Las Diosas: figuraciones de lo femenino

VII Congreso Internacional de Análisis Textual: Las Diosas
Facultad de Ciencias de la Información
Universidad Complutense de Madrid
25, 26 y 27 de marzo de 2015

La consolidación del Dios de Occidente, monoteísta y patriarcal, vino a desdibujar un largo periodo anterior en el que las divinidades matriarcales ocupaban lugares de privilegio en sus respectivos panteones. Su estudio sigue pendiente, no sólo para ampliar el conocimiento de los universos simbólicos del pasado, sino también para mejor comprender y aquilatar la novedad que hubo de suponer la irrupción del nuevo Dios que vino a arrinconarlas en un panteón profundamente transformado por su nuevo protagonismo.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Es ésta, por otra parte, una temática que cobra una especial actualidad una vez que el Dios patriarcal ha caído de la que fuera su posición de dominio. Son muchas las preguntas que desde entonces han quedado abiertas, no sólo para la antropología, sino también para la psicología y el psicoanálisis, para la historia del arte y la de los discursos de los medios de comunicación de masas, para la sociología, la política, los estudios culturales y de género…

Pandora, de Alexandre Cabanel, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess', de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Pandora, de Alexandre Cabanel, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess’, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

La caída del Dios patriarcal, ¿constituye el punto final de la historia de los dioses o abre el campo al retorno de otras divinidades más antiguas? ¿En qué medida los discursos indigenistas, ecologistas o nacionalistas poseen resonancias mitológicas de antiguas divinidades maternas? Si el Dios patriarcal fue el pilar simbólico en el que se asentaba el prestigio de la función paterna, ¿hasta qué punto su caída dificulta la presencia y la eficacia de ésta? Y sobre todo: la construcción de la subjetividad en el mundo contemporáneo, ¿se realiza al margen de todo presupuesto mitológico o, por el contrario, actúan en él moldes mitológicos implícitos que escapan a la conciencia de los sujetos?

Venus Verticordia, de Rossetti, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Venus Verticordia, de Rossetti, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso Las Diosas de Trama y Fondo.

Y está, por otra parte, el paisaje visual contemporáneo, tal y como se realiza en la web y en la televisión, en la publicidad, en el cine, en la literatura, la pintura y las nuevas escenografías de la música contemporánea. Todo parece indicar que en él, y con independencia de la valoración final que de ello pueda realizarse, cierta aura de divinidad inviste a las más variadas figuraciones de lo femenino.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Detalle del cartel del congreso Las Diosas, obra de Luis Sánchez de Lamadrid. Asociación Cultural Trama y Fondo. Universidad Complutense de Madrid.

Es éste pues un territorio tan amplio como pregnante que resulta idóneo para orientar los trabajos del VII Congreso Internacional de Análisis Textual que, con el tema «Las Diosas», convoca la Asociación Cultural Trama y Fondo con la colaboración de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid para los días 25, 26 y 27 del mes de marzo de 2015.

Como es costumbre en los congresos de Trama y Fondo, sólo existe un pie forzado para participar en él: que las reflexiones suscitadas encuentren su apoyo y verificación en el ejercicio de análisis de un determinado texto o conjunto de textos de referencia.

Palas Atenea, de Gustave Klimt, extraído del video 'The Metamorphosis of the Goddess', de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso 'Las Diosas' de Trama y Fondo.

Palas Atenea, de Gustave Klimt, extraído del video ‘The Metamorphosis of the Goddess’, de Miguel Lázaro Bernuy para el congreso ‘Las Diosas’ de Trama y Fondo.

Juan Carlos Barberá, en busca del fuego

Juan Carlos Barberá: «Fuego, demonios y santos»
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 28 de enero

“San Antón mató un marrano y no me dio las morcillas. Quién le diera a San Antón con un palo en las costillas”. Ésta y otras canciones parecidas se entonan en diferentes lugares con motivo de las hogueras de San Antón. Una de las más famosas tiene lugar en la comarca de Els Ports (Castellón). Juan Carlos Barberá, como ya hiciera Cristina García Rodero en su impagable La España oculta, se sumerge en la fiesta de Sant Antoni del Porquet allí celebrada, para dejar testimonio vivo de cómo la cultura popular tiene su razones bien hundidas en la sinrazón festiva. Razones que Barberá recoge en una serie de fotografías, reveladoras de la íntima comunión existente entre lo profano y lo sagrado.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Fuego, Demonios y Santos es el acertado título con el que Barberá da fe con su cámara del hondo latido que anima la fiesta, en tanto vehículo privilegiado para aproximarnos a la extraña línea que separa la vida y la muerte. Porque el fuego, además de esos demonios y santos que igualmente nos habitan por dentro, no sólo es fuente de destrucción (como proclaman los informativos principalmente en verano), sino también hoguera salvífica, purificadora, que incluso en tiempos remotos iluminó el gran agujero de la noche. Aquel fuego primigenio aclaró la oscuridad nocturna, dio calor y fue el mismo tiempo instrumento de defensa contra las fieras.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

Todo ello está magníficamente recogido en las fotografías de Juan Carlos Barberá: el fuego, los demonios interiores o los animales que Sant Antoni bendice, sin duda santificados por su labor al servicio de los hombres, por su compañía, por ser fuente de alimento y, sin duda, por ser igualmente amenazadores en su estado salvaje. Lo sagrado y lo profano dándose la mano en esas imágenes que Barberá ha trabajado sabiamente con el encuadre y una luz que acoge los claroscuros de la fiesta. Fiesta que Luis Martín Arias, en su artículo “Matrimonio, fiesta y lazo social” de la revista ‘Trama y Fondo’, describe así: “En las hogueras de San Antón, podemos encontrar subyacente el proceso de anamnesis, presente en la obvia nostalgia que manifiestan estos rituales por el pasado reciente, por lo rural perdido”.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Y continúa diciendo: “La presencia de la naturaleza, con el protagonismo del fuego, colocaba a la comunidad frente al núcleo más primitivo de la experiencia humana: ese fuego salvífico que nos libró de la animalidad y nos hizo seres civilizados. Asimismo, en la Fiesta de las Hogueras de San Antón podemos percibir la presencia del proceso de utopía, constatable en la destrucción del pasado que se operaba (con la quema de muebles viejos y de trastos que se sacaban de las casas), pero sobre todo mediante la restauración del lazo social que propiciaba el ritual festivo, merced a todo lo que el vecindario compartía: los saltos, la comida, la bebida y los cánticos”.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Todo eso está presente en las fotografías expuestas en el Aula de Cultura La Llotgeta. Hay fuego intenso, demonios a contraluz, la explosión festiva que denotan diversas tracas, recios platos de comida, santos en procesión (algunos portando revistas de cierto contenido erótico), tragos de porrón con el gaznate bien abierto y profusión de risas, quizás para ahuyentar esa sensación de muerte que encierra la fiesta, al tiempo que sano despliegue de una emoción intensa, reponedora de vida.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

 

Juan Carlos Barberá  se sumerge y nos sumerge con su cámara en esas hogueras de Sant Antoni, patrón de los animales “de pata” o domésticos, tal y como refiere el propio autor de las imágenes, para dejar constancia de lo mucho que nos une cuando está en juego la escenificación de la muerte, a través de rituales festivos plenos de vida. Barberá salió en busca de ese fuego interior que anima la fiesta y ahora somos nosotros quienes disfrutamos de su apasionado y apasionante proyecto expositivo.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Salva Torres

El hombre tranquilo, apuntes sobre la violencia

El hombre tranquilo, de John Ford

Sala Luis G. Berlanga del IVAC-La Filmoteca

Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia

Del 12 al 14 de julio

Aprovechando el pase en la Sala Luis G. Berlanga del IVAC-La Filmoteca de la copia recientemente restaurada de la película El hombre tranquilo (1952), de John Ford, parece oportuno recordar algunos de sus momentos más celebrados. Escenas, muchas de ellas duras, que siguen levantando ampollas ideológicas en un espectador que, sin embargo, las disfruta subjetivamente. Para seguirle el rastro a esa contradicción nos valdremos del artículo de Luis Martín Arias, profesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, en el último número de la revista Trama y Fondo, que lleva por título La violencia y lo simbólico.

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Uno de esos momentos duros, revelador de la contradicción entre el pensar y el sentir del espectador que acude a ver El hombre tranquilo, es aquel en el que Sean Thornton (John Wayne) arrastra por el suelo contra su voluntad a Mary Kate Danaher (Maureen O’Hara) desde la estación de tren hasta el pueblo, Innisfree, para entregársela con violencia al hermano de ésta, “Red” Will (Victor McLaglen). Lo inasumible de la situación, incluidos sus “machistas” diálogos, ya lo fueron en el momento de su estreno, como lo demuestra el hecho de que uno de los carteles de la película transformara el violento arrastramiento de Mary Kate a manos de Sean Thornton, por el más amable traslado en brazos, que hiciera soportable la cruda situación recreada en el filme.

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Para intentar dar cuenta de esta contradicción, entre lo que pensamos (ideología) y lo que sentimos (subjetividad), Martín Arias recurre a la gnoseología, es decir, “un pensamiento lo más certero posible, que permita dar cuenta de la realidad y verdad de nuestra experiencia; que no la niegue ni se coloque de espaldas a ella”. Y para alcanzar este logro, lo primero que hace es preguntarse por la violencia que nos constituye en tanto seres humanos habitados por ella. Interrogación que viene a centrar el debate en torno a la cuestión de si tal violencia “puede (y debe) llegar a eliminarse totalmente”; fantasear con el hecho de su completa eliminación en las relaciones sociales y personales. Porque si es así, advierte Martín Arias, la violencia denegada mediante esa fantasía imaginaria “vuelve, en lo real, incrementada e incontrolable”.

De ser esto así, habría que distinguir entre unos tipos de violencia “descontrolada, ciega y destructiva” (en dos de sus manifestaciones más características, la de “género” y la de carácter “político”), y aquellas otras que permiten su gestión “subjetiva y social” y, por tanto, “comparecen como más manejables y productivas”, como sucede en la secuencia anteriormente aludida, cuya violencia se desata en el marco de una comunidad que permite su canalización simbólica. De ahí “la emoción producida por la contemplación de un amor que se hace, ciertamente, posible ante nuestros ojos”.

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Para que esto último ocurra, insiste Martín Arias, “debe mediar una gestión social, si bien no política, que sólo se hará posible a través de determinados ritos y mitos, los cuales permitirán, finalmente, la articulación simbólica de eso tan real que hay siempre (en tanto que energía pura que se desata pulsionalmente) detrás de la violencia humana”. En el caso de El hombre tranquilo, se trataría de comprobar cómo el texto hace posible ese trabajo de simbolización de la ineludible violencia, “que habita en el espectador, y que está inevitablemente ligada a la experiencia sexual, por mucho que la ideología dominante haya construido un discurso negador; un discurso alienante que permite delirar la imaginaria existencia de una hipotética sexualidad que se desarrollaría completamente al margen de toda violencia”.

En cualquier caso, la película se desarrolla precisamente en ese marco de “sexualidad sin violencia” donde se inscribiría la fantasía “pacifista” o “buenista” que se construye Sean “para convencerse a sí mismo: él es un civilizado americano, un personaje moderno, que cree posible su relación con Mary al margen de toda manifestación violenta”. Sin embargo, en el fondo de las relaciones humanas late otra cosa: “El acto sexual conlleva siempre…una cierta dosis de violencia, la que debe ejercer un cuerpo sobre el otro”. Ahora bien, subraya Martín Arias, “lo que la gestión simbólica de esta violencia real busca es hacerla compatible con la dignidad humana”.

El hombre tranquilo, que el IVAC-La Filmoteca de Valencia proyectará en tres pases los días 12, 13 y 14 de julio, es una película singular para hacerse esas y otras muchas preguntas. Lo que hace Luis Martín Arias en su artículo La violencia y lo simbólico es destapar todas ellas, tras su ocultamiento ideológico en forma de corrección política que, sin duda, ofrece respuestas confortantes a una cuestión como la de violencia para la que se requieren planteamientos de mayor calado existencial. 

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Fotograma de El hombre tranquilo, de John Ford. IVAC-La Filmoteca

Salva Torres