Jimmy Glass se da un baño de saxos

IV Festival Internacional de Jazz Contemporáneo
Jimmy Glass Jazz Bar
C / Baja, 28. Valencia
Del 21 de octubre al 21 de noviembre

No están todos, pero sí un ramillete de los mejores. Jimmy Glass celebra su IV Festival Internacional de Jazz Contemporáneo reuniendo nada menos que a Lou Donaldson, Kenny Garrett y Mark Turner, saxofonistas de postín, encabezando un amplio reparto. Y por si fuera poco, estrena la producción propia ‘Electric Bath’, mítico disco de Don Ellis, a cargo de una formación de 13 músicos valencianos dirigida por el también saxofonista Perico Sambeat. Todo ello en 30 selectos días, los que van del 21 de octubre al 21 de noviembre.

Mark Turner, fotografiado por Paolo Soriano. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Mark Turner, fotografiado por Paolo Soriano. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Kenny Garrett acaba de pasar hace unos meses por Bilbao, Logroño, Barcelona, Santiago y Madrid, dejando estela de su briosa manera de interpretar el jazz. Que recale en Valencia (lunes 10 de noviembre), de la mano de Jimmy Glass, supone la oportunidad de sumarse a las miles de personas que han disfrutado con los temas de su último trabajo ‘Pushing the world away’, donde no sólo sigue recordando a su admirado Miles Davis, sino que se nutre de sonidos latinos por influencia de Chucho Valdés y Chick Corea.

Mark Turner es otra de las figuras estelares que actuará en el IV Festival Internacional del Jimmy Glass. Lo hará un día después de Garrett, al frente de un cuarteto que cuenta a su vez con la sobresaliente trompeta de Avishai Cohen. Y qué decir del octogenario Lou Donaldson, que a sus 88 años sigue brillando en el firmamento de los saxos internacionales. Su actuación del 3 de noviembre no tiene desperdicio, con un cuarteto formado por Randy Johnston, Akiko Tsuruga y Fukushi Tainaka.

El saxofonista Kenny Garrett. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Kenny Garrett. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Pero habrá más saxos de relumbrón. Uri Gurvich (30 de octubre) presentará ‘Babel’. Jerome Sabbagh (28) hará lo propio con su último trabajo ‘The Turn’, y Adam Waldmann (23) con ‘Everything we hold’ al frente de Kairos Quartet. Pero como no sólo de saxos vive el festival de Jimmy Glass, también habrá oportunidad de escuchar al batería Dan Weiss en trío, al contrabajo Pablo Martín Caminero, que presenta ‘Ofni’, y el ‘Canadá Day’ que encabeza el batería Harris Eisenstadt.

Ahora bien, el auténtico baño, éste ya no de saxos, sino eléctrico, se lo dará Jimmy Glass un día antes de cerrar el festival, allá por el 20 de noviembre. Si el pasado año una formación de diez músicos valencianos encabezada por el también saxofonista Perico Sambeat se atrevió con Charles Mingus y su inenarrable ‘The Black Saint and The Sinner Lady’, en esta ocasión será otra ensemble aún mayor (13 músicos) quien se sumerja en el ‘Electric Bath’ de Don Ellis, de nuevo a cargo de Sambeat.

El saxofonista Lou Donaldson. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Lou Donaldson. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Debieron pensar que, ya puestos, dada la dificultad de aquella inigualable grabación, bien merecía la pena insistir en la complejidad, atreviéndose con otra joya del jazz más singular. ‘Electric Bath’ es un disco que entonces se salió de los cauces convencionales y que ahora no deja de sonar extraño. A William Friedkin, director de cine, le encantó, hasta el punto de encargarle a Ellis la banda sonora de su famosa ‘French Connection’, a la cual siguieron otras partituras para otras películas.

De esta forma, Jimmy Glass sigue con su apuesta de rescatar “momentos especiales de la historia del jazz”, en palabras de Chevi Martínez, responsable del club valenciano, que en este caso se centra en la obra cumbre de Don Ellis, “uno de los grandes innovadores en la fusión del jazz progresivo de los 60”. El festival se completa con la sección Off, de carácter gratuito, con las actuaciones de Jerez Texas Trío, el ‘Jazzuela’ de Francisco Blanco Latino, FM Trío, Víctor Jiménez Quintet y una jam session de clausura.

El saxofonista Kenny Garrett. Cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Kenny Garrett. Cortesía de Jimmy Glass.

Salva Torres

Carlos Sebastiá, con mucho aprecio

Zài Huì. Carlos Sebastiá

Espacio 40

C / Puerto Rico, 40. Valencia

Hasta el 15 de junio

A Carlos Sebastiá le salen chispas de los ojos cada vez que pinta, y cada vez que te cuenta lo que pinta. Son chispas que vienen a iluminar el fondo sombrío del que mama su obra. Porque hay algo que atraviesa de cabo a rabo el conjunto de piezas que muestra en Espacio 40 bajo el título de Zài Huì, traducido como un hasta pronto, que luego explicaremos. Y lo que atraviesa ese conjunto es la tensión que se percibe entre la figura y el fondo, entre las chispas luminosas y el fuego del que proceden. En suma, Carlos Sebastiá busca el aprecio en su obra, partiendo de cierto desgarro existencial contra el que lucha con brío, impulsividad y mano agitada pero firme.

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Las figuras que pinta y dibuja Sebastiá son figuras como abandonadas a su triste suerte, lánguidas, cariacontecidas, con ese punto a lo Kerouac, de prosa espontánea. Y siendo esto así, o por ser esto así, hay como una reacción inmediata de querer contener ese dramatismo con enérgicos trazos y manchas de color que ansían el reposo, el contacto amable, el erotismo de la piel, el aprecio a borbotones. Es como si después de cierta tormenta interior buscara la calma. Porque habiendo desazón en su obra, o precisamente por haberla, hay al mismo tiempo una pasión por ceñir los miedos que a veces nos atenazan, bañando el cuadro de intempestivo color. Y es que, siguiendo esa instantaneidad del autor beat, también Sebastiá podría decir: “Sólo las personas amargas desprecian la vida”.

El propio Carlos Sebastiá lo cuenta: “Hablo del aprecio, del cariño”. Y salta a la vista. Para llegar a él, utiliza dos vías: la del “contacto” y la de la “comunicación”. O lo que viene a ser lo mismo: la de la memoria y lo cotidiano, y la más directamente erótica o sexual que venga a refrendar el conocimiento previamente adquirido. Por eso en su obra hay siempre figuras, más o menos veladas, “que me amarran”, y el color que tiende a superar los límites y contornos; a salirse en cierto modo de madre.

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

He ahí la importancia de las manchas, del color, que tan pronto manifiestan su carácter volcánico, incluso orgásmico, catártico para esas figuras, como velan su presencia para convertirse en amable cobijo. La desnudez corporal en la obra de Sebastiá conduce a ambos estadios: uno explosivo,  a base de un color desmedido, literalmente alucinante, y otro más sensual, erótico, tamizado por sábanas y otras veladuras. Por eso hay rostros y cuerpos que se ofrecen sin tapujos, queriendo darse a ver, para enseguida ocultarse bajo capas de pintura. Es la cadencia que va de la necesidad de aprecio, al miedo por la falta de correspondencia.

La pintura de Carlos Sebastiá revela ecos de nuestra condición actual: individuos con posibilidades comunicativas hasta hace bien poco inimaginables, que tienen serias dificultades para establecer lazos de mayor hondura afectiva. Individuos en red, finalmente enredados en la tela de araña de una comunicación cogida con hilos. La obra de Sebastiá hurga en esa incomunicación, en esas figuras abatidas, para dotarlas de un genio que el color imprime (“pinto de manera impulsiva”). De manera que “la desazón luego la arropo”, confiesa el autor. Y le interesa marcar esa transformación, ese proceso creativo, cuyo cocinado intenta que aflore en todo momento, “que se vea la frescura en los cuadros”. Que se vea el pulso entre la figura y el fondo.

Y si Zài Huì es un “hasta pronto” se debe al viaje que Carlos Sebastiá emprenderá en julio con destino a Pekín. En la capital china se pasará un año pintando, aprovechando una beca. Un viaje que también está presente en la obra de Sebastiá, por cuanto no deja de traslucir cierto trayecto: el que va de un hondo pesar a su vigorosa contención plástica, llena de color, manchas y aprecio, mucho aprecio por la vida.

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Salva Torres