Majestuoso Michael Kiwanuka: destacados discos 2019

Artista: Michael Kiwanuka
Álbum: Kiwanuka
Año: 2019
Discográfica: Polydor

Michael Kiwanuka. Imagen de su página facebook

Lo de este británico de ascendencia ugandesa, vecino del Muswell Hill -el barrio de los Kinks-, con influencias musicales dispares que van desde Bob Dylan a Otis Redding pasando por Van Morrison, Radiohead, Bill Withers, Marvin Gaye…, es ya digno de tener muy en cuenta. Tenía todos los focos puestos en su tercer álbum y ha superado este examen con creces, obteniendo la mejor nota posible y convirtiéndolo en uno de los trabajos discográficos internacionales más interesantes del 2019.

Michael Kiwanuka. Imagen promocional con su último disco

Atrás quedan ya los tiempos en que Michael Kiwanuka sorprendió con el folk-soul de «Home again» (2012) o con el bombazo internacional de «Love & hate» (2016) donde certificó la posibilidad de convertirse en un artista de élite y de largo recorrido, compaginando calidad con popularidad gracias a canciones como «Cold little heart», adaptada para la banda sonora de la serie televisiva «Big little kiss», y «Black man in a white world», reconvertida en himno de lucha para la población negra estadounidense.

Portada imagen disco Kiwanuka

Ahora, con una especie de lienzo de un supuesto rey africano en la portada y un contenido asombroso nos desborda emocionalmente y nos induce a pensar de que por fin estamos ante el verdadero monarca de neo-soul.

En «You ain’t the problem», otro indudable hit en su repertorio gracias al cadencioso ritmo de funk, de rythm&blues sixtie y de ese contagioso estribillo de «la la la la la», nos habla del amor que ciega, de malos entendidos en las relaciones sentimentales y de que el tiempo cura el dolor.

Imagen de Michael Kiwanuka en videoclip «You ain’t the problem»

Incide en esa línea de forma más académica con la sensación rítmica de «Rolling», entre aires lisérgicos del R&B sixtie británico que desembocan en una tremenda melodía de tintes gospelianos como es «I’ve been dazed», donde queda bien claro que al final el amor es la respuesta.

Diversos pasajes breves de sofisticada instrumentación dotan en mayor medida a «Kiwanuka» de cierta conceptualidad, sirviendo de introducción a una solemne y sobrecogedora balada como «Piano joint (this kind of love)» con el amor otra vez de bandera contra la presión y contra los enemigos, en «Living in denial» o en ese soberbio e inquietante lamento que es «Solid ground».

Imagen Michael Kiwanuka página facebook

Pero aún queda más. «Hero» es sublime con su guitarra tan Hendrix, además de que apunta a convertirse en otro himno sobre los derechos raciales. Y por último, «Hard to say goodbye», «Final days» y «Light» son las grandes camufladas, auténticas gemas entre arreglos y coros celestiales que sirven para acrecentar la grandeza de este discazo.

Cartel de la gira española 2020 de Michael Kiwanuka

«Kiwanuka» será presentado en España dentro de su gira promocional mundial. Tres fechas del 2020 como son el 12 de mayo en Zaragoza (Sala Oasis), el 14 de mayo en Madrid (La Riviera) y el 15 de mayo en Barcelona (Razzmatazz). Tres oportunidades extraordinarias para disfrutar de este genio en directo. Ahora es el gran momento de verle.

Juanjo Mestre

Rolling Stones, el eterno penúltimo

Rolling Stones, el eterno penúltimo

Asistir a un concierto de los ROLLING STONES a estas alturas de la vida no tiene una explicación lógica ni racional. Podría justificarse por el simple hecho, que no es poco, de que se se trata de una especie de rito, de costumbre, de ceremonia que encierra algo abstracto, por qué no decir metafísico. Entradas con precios abusivos, falta de material novedoso, repertorios que se repiten hasta la saciedad, Leiva de telonero (sí, si, el mismo que dijo que «hace muchos años tenían que haberse retirado, Mick Jagger parece una profesora de fitness»), etc. Ah bueno, y encima en un estadio de fútbol con lo poco que me gustan los macros (festivales o conciertos), donde se ponga un buen garito que se quite lo demás. Pero claro, hablamos de Sus Majestades, palabras mayores, están vivos y eso es mucho.

Y es que se podría decir que los Stones representan el hedonismo en todas sus acepciones, desde el placer más tangible y terrenal a la sensualidad más exagerada o lasciva, en cierto modo simbolizan el materialismo de la sociedad moderna aunque tampoco se puede decir que hagan ascos a los valores humanos más admirables. Se podría decir también que cabalgan como nadie lo ha conseguido a los lomos de los defectos y virtudes de una decadente especie humana. Quizás esté ahí la clave de que mantengan un status único, el que les permite llenar macroconciertos con una edad que circula alrededor de los 70 tacos cual si fuera una ideología, una religión, una doctrina, le pese a quien le pese la banda más grande de la historia del rock, sobre todo por la calidad que atesora un amplio legado, un currículum sin parangón.

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El ansiado concierto del Santiago Bernabeu (digo ansiado porque las entradas se vendieron en un santiamén nada más salir a la venta) del 25 de junio del año en curso poseía un par de componentes paralelos que lo convertían en inexcusable, casi necesario para el que suscribe. A nivel general el cincuenta aniversario desde el primer álbum en 1964 de Sus Majestades, a nivel personal una promesa a la mayor de mis princesas (si vienen a celebrar el medio siglo y hay buenas notas, haremos el esfuerzo y allí estaremos, un profundo orgullo que el día de mañana pueda contar y recordar que «mi primer concierto…, yo vi a los Rolling Stones, a Sus Majestades con mi padre»). Pues eso, argumentos suficientes para que el esfuerzo se convirtiera en ánimo, y el ánimo en ilusión.

Pero dejemos de divagar que seguramente más de un lector del presente solamente le interese el setlist (aunque casi seguro que los fans más acérrimos ya habrán tenido conocimiento del mismo desde otros medios de comunicación) y, en todo caso, las sensaciones sobre el concierto. Lo dicho, comenzó el tal Leiva, tiempo que utilicé para atiborrarme de cerveza (por cierto, no me fijé si era la misma que la que anuncia en televisión) junto a mi querido y fiel Teniente Farelli mientras la family quedaba bien parapetada y a buen recaudo. Desde la barra se escucharon silbidos, también algunos aplausos y poco más, quizás sea eso de que por la boca muere el pez debido a sus declaraciones de antaño, el precio de una comercialidad exagerada, tener enchufe en «Los 40 principales» o similares, o qué se yo, que cada palo aguante su vela y, aunque su aportación a la calidad musical rocanrolera sea bastante ligera siempre podrá presumir de poder llenar el bolsillo, cosa que no está nada mal en estos tiempos que corren.

Ladies and gentleman, The Rolling Stones. Un riff reconocible por la mayoría, comienza el espectáculo, «Jumpin’ Jack Flash» y a partir de ese instante pocos dudaron que el arsenal no fuera a ser de traca con un elenco escogido que les permitió deambular por distantes momentos cronológicos de una extensa trayectoria.

De los noventa ahí estuvieron «You got me rocking», quizás el más rollingstoniano por excelencia del «Voodoo lounge» y el «Out of control» del «Bridges to Babylon», un tema que en directo siempre posee ese plus de himno que exalta a los asistentes. Ahora bien, para himnos que apasionan y excitan a la masa un siempre calentorro y lascivo «Start me up», seguramente el tema más brillante y conocido de la mediocre etapa ochentera rollingstoniana.

Respecto a la laureada década setentera de Sus Majestades las habituales en sus directos para delirio de la concurrencia: «It’s only rock ‘n’ roll (but i like it)», «Tumbling dice», «Angie», «Brown sugar» o una «Miss you» que me pareció la interpretación más interesante de las cinco, con ese puntillo funk-disco-rock y una condición de protagonista en la sombra por parte de Darryl Jones como bajista que me pareció fabulosa.

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Más cosas. «Doom a gloom» vino a decir que aquí estaban Sus Majestades, vivitos y coleando, con este nuevo tema extraído como single del «GRRRR!», el recopilatorio que acompaña de paladín a la gira del 50 aniversario dentro de lo que es una pauta habitual desde hace bastantes años. Mención especial también para el «Like a rolling stone», ignoro cómo fue la elección del mismo pero el caso es que la versión de Dylan fue el tema escogido por el público. Sea como fuere siempre un placer acompañar al unísono un ultramegatemazo de esa categoría.

Y más. La entrada al infierno entre llamaradas fue apoteósica aunque mi preferidísima «Sympathy for the devil» no fue la que más me entusiasmó, creo que le sobró parafernalia, o mejor sería decir que le faltó algo de entrega así como un resultado musical más rompedor teniendo en cuenta la importancia y notoriedad de la misma.

Lo mejor de la velada. No tengo dudas. Los temas pertenecientes a su etapa «Let it bleed» con ese olor y sabor a taberna rhythm&blusera. Hablamos de la fundamental «Honky tonk women», de «Midnight rumbler» (la mejor de la noche, espectacular, con un motivado Jagger a la armónica y una banda entregada a la causa con sensación de coherencia, consistencia y verdadero disfrute multitudinario), de la maravillosa «Gimme shelter» (con el vozarrón de Lisa Fischer que, aunque no sorprendió pues lleva dejando su impronta junto a los Stones desde 1995, consiguió llevarse al huerto a todo quisqui una vez más), o de un «You got the silver» con Keith Richards cogiendo la batuta, una vara que continuó alzándola en «Can’t be seen» donde parecía que no llegaba pero al final eso, llegó.

RollingsIIIII

Sus Majestades los Rolling Stones (Estadio Santiago Bernabeu, 25-6-14)El broche final de los bises con ese sobresaliente toque soul en la majestuosa «You can’t always get what you want», emocionante desde el inicio con el acompañamiento de la Joven Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid que emularon a la perfección el glorioso corte que cierra el ya mencionado «Let it bleed», un disco que este año cumple la friolera de 45 años. Y para finalizar, el tema más célebre de Sus Excelentísimas, «Satisfaction», y la pirotecnia de turno. Miré a mi princesa, rostro cansado, una mueca, una breve sonrisa, es muy posible que no valore todavía lo que había visto pero algo me decía que sentía satisfacción, la misma que la de todos los rostros que había alrededor.

Sus Majestades los Rolling Stones (Estadio Santiago Bernabeu, 25-6-14)No creo que haya sido el mejor concierto de Sus Majestades que he visto, ni mucho menos. Es el turno de las críticas que se habrán cebado en lo de siempre, para todos los gustos, para todos los colores, desde las extremas que los colocarán en lo más alto de los altares como el concierto del año a aquellas que se mostrarán severas y rigurosas, que si el sonido no estuvo a la altura, que si ya no están para estos trotes, que si tal especializado los pone a caldo y luego le pone flores a otros de su quinta porque tienen más caracter de culto y menos popularidad, que si tal, que si tal, que si Pascual,… ¿Y qué coño más da? En ningún momento se arrastraron por el escenario, dejaron el pabellón alto, son los Rolling Stones, por enésima vez proclamados como Sus Majestades, las únicas que merecen devoción como tales (junto a los Reyes Magos de Oriente), están vivas, estamos vivos, podemos contarlo, eso es señal de alegría, eso es suficiente.

JJ Mestre

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