Cerámica obsesiva

Obsessions
Comisariada por Rosa Guillem y Amparo Iranzo
Museo Nacional de Cerámica
C / Poeta Querol, 2. Valencia
Hasta el 1 de octubre de de 2017

El Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias ‘González Martí’ acoge la exposición ‘Obsessions’, organizada por el Museo Nacional de Cerámica con la colaboración del Ayuntamiento de La Eliana, la Fundación Cursol, Espacio 40-Vinos de Chile y alCubo, col·lectiu d’escultors de L’Eliana.

Responsables de la muestra Obsessions. Imagen cortesía del Museo de Cerámica.

Responsables de la muestra Obsessions, con las comisarias a ambos lados del cartel. Imagen cortesía del Museo de Cerámica.

La presentación, realizada el martes 4 de julio, corrió a cargo del director del Museo, Jaume Coll, de las comisarias de la muestra Rosa Guillem y Amparo Iranzo, acompañadas por dos de los artistas, Pepa A. Arróniz y Vicente Gascón.

La muestra reúne una veintena de obras en cerámica de cinco de los seis artistas que integran alCubo, col·lectiu d’escultors de L’Eliana: Vicente Gascón, Lorna Benavides, Pepa Alonso Arróniz, Pepe del Campo y Nora Pastor. El título de la exposición hace alusión a las obsesiones que rondan a cada uno de los artistas y que se reflejan en sus obras de forma reiterada.

Pieza de la exposición Obsessions. Imagen cortesía del Museo de Cerámica.

Pieza de la exposición Obsessions. Imagen cortesía del Museo de Cerámica.

El punto en común entre todas las obras y el eje vertebrador de la muestra es el material cerámico usado desde ópticas y técnicas muy diversas. La muestra es en este sentido también un acto de reivindicación de la cerámica como material escultórico ya que, como han recordado las comisarias, si “la escultura es la hermana pobre de las artes, la escultura en cerámica lo es todavía más”.

Las obras se exhiben en las salas de la exposición permanente de la planta noble y segunda planta del Museo. Según apuntó Jaume Coll, no es la primera vez que se monta una exposición temporal en las salas permanentes; recordó al respecto las exposiciones ‘Moonwalker (Mayo Bucher)’ (2012).

Obra de Obsesions.

Obra de la exposición Obsessions. Imagen cortesía del Museo de Cerámica.

Carlos Sebastiá, con mucho aprecio

Zài Huì. Carlos Sebastiá

Espacio 40

C / Puerto Rico, 40. Valencia

Hasta el 15 de junio

A Carlos Sebastiá le salen chispas de los ojos cada vez que pinta, y cada vez que te cuenta lo que pinta. Son chispas que vienen a iluminar el fondo sombrío del que mama su obra. Porque hay algo que atraviesa de cabo a rabo el conjunto de piezas que muestra en Espacio 40 bajo el título de Zài Huì, traducido como un hasta pronto, que luego explicaremos. Y lo que atraviesa ese conjunto es la tensión que se percibe entre la figura y el fondo, entre las chispas luminosas y el fuego del que proceden. En suma, Carlos Sebastiá busca el aprecio en su obra, partiendo de cierto desgarro existencial contra el que lucha con brío, impulsividad y mano agitada pero firme.

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Las figuras que pinta y dibuja Sebastiá son figuras como abandonadas a su triste suerte, lánguidas, cariacontecidas, con ese punto a lo Kerouac, de prosa espontánea. Y siendo esto así, o por ser esto así, hay como una reacción inmediata de querer contener ese dramatismo con enérgicos trazos y manchas de color que ansían el reposo, el contacto amable, el erotismo de la piel, el aprecio a borbotones. Es como si después de cierta tormenta interior buscara la calma. Porque habiendo desazón en su obra, o precisamente por haberla, hay al mismo tiempo una pasión por ceñir los miedos que a veces nos atenazan, bañando el cuadro de intempestivo color. Y es que, siguiendo esa instantaneidad del autor beat, también Sebastiá podría decir: “Sólo las personas amargas desprecian la vida”.

El propio Carlos Sebastiá lo cuenta: “Hablo del aprecio, del cariño”. Y salta a la vista. Para llegar a él, utiliza dos vías: la del “contacto” y la de la “comunicación”. O lo que viene a ser lo mismo: la de la memoria y lo cotidiano, y la más directamente erótica o sexual que venga a refrendar el conocimiento previamente adquirido. Por eso en su obra hay siempre figuras, más o menos veladas, “que me amarran”, y el color que tiende a superar los límites y contornos; a salirse en cierto modo de madre.

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

He ahí la importancia de las manchas, del color, que tan pronto manifiestan su carácter volcánico, incluso orgásmico, catártico para esas figuras, como velan su presencia para convertirse en amable cobijo. La desnudez corporal en la obra de Sebastiá conduce a ambos estadios: uno explosivo,  a base de un color desmedido, literalmente alucinante, y otro más sensual, erótico, tamizado por sábanas y otras veladuras. Por eso hay rostros y cuerpos que se ofrecen sin tapujos, queriendo darse a ver, para enseguida ocultarse bajo capas de pintura. Es la cadencia que va de la necesidad de aprecio, al miedo por la falta de correspondencia.

La pintura de Carlos Sebastiá revela ecos de nuestra condición actual: individuos con posibilidades comunicativas hasta hace bien poco inimaginables, que tienen serias dificultades para establecer lazos de mayor hondura afectiva. Individuos en red, finalmente enredados en la tela de araña de una comunicación cogida con hilos. La obra de Sebastiá hurga en esa incomunicación, en esas figuras abatidas, para dotarlas de un genio que el color imprime (“pinto de manera impulsiva”). De manera que “la desazón luego la arropo”, confiesa el autor. Y le interesa marcar esa transformación, ese proceso creativo, cuyo cocinado intenta que aflore en todo momento, “que se vea la frescura en los cuadros”. Que se vea el pulso entre la figura y el fondo.

Y si Zài Huì es un “hasta pronto” se debe al viaje que Carlos Sebastiá emprenderá en julio con destino a Pekín. En la capital china se pasará un año pintando, aprovechando una beca. Un viaje que también está presente en la obra de Sebastiá, por cuanto no deja de traslucir cierto trayecto: el que va de un hondo pesar a su vigorosa contención plástica, llena de color, manchas y aprecio, mucho aprecio por la vida.

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Salva Torres