Melancolía, de Valladolid a Valencia y Palma

Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro
Museo Nacional de Escultura
Palacio de Villena
C / Escaleras de San Gregorio, 1. Valladolid
Hasta el 12 de octubre de 2015

La melancolía puede ser devastadora o germen creativo. Es más, si no fuera por la creatividad a que da pie, en el mejor de los casos, la constatación de sentirnos mortales o cuando menos imperfectos, esa melancolía avanzaría letal en busca del abismo al que nos convoca. El director danés Lars von Trier se ha hecho cargo de ella en la película precisamente titulada Melancolía (2011). Y el Museo Nacional de Escultura de Valladolid hace lo propio mediante una espléndida exposición: Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro.

Vista de la entrada a la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de la entrada a la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Y es que la melancolía, que la muestra focaliza entre el tardío Renacimiento y el Barroco, se extiende a nuestros días y se retrotrae a tiempos lejanos. “Su nombre se remonta al siglo V a.c. –tratados hipocráticos- y dura hasta hoy”, se explica en el catálogo de la exposición. Un verso de Quevedo, intercalado entre las más de 60 piezas que integran el recorrido, ofrece plausible explicación de su alargada influencia: “No hay día que pase por ti que no vaya sacando tierra de tu sepultura”.

Fernando Colina, en su texto ‘Melancolía universal, melancolía particular’, apunta cómo unos la despreciaron –Cicerón y Séneca-, otros se refugiaron en ella, mientras otros la temían. Desprecio que en la propia exposición manifiesta Santa Teresa cuando dice: “No hay otro remedio para él [el aquejado de melancolía] si no es sujetarlo por todas las vías y maneras que pudieren; si no bastaren palabras, sean castigos (…) si no bastara un mes de tenerlos encarcelados, sean cuatro, que  no pueden hacer mayor bien a su alma”.

Dos de las piezas expuestas en 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Dos de las piezas expuestas en ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Quienes se refugiaron en ella fueron los monjes en la Edad Media, cuya acedía o tristeza los tentaba al recogimiento, sufriendo los embates de la melancolía particular que Hipócrates define como “el miedo o la tristeza que duran mucho tiempo”. Y quienes la temían, quién sabe si al descubrir lo que Diderot proclamara de ella (“la melancolía es el sentimiento habitual de nuestra imperfección”), tomaron dos direcciones subrayadas por Colina: “Tan melancólicos son los signos explícitos de tristeza como las reacciones de defensa contra ella, que la cubren de una máscara de actividad, contento y ligereza”.

Lo que el Museo Nacional de Escultura de Valladolid muestra, antes de que lo hagan Valencia y después Palma de Mallorca, es una serie de obras de maestros como José de Ribera, Durero, Berrugete, Velázquez, Rubens, Antonio de Pereda o Diego Bejarano, en las que se reflejan la tensión de tan penetrante bilis negra en conflicto con la pujante razón. Rostros a punto de desfallecer o buscando con la mirada esa luz exterior que les sustraiga del abatimiento; luz procedente del conocimiento, ya sea éste ilustrado o sacralizado. Naturalezas muertas, objetos quebrados, calaveras que simbolizan el fatal destino que nos aguarda.

Vista de una de las salas de la exposición 'Tiempos de melancolía'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Vista de una de las salas de la exposición ‘Tiempos de melancolía’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Tiempos de melancolía, comisariada por María Bolaños y producida por Obra Social La Caixa, recoge lo que Colina llama el “escalón en el desarrollo del sujeto” o “nacimiento de la identidad personal”. Identidad dividida entre la totalidad de la que procedemos (cuerpo materno y su proyección como naturaleza entera) y la difícil asunción de su pérdida. Miradas, pues, extasiadas por alcanzar esa totalidad fascinante, al tiempo que deprimidas fruto del desconcierto que provoca su halo fantasmal. Hay cristos desolados como hay pensadores hurgando en las entrañas de esa melancolía, ya sea para hundirse en ella o para emerger de sus tinieblas con el rostro iluminado tras experimentar y asumir el dolor de tanta pérdida.

Pinturas, esculturas, dibujos y grabados procedentes de diferentes museos e instituciones, a través de los cuales percibimos esa melancolía centrada en el Siglo de Oro pero que sin duda llega hasta nuestros días. Porque la melancolía, he ahí su pertinaz razón de ser, nos convoca a la experiencia de la mortalidad. Experiencia que atraviesa el tiempo y nos atraviesa como sujetos habitados por esa conciencia de muerte.

'Tiempos de melancolía. Desencanto en la España del Siglo de Oro'. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Detalle de la Sibila, de José de Ribera, en ‘Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro’. Cortesía del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Salva Torres

Oltra y Carmena ya son objeto artístico

Exposición colectiva
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de agosto

Mónica Oltra y Manuela Carmena, recién alcanzado el poder en Valencia y Madrid, ya se codean con grandes monarcas. Al menos en la galería Alba Cabrera, donde Javier Marisco las incluye en su serie de ilustres personajes bajo el título de M Onarchy. Ejerciendo el papel de los antiguos pintores de corte (Velázquez, Rubens o Goya), Marisco superpone imágenes para construir mediante dispositivo LED retratos poliédricos de reyes y reinas de once monarquías. Oltra y Carmena se cuelan entre ellas, como representantes del poder plebeyo.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Javier Marisco ante sus obras LED de Mónica Oltra y Manuela Carmena, en la galería Alba Cabrera. Cortesía del autor.

Se trata de “dibujos sueltos” sobre metacrilato, realizados a partir de “imágenes de revistas” como “reflejo de personajes públicos”. Con un estilo de línea de calco y en papel cuché, Marisco superpone en una misma imagen tres generaciones dinásticas que, en el caso de España, representarían la Reina Sofía, Doña Letizia y su hija Leonor. También ilustra las líneas sucesorias de Inglaterra, Holanda, Bélgica o el “presidencialismo eterno” de Corea del Norte. “Me apetecía ponerme en la situación de aquellos pintores de la corte”. De hecho, en una de las obras aparece él mismo retratado igualmente por triplicado.

Más que una crítica a la monarquía (“aunque los dibujos sean frívolos”), a Marisco le interesaba el rastro pictórico de quien realiza su trabajo por encargo del poder, en tiempos siempre difíciles para el artista que intenta avanzar por libre. La galería Alba Cabrera acoge, además de la obra de Javier Marisco, la de otros seis artistas, cuyas obras poseen un mismo trasfondo crítico, siempre supeditado a cierta visión poética de la realidad. Como son los casos de María Albero-Maestre y CoRTarcabezas (Toño FM y Raúl Lago).

Obra de María Albero.

Obra de María Albero-Maestre en la exposición colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Bajo el título de Coordenadas de ausencia, Albero-Maestre se sirve de diferentes tejidos y de hojas que encuentra por las montañas de Biar, su pueblo natal, para hablar del dolor que provoca la pérdida de seres queridos. “La gente me dice que la obra es alegre y yo no la veo así”. Los colores otoñales, siendo amables, remiten precisamente a ese ocaso estacional de la luz que poco a poco se esconde y desaparece. Materiales orgánicos que aluden a su vez al trabajo del bordado caracterizado como femenino. “Lo hacían mujeres que para nada eran frágiles”. Esa fragilidad sin duda resistente es la que Albero-Maestre muestra en Alba Cabrera como “expresión visual de lo que no alcanza a decir las palabras”. En suma: “Apelo a la emoción”.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Obra de CoRTarcabezas en la colectiva de Alba Cabrera, por cortesía de la galería.

Toño FM afirma que lo de CoRTarcabezas, nombre con el que se presentan él y Raúl Lago, “no está planteado como algo violento”. De hecho, la utilización del infinitivo conecta, según su comisaria Ania González, “con la acción viva del lenguaje, que recorta y monta para construir diversos significados”. A la manera de Josep Renau o Martha Rossler (recién expuestos en el IVAM), CoRTarcabezas utiliza la técnica del collage para criticar aspectos denigrantes de la realidad mediantes contrastes de imágenes de gran potencia visual. “Son paradojas del mundo contemporáneo”, subraya Toño.

La exposición colectiva que hasta mediados de septiembre permanecerá en Alba Cabrera la completan los trabajos de Lourdes Fisa, Jacinto Moros, Marga García Polanco y Carmen Baena. Mónica Oltra, invitada al pase de prensa, todavía tiene tiempo de contemplar el que quizás sea su primer retrato público en el marco de una singular muestra de jóvenes artistas.

Salva Torres

GOSSYPIUM, de BERENA ÁLVAREZ

Espai d’Art Fotogràfic
C/ Torn de l’Hospital, 19. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

El aire que respiramos no solamente está compuesto por oxígeno y nitrógeno, sino también por imágenes, la gran mayoría procedentes de la publicidad, las cuales nos educan, moldean y construyen según los parámetros establecidos desde el punto de vista patriarcal, heterosexual, occidental y blanco. La fotógrafa Berena Álvarez Fernández (León, 1982), consciente de ello, subvierte a lo largo de su serie fotográfica Gossypium, esta considerada verdad absoluta, motivo por el cual nos va a proponer un choque potentemente cruel y provocador que nos enfrente a la iconografía adscrita al cuerpo de las mujeres a lo largo de la historia de las imágenes.

Pero vamos por partes. El título no es casual. Gossypium es el nombre genérico utilizado para designar las plantas herbáceas y los arbustos cultivados para  producir algodón, una fibra sensible a la vez que fuerte, que forma parte de nuestra cotidianeidad, de nuestro día a día. Por otra parte, “estar entre algodones” es una expresión coloquial principalmente vinculada a las mujeres y al deber ser, la cual nos vacía de todo contenido de inteligencia, situándonos en un nimbo en el que permanecemos inmaduras y en la tierna infancia, además de incompletas.

El color del algodón es el blanco, el color de la pureza, pero también el color con el que se simboliza la virginidad, adscrita al cuerpo de las mujeres y a una membrana que no solo nos habla de su supuesto honor, sino también del de su familia. El blanco, contrapuesto al color rojo, son los colores utilizados por Berena Álvarez en su trabajo. El color rojo significa atención y también es un color adscrito al cuerpo de las mujeres, pues es el color de la sangre menstrual, el color de la sangre esparcida tras la rotura del himen y el color de la violencia. Ambos colores serán los apropiados por Berena Álvarez para escenificar en un cuerpo masculino, la manera a través de la cual, hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia.

Tomando como punto de partida el trabajo de la japonesa Ryoko Suzuki en su serie Blind del año 2001 donde su rostro y su cuerpo son atados con total dureza, Berena Álvarez también procederá a atar para sus fotografías a un modelo masculino. Para la cultura japonesa, las ataduras, también simbolizan placer para la mirada masculina, tal y como nos lo ha transmitido el polémico fotógrafo Nabuyoshi Araki, quien basándose en la técnica tradicional del Kinbaku, el considerado arte de atar con cuerdas, representa a modelos femeninas sometidas y humilladas como fetiches sexuales.

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Por otra parte, las mujeres hemos sido únicamente representadas como contenedoras de belleza para la mirada masculina y deleitarla a través de nuestros cuerpos ha sido la finalidad adscrita. Viejas, no servimos, somos rechazadas y consideradas brujas. Así lo han reflejado pintores como Tiziano, Rubens, Velázquez o Courbet a través de sus Venus de pieles nacaradas, y Goya a través de sus brujas entradas en años preparando el aquelarre. Solamente hemos entrado desnudas a los museos, porque nuestros cuerpos jóvenes han simbolizado lo estético y lo proporcionado, lo bello y también lo sublime. A lo largo de la historia del arte, los hombres han representado la inteligencia, el poder y la valentía, mientras que las canas y las arrugas eran sinónimo de experiencia y sabiduría.

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Dispuesta a deconstruir dichos significados, es un hombre el protagonista de su trabajo. Pero no un hombre cualquiera. Según los cánones de belleza patriarcal actuales, es un hombre joven, delgado, proporcionado y blanco, objetualizado por la fotógrafa con la finalidad de mostrarlo del mismo modo a como hemos sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte. Para ello, Berena Álvarez se sirve de la fibra del algodón, anteriormente mencionada y  concretamente de un cordel de color rojo, para delimitar las zonas que de su cuerpo, a la artista le interesa mostrar.

¿Acaso los cuerpos femeninos no han sido diseccionados y desmembrados a lo largo de la historia del arte? ¿Qué hizo, por ejemplo Courbet, en El origen del mundo en 1866 o Duchamp al escenificar una violación vista por una mirilla en su obra Étant donnes iniciada en 1946? Al igual que en la obra de ambos artistas, considerados genios dentro de la historia del arte, Berena Álvarez no otorga importancia al rostro del modelo, ¿pues cuando tuvo importancia la individualización de un rostro femenino en escultura o en pintura? Ya que equiparadas a una serie, nos convertimos incluso en la temida mujer, privándonos de nuestra pluralidad y diferencias, mientras los hombres han sido los considerados iguales.

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Berena Álvarez, por tanto, persigue abrir la mente y con ello ser subversiva para que los hombres se den cuenta de la realidad de la escenificación de la violencia en los cuerpos de las mujeres. Con ella, el sometimiento del modelo indica reflexión frente a la realidad que no es otra que la violencia contra las mujeres, invisibilizada y a la vez permitida y tolerada por los medios de comunicación.

Las fotografías de Berena Álvarez levantarán ampollas y diferentes opiniones, pero seguro que muchas más en comparación a las que en estos momentos nos invaden con la intención de publicitar una película vendida a través del marketing editorial como porno para las mujeres amas de casa y para mamás, y que no es otra que Cincuenta sombras de Grey de la británica E. L. James, lo cual ya nos indica que estamos ante un porno convencional donde ellas tienen que ser las dominadas, porque de lo contrario y como nos indica Beatriz Gimeno, no sería propio ni de amas de casa ni de mamás.

Si el erotismo es desterrado del modelo masculino, protagonista de las fotografías de Berena Álvarez, ¿por qué se ve erotismo en la imagen que publicita la película en los cines donde la protagonista femenina decide ser sumisa para curarle a él la perversión? ¿Por qué toleramos unas imágenes y otras no? La cultura patriarcal que nos rodea es sádica con las mujeres y acepta dicho sadismo y dichas fantasías sexuales en el cuerpo de las mujeres con el propósito de excitar. Pero el trabajo de Berena Álvarez va mucho más allá. Su modelo es sumiso como lo ha sido a lo largo de la historia del arte el cuerpo de las mujeres. Pero la diferencia radica en serlo conscientemente o no, con una finalidad claramente política y subversiva.

Por otra parte, su trabajo deconstruye la clásica división de los sujetos y redefine la necesidad política de situar la idea de diferencia a través del género y de la sexualidad. Sus fotografías son disidentes frente a la norma, además de contestatarias frente a la realidad patriarcal que nos rodea y que se reproduce constantemente, y con ellas, la fotógrafa pretende conformar un nuevo léxico a través del cual podamos cobrar conciencia de cómo han estado configurados nuestros cuerpos en base al género como concepción social impuesta.

Irene Ballester Buigues

De Rubens a Van Dyck y otras visiones

Programación 2014
Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana

Un repaso a las líneas generales de la programación del Consorcio de Museos para 2014 revela cierto aire sentimental. El grueso de las actividades previstas traza un dibujo cuyos contornos están delimitados por: conmemorativas, homenajes, exposiciones históricas, recuperación de artistas, muestras a modo de dedicatoria y retrospectivas. También hay exposiciones colectivas contemporáneas, apoyo al arte emergente y colaboraciones con otras instituciones, como las galerías de LaVAC, la Universitat de València o la Politécnica, que complementan esa mirada al pasado con una visión más actual.

Felipe Garín, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana. Fotografía: Miguel Lorenzo

Felipe Garín, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana. Fotografía: Miguel Lorenzo

Mirando hacia atrás nos topamos con una de las exposiciones estrella de la programación, según el Consorcio: De Rubens a Van Dyck. Colección Gerstenmaier. Esta muestra reúne la mayor parte de la pintura flamenca de la colección de Hans Rudolf Gerstenmaier y está previsto que pase por los museos de Castellón y Alicante, para finalizar su trayecto en el Centro del Carmen de Valencia a finales de noviembre. En esa misma línea, cabe destacar la recuperación de figuras como José Martínez-Medina, Monjalés, Arcadi Blasco, Antonio Cortina, Quico Torres, José Mingol, Antonio Marco, Ataulfo Argenta, o Javier Goerlich, junto a exposiciones dedicadas a Willy Ramos, Miguel Hernández, bocetos de imaginería valenciana (1939-1965), Llibrets de Falles o el Álbum Alcubierre de la Colección Abelló.

El homenaje a Soledad Lorenzo, cuya exposición con obras seleccionadas de los artistas de su propia colección ya está abierta al público, la dedicada a Elena Sorolla García (1895-1975) y Un segle de tebeos, igualmente homenaje a los dibujantes valencianos Rafael Boluda, Manuel Benet y Antonio Segura, se enmarca en la misma línea de recuperación del pasado. No tanto de recuperación, pero sí de mantenimiento de una exposición que llevaba camino de desaparecer, es la vuelta de Peregrinatio que se desarrolla en las ermitas de Sagunto, ahora con carácter bienal, y a cuyo frente se mantienen Tomás Ruiz y Fernando Castro.

Obra de Joan Forniés. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Obra de Joan Forniés. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

La sala La Gallera, con el certamen sonoro Off_Hz, del colectivo Audiotalaia integrado por Edu Comelles y Carlos Flores, y las exposiciones de Rebeca Plana y Agustín Serisuelo, abre la línea más contemporánea. Línea a la que se suman la muestra temática Ver visiones: Reinterpretando el presente, puesta en marcha por LaVAC y la Asociación Valenciana de Críticos de Arte, con comisariado de Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont, o Pam Pam, proyecto expositivo de la Universitat Politécnica de Valéncia y la Universitat de València, en el que artistas y gestores culturales noveles han trabajado mano a mano.

Lo mismo sucede con el proyecto 3CMCV de apoyo al arte emergente, en esta ocasión bajo el lema ‘La ventana indiscreta’, con los artistas David Trujillo, Gema del Rey y Yasmina Morán y Sergio Luna, o Arte último Alicante en la Lonja del Pescado. Las muestras de Antonio Alcaraz, en torno al patrimonio industrial, y de Joan Forniés, sobre el paisaje, junto a la instalación Prova de l’Àngel, de Javier Codesal, o la exposición Trazas, centrada en el grabado, completarían esta visión contemporánea, que el ilustrador Paco Roca viene a cerrar con su visión de Los Borgia, en forma de exposición y libro ilustrado.

Obras e instalación de Antonio Alcaraz. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Obras e instalación de Antonio Alcaraz. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Salva Torres

La Metamorfosis XXI de Ovidio

Metamorfosis XXI, de Gabriel Alonso
Sala de Exposiciones Municipal de Algemesí
C / Muntanya, 21, Algemesí. Valencia
Hasta el 6 de enero

Ambiciones desmesuradas, sed de venganza, deseos enardecidos, anhelos de eterna juventud y manipulaciones para conformar al otro a nuestra imagen y semejanza son algunas de las pasiones reflejadas en los mitos antiguos. Sus leyendas eran como mapas poblados por seres que dibujaban en ese territorio enigmático cauces reveladores de nuestra subjetividad. El poeta latino Ovidio dio buena cuenta de todo ello en sus Metamorfosis: un total de 15 volúmenes escritos al principio de nuestra era. El artista valenciano Gabriel Alonso ha buceado en su poesía para sacar a la superficie de su pintura algunos de aquellos mitos.

Narciso, obra de Gabriel Alonso para 'Metamorfosis XXI'. Imagen cortesía del autor.

Narciso, obra de Gabriel Alonso para ‘Metamorfosis XXI’. Imagen cortesía del autor.

Eco y Narciso, Mercurio y Argos, Atalanta e Hipómenes, Venus y Marte, Baco, Los Mirmidones, Deucalión y Pirra. Alonso estuvo tres años visitando el Museo del Prado y tomando apuntes de esos y otros mitos recreados principalmente por Tiziano, Rubens y Velázquez. Mitos extraídos a su vez de las Metamorfosis de Ovidio. Y entre tanto copiar (“tenemos obsesión por la originalidad, pero copiar es importante”), Gabriel Alonso ha dejado su huella personal en la Sala de Exposiciones Municipal de Algemesí, tres años después de mostrar en La Llotgeta de Valencia su primera serie de obras sobre la Metamorfosis. Se trata de la recreación de todas esas leyendas, junto a textos sacados de los libros de Ovidio, para mostrar “lo que inquietaba a los sujetos de la sociedad de entonces”.

Y Alonso tiene muy claro que las inquietudes perduran. “En el fondo son las mismas que ahora: querer ser siempre jóvenes, modelar a las personas o traspasar ciertos límites”. De ahí las metamorfosis que se van sucediendo en los cuadros mediante los sucesivos mitos. “Yo en pintura he querido mostrar ese proceso de transformación; esas imágenes híbridas”.

Los Mirmidones, obra de Gabriel Alonso en 'Metamorfosis XXI'. Imagen cortesía del autor.

Los Mirmidones, obra de Gabriel Alonso en ‘Metamorfosis XXI’. Imagen cortesía del autor.

El trabajo de Gabriel Alonso se completa con figuras de cerámica de algunos de esos personajes transformados. La proximidad entre la animación y la historieta del cómic forma parte igualmente de su obra. “Velázquez pinta los mitos de una manera terrenal, porque lo que no ha visto con sus ojos, como es por ejemplo la transformación de una ninfa en árbol, él no lo va a pintar; en cambio, ahora con la animación digital puede hacerse”. Alonso se sitúa a medio camino: captando en su pintura esas transformaciones.

Metamorfosis XXI, como ha titulado la exposición, es por tanto pintura narrativa. “Yo no concibo la pintura sin una historia detrás”, reconoce. Y aunque hay abstracción que le gusta, él no se ve por ahí, “soy más de andar por casa”. Ovidio y sus Metamorfosis fueron “la primera fuente” de esa pintura narrativa. Una fuente que Alonso no duda en calificar de la más influyente de los últimos 2.000 años. “Como libro de autor, sin duda, porque las Sagradas Escrituras son de muchos autores”.

Aunque los cuadros de Gabriel Alonso están poblados de figuras un tanto grotescas, el artista asegura haber intentado ser fiel a la letra del poeta. “Me tentó hacer parodia, pero luego pensé que debía aflorar lo más original de esa obra maestra”. No sólo eso, sino que piensa que esa tendencia actual de hacer “mitos tranquilizadores” está “abocada al fracaso”. Los suyos, por mamar de Ovidio, son mitos de verdad.

Atalanta e Hipómenes, obra de Gabriel Alonso para 'Metamorfosis XXI'. Imagen cortesía del autor.

Atalanta e Hipómenes, obra de Gabriel Alonso para ‘Metamorfosis XXI’. Imagen cortesía del autor.

LA OTRA METAMORFOSIS: KAFKA

Entre la metamorfosis de Ovidio y la de Franz Kafka median 19 siglos. Y, sin embargo, Gabriel Alonso no ve tanta distancia. “Tienen más que ver de lo que parece”. Algunas de las transformaciones que el poeta latino revela en sus mitos, guardan similitud con la de Gregorio Samsa, el protagonista de la novela de Kafka, que se ve de pronto una mañana convertido en un monstruoso insecto. “Ovidio reconstruye una civilización y pone ejemplos objetivos de ello; algunas transformaciones son castigos”. En el caso de Kafka, se trata de algo “más subjetivo”, dice Alonso. “El individuo, en esa novela, se cuestiona el entramado de la colectividad, algo que no sucede en Ovidio”.

Eco y Narciso, de Gabriel Alonso en 'Metamorfosis XXI'. Imagen cortesía del autor.

Eco y Narciso, de Gabriel Alonso en ‘Metamorfosis XXI’. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres