The Rolling Stones, cual ave fénix

Symphaty for the Stones
Centro Cultural Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 2 de noviembre

“Éramos como el ave fénix, y la gira de 1969 fue nuestra primera resurrección”. Esa cita figura entre otras muchas en la exposición que el Centro Cultural Bancaja dedica a The Rolling Stones, superados ya los 50 años del nacimiento de la inmortal banda de rock. A aquella primera resurrección anunciada por Keith Richards, le siguieron muchas otras, porque la legendaria banda británica liderada por el igualmente incombustible Mick Jagger no ha parado de ofrecer conciertos a lo largo del ancho mundo, renaciendo cual ave fénix de sus incontables muertes.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Y la pregunta repica, una vez más,  dictando una nueva defunción: ¿Qué tiene a estas alturas que ofrecer The Rolling Stones? Actuaron en el Santiago Bernabéu el pasado 26 de junio y ninguna de las 50.000 personas presentes en el concierto se lo preguntó: simplemente acudieron para ver renacer otra vez al ave fénix del rock: los ya septuagenarios Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts. He ahí, pues, la respuesta: ofrecen con sus canciones una especie de elixir de la vida, hecho a partes iguales de inconformismo y de conformidad a unos principios musicales que mamando del blues terminó destetando un rock que pervive con el tiempo.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Está bien dejarse ir, siempre y cuando puedas volver”

Esta frase de Mick Jagger recrea de nuevo el espíritu de la banda, a la que siempre acompañó el escándalo, ya sea por el consumo de drogas, la irreverencia o la procacidad sexual, pero que lejos del redil políticamente correcto siempre volvía luminosa con su rock relampagueante. El Centro Cultural Bancaja recoge todo ese legado en un centenar de fotografías, mediante carteles, portadas de discos, diverso material gráfico, documentales y videos de algunos de sus conciertos en una exposición explícitamente titulada ‘Sympathy for the Stones’.

Imagen de uno de los videos de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Imagen de uno de los videos de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Prefiero morir que estar cantando Satisfaction a los 45 años”

Lo dijo Jagger cuando tenía 30 años. Ahora, a punto de cumplir los 71, sigue cantando Satisfaction por mucho que prefiriera entonces su muerte si tal cosa ocurría. The Rolling Stones, de nuevo, cual ave fénix. Quizás se deba a ello que ‘Sympathy for the Stones’ sea visitada por padres de familia en compañía de sus jóvenes retoños. Lo viejo y lo nuevo. Quienes buscan en sus Satánicas Majestades el fulgor de una juventud perdida, la encuentran reflejada en la pasión con que las nuevas generaciones siguen con el pie sus canciones de ayer igual que las de hoy.

Una de las obras de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Una de las obras de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

El Centro Cultural Bancaja rememora mediante las fotografías de Michael Putland, Bob Gruen, Ebet Roberts, René Burri, Barrie Wentzell o Gus Coral la vida y obra de The Rolling Stones, ya sea en sus conciertos, fuera de ellos o mostrando su agitada actividad social, en la que aparecen junto a Tina Turner, David Bowie, John Lennon, Yoko Ono, Linda y Paul McCartney, Bruce Springsteen o Eric Clapton. También junto a Andy Warhol, autor de la provocadora portada del disco ‘Sticky Fingers’. Y siempre, o casi siempre, con Keith Richards aferrado a su botella de Jack Daniels.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones', con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’, con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“No toco sólo por dinero. Si no, no estaría con los Stones: cantaría como solista en un casino de Las Vegas y no dividiría mi dinero entre cinco”

Mick Jagger podría completar esa declaración con el título de uno de sus temas, que sirve para recibir al visitante de la exposición: ‘It’s only rock and roll (but I like it)’. Jagger no sólo toca por dinero, sino porque el rock and roll lo lleva en las venas. Venas que el Centro Cultural Bancaja ha querido recrear pintando sus paredes con diferentes colores, predominando la necesidad de dividir la exposición, frente al reto mayor de crear la atmósfera deslenguada de sus Satánicas Majestades. Un espacio demasiado pulcro, para alojar 50 años de intenso rock and roll. El ave fénix que representan los Stones merecía, además de simpatía, un recorrido más alucinado por tan longevas como renacidas vidas.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición del Centro Cultural Bancaja,

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Salva Torres

Rolling Stones, el eterno penúltimo

Rolling Stones, el eterno penúltimo

Asistir a un concierto de los ROLLING STONES a estas alturas de la vida no tiene una explicación lógica ni racional. Podría justificarse por el simple hecho, que no es poco, de que se se trata de una especie de rito, de costumbre, de ceremonia que encierra algo abstracto, por qué no decir metafísico. Entradas con precios abusivos, falta de material novedoso, repertorios que se repiten hasta la saciedad, Leiva de telonero (sí, si, el mismo que dijo que “hace muchos años tenían que haberse retirado, Mick Jagger parece una profesora de fitness”), etc. Ah bueno, y encima en un estadio de fútbol con lo poco que me gustan los macros (festivales o conciertos), donde se ponga un buen garito que se quite lo demás. Pero claro, hablamos de Sus Majestades, palabras mayores, están vivos y eso es mucho.

Y es que se podría decir que los Stones representan el hedonismo en todas sus acepciones, desde el placer más tangible y terrenal a la sensualidad más exagerada o lasciva, en cierto modo simbolizan el materialismo de la sociedad moderna aunque tampoco se puede decir que hagan ascos a los valores humanos más admirables. Se podría decir también que cabalgan como nadie lo ha conseguido a los lomos de los defectos y virtudes de una decadente especie humana. Quizás esté ahí la clave de que mantengan un status único, el que les permite llenar macroconciertos con una edad que circula alrededor de los 70 tacos cual si fuera una ideología, una religión, una doctrina, le pese a quien le pese la banda más grande de la historia del rock, sobre todo por la calidad que atesora un amplio legado, un currículum sin parangón.

rollings!!!!
El ansiado concierto del Santiago Bernabeu (digo ansiado porque las entradas se vendieron en un santiamén nada más salir a la venta) del 25 de junio del año en curso poseía un par de componentes paralelos que lo convertían en inexcusable, casi necesario para el que suscribe. A nivel general el cincuenta aniversario desde el primer álbum en 1964 de Sus Majestades, a nivel personal una promesa a la mayor de mis princesas (si vienen a celebrar el medio siglo y hay buenas notas, haremos el esfuerzo y allí estaremos, un profundo orgullo que el día de mañana pueda contar y recordar que “mi primer concierto…, yo vi a los Rolling Stones, a Sus Majestades con mi padre”). Pues eso, argumentos suficientes para que el esfuerzo se convirtiera en ánimo, y el ánimo en ilusión.

Pero dejemos de divagar que seguramente más de un lector del presente solamente le interese el setlist (aunque casi seguro que los fans más acérrimos ya habrán tenido conocimiento del mismo desde otros medios de comunicación) y, en todo caso, las sensaciones sobre el concierto. Lo dicho, comenzó el tal Leiva, tiempo que utilicé para atiborrarme de cerveza (por cierto, no me fijé si era la misma que la que anuncia en televisión) junto a mi querido y fiel Teniente Farelli mientras la family quedaba bien parapetada y a buen recaudo. Desde la barra se escucharon silbidos, también algunos aplausos y poco más, quizás sea eso de que por la boca muere el pez debido a sus declaraciones de antaño, el precio de una comercialidad exagerada, tener enchufe en “Los 40 principales” o similares, o qué se yo, que cada palo aguante su vela y, aunque su aportación a la calidad musical rocanrolera sea bastante ligera siempre podrá presumir de poder llenar el bolsillo, cosa que no está nada mal en estos tiempos que corren.

Ladies and gentleman, The Rolling Stones. Un riff reconocible por la mayoría, comienza el espectáculo, “Jumpin’ Jack Flash” y a partir de ese instante pocos dudaron que el arsenal no fuera a ser de traca con un elenco escogido que les permitió deambular por distantes momentos cronológicos de una extensa trayectoria.

De los noventa ahí estuvieron “You got me rocking”, quizás el más rollingstoniano por excelencia del “Voodoo lounge” y el “Out of control” del “Bridges to Babylon”, un tema que en directo siempre posee ese plus de himno que exalta a los asistentes. Ahora bien, para himnos que apasionan y excitan a la masa un siempre calentorro y lascivo “Start me up”, seguramente el tema más brillante y conocido de la mediocre etapa ochentera rollingstoniana.

Respecto a la laureada década setentera de Sus Majestades las habituales en sus directos para delirio de la concurrencia: “It’s only rock ‘n’ roll (but i like it)”, “Tumbling dice”, “Angie”, “Brown sugar” o una “Miss you” que me pareció la interpretación más interesante de las cinco, con ese puntillo funk-disco-rock y una condición de protagonista en la sombra por parte de Darryl Jones como bajista que me pareció fabulosa.

rollingsss

Más cosas. “Doom a gloom” vino a decir que aquí estaban Sus Majestades, vivitos y coleando, con este nuevo tema extraído como single del “GRRRR!”, el recopilatorio que acompaña de paladín a la gira del 50 aniversario dentro de lo que es una pauta habitual desde hace bastantes años. Mención especial también para el “Like a rolling stone”, ignoro cómo fue la elección del mismo pero el caso es que la versión de Dylan fue el tema escogido por el público. Sea como fuere siempre un placer acompañar al unísono un ultramegatemazo de esa categoría.

Y más. La entrada al infierno entre llamaradas fue apoteósica aunque mi preferidísima “Sympathy for the devil” no fue la que más me entusiasmó, creo que le sobró parafernalia, o mejor sería decir que le faltó algo de entrega así como un resultado musical más rompedor teniendo en cuenta la importancia y notoriedad de la misma.

Lo mejor de la velada. No tengo dudas. Los temas pertenecientes a su etapa “Let it bleed” con ese olor y sabor a taberna rhythm&blusera. Hablamos de la fundamental “Honky tonk women”, de “Midnight rumbler” (la mejor de la noche, espectacular, con un motivado Jagger a la armónica y una banda entregada a la causa con sensación de coherencia, consistencia y verdadero disfrute multitudinario), de la maravillosa “Gimme shelter” (con el vozarrón de Lisa Fischer que, aunque no sorprendió pues lleva dejando su impronta junto a los Stones desde 1995, consiguió llevarse al huerto a todo quisqui una vez más), o de un “You got the silver” con Keith Richards cogiendo la batuta, una vara que continuó alzándola en “Can’t be seen” donde parecía que no llegaba pero al final eso, llegó.

RollingsIIIII

Sus Majestades los Rolling Stones (Estadio Santiago Bernabeu, 25-6-14)El broche final de los bises con ese sobresaliente toque soul en la majestuosa “You can’t always get what you want”, emocionante desde el inicio con el acompañamiento de la Joven Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid que emularon a la perfección el glorioso corte que cierra el ya mencionado “Let it bleed”, un disco que este año cumple la friolera de 45 años. Y para finalizar, el tema más célebre de Sus Excelentísimas, “Satisfaction”, y la pirotecnia de turno. Miré a mi princesa, rostro cansado, una mueca, una breve sonrisa, es muy posible que no valore todavía lo que había visto pero algo me decía que sentía satisfacción, la misma que la de todos los rostros que había alrededor.

Sus Majestades los Rolling Stones (Estadio Santiago Bernabeu, 25-6-14)No creo que haya sido el mejor concierto de Sus Majestades que he visto, ni mucho menos. Es el turno de las críticas que se habrán cebado en lo de siempre, para todos los gustos, para todos los colores, desde las extremas que los colocarán en lo más alto de los altares como el concierto del año a aquellas que se mostrarán severas y rigurosas, que si el sonido no estuvo a la altura, que si ya no están para estos trotes, que si tal especializado los pone a caldo y luego le pone flores a otros de su quinta porque tienen más caracter de culto y menos popularidad, que si tal, que si tal, que si Pascual,… ¿Y qué coño más da? En ningún momento se arrastraron por el escenario, dejaron el pabellón alto, son los Rolling Stones, por enésima vez proclamados como Sus Majestades, las únicas que merecen devoción como tales (junto a los Reyes Magos de Oriente), están vivas, estamos vivos, podemos contarlo, eso es señal de alegría, eso es suficiente.

JJ Mestre

http://woody-jagger.blogspot.com/