Beatles y Ron Howard, los años de histeria

Título original: The Beatles: Eight Days a Week – The Touring Years
Año: 2016
Director: Ron Howard
Protagonistas: Paul McCartney, John Lennon, Ringo Starr y George Harrison

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La canción “Eight days a week” fue compuesta por John Lennon con Paul McCartney y se incluyó en el álbum “Beatles for sale” de 1964. En febrero de 1965 alcanzó como single el número 1 en Estados Unidos junto a su cara b “I don’t want to spoil the party”. Ahora esa canción es el título de un reportaje que consigue, si cabe un poco más, hacer más grande el mito.

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Entre el pasado 15 y el próximo 22 de Septiembre va a estar en la cartelera de cine española. Ni ocho días va a durar, al menos podían haber tenido ese detalle. Y sí, la hemos catado y lo podemos confirmar, no aporta mucho más de lo que se sabía acerca de un tema tan explotado como es THE BEATLES pero resulta una delicia que alguien realice un trabajo detallista y minucioso que nos pueda servir para refrescar la memoria, para regenerar esas neuronas que puedan andar alejadas de la cultura pop y, en su caso, para introducir la beatlemanía como cultura de masas sobre aquellos que nunca han comulgado, con alusión expresa a las nuevas generaciones que, entre tanta morralla y desperdicios musicales de reggaeton o similares que imperan en el ambiente, ignoran cuántos beneficios ha aportado a la Humanidad el grupo más famoso de la historia del rock. A título personal un orgullo haber puesto una semilla más al visionarla junto a una de mis hijas con la que, a pesar de la preadolescencia, pude comprobar que disfrutó de lo lindo.

Chapeau por tanto para el oscarizado director Ron Howard y sus estrechos colaboradores en “Eight days a week – The Touring Years” que, a modo de documental, relata las andanzas de los Fab Four entre el 62 y el 66, con mención especial para sus conciertos en directo y un breve repaso discográfico hasta el “Sgt.Peppers”.

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Cierto es que por tratarse del período más lozano de los de Liverpool parece como si casi todo fuese perfecto, todavía no habían comenzado problemas ni disputas, todos parecían ir a una como en Fuenteovejuna en un ambiente de camaradería incluso hasta en la recta final del film donde comienzan a estar desbordados por el acoso de los medios y de algunos sectores sociales de diversos países donde tenían que realizar conciertos.

Me quedo principalmente con los testimonios de actrices de cine como Whoopi Godberg o Sigourney Weaver y lo que para ellas supusieron los Beatles, también con un crack musical como Elvis Costello, muy interesante lo que dice sobre la publicación de “Revolver”, de sentirse traicionado a totalmente abducido por el álbum en unas semanas. Pero por encima de todo considero para destacar el detalle de lo que significó la cohesión de la banda en un tema espinoso de aquella época como era la segregación racial. Quizás muchos no lo habíamos valorado en su justa medida hasta ahora pero aquel concierto en Jacksonville (Florida) fue una ayuda y un punto de inflexión para cambiar sociedades xenófobas e intolerantes como la americana. Me encantó, por ejemplo, escuchar las reveladoras declaraciones de la profesora e historiadora Kitty Oliver.

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Eso sí, por supuesto para un melómano y amante del pop-rock como el que suscribe lo más interesante de la cinta es la segunda parte con treinta minutos de actuación en el Shea Stadium de Nueva York durante el 15 de agosto de 1965, un documento inédito con imágenes exclusivas de Apple y una labor tremenda de restauración y remasterización para que las canciones no quedasen con poca intensidad por debajo de las enloquecidas fans y donde además se puede comprobar que a pesar de la locura reinante los cuatro miembros mantenían el sentido del ritmo y de la melodía.

Pues eso, no entraremos a polemizar con la frase de Lennon de que son más famosos que Jesucristo pero lo cierto es que la leyenda de los Beatles continúa y poquitos, quizás contados con los dedos de una mano, les podrían disputar el cetro y la corona de la popularidad. Larga vida a los fabulosos.

* Texto adaptado para Makma del artículo publicado en enlace del Espacio Woody/Jagger.

Juanjo Mestre

“No todos los festivales de música son rentables”

Así funciona el negocio de la música
Vicente Mañó y Javier Bori
Círculo Rojo

Internet ha transformado profundamente todos los ámbitos de la cultura, especialmente la música. Las descargas ilegales han hundido la industria discográfica y han abierto nuevos canales de comunicación entre creadores y consumidores. El fenómeno más característico de la última década es la proliferación de festivales y conciertos. La música envasada ha muerto. ¡Viva la música en directo! Según datos de la Asociación de Promotores Musicales y de la Sgae, la temporada pasada se facturaron en este sector más de 194 millones de euros frente a los 173 de 2014 y los 158 de 2013. Estas cifras demuestran que el modelo no sólo no ha pinchado sino que se expande.

En la Comunidad Valenciana se celebran una veintena de festivales, dos de los más importantes, el FIB y Arenal Sound, en Castellón. El Low Festival de Benidorm, Rototom Susplash son otras citas imprescindibles. Una forma de ocio juvenil que repercute positivamente en la economía de las localidades donde se citan miles de personas ansiosas de algo más que música.

¿Cuáles son los entresijos de estos eventos? ¿Cómo funciona la trastienda de un concierto o festival? Con más de 30 años de brillante trayectoria profesional Vicente Mañó es uno de los valencianos que más sabe del tema. Al alimón con el músico Javier Bori ha volcado su experiencia en un libro, Así funciona el negocio de la música (Círculo Rojo) que es un práctico manual para todos aquellos que deseen iniciarse en el tema. Con un prólogo de Miguel Ríos, el libro hace un completo recorrido por todos los ingredientes de la fórmula musical. El artista, compañías discográficas, promoción comunicación, los festivales y cómo se monta un gran concierto, la faceta de su trabajo que más fascina a Mañó, hermano de Nacho, uno de los integrantes de Presuntos Implicados.

Vicente Mañó con su libro 'Así funciona el negocio de la música'. Imagen cortesía del autor.

Vicente Mañó con su libro ‘Así funciona el negocio de la música’. Imagen cortesía del autor.

¿Cuáles fueron el primero y último concierto que ha organizado?

El primero ni lo recuerdo, han sido cientos, el último de gran impacto, el de Alejandro Sanz en la plaza de toros de Valencia el pasado 11 de Julio. El de más éxito sin duda fue el de Sanz en el Estadio del Levante con un sold out de 30.000 personas.

¿Cree que su vínculo con Presuntos le hace más sensible para captar talentos?

No sé si me hace más o menos sensible, es difícil de valorar. Efecto Mariposa, los propios Presuntos Implicados y Revolver, han sido los artistas con los empecé desde cero.

¿Qué es más difícil: triunfar o mantenerse en el hit de éxitos?

Triunfar, sin duda alguna. Los artistas consagrados dicen que lo difícil es mantenerse, pero lo que ocurre es que, al que no triunfa, nadie le pregunta.

¿La proliferación de festivales y conciertos no acabará matando a la gallina de los huevos de oro?

De momento la gente asiste y disfruta con los conciertos. Lo que sí creo es que el mercado de festivales se regularizará. Hay una especie de burbuja que estallará, o ya está estallando, porque hay tantos que es imposible que todos sean rentables. Acabaremos teniendo los que podamos tener.

La música es hoy prácticamente gratis. Sin embargo, las actuaciones musicales no dejan de crecer. ¿De qué naturaleza cree que es esa  magia que atrae a las multitudes?

Porque no es solo música lo que se ofrece. Los festivales son una especie de acampada de varios días, donde la gente, además de música, disfruta de otras actividades. Durante unos días desconecta y se generan otras sinergias.

¿Cómo se reparten los beneficios de una actuación musical?

Cuando se abona una entrada, el 21% corresponde al IVA. De la cantidad que resta hay que descontar un 9% que se lleva la Sgae. Por tanto, de cada entrada que compramos, el promotor del evento tiene que hacer frente al riesgo con un 30% aproximadamente de lo que paga el comprador.

Usted ha organizado varias veces los Conciertos de Viveros. ¿Qué opina de los de la última Fira de Juliol?

Las veinte actuaciones programadas este fueron excesivas y escasamente rentables. Demasiados conciertos, muchos de ellos enfocados a un público de parecido perfil, lo que implica que éste debe elegir ya que económicamente no da para todo.

Tele y radio. ¿Qué ayuda más a los músicos a darse a conocer?

Ambas son el complemento perfecto. En la televisión, lamentablemente, escasean los programas musicales en horas de máxima audiencia, y por ello la radio ayuda más. Pero si se emitieran programas musicales  en esas horas, la tele impacta más  que la radio. Siempre es la reina.

Imagen y redes sociales importan tanto o más que la calidad de la música. ¿Cómo se deben gestionar estos aspectos?

Las redes son un complemento perfecto en una actividad promocional. Es muy importante que el artista maneje personalmente sus redes sociales, o en su defecto delegue en alguien de su máxima confianza para realizar esta labor. Pero no olvidemos que el mundo virtual es consecuencia de la vida real por lo que han de convivir ambos.

Vicente Mañó.

Vicente Mañó. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Salt de pàgina, libros de artista en la colección UPV

Salt de pàgina. Libros de artista en la colección UPV.
Sala de Exposiciones UPV. Edificio del Rectorado (3A)
Camino de Vera s/n
Valencia
Hasta el 5 de abril.

Acotar de forma estándar el concepto “Libro de artista”, es como correr el riesgo de poner cercos que demarquen milimétricamente a océanos y mares. Cuantos más movimientos artísticos se investigan, más dudas surgen a la hora de poner la primera empalizada, y aunque hay pocos rincones del siglo XX en que no fluya la relación, entre el artista, y el libro, la referencia de un linde imaginario para definirlo parece poco seria, teniendo en cuenta, que el ideal que empuja a la creación de libro de artista depende de los valores que mueven a dichos movimientos artísticos, contemplando a las primeras vanguardias, y demarcando a futuristas, dadaístas, constructivistas o surrealistas. A lo dicho, sumaría el agravante general de tratar por igual a la figura del editor industrial, -cuyo fin prioritario es lucrarse- con el editor creativo, cuya voluntad es hacer y dejar un legado en sus libros, comunicar sus inquietudes, generar debate, compartir proyectos de edición con otros artistas, y sobrevivir casi heroicamente en una sociedad que no valora ni tiene legislación adecuada en cultura y educación para aprovechar el talento que surge de ella. En estos paisajes, un ejemplo de virtud sazonado con buena dosis de vocación y conocimiento técnico, lo representa, Marta Pina (Murcia, 1981), fundadora de la editorial Pusilánime. Afincada en Valencia desde su etapa de formación en la Facultad de BBAA San Carlos. Pina, a la hora de concebir un ejemplar, invita a un artista para que realice su propuesta con total libertad de contenido y técnica dentro de unos parámetros de formato más o menos reducidos.

Salt de pàgina. Imagen parcial Sansón Carrasco.

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Sala del Rectorado. Imagen Sansón Carrasco.

El proyecto Pusilánime, es bien conocido por el comisario de la muestra, Antonio Alcaraz, que también fue profesor de Pina en la citada Facultad de BBAA San Carlos, y es que Salt de pàgina, llibres d’Artista en la Col.lecció de la Universitat Politècnica de València, arranca de un paisaje imaginario cuyo origen se remonta a los libros de los años 60 y llega hasta nuestros días. Con ello, la exposición ofrece la posibilidad de ver algunas propuestas extraordinariamente singulares, como es el caso de Chess Case, un conjunto de piezas editadas por la Galería Ronny Van de Velde (Berchem, Amberes, Bélgica, 1991), con motivo de la exposición de Marcel Duchamp en la citada galería. Dicho conjunto de piezas, representa una recreación de los museos portátiles de Duchamp que adoptan la forma de su conocida caja de ajedrez, con reproducciones de textos de André Bretón y otros objetos, entre los que se encuentran también una cinta de audio, fotografías, y cartas de Duchamp. Curiosamente, Chess Case, procede de la colección de Coen Merhoff, (Eindhoven), y fue sugerida para la colección UPV y proveída en 2010 por quién suscribe, hasta donde llegó en el asiento delantero de mi propio automovil.

Chess Case(Ronny Van de velde) by Marcel Duchamp. Imagen Sansón Carrasco.

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Sala del Rectorado. Chess Case(Ronny Van de velde) de Marcel Duchamp. Imagen Sansón Carrasco.

¿De qué se trata? ¿Es un catálogo, una publicación, una edición de lujo con tirada numerada y limitada, un libro objeto, libro creativo, una pieza para coleccionistas, o un libro de editor?

¿Dónde están los lindes para considerar qué es un libro de artista o no?

Guy Schraenen, se refiere así, en un proemio de la exposición D´une oeuvre à l´autre:19.  “Un libro de artista es un libro. Está hecho por un artista o es una publicación de un grupo de artistas. El artista es el responsable del contenido y del continente. El libro de artista no es un catálogo o un libro acerca del arte. No es una reproducción pero sí un trabajo original. Tiene que ser algo nuevo”.

Esther Riva Castleman, en su Century of Artists Books (New York: The Museum of Modern Art, 1994),  “…Los libros de artista son la obra del artista cuyo imaginario, más que estar sometido al texto, lo supera por traducirlo en un lenguaje que tiene más significados que las propias palabras puedan expresar solas”

Para Anne Moeglin-Delcroix, en su Esthétique du livre d´artiste 1960-1980 (Paris: Jean Michel Place/Bibliothèque National de France, 1997). “…El libro es, tanto históricamente como por su propia naturaleza, un medio concebido para dispensar prioridad al mensaje. Esa es una de las  razones fundamentales que avalan su aparición en el mundo del arte en la década de los 60: El rechazo al formalismo artístico (en aquel momento dominante en la práctica creativa y crítica) a favor de un arte cuyo fin era significar (para modificar hábitos de pensamiento) o intervenir en el mundo y en la vida real (para transformarlo). En resumen, el libro, por su verdadera naturaleza, me parece ser el medio idealista (visible) por excelencia. El soporte material no tiene que ser tenido en cuenta, excepto en la medida en que contribuye al contenido”

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Imagen Sansón Carrasco.

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Imagen Sansón Carrasco.

Para José Emilio Antón, El libro de artista es una obra de arte, concebida y realizada por un artista visual en su totalidad, una forma de expresión plástica surgida en la segunda mitad del siglo XX, más concretamente en 1963, cuando Edward Ruscha, realiza la primera edición de Twenty-six Gasoline Stations, y en 1966 Every building on the Sunset Strip. Ver https://www.makma.net/jose-emilio-anton/

En realidad, la referencia de la conocida caja de ajedrez de Duchamp en Salt de Pàgina, podría abrir debate de opinión sobre esta cuestión, pero además, refleja a la perfección el papel de un editor como el que ejerce la Galería Ronny Van de Velde, que en este caso, aglutina y sabe dar lectura a Duchamp asumiendo la responsabilidad de un editor nada convencional (aunque sin perder de vista la sostenibilidad de la propia Galería). Y precisamente, esa función de editor poco convencional es la que se echa de menos en instituciones culturales y museos públicos y privados a la hora de producir un catálogo. ¿Por qué no se cuenta con él? Un editor contemporáneo, al hilo de lo comentado anteriormente, no es un señor que busca ganar dinero a toda costa con sus publicaciones, eso es un industrial de la edición. Un editor comprometido es otra cosa, es un individuo capacitado para investigar, o para interiorizar un contenido artístico, experimental o literario y que se somete a un esfuerzo absoluto para con la obra a editar.

Así lo reconoció el propio Picasso cuando se le recordaba su paso como director artístico de la Revista quincenal Arte Joven (Madrid: 1901) y en su segunda época (Barcelona: 1909), en la que F. de Sorel escribió en su artículo de entrada sobre la dificultad de sacar adelante su proyecto de edición,

“Supliqué, casi mendigué la cooperación de amigos y desconocidos para llevar a cabo mi empresa al parecer tan difícil, pero los unos por miedo, otros por carecer de entusiasmo, juventud muerta que vive en perpetua noche, todos me negaban su concurso.”

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Sala del Rectorado. Imagen Sansón Carrasco.

Salt de pàgina. El libro de artista en la colección UPV. Sala del Rectorado. Imagen Sansón Carrasco.

En la mirada a otras piezas que van completando Sált de página, se hace necesario detenernos ante Every Building on the Susset Strip (1966), de Eduard Ruscha y anteriormente citada por Antón; Knock Out, Poemas visuales (1971), de Gregorio Berchenko; Le Cerveau (1973) de Guillermo Deisler; Documente-Documents-Documenti (1971), de Daniel Spoerri; Tal i Tant (1983) de Joan Brossa y Frederic Amat; la colección Lubok, fruto del encuentro del artista Christoph Ruckhäberle y el diseñador gráfico Thomas Siemon; y Edoi (1985), del doblemente citado José Emilio Antón.

Si no se me pasa por alto, Salt de página no cuenta con ningún libro de artista de los llamados libros no editados, reflexión que me trae a la memoria a Emilio Sdun en una entrevista que se puede ver en  https://www.makma.net/entrevista-a-emilio-sdun/, y para quien una gran parte de los libros de artista que se realizan en España son piezas únicas, frente a la idea germana de ediciones numeradas de pequeña tirada que él mismo producía en su Prensa Cicuta.

Salt de pàgina representa una parte determinada de la colección UPV, (hay que decir que el fondo de dicha colección en su totalidad asciende a cerca de 900 ejemplares, de los cuales, algunos más pueden verse de forma digital a través de un proyector en la exposición), y arranca en la referida década de los 60, en la que con la aparición del movimiento Fluxs, el libro se convierte en soporte y herramienta como forma de expresión y también en un método de documentar performances, propuestas plásticas y encuentros. No es fácil elegir entre el fondo los diferentes modelos representativos para configurar la exposición, acertar en prototipos de formatos de libro que van desde la poesía visual o experimental a los fotolibros o proyectos editoriales, y tal vez por ello, están acompañados por dispositivos táctiles que ayudan al visitante a su comprensión. En cualquier caso, las seleccionadas son piezas que dan muestra de la paulatina fuerza de lenguajes vinculados a las artes plásticas en el libro.

Para Alain de Botton, en La arquitectura de la Felicidad, (Barcelona: Lumen, 2008)  “La arquitectura y el diseño son algo intensamente personal. Los edificios tienen carácter, vicios y virtudes, miran al mundo con una cara casi humana”.

Y así son también las formas de los libros de artista, arquitecturas tan diferentes como los responsables de sus creaciones, sean editores, escritores, artistas, y especialmente, si lo son todo a la vez.

Cartela que abre la exposición Salt de pàgina. Imagen de Sansón Carrasco.

Cartela que abre la exposición Salt de pàgina. Imagen Sansón Carrasco.

Salt de pàgina, es pues, una selección variada muy representativa de libros de artista (sin lindes), una aproximación inexcusable para todo aquel que quiera indagar en lo que fue llegando después de aquellos ejemplares ilustrados de finales del siglo XIX y principio del XX, y que reclamaron el protagonismo de artistas como Picasso, Manet, Braque o Chagall, y en cuya historia, hay constantes que se repiten, por un lado, la democratización del arte a través de la publicación, y por otro, la idea de dar valor a las publicaciones y llegar a coleccionistas a través del libro como objeto y también como soporte sujeto a la creación.

 

Vicente Chambó.

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: “Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles