Michel Koven, mitos y fotomitos

Mitos y fotomitos, de Michel Koven
Galería Rambla de l’Art
Rambla Jaume I, 35. Cambrils (Tarragona)
Hasta el 16 de mayo

“Alejado de lo tópico y de la estética de lo bello por lo bello, su universo está poblado de seres mitológicos, fantásticos, extraños…seres que duermen agazapados en la más profunda oscuridad esperando una mano piadosa que los devuelva a la vida. Lo que le interesa de la mitología clásica no es tanto la bella leyenda que la envuelve como su capacidad de evocación, de penetrar con la imaginación en territorios a los que la razón no llega” (El universo onírico de Michel Koven).

Obra de Michel Koven en 'Mitos y fotomitos'. Imagen cortesía de Galería Rambla de l'Art.

Obra de Michel Koven en ‘Mitos y fotomitos’. Imagen cortesía de Galería Rambla de l’Art.

Bajo el título de “Mitos y fotomitos” el artista nos transporta con esta exposición a un viaje literario a través de los sentidos, en el que la palabra del poeta, desde Hesíodo a Lorca, cobra forma, color y vida. Un viaje misterioso y apasionante en el que literatura y pintura se funden y donde luchas, pasiones, locuras y ritos resuenan como un eco desde el fondo de los tiempos. Porque la riqueza del mito estriba en que si explicaron el mundo hace 3000 años, nueva sabia los ha ido nutriendo, metamorfoseando y enriqueciendo a lo largo de los siglos para que sigan respondiendo a las preguntas que cada época les formula. Como bien dice Roberto Calasso: “Las figuras del mito viven muchas vidas y muchas muertes, a diferencia de los personajes de la novela, vinculados en cada ocasión a un único gesto. Pero en cada una de estas vidas y de estas muertes están presentes todas las demás, y resuenan”

Nacido en Nueva York en 1954, Michel Koven vivió en Londres donde estudió arquitectura y trabajó en el mundo de la publicidad y el diseño. Desde principios de los 90 reside en Valencia. Su pasión por la fotografía empezó durante la adolescencia y la cámara fotográfica ha sido siempre su más fiel compañera de viaje. Muy pronto empezó a combinar el trabajo fotográfico con la pintura. Tras una etapa en la que la acuarela se convirtió en su medio de expresión, su pintura evolucionó hacia una técnica mixta en la combina sus dos pasiones: fotografía y pintura.

Los Fotomitos -nombre acuñado por el propio artista para etiquetar su obra más reciente- son fotomontajes que beben libremente de las fuentes de la mitología clásica y que recrean el rico universo de marcado carácter onírico que domina en sus composiciones.

Tanto en su faceta de fotógrafo como de pintor, Michel Koven ha expuesto en salas de España, Francia e Inglaterra. Su obra más reciente -producto del trabajo de los últimos siete años- se presentó por vez primera al público en la Piers Feetham Gallery en Londres en septiembre de 2011. Sus últimas exposiciones han tenido lugar en Valencia, en el Café Berlín (septiembre de 2012) y la Sala de Exposiciones de La Rambleta en octubre de 2013.

Baño de Artemis, de Michel Koven en 'Mitos y fotomitos'. Imagen cortesía de Galería Rambla de l'Art de Cambrils.

Baño de Artemis, de Michel Koven en ‘Mitos y fotomitos’. Imagen cortesía de Galería Rambla de l’Art de Cambrils.

Jugo de Tomatina

Días de rojo, de Pablo Argente
Libro autoeditado
Ilustraciones de Pablo Argente

Todos los últimos miércoles de agosto las calles de Buñol son escenario de una batalla campal a tomatazo limpio. Una batalla ‘sangrienta’ pero incruenta teñida de carmesí y bermellón y los demás tonos del rojo que, en forma de jugo, pulpa y carne se incrusta a pegotes en la piel de una multitud enardecida y medio desnuda. La Tomatina es una fiesta relativamente reciente, nació a mediados del pasado siglo, pero que goza de gran proyección internacional y compite con celebraciones míticas como los Sanfermines o las Fallas. ¿A qué se debe este éxito internacional que obligó al Ayuntamiento de Buñol a imponer un límite y un precio de entrada para garantizar la seguridad de los numerosos participantes? ¿Cuáles son los orígenes de la Tomatina y su evolución histórica? ¿Se trata de un derroche inaceptable en esta época de crisis o de una terapia de grupo ideal para dispersar la indignación generalizada y la mala leche?

A estas preguntas y otras más responde el fotógrafo valenciano Pablo Argente en Días de rojo, un libro ilustrado con sus propias fotografías y muy ilustrativo que analiza la Tomatina desde un enfoque antropológico e histórico. Autoeditado por Argente, con textos en castellano e inglés y el apoyo del Ayuntamiento de Buñol, que ha adquirido varios ejemplares, el libro se vende a 15 euros en Railowsky, París-Valencia, el MuVIM, la Beneficencia y otras librerías.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

Portada del libro Días de rojo, de Pablo Argente.

El enorme poder de convocatoria de la Tomatina, que atrae a ciudadanos de todo el mundo, se debe en gran parte a que responde a un patrón universal. Al modelo de celebración originaria como pretexto para transgredir por un tiempo el orden establecido y dar rienda suelta a los impulsos, habitualmente constreñidos por el corsé de la sociedad, reflexiona Argente. Esta función terapéutica, liberadora, entronca con las celebraciones paganas como las fiestas dionisiacas, las saturnales y otros muchos rituales enraizados en el Mediterráneo, ligados a la religión o a los ciclos de la naturaleza.
Un hecho curioso es que la Tomatina carece en origen de estos vínculos. Surgió de forma espontánea, en agosto de 1945, cuando una disputa intrascendente entre jóvenes festeros desató la primera batalla a base de intercambio de tomatazos. La experiencia resultó tan placentera que los protagonistas quisieron repetirla el año siguiente, pero fueron reprimidos por las autoridades que, en 1957, prohibieron la manifestación popular incluso con penas de prisión. En 1959, se logró por fin la venia del poder y con ello cierta domesticación de la eclosión festiva. En 1972, se organizó por primera vez la distribución de la hortícola munición en camiones y, en 1983, la Tomatina dio el salto a través de la televisión. Las impactantes imágenes en rojo les valió a los buñoleros el título de Interés Turístico Nacional, en 2002, y a partir de esa fecha la magnitud del evento creció de tal forma que se ha impuesto el número clausus por razones de seguridad en esta época de masificación. Pagar una entrada, aunque sea económica, chirría con el concepto de fiesta popular, pero en cierta manera es el precio del éxito. El uso de un espacio público pero limitado y el bien de todos justifica la adopción de tal medida.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

La Tomatina no es la única fiesta que utiliza algún producto comestible como vehículo de interacción, recuerda Argente. En la Pobla del Duc de Valencia se celebra una batalla con uvas de baja calidad y en la localidad alicantina de Ibi, los enfarinats, una pelea a base de harina y huevos. Los habitantes de Ivrea, un municipio italiano, son más bravos y usan naranjas como munición. En India o Nepal se celebra en la primavera el Holi, una fiesta callejera y multitudinaria en la que la gente se lanza unos a otros polvos de colores y agua.
Gamberra y guarra: sin duda. Pero teniendo en cuenta que en España muchas fiestas se basan en el maltrato, tortura y muerte de animales que en ocasiones reportan también la muerte de humanos, la Tomatina bien merece la indulgencia si no la aprobación de todos. ¡Y que viva el tomate!
Pablo Argente (1977) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, estudió fotografía en la escuela EFTI y Postgrado en Fotoperiodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en el estudio Cresphoto, Vila Ediciones, Diario Valencia Hui y ha realizado colaboraciones para 20 Minutos o la Agencia France Press.
Como freelance ha desarrollado diferentes reportajes gráficos en el ámbito de la antropología social: hinduismo, kumbh Mela, bous al carrer, grandes premios de motociclismo, etcétera. Nació y creció en Valencia, pero siente una gran conexión con Buñol, donde pasó gran parte de su infancia y adolescencia y residen muchos de sus amigos y familiares.
Días de rojo, fruto del orgullo y pasión que el autor siente hacia su pueblo y hacia la Tomatina, le llevó durante varios años a dedicar parte de su trabajo como fotoperiodista a inmortalizar y tratar de comprender esta fiesta. A través de su obra intenta transmitir la catarsis que viven las calles de Buñol cada último miércoles de agosto.

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Imagen de la fiesta de la Tomatina en Buñol, Valencia. Fotografía: Pablo Argente

Bel Carrasco