alquiler de sus negocios, por ejemplo.

4) Lo cierto es que habíamos realizado una apuesta muy fuerte para el primer cuatrimestre de este año que se ha visto perjudicada por toda esta situación. Han quedado en suspenso la presentación de algunos libros y mangas que constituían nuestra apuesta principal del cuatrimestre y que apenas disfrutaron de una semana en librerías antes de que se decretase el estado de alarma.

5) Creo que la situación actual es tan volátil que se me antoja difícil aventurar una respuesta. Puede surgir un repunte de contagios en cualquier momento. También hay que tener en cuenta que el miedo al contagio ha enraizado en muchas personas que, muy seguramente, no querrán acudir a actos con demasiada gente. En este contexto, y muy especialmente para editoriales periféricas como nosotros, acudir a una feria –que supone gastos de participación, desplazamiento y alojamiento y manutención considerables– implica tener la seguridad de obtener un mínimo de rentabilidad. Cosa que a día de hoy me parece algo muy lejano.

‘Fahrenheit 451’ (1966), de François Truffaut.

Merche Medina

“El ero-guro es un transgénero bastardo»

Entrevista con Jesús Palacios
‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’ (Satori Ediciones)
XXXI Semana Negra de Gijón

Bajo una incivilizada y asfixiante canícula, tan portuaria como insólitamente cantábrica, Jesús Palacios (Madrid, 1964) transita avezadamente por el tórrido asfalto de la XXXI Semana Negra de Gijón, portando en el morral de caza su más rozagante título, ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, una de esas lúbricas publicaciones de Satori que erigen al sello gijonés (y a sus progenitores, Marián Bango y Alfonso García), en una excelsa editorial de referencia para el orbe patrio necesitado de ardor oriental y japonología.

Abanderado por Palacios, en calidad de editor literario, coordinador y ensayista, ‘Eroguro’ se revela como un proyecto de consumación polifónica por el que transitan, en compañía del escritor madrileño, autores como Iria Barro Vale, Daniel Aguilar, Rubén Lardín y Germán Menéndez Flórez –quien secunda por estos lares y a quemarropa al creador de turbios enveses goremaníacos y conspicuos sótanos infernales, zombis y hollywoodienses–.

El volumen –que cuenta con una ilustración en portada de Shintaro Kago (‘Head Explosion’) y la rúbrica de artistas como Miguel Ángel Martín, Sandra Uve, Félix Ruiz, Albert McTorre, Suki, Pablo Morales de los Ríos y Lolita Aldea–, atesora los más inquietantes mimbres y conceptos proposicionales como para situarse frente a uno de esas conjunciones y florilegios que se alumbran, ya de partida, verticales, totémicos y endriagos. Por ello, se antojaba preciso y necesario que MAKMA alzara la mano y cuestionara, supeditados a la fértil prosodia de Jesús Palacios.

eroguro-satori

¿Qué raíces fonéticas y semánticas perfilan el término ero-guro, sin duda un peculiar extranjerismo híbrido?

El ero-guro, como su propio nombre indica, es una corriente cultural, que en Japón surge en las primeras décadas del siglo XX, aunque se pueden trazar sus orígenes hasta mucho tiempo antes, dentro de las grandes tradiciones culturales niponas. Es una costumbre que los japoneses tienen también de adoptar vocablos de otros idiomas, sobre todo del mundo anglosajón, para definir cosas que no forman parte del propio lenguaje y de la tradición concreta japonesa; de ahí que se llame ero-guro-nansensu, siendo erótico, grotesco y sin sentido o absurdo (siendo esta la traducción más adecuada).

Una corriente cultural que se extiende por toda una serie de elementos propios de la cultura japonesa del siglo XX, que caracteriza una forma particular de abordar y mostrar en su literatura y sus artes gráficas y formas de expresión más contemporáneas, como el cine y, sobre todo, el manga; un universo donde lo erótico, lo sensual y lo sexual se mezclan, se da citan y se simbiotizan con un sentido del humor y del horror marcadamente grotesco, que busca la erotización de lo terrible, de la deformidad, de la mutilación, de los elementos que asociamos con la propia fisicidad del horror. Es un concepto que encaja, en cierto modo, con la idea expuesta por Freud acerca del Eros y el Tanatos –de la pulsión de vida y la pulsión de muerte–, de cómo el erotismo y los impulsos aparentemente opuestos de muerte, dolor y destrucción, van inextricablemente unidos en la experiencia humana y en su expresión artística.

A todo ello se le suma ese elemento del nonsense, del absurdo, porque detrás de todas esas expresiones culturales hay una especie de mirada desesperanzada hacia el ser humano, por una parte muy lúdica (e incluso con su dosis de crítica social), pero, sobre todo, es índice del absurdo de la existencia humana; en un mundo donde cosas como la mutilación y la exhibición gráfica de la violencia se convierten en sensualidad pura, en fetichismos eróticos, se convierten en una incitación al carpe diem.

En el prólogo, ‘Eroguro: el lado oscuro de Japón’, haces referencia a sus raíces espurias como género, indicando que es “un producto bastardo de una época y lugar concretos, los años veinte y treinta en Japón”.

El ero-guro es un género de géneros, un metagénero o un transgénero que participa de muchas expresiones culturales distintas y de muchos elementos bastardos; fundamentalmente, es un género bastardo, porque también surge a principios del siglo XX en un momento en el que Japón se está abriendo a Occidente, se está abriendo a la influencia no solo de Estados Unidos, sino también a la que provenía de la URSS y de todos los ámbitos occidentales, con todas sus vanguardias, con todos sus ismos.

 

¿Qué elementos singularizan a esta corriente cultural para radicarse y evolucionar con tal grado de excepcionalidad en Japón?

Se puede pensar que todo ello podemos aplicarlo a, prácticamente, todas las expresiones culturales del mundo entero, de la cultura occidental: sea el Marqués de Sade en Francia y toda la tradición decadentista y perversa de la literatura francesa o de la inglesa, con Oscar Wilde; obviamente, la gran figura central, muy importante para el desarrollo del ero-guro en Japón, es la Edgar Allan Poe (el santo patrón del ero-guro).

A pesar de que eso es cierto y se refiere a una experiencia universal del ser humano, en Japón adquiere unas tonalidades muy propias y distintivas. Japón, por sus características físicas y geográficas, por su aislamiento de Occidente y tardar tanto tiempo en integrarse en su corriente cultural, desarrolla estas inquietudes, esos elementos mórbidos y esta estetización del mal, de la violencia y de lo perverso, de una forma particularmente extrema.

Por una serie de condicionantes, que se abordan y reflexionan en el libro, podemos incluir que Japón es una sociedad muy tradicionalista, una sociedad donde ha habido siempre, salvo en breves períodos de su historia, un gran control jerárquico de los comportamientos sociales y culturales de la población y, por tanto, una especie de censura especialmente potente por parte del Emperador y del Estado. Bajo ese régimen feudal e imperialista, que presionaba tanto sobre las formas de expresión vinculadas con la sensualidad, el erotismo, la violencia, etc., se provocó que esa presión hiciera salir a los fantasmas libidinales de una forma radicalmente perversa, por comparación con la nuestra.

¿En qué territorios de la creación debemos encontrar los antecedentes, causas, motivos e influjos del ero-guro?

En ese momento hay un gran movimiento joven en Japón que quiere modernizar el país en todos los sentidos, y uno de ellos también es el sentido estético y cultural. Recibe con los brazos abiertos el cine expresionista alemán y toda esa serie de películas fantásticas y morbosas, como ‘El Gabinete del Doctor Caligari’, ‘Nosferatu’, etc., ideas del futurismo y el constructivismo, el cubismo, la deconstrucción del cuerpo humano y todo tipo de ideas vanguardistas, pero que al mismo tiempo encaja, que es lo importante –de ahí esa idea netamente bastarda y japonesa del fenómeno, que lo diferencia y lo distancia del resto de esas expresiones erótico-grotescas que podemos encontrar en otras tradiciones culturales occidentales–, en un terreno muy abonado, como el teatro Kabuki, la época dorada de las artes gráficas japonesas, como el grabado Ukiyo-e, que empieza alrededor del siglo XVI y continúa hasta el siglo XIX, donde aparecen dos fenómenos concomitantes con el ero-guro y que lo nutren.

Normalmente, cuando hablamos de Ukiyo-e pensamos en las bonitas vistas del monte Fuji, de Tokio, pero, aparte de esto, existían también los llamados “grabados de primavera”, entendiéndose “primavera” como un eufemismo para sexo, para erotismo, que llegaron a ser terriblemente explícitos, hasta que en un momento determinado el Emperador dictó un edicto que prohibía esas expresiones pornográficas que, sin embargo, el pueblo japonés había asumido, hasta entonces, como perfectamente lícitas.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Bajo inquietantes neones onomatopéyicos de la XXXI Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Por otra parte, tenemos los grabados Muzan-e, que vienen a traducirse como “grabados sangrientos”, y que eran la manera en que los artistas gráficos japoneses, cuando no existía la fotografía e, inlcuso, cuando ya empezó –pero era demasiado cara para la mayor parte de los medios periodísticos japoneses–, representaban con todo lujo de detalles los crímenes populares de la época. Era la página de sucesos, pero en lugar de recurrir o utilizar una fotografía, publicaban un maravilloso grabado en madera que representaba, por ejemplo, al samurai que degolló a su mujer y sus dos hijos y, después, se ahorcó, y lo hacían recurriendo a todo tipo de elementos coloristas y truculentos.

Por tanto, ya el propio Japón había generado una serie de tradiciones de lo grotesco, de lo erótico, muy ligadas entre sí; una concepción particularmente exótica a nuestros ojos de todo lo que eso conlleva, muy diferenciada de la occidental, y al choque y la influencia del exterior, de la llegada y recepción de la obra, principalmente, de Edgar Allan Poe, obras divulgativas como las de Freud o como el ‘Psychopathia sexualis’, de (Richard) von Krafft-Ebing –que conoció varias traducciones al japonés–; un aperturismo cuando, curiosamente, en Japón había mucha censura para lo interior, pero lo extranjero en ese momento se veía como particularmente chic, un signo de modernidad, sobre todo en el período Taiso –que fue un período muy corto, de un emperador muy débil (que son los mejores emperadores que se pueden tener)–, que permitió, precisamente, que entraran todas esas influencias modernizantes occidentales.

¿De qué modo se reciben esos céfiros modernizantes en el horizonte de las circunstancias políticas, literarias y artísticas imperantes?

De ese encuentro, de todas esas tendencias, de la novela popular occidental, la novela policial, de crimen y misterio, los primeros atisbos de ciencia ficción, la literatura, sobre todo, decadente, surge una gran reacción contra un realismo social, digamos, de primer cuño que hubo en Japón, a imitación de las novelas y las ideas de (Émile) Zola o del primer (Gustave) Flaubert, etc.; una reacción esteticista y espiritualista, en cierto modo.

Curiosamente, el ero-guro, con todo lo que tiene de fisicidad y perversión, es también un género muy simbolista. De todas esas fusiones surge este gran monstruo maravilloso que es el ero-guro, porque fueron unos aires de libertad absoluta los que se vivieron en esos años 10 y 20 en Japón, hasta incluso los primeros 30 o, prácticamente, hasta la entrada de Japón en la II Guerra Mundial, momento en el que el gobierno japonés pretende resucitar el espíritu imperial y militarista necesario, patriótico, para invadir el resto del mundo y para llevar su idea del orden y del concierto al resto de Asia.

Obviamente, el ero-guro, con toda esa carga de nihilismo, de visión sórdida de la humanidad, de sacar a la luz el lado oscuro de los seres humanos –en relatos, por ejemplo, como ‘La oruga’, de Edogawa Rampo, escritor que se hizo llamar así en honor a Edgar Allan Poe–, era lo que menos convenía a la ideología militarista y totalitaria del Japón que ya se preparaba para entrar en la II Guerra Mundial y para conquistar a sus vecinos asiáticos.

El ero-guro fue algo que transpiraba por toda la sociedad nipona. El término se le atribuye al gran escritor japonés Yasunari Kawabata, –que luego sería ganador del Premio Nobel–, que en su primera novela, muy vanguardista, ‘La pandilla de Asakusa’, dice que en los años 30 todo en Japón transpiraba erotismo, grotesco y absurdo, y de ahí surgió esa etiqueta. El ero-guro propiamente dicho muere con su expansión imperialista y colonial en Corea del Sur y en Manchuria, pero, verdaderamente, no muere nunca, porque en realidad pasa a formar parte del propio riego sanguíneo de la cultura japonesa y se imbrica absolutamente en ella.

Pasada la II Guerra Mundial, la gran catástrofe que dejó a Japón reducida a cenizas, prácticamente –no solo Hiroshima y Nagasaki, con el terror atómico, sino también Tokio, que fue pulverizada por los bombardeos–, fue el escenario ideal para que esas ideas de erotismo desesperado, de revalorizar las experiencias del cuerpo humano y de llevarlo a sus límites, volvieron a surgir no solo en la literatura, sino en nuevas formas que previamente no había podido reflejar el ero-guro de la novela, porque no era el momento adecuado ni desde el punto de vista histórico ni tampoco de las propias capacidades de esos medios de expresión artística, como el cine y el manga.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Germán Menéndez Flórez y Jesús Palacios durante la presentación en la carpa A Quemarropa de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

¿Qué papel debe atribuírsele al manga en el fenómeno presente del ero-guro?

El manga ha sido el gran embajador de la cultura popular japonesa y, por tanto, gran embajador del ero-guro, a través de la obra de mangakas como Hideshi Hino, Suehiro Maruo o Shintaro Kago, de quien es la portada del libro, y de los que también se ocupa un artículo del volumen. El cine y el manga van a hacer que el ero-guro llegue hasta nuestros días gozando de un excepcional grado de salud.

¿Cuáles han sido los principales motivos que han refrendado la necesidad de abordar este ensayo polifónico?

Uno de los impulsos principales del que surgió el hacer el libro sobre ero-guro fue que la propia editorial Satori estaba publicando cada más y más autores concretamente de este género, en la colección de ficción, sobre todo, pero también, en algunos casos, en la de clásicos estaban dando a conocer a autores no solo consagrados y más conocidos, como el caso de (Junichiro) Tanizaki –que es un autor que, aunque muchas veces no se dice, más de la mitad de su obra es ero-guro–, sino también obras inéditas de Edogawa Rampo –que como he mencionado, es el gran personaje central del género–, al igual que otros como Kyusaku Yumeno –que estaba inédito en nuestro país– o Ango Sakaguchi, autor de ‘En el bosque, bajo los cerezos en flor’. Todo este tipo de escritores que antes eran prácticamente desconocidos aquí o, en algunos casos, mal traducidos del francés o del inglés, Satori lo estaba dando a conocer.

A través de esas lecturas me di cuenta de que no existía ningún libro que diera el marco referencial para encajar a todos esos autores y los temas de los que hablaban y su universo ero-guro, que además tenía esa extensión, después de la II Guerra Mundial, hacia el cine y hacia el manga. En manga había salido mucho editado, muchas publicaciones que se habían agotado, pero que ahora se están editando; por ejemplo, en Glenat y en otras editoriales se estaba publicando a Suehiro Maruo, que adapta muchas obras de Edogawa Rampo y de Kyusaku Yumeno, etc., pero también otros mangakas cercanos al ero-guro, como Junji Ito, como Hideshi Hino –que, a su vez, también es un director de cine de terror ero-guro–.

También en los festivales de cine y en el mundo de los aficionados al cine oriental, directores muy prestigiados e interesantes, como Sion Sono o como Takashi Miike, en las útimas décadas, habían utilizado el género del ero-guro para muchas de sus obras, adaptando, en algún caso, obras literarias, pero siempre muy cercanos al ero-guro; y otros clásicos de los años 60 y 70, como el propio autor de ‘El imperio de los sentidos’, Nagisa Oshima, y otros menos renombrados, que poco a poco se han ido dando a conocer, como Seijun Suzuki, tenían que ver con ese universo.

Y una vez más, te encontrabas con que no había ninguna obra que permitiera acceder al contexto general que, de alguna manera, unificaba todas esas películas, cómics y obras literarias, y que diera también el marco histórico y teórico para fundamentar la existencia del ero-guro, el porqué era así y no solo las anécdotas del nombre del género, sino la naturaleza particular de la expresión de lo erótico-grotesco en Japón, las vicisitudes históricas a las que se debe su aparición, que tienen que ver con fenómenos como el terremoto de Kanto a principios de siglo XX, hasta cómo desaparece al llegar la II Guerra Mundial por la intromisión, cada vez más brutal, de la censura militar, etc.

¿Qué tipo de publicaciones y ensayos existían sobre la materia hasta el momento?

Había libros en el extranjero, en inglés y en francés, pero fundamentalmente tesis doctorales publicadas en forma de libro y, sobre todo, centrados más en el aspecto sociológico que en literario y cultural. Porque, efectivamente, el ero-guro, más que un género literario en sí mismo, era una corriente histórica, artística, que impregnaba todo. A ese respecto, sí que hay un par de libros que lo abordaban, pero que paraban todos con el final de la era del ero-guro en los años 30 y que dejaban de lado expresiones contemporáneas y populares, como la novela de género, el manga, el anime, el hentai, el porno, etc.

Todo eso faltaba, por eso creo que, realmente, el libro es único (en España, desde luego, al 100%) e, incluso, diría que a nivel internacional no existe ninguna otra publicación que se haya atrevido a abordar el ero-guro desde las distintas ópticas de los distintos medios, géneros, etc., en los que te lo encuentras.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de 'Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa', de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El escritor Jesús Palacios posa con un ejemplar de ‘Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa’, de Satori Ediciones, en plena XXXI Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

Elogio de Satori a Tanizaki

‘El elogio de la sombra’, de Junichiro Tanizaki
Satori Ediciones
Colección Clásicos Satori
Prólogo de Yayoi Kawamura
Traducción y epílogo de Javier de Esteban Baquedano

En pleno curso conmemorativo del 130 aniversario del nacimiento del autor tokiota Junichiro Tanizaki y tras la efeméride, el pasado estío, del quincuagésimo de su fallecimiento -en la prefectura de Kanagawa-, el sello gijonés Satori, especializado en cultura y literatura niponas, hace eclosionar de entre el mapa de novedades editoriales la revisitación de uno de los títulos eximios de la letras japonesas, erigiendo la reexaminación en ineludible acontecimiento: ‘El elogio de la sombra’.

Portada de Satori para 'Elogio de la sombra', de Junichiro Tanizaki. Fotografía cortesía de la editorial.

Portada de Satori para ‘Elogio de la sombra’, de Junichiro Tanizaki. Fotografía cortesía de la editorial.

La peculiaridad más eminente de esta singular edición en cartoné reside en su traducción directa del original al castellano, proveniente de la pluma del japonólogo Javier de Esteban Baquedano, quien rubrica lúcidamente el epílogo (sobre el que se hará referencia inexcusable en párrafos ulteriores). En su prólogo, la profesora de Arte de la Universidad de Oviedo y académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Yayoi Kawamura, diserta con precisión acerca de esta excepcionalidad, entendida como progreso: “La madurez de la japonología en España nos brinda una generación muy prometedora de traductores y editores que nos liberan, por fin, de aquellas traducciones realizadas a través del inglés, francés o alemán, para que los lectores puedan acceder, sin el romanticismo de ciertas traducciones, a la sombra de Tanizaki, y para que esa sombra sirva como fuente inagotable de experiencias estéticas para muchos”.

Para aquellos profanos, inquietos por desentrañar qué papel desempeña la sombra en este celebrado texto -escrito en 1933-, baste sentenciar que no sólo asume un rol de obscuridad proyectada por un cuerpo opaco, sino que determina por completo el raquis de la perspectiva asumida por Tanizaki,  para implementar una insólita argumentación estética del costumbrismo nipón -emparentado con lo telúrico-, y fiscalizar la irrefrenable injerencia tecnológica de Occidente, cuyo sentido clínico y refulgente de la armonía pervierte y metamorfosea los espacios de introspección y desnorta la sustantividad pragmática de lo consuetudinario.

En ‘Elogio de la sombra’, Tanizaki reflexiona sobre notables o prosaicos temas, acerca de la arquitectura, la artesanía o los rudimentos domésticos, merodea estancias predeterminadas para el ejercicio social o se inmiscuye en espacios íntimos, refiere conclusiones sobre las artes escénicas, delibera sobre la belleza femenina, cavila sobre la mundología de los fantasmas y apostilla consejos culinarios; todo ello vertebrado por una omnipresencia determinante de la in’ei (sombra), en torno a la que, según el autor nipón, el resto de elementos que reportan morfología a la objetividad se polarizan. Preeminencia esencialista de la in’ei, cuya acepción en el popular diccionario japonés Daijirin -como bien registra Esteban Baquedano en ‘Las sombras (in’ei) y su significado’ (segundo apartado del epílogo)- apunta: “1) Parte oscura, donde no da la luz. Sombra. 2) Peculiar gracia que procede de sutiles variaciones en el color, el sonido o los sentimientos.”.

Tanizaki. Makma

Tanizaki, desde una pretendida posición displicente -”lo que hago no es más que pedir cosas ya imposibles, no es más que refunfuñar”- para con sus coetáneos -subyugados estos a los céfiros occidentales-, perfila su dietario de revelaciones domésticas tras los shojis (paneles correderos de los vanos) no sólo describiendo las insoslayables penurias para construir al más puro estilo japonés, sino aventurándose por territorios inopinados, el evacuatorio, verbigracia: “el chanoma (espacio del té) tiene, ciertamente, su encanto, pero es el retrete japonés lo que está de verdad concebido para solazar el espíritu”, prescribiendo que “estos lugares, como imaginábamos, conviene inundarlos de una luz vagamente penumbrosa, que difumine el límite donde termina la limpieza y empieza la suciedad”.

Se encuentran en ‘Elogio de la sombra’ lúcidas reflexiones que merodean la ucronía tecnológica -”hasta qué punto mostraría nuestra sociedad un aspecto diferente al actual si Oriente hubiera desarrollado una civilización científica propia, por completo independiente de la occidental”-, asociada a conceptos como la física, la química, el átomo, la electricidad, la cinematrografía -cabe señalar su ejercicio de ponderación acerca de cómo la fotografía de un filme asienta diferencias en el modo de registrar el diverso carácter de los países-, los gramófonos, las radios o la música -“lo que hacemos es distorsionar nuestras artes para adaptarlas a estos aparatos y no a la inversa”-.

Tanizaki se complace, además, de contemplar la turbiedad de los rudimentos domésticos, los objetos no bruñidos, que dejan de resplandecer, encomia la pátina del tiempo, el sólido “lustre de las cosas manoseadas”, el shutaku (brillo de manos) -”la elegancia es roñosa (…) esa forma de elegancia que tanto nos gusta lleva en sí algo en cierta medida sucio, poco higiénico. Frente a los occidentales, dispuestos siempre a exponer a la luz la mugre y eliminarla de raíz, los orientales la atesoramos, la idealizamos en sí misma (…) y la fatalidad nos lleva a amar las cosas que portan esa mugre humana”-.

Tanizaki. Makma

Amén de merodear el tokonoma -“espacio que llega del suelo al techo y tiene algunos decímetros de fondo. (…) A veces se presenta en Occidente como espacio sagrado” (n. del t.)- y otros territorios de lo doméstico, así como las bondades estéticas del metal dorado -”el hombre moderno vive en casas bien iluminadas y nada sabe de esta belleza del oro”-, el escritor japonés se prodiga en asentar una claridivente comparativa de las mírificas artes escénicas del teatro del Noh (drama lírico) -”la oscuridad que rodea al Noh y la belleza que de ella nace forman un peculiar mundo de sombras que solo es posible encontrar en un escenario”- y del kabuki (drama estilizado) -”el escenario del kabuki es un mundo absolutamente falso, no relacionado con nuestra belleza natural. (…) Todo ello se debe a la excesiva claridad”-.

Erigido en sencillo diagrama de una parte de la cosmogonía nipona, una de las razones que pueden argüirse para justificar el refrendo popular y la pervivencia contumaz del ensayo de Tanizki es perfilada por Esteban Baquedano en su colofón: “(…) ‘El elogio de la sombra’ no resulta tan escueto como habría podido serlo si el autor no lo hubiera mechado, por muy literarias razones, con anécdotas, digresiones e incisos rayanos en lo ocioso”, para concluir que “esos kilos de más que adornan su talle parecen cumplir la función de lastrar las reflexiones de Tanizaki para mantenerlas a ras de lo cotidiano, de lo prosaico. (…) Y no habrá que entender como una paradoja que pasados más de ochenta años desde que vio la luz (…) este atípico ejercicio intelectual (…) haya conservado su sentido y oportunidad”.

“¿Por qué será que solo los orientales tenemos una marcada tendencia a buscar, de esta manera, la belleza dentro de la oscuridad?”

Jose Ramón Alarcón