El cambio de sexo que no marca la diferencia


‘Orlando’, la adaptación a teatro de la obra de Virginia Woolf, escrita por Vanessa Martínez
Sala Russafa
Dènia 55, València
7 de noviembre de 2019

Érase una vez un apuesto joven isabelino, noble y poeta, que a los treinta años se transforma en mujer y vive así durante casi cuatro siglos. Con la suave cadencia de un cuento, Virginia Woolf irrumpe de nuevo en nuestros escenarios de la mano de la directora Vanessa Martínez en la Sala Russafa, aprovechando el 9º Ciclo de Compañías Nacionales, con el estreno de ‘Orlando’. Esta nueva propuesta se presenta como un juego literario, musical y temporal en el que Rebeca Sala, Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Pedro Santos y Gemma Solé interpretan a más de treinta personajes.

Rebeca Sala, Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Pedro Santos y Gemma Solé – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

Como decimos, la obra nos va llevando de época en época. Conforme se desarrolla la historia se va transformando, nos va ubicando en los distintos espacios y tiempos, desde los sonidos de John Dowland hasta el foxtrot, desde la Corte inglesa a Constantinopla. Otro aspecto que define la puesta en escena es el humor, un tejido capital para seguir la peripecia del protagonista.

Amor, deseo, guerra, erotismo, cambios de género. Todos estos componentes aparecen en ‘Orlando: una biografía’, (1928), la sexta novela de la escritora inglesa Virginia Woolf. Una obra de sorprendente actualidad, que condensa una feroz crítica a la moral victoriana y está inspirada en la amante de Woolf, la aristocrática poetisa Vita Sackville-West.

Y es que hace cien años, Virginia Woolf se cuestionó sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Una de las respuestas que ofreció al mundo fue su ‘Orlando’, un personaje andrógino, posiblemente el primer transexual de la historia de la literatura, cuya vida es extrañamente longeva: nace en 1588, en época isabelina, y muere en el periodo de entreguerras, en 1928, fecha que coincide con la publicación de la novela de Woolf, como ya se ha apuntado. A pesar de vivir más de trescientos años, Orlando solo envejece en apariencia hasta los 36.

Pero no hagamos más spoiler. Contemos la historia de una manera diferente, como quiso hacer Vanessa Martínez, concretamente a partir de varios narradores omniscientes con cálamos de largos plumajes blancos.  

Dos narradores interpretando la obra ‘Orlando’ – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

En primer lugar, Orlando conoce a la reina Isabel I, aunque nunca se la menciona directamente, pero cae en desgracia y se aleja de la corte. Cuando regresa, gobierna Jaime I.

Durante lo que se conoció en Inglaterra como ‘La gran helada’, en el invierno de 1683 a 1684, el protagonista se enamora perdidamente de una princesa rusa, llamada Shasha. Según él mismo expone, esa era la primera vez que había amado, la primera vez que había sentido algo tan cercano al amor. Los enamorados patinan juntos durante varios días, pero la historia no acaba del todo bien. Un día, el barco en el que había llegado Shasha deja de estar atrapado en las aguas congeladas del Támesis, cuyo suceso hace que la mentira y el abandono reinen en escena.

Sin embargo, eso solo lo sabe el espectador, esto es, la princesa rusa le prometió a Orlando amor eterno y, de hecho, la pareja queda en un punto para escaparse a vivir juntos, pero Shasha nunca llega a acudir. Orlando se queda en la cama recuperándose durante nada más y nada menos que una semana. Los narradores intentan espabilarle, pero su dolor es tan fuerte que ni con palizas consigue despertar. El fracaso de este romance lleva a Orlando a regresar a un poema –’El roble’– que dejó atrás en su juventud. 

Abramos un paréntesis recordando que la aventura apasionada de Orlando y Sasha representa el romance de Vita SackVille-West con Violet Trefusis, porque esta novela, además de la sátira a la biografía y el discurso feminista, es, ante todo, una carta de amor de Virginia Woolf a su gran amiga Vita, a la que dedica la obra. Cerramos paréntesis.

En este punto de la historia, llegamos a uno de los pasajes más famosos de esta singular novela: el momento en el que Orlando cambia de sexo. La obra, por su argumento, podría considerarse fantástica (de hecho, su protagonista se transforma por arte de magia –no mediante ninguna operación médica que explicara la transformación– y vive, ya lo hemos dicho, una vida anormalmente larga y, encima, no envejece). 

Entran entonces la Pureza, la Castidad y la Modestia (las tres mayores virtudes de una dama en esa época), pero las trompetas retumban cada vez que una de ellas habla: las exhortan a marcharse. El sonido de las trompetas se convierte en el mensajero que anuncia la resurrección, el cambio, que proclama el despertar de la naturaleza, la nueva esencia de Orlando. “Las horribles hermanas se desconsuelan, lloran al unísono, bailan en círculos y agitan sus velos de arriba abajo antes de pronunciar su despedida: «No siempre ha sido así. Pero los hombres ya no nos necesitan; las mujeres nos aborrecen. Nos vamos, nos vamos. Yo (dice la Pureza) a los palos del gallinero. Yo (dice la Modestia) a cualquier discreto rincón donde abunde la hiedra y las cortinas»’’.

Orlando tras su transformación – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

La escena termina cuando Orlando despierta, abandonado por estas virtudes, solo en su cuarto, entre el sonido de las trompetas que siguen preguntando por la verdad. Es ahí cuando el narrador sentencia que era una mujer. Aquí sí que necesitamos recurrir al mayor spoiler: el cambio se había producido, una metamorfosis verdadera y permanente, pero que no había transformado la auténtica esencia de Orlando. Ser hombre es equivalente a ser mujer, no hay diferencias y, si las hay, son incómodas incomprensiones de la sociedad.

De esta manera, se pone a la mujer y al hombre en una balanza donde ninguno de los dos individuos es más que el otro, donde ambos sexos están equilibrados, como si dijéramos, en línea recta. Quizás sea este el motivo por el que Vanessa Martínez escoge a una actriz como protagonista de toda la obra, en lugar de coger en la primera parte a un hombre y en la segunda tras el gran cambio de sexo, a una mujer. 

Es entonces cuando nadie se extraña de su renacer femenino, nadie duda de que sea la misma persona; y esa aceptación permite al lector (en el caso del libro de Virginia Woolf) y, en este caso, al espectador en la representación de esta obra de teatro, percibir el cambio no como una fantasía, sino como la tesis de la autora de que las diferencias entre los dos sexos no afectan a la psique ni al alma de la persona. Uno puede ser hombre y mujer, y esto no lo cambia realmente.

A partir de este momento, los narradores omniscientes cuentan las aventuras de Orlando en femenino: se escapa con una tribu de gitanos con la que llega a la meseta central de Anatolia; pasado un tiempo, la añoranza LA fuerza a embarcarse hacia Inglaterra. A su regreso, se encuentra con que lo han declarado fallecido y que, al ser ahora mujer, no tiene derecho a poseer en propiedad su propio palacio. Pasado un tiempo, cruza el periodo victoriano, época en la que conoce a Shelmerdine, un aventurero con el que se acabará casando (y, por lo tanto, con quien podrá resguardar su herencia).

Nos encontramos ya con el final de la obra, concretamente en el primer tercio del siglo XX donde, mientras Orlando está dando a luz a un hijo carnal, ansía terminar su poema “El roble’’. Y así lo hace, antes de “acabar’’ de parir, escribe la última palabra de su poema, por fin. Podríamos decir que, al traer al mundo a su nuevo hijo, también da a luz al poema que tantísimos años le había costado escribir. Cabe hacer otro paréntesis dejando patente la clara alusión de “El roble’’ al poema narrativo «La tierra» («The land», en el original), de Vita SackVille-West. Cerramos paréntesis.

Saludo grupal del elenco de la obra ‘Orlando’ – Imagen realizada por Irene Valdés durante la representación

El asunto de la historia literaria es esencial, pues el desarrollo del poema “El roble” tiene que ver con las ganancias de libertad de las mujeres escritoras y de que no será hasta el siglo XX hasta cuando la autora tendrá “una habitación propia” y podrá escribir de tú a tú con los hombres, contrario a la fracasada “hermana de Shakespeare”, personaje imaginario a quien Woolf dedica uno de sus ensayos feministas más agudos.

Esta obra de la escritora inglesa es rompedora por lo que significó para el feminismo. Y Vanessa Martínez lo ha sabido representar de la misma manera, mediante escenas de pasión, erotismo, tristeza, igualdad y fuerza femenina, copiando ese afán de libertad que le enseñó Woolf, que toda mujer merece.

De hecho, podemos concluir manifestando que, por ejemplo, Borges, no era un gran admirador de la escritora inglesa, pero aún así, consideraba que ‘Orlando’ era una “novela originalísima. Sin duda, la más intensa de Virginia Woolf y una de las más singulares y desesperantes de la época”. Y es que tampoco podríamos evaluar la representación de teatro de la directora Vanessa Martínez con adjetivos diferentes a los del erudito escritor argentino.

Irene Valdés

Retrato íntimo de una reina

Sofía, de Ignacio García May
Teatro Español de Madrid
Estreno: miércoles 1 de junio de 2016

Es habitual que una actriz se enfunde en regios ropajes para interpretar a una reina histórica o imaginaria. Encarnar a una  soberana viva que, tras reinar durante décadas en España, mantiene incólume su prestigio y ha sabido granjearse el respeto de la gente, la Reina emérita Sofía, es harina de otro costal. Ese es el desafío al que se enfrenta la actriz valenciana Victoria Salvador, protagonista absoluta de Sofía que se estrena el 1 de junio en el Teatro Español de Madrid. Escrita y dirigida por Ignacio García May a partir de un encargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente, la obra es un retrato íntimo de la enigmática personalidad de la Reina emérita en el que no se eluden temas escabrosos, como los líos de faldas de su marido Juan Carlos,  la cacería en Botswana o el caso Nóos. A lo largo de la función Salvador realiza una auténtico tour de force desdoblándose en varios personajes: la Reina emérita, su enérgica madre Federica o una cronista de sociedad.

Lola Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

“Un reto así sólo puede plantearse desde una palabra que es sacrosanta para nosotros los actores: la concentración”,  dice Salvador. “Hay que estar absolutamente concentrado para recorrer el itinerario de palabras, emociones, acciones que constituyen el texto teatral. Es como un viaje: lo emprendes con la decisión y la energía necesarias para que los espectadores te sigan en ese recorrido vital que vas a compartir con ellos en esa hora larga. Y me preparo adquiriendo seguridad y soltura en cada ensayo, pasando cada día el texto en mi cabeza, animándome con el estímulo que supone contar a los demás una hermosa historia. Está siendo un trabajo muy enriquecedor para mí. Desde el primer momento, May ha ido dándome claves para entender el tipo de interpretación que desea, y también me ofrece un tipo de acciones escénicas y de músicas que me ayudan mucho a entrar en la acción del texto. Es una relación muy fluida en la que los dos estamos muy abiertos a lo que propone el otro”.

Desde niña a María Victoria o Mavi, como la llamaban entonces, le encantaba disfrazarse y sorprender a su familia y amigos. Un traje de marciano, confeccionado por ella misma y otro de oveja hecho con ayuda de su abuela Pepa, fueron sus primeros atuendos teatrales. En esta ocasión la diseñadora de vestuario Almudena Rodríguez Huertas se encarga de darle un look apropiado a base de joyas y complementos, aunque no existe una deliberada intención de que se parezca a Sofía, al contrario. Fue elegida por este papel porque no guarda ninguna semejanza fisonómica con ella, además de ser una excelente actriz con potencial necesario para llevar adelante el exigente proyecto. Que no sea una cara famosa (todavía) también jugó a su favor.

“El papel llegó a mí a través del ayudante de dirección de Ignacio García May que es Javier Sahuquillo,  mi director, junto a Gonzalo Azcona en una obra llamada Nagg i Nell que estrenamos en Valencia el noviembre pasado. Javier le habló al director de mí como posible candidata al papel; él vio el vídeo de la función, le pareció que me ajustaba al perfil de la actriz que estaba buscando y contó conmigo. Mi primera impresión que se mantiene todavía es la de un regalo caído del cielo pues supone una gran oportunidad presentarme en Madrid con un papel de este calibre”.

Lola Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Salvador confiesa que nunca ha tenido una visión demasiado hecha sobre Sofía por lo que no ha interferido en su trabajo. “No soy gran lectora del ¡Hola!, sólo leo esta revista de vez en cuando en la peluquería, y voy muy poco. A la peluquería, digo. Pero bueno, siempre me ha parecido una mujer muy elegante, muy correcta, muy discreta. Algunas cosas que he sabido de ella, como que es vegetariana, me han hecho gracia pues yo misma lo he sido durante mucho tiempo. Es verdad que he leído algún libro sobre su vida para conocerla más antes de interpretar su vida. Pero el trabajo de esta función no es exactamente interpretar a la persona real en sus dos acepciones, de realidad y de realeza, sino más bien encarnar unas palabras que hablan de ella”.

La lectura de El teatro y su doble de Antonin Artaud en un viaje a Formentera catalizó su vocación dramática y decidió presentarse a las pruebas para entrar a la Escuela de Arte Dramático de Valencia. “Quería que el teatro me ayudara a conocerme más a mí misma, a expresar la auténtica persona que habitaba en mí y que el miedo, la inseguridad y mi congénita timidez no me permitían mostrar”, confiesa. “Entré en el teatro por la vena mística, como si a través de aquel ritual fuera a revelárseme el conocimiento de mí misma, mi auténtica esencia”.

Lola Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Como si se tratara de una premonición del futuro que le esperaba, siendo una entusiasta veinteañera  siguió en el Teatro Español un taller de teatro clásico impartido por José Luis Gómez en el que participaron actores de gran prestigio como Joaquín Hinojosa, Isabel Ordaz y Antonio Banderas, “que tuvo que irse a rodar una película”, recuerda.  Con 23 años debutó en el Escalante interpretando a Toneta en El malat imaginari, una versión de la pieza de Molière dirigida por Carles Alfaro con quien colaboró en Moma Teatre y otros proyectos. “Durante los tres primeros minutos en escena tenía la boca seca como el esparto, no sé cómo conseguía articular palabra”, comenta.

“Pero poco a poco fui cogiendo confianza y empecé a salivar. Es algo que aún ahora en determinados momentos me ocurre. El exceso de tensión bloquea las glándulas salivares y hasta que la cosa no se relaja, hablar se convierte en una proeza. Aquella mi primera aparición en escena fue reveladora: me impregné de la presencia del público, sentí que el teatro es un maravilloso acto de comunicación donde se une la energía del actor y la del espectador y se alimentan mutuamente. Yo sentía la energía de ese público y me cargaba de ella para devolverla crecida con mi propia energía. Tanto era así que incluso el final de la función, que apenas estaba ensayado, supe cómo hacerlo y mis últimas intervenciones salieron redondas, contundentes”.

En busca de nuevos horizontes y de una didáctica teatral más completa  siguió unos cursos en Milán  con el gran maestro Strehler. Su trayectoria ha estado unida a la compañía Pavana de Rafa Calatayud cuyo último montaje fue Hora y media de retraso de Gerald Syblerias. También ha trabajó recientemente con Lola Moltó en una comedia de Vicente Marco dirigida por Manuel Maestro, Si yo fuera rica montada con una compañía formada  para la ocasión, Guanchuzrí. Esta año hizo  bolos con La Hostalera de Goldoni, dirigida por Vicente Genovés, producción de Culturarts, y con Nagg i Nell, de Laura Sanchis, dirigida por Gonzalo Azcona y Javier Sahuquillo, de Perros Daneses por la que  estuvo nominada al premio de  la Asociación de Actores Valencianos (AAPV). Esta vez lo ganó Juli Mira, pero ella lo obtuvo hace unos años.

Lola Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Doña Letizia y las damas del pop (Art)

Otra historia, de Javier Granados
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de mayo

La historia de su reconocimiento pasa por ciertos trabajos en plastilina. Como el que realizó para Don Felipe y Doña Letizia como regalo de boda, a petición de Ana Togores, madrastra de la entonces princesa y ahora reina. O como el que le hizo al peluquero suizo que peinaba a la diva del rock Tina Turner. O a Alejandro Sanz. Por ello, a Javier Granados se le conoció al principio como el chico de la plastilina. Cuando lo recuerda, no puede dejar de esbozar una sonrisa de complicidad que le lleva a mostrar algunos de aquellos trabajos, ahora agazapados entre la producción con la que se presenta en Valencia.

Chupa Chupo, en alusión a Mariana de Neoburgo, de Javier Granados, en 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Chupa Chupo, en alusión a Mariana de Neoburgo, de Javier Granados, en ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Toda esa historia inicial ha dejado paso a esta ‘Otra historia’ que muestra en la galería Alba Cabrera. Una historia del arte que Granados interpreta a su manera, retomando obras de Hopper, Vermeer, Schiele, Munch o Velázquez para darles una vuelta en tono irónico, sarcástico, mordaz. Una vuelta protagonizada por mujeres, todas ellas ocupando la posición que en muchos de los cuadros comparados era exclusividad del hombre. Como, por ejemplo, en el retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares, sustituido en la versión de Granados por una mujer rodillo en mano.

'Correos pero rápido', de Javier Granados, aludiendo a 'Desnudo femenino reclinado' de Ego Schiele, en la exposición 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Correos pero rápido’, de Javier Granados, aludiendo a ‘Desnudo femenino reclinado’ de Ego Schiele, en la exposición ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

-¿Por qué?

– Porque me interesaba devolverle a la mujer el protagonismo que le han robado.

Y Javier Granados llena la galería Alba Cabrera de cuadros y esculturas con desbordante colorido y no menos desbordantes mujeres. Algunas, de alta alcurnia; la mayoría, mujeres de andar por casa. Todas mostrando ese “poder en la sombra” que Granados les otorga utilizando una iconografía pop y cierto lenguaje publicitario pasados por la batidora del humor manchego. “Me gusta Almodóvar”, reconoce.

'Maria Antonieta revolucionada', de Javier Granados, aludiendo a la María Antonieta de Vigee Lebrun. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Maria Antonieta revolucionada’, de Javier Granados, aludiendo a la María Antonieta de Vigee Lebrun. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Y al igual que le sucede al cineasta, también Granados transforma la angustia existencial de todas esas mujeres al borde de un ataque de nervios, en damas del pop (art) llevando la voz cantante. De manera que ‘El grito’ de Edvard Munch pierde su carácter siniestro para convertirse en un ‘No me grites’. Al igual que el ‘Desnudo femenino reclinado’ de Egon Schiele deja de parecer un cuerpo obsceno, para clamar como figura de sello ‘Correos pero rápido’.

'No me grites', de Javier Granados, en referencia a 'El grito' de Edvard Munch, en la exposición 'Otra historia'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘No me grites’, de Javier Granados, en referencia a ‘El grito’ de Edvard Munch, en la exposición ‘Otra historia’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La crudeza y claroscuros de las obras originales dejan paso en la comparativa de Granados a la luminosidad y el aire jocoso. “Me gustan los juegos de palabras y el humor negro con el fin de desmitificar la historia del arte”. Y lo hace bajo una apariencia frívola que el artista achaca a la “factura pop, que es muy visual”. Apariencia que a su juicio esconde “segundas lecturas, guiños irónicos y cierta crítica”. De ahí esa ‘Otra historia’ que da título al conjunto expositivo.

'Un timbrazo a tu corazón', de Javier Granados, en alusión al Retrato de Gabrielle d'Estrées y su hermana la duquesa de Villars, de Pomarède. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

‘Un timbrazo a tu corazón’, de Javier Granados, en alusión al Retrato de Gabrielle d’Estrées y su hermana la duquesa de Villars, de Pomarède. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Frente a la Historia del Arte con letras grandes, Granados ofrece esa otra historia del arte con minúsculas, paradójicamente poblada de mujeres mayúsculas. Mujeres redondas, afables, cachazudas, transmutando el universo hondo del referente artístico en otro más chispeante, más de superficie, aliado con la publicidad. “Para mí es una catarsis en positivo”. Ninguna bajada a los infiernos creativos. “Hago cuadros que me gustan y eso me ayuda”. Le ayuda a Javier Granados a interpretar el arte como lo protagonizan sus mujeres: de forma descarada y lúdico festiva.

'Condesa de mis olivares', de Javier Granados, en referencia al Conde Duque de Olivares de Diego Velázquez. Cortesía de Alba Cabrera.

‘Condesa de mis olivares’, de Javier Granados, en referencia al Retrato ecuestre del Conde Duque de Olivares de Diego Velázquez. Cortesía de Alba Cabrera.

'Ya es primavera', de Javier Granados, en referencia a Edward Hopper. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

‘Ya es primavera’, de Javier Granados, en referencia a Morning Sun de Edward Hopper. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

 

Salva Torres

Arranca Cabanyal Portes Obertes. 15 años!

XV CABANYAL PORTES OBERTES : Del 10 al 19 de maig de 2013

Exposició 
Del 10 al 19 de maig de 2013
Cabanyal en imatge.  Exposició en les cases del Cabanyal
Dissabtes i diumenges d’11:00 a 14:00 i de 16:30 a 20:30
Escapar-arte. Intervencions artístiques en els comerços, façanes i aparadors
Horari habitual de comerç

Inauguració

Divendres 10 de maig
A les 20 hores

Al Teatro la Estrella, carrer dels Angels 33, curtmetratges d’animació “Animant el Cabanyal”. Realitzat per alumnes de BBAA, UPV i “Vecinos”. Pel·lícula d’animació 3D, nominada als Goya 2013 de l’Escola d’Animació Valenciana Primerframe.

Recorregut pel carrer de la Reina, exposició en els balcons “Un barri a pinzellades”

A les 21 hores

A l’escorxador, carrer de Sant Pere, 27, sopar i música

A l’1 hora de la matinada

Al pub “No hay nada mejor que 27 amigos”, carrer de la Reina, 186, sessió de dj a càrrec de “2 chutas dj’s”

 Para más información, consulta: http://xvcabanyalportesobertes.blogspot.com.es