Josep Renau «El estilo de vida americano»

Josep Renau, «El estilo de vida americano»
Círculo de Bellas Artes (CBA, Madrid)
Sala Minerva, hasta el 27 de junio de 2014

Entender la obra de Josep Renau (Valencia, 1907–Berlín, 1982) pasa por reconocer su activismo e ideología, estuvo vinculado al Partido Comunista desde 1931, y su preocupación por la política hace que su biografía sea una historia apasionante por el tiempo que le tocó vivir. En este sentido, su idea de sociedad fue también su movil y su «musa especial» para producir y criticar a través de lo creado. Sus conceptos de estado y humanidad le obligaron a resistir y no renunciar, a luchar y vivir en consecuencia, lo cual es por lo tanto, inseparable de su trabajo artístico. La otra gran presencia que se pone de manifiesto en su obra se debe a la influencia de movimientos artísticos como el dadaísmo, el surrealismo y el expresionismo, en cuya fusión, podríamos encontrar los argumentos de su estética tan particular. De lo que no cabe duda, es que su posicionamiento político le condujo a valerse del arte para defender sus ideales existenciales, no es necesario extenderse en cuanto al dominio de técnicas, pintura, fotografía, dibujo y sobre todo su facilidad para el fotomontaje; a nadie se le escapa su maestría en el arte de hacer carteles.

Quien tiene miedo-REANU

La exposición, se concreta en una etapa importante de su vida. Al finalizar la guerra civil se exilió a México, allí, influido por la proximidad con Estados Unidos marchó a Los Ángeles e inició la conocida serie Fata-Morgana. USA – The American Way of Life, en cuyo contenido estético critica el capitalismo, el militarismo, la Guerra Fría o el racismo con la pretensión de lograr la mejora de las condiciones de vida del ser humano. Tras aquello sufrió dos atentados, por lo que se trasladó a Berlín Oriental en el año 1958.

El contenido reúne la totalidad de aquella serie compuesta por 69 obras, en su conjunto, sumando elementos, Renau aglutina las características de lo que podríamos considerar un ejemplo de crítica de eterna actualidad, tanto por el contexto social y económico de crisis en la sociedad de consumo, como por la reflexión sobre la función social del arte y la cultura. Tal vez la caída del muro de Berlín, precipitó el desmantelamiento de un mundo en el que él había creído, porque el ser humano se empeña en destruir lo que previamente ha concebido otro con el ánimo de implantar los valores de la solidaridad, igualdad, justicia, dignidad o libertad. Con seguridad, la exposición nos ayudará a reflexionar sobre lo que occidente podía haber salvado del otro lado del muro. Seguro que la idea de la vida útil de los productos industriales sería importante, al menos por quien suscribe.

¡Oh que bella es la guerra! (1)

No es muy conocido el dato de que la esposa de Renau, Manuela Ballester Vilaseca también fue una fotógrafa interesante, pero sus trabajos quedaron siempre a la sombra de su marido. Josep Renau, graduado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, fue director y fundador de Nueva Cultura y codirector de Verdad. Como director general de Bellas Artes fue responsable de la salvaguardia del patrimonio artístico nacional durante la Guerra Civil, a cuyo episodio le dedicó La Nau  (Universitàt de València) una exposiciópn titulada «Arte Salvado». Fue Renau, en 1937, en la realización del Pabellón de la Exposición Internacional de París quien encargó a Picasso la realización del Guernica. Renau no volvería a España hasta que llegó la amnistía general de 1976.

El gran empresario

El proyecto que se puede ver ahora en el Circulo de Bellas Artes de Madrid está comisariado por Josep Vicent Monzó, y se ha producido gracias a la colaboración de el Banco de Santander y PhotoEspaña.

 

Vicente Chambó

Cuando las fallas fueron un arma

IVAC-La Filmoteca

Fallas 37. El arte en guerra

Óscar Martín

Estreno: 4 de marzo

Si el pueblo ponía las fallas, el ejército se encargaría de las tracas. Con el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, la fiesta fallera vive una situación comprometida: la ciudad se convierte en capital de la República y decide plantar monumentos reivindicativos; desde el otro bando ven las fallas como amenaza pero, bien utilizadas, también como oportunidad. Y deciden contraatacar. Este peculiar y poco conocido periodo de la historia de la fiesta ha sido analizado y recuperado por Óscar Martín (1973), documentalista y profesor de la Universitat Jaume I de Castellón. El resultado es un corto, Fallas 37. El arte en guerra, que se estrenará en la Filmoteca de Valencia el próximo cuatro de marzo y en los cines Lys el día siguiente, podrá verse después en otras salas de ámbito nacional. Martín entrevista a nombres conocidos del mundillo fallero (Gil-Manuel Hernández, Vicent Borrego, Miguel Santaeulalia…) para recuperar la historia: un grupo de artistas e intelectuales valenci anos (con Renau, delegado de Bellas Artes, a l a cabeza) impulsa la creación de cuatro fallas de contenido antifascista que nunca llegaron a plantarse tal y como estaban concebidas. Debido a los bombardeos que sufre a diario Valencia, las fallas no se plantan pero los ninots se trasladan a la Lonja, donde se presentan en una suerte de exposición abierta al público. Además, el bando encabezado por Franco decide también utilizar propagandísticamente las fallas, plantando su propio monumento junto al Alcázar de Toledo, un Miguelete ‘amenazado’ por una hidra. El documental (con la voz en off del ganador de un Goya, José Sacristán), recuerda con imágenes algunas de estas figuras y recrea de forma virtual cómo se hubieran plantado las cuatro fallas pensadas de inicio. «No había apenas información», comenta Martín, que tuvo que reunirse con antiguos artistas y bucear en la biblioteca para aproximarse a los bocetos. Incluye, además, un capítulo histórico más, cuando el régimen victorioso adapta la fiesta a sus ideales y sólo queda el exilio. En Perpiñán, un grupo de valencianos promueven la creación de la falla Quememos a Franco, un acción reivindicativa que se extendería a otros países. El director apunta que nunca antes se había interesado por la fiesta pero ahora ha descubierto «que las fallas no siempre han sido monumentalidad, que fueron otra cosa». Defiende, como los protagonistas de su corto, «las posibilidades críticas del monumento». Algún día, quizás, este espíritu vuelva.