Los repliegues de la materia

‘Neomismos, el Barroco como pretexto (I)’ de Carlos Nicanor
Twin Gallery
C / San Hermenegildo, 28. Madrid.
Hasta el 4 de junio de 2016

Carlos Nicanor se somete constantemente a la búsqueda de la forma no existente, aquella que todavía no ha sido vista, manejada y catalogada. Es la premisa de la que parte, una utopía de lo no archivado en el imaginario. Pero se deja seducir por el repliegue de la materia. Se sumerge en la forma preconcebida, en la representación de lo externo, del afuera de las estructuras perceptivas para reconstruirlas. Se interesa por la forma como constructo social, irónico y subversivo, por las superficies que nos hablan de un espejismo que oculta un espacio mucho más complejo a prioiri, pero que, despojado de la ampulosidad externa, se torna concepto universal. Estas estructuras se comportan como espejos que a través de un juego de posiciones estratégicas generan una imagen, un escenario exterior. Una tramoya diseñada para hablar de lo nuevo a partir de la premisa de lo mismo, desde la contemporaneidad revestida de ornato. Es decir, desde un neo lenguaje.

Esto es el Barroco. Para el artista cada cosa debe ser contada de la manera más conveniente, y ahora ha elegido observar los mecanismos compartidos entre el presente y este episodio plástico. Neomismos está repleta de imágenes neobarrocas que rayan la evidencia superficial, una trampa sensorial, que suplican al espectador que colabore con ellas, no apropiándose de éstas sino, escuchando lo que a sus ojos les dice y recuerda. Nicanor elabora un relato a través de reflejos, retratos o naturalezas muertas; desde los géneros reinventados a los juegos de palabras, los galimatías y la crítica del absurdo. El marco es la ventana, la tramoya las superficies brillantes y la estructura la crítica inherente.

No se trata de un análisis ontológico de lo barroco, sino de trabajar con la parte teatral del género, jugar con las constantes históricas, con la derivación o sublimación estética y las transparencias ficticias. Esa ficción y realidad se entremezclan como las delicadas superficies textiles transparentes de una cortina mecida por el aire que entra por una ventana. Ese aire es lo vigente y la ventana es lo pretérito.

'Bodegón con aceituna'. Imagen cortesía de la galería.

‘Bodegón con aceituna’. Imagen cortesía de la galería.

A una y otra orilla del tópico, se parte de lo efectista y enfático. El huevo ocupa un lugar entre esos márgenes, la frontera sutil entre lo sagrado y lo profano, entre lo místico y lo absurdo. La poesía visual de la forma ovoide parte de la alegoría de la realeza que ahora se desplaza hacia la política y la economía actual. Encarna el poder fáctico, perdiendo poco a poco su origen metafórico. Qué fue primero, ¿la muerte del Fénix o su renacimiento?

El artista se siente atraído por esa narrativa de creación reversible y crea imágenes en reversa que parten de lo existente pero con un sentido de sospecha hacia la forma misma, hacia su origen. Así, el huevo es un contenedor, un regalo de monarcas y empresarios, conmemorativos de la supremacía: poder y perfección. Sin embargo, ese contenedor crea una ilusión a partir de lo simbólico y lo prosaico. Es el mecanismo desnudo, el cuál si llegamos a conocer, todos estaremos en condiciones de reproducirlo. Comprender el funcionamiento de estas estructuras otorga una soberanía reflexiva que permite partir hacía la crítica de los fundamentos sociales, políticos y teológicos.

De ahí que ‘Neomismos’ sea una construcción de imágenes porosas que erosionan y hacen permeable la frontera entre realidad y ficción -visibilizar mecanismos-, entre dobleces y pliegues que van hacia el infinito. Trata sobre ir a la contra de la ingenua defensa de la pureza del concepto de revisión y ejerce su versión desfigurada de la lógica del barroco: conocer el mundo a través de lo irreal. Esto es lo que Žižek llamaría el desierto de lo real -o capitalismo de ficción-, un mundo convertido en imágenes que acaban por ser más reales que la propia realidad.

Esa acción de dar existencia real a lo que realmente no la tiene se deja entrever en Retraso de Felipe V, imagen pixelada del rey, que produce una sensación de extrañeza. Lo antipictórico se debe a que pone en su misma estructura tres planos diferenciados: los perfiles y el frontal, como si de una escultura se tratara. La perspectiva es una subjetivación del personaje, según el movimiento del cuerpo el retrato se pliega y se repliega. Ese pliegue y repliegue es el barroco: la imitación, la simulación. La organización del espacio en pliegues de significación. Ésta es una imagen polisémica del retrato del rey que supera el contexto estético-histórico y parte de lo transcultural y transhistórico como principios de la ilusión visual. Los píxeles se organizan como pliegues, transforman la carne en fragmentos de madera y configuran una sátira de la inmortalidad que supone el ser convertido en imagen.

‘Neomismos’ genera un ambiente de anticuario moderno, en el que tiempo y espacio difieren. La materia se sale del marco, se apodera de él, se arruga y se desborda en escalas que responden a parámetros corporales. Exhalar e inhalar, respirar, es cuestión de tiempo, y la posición del cuerpo es cuestión de espacio. A través de Cartografía de la Isla de las Tortugas, se mapea una isla inventada que pertenece a un archipiélago barroco, un lugar por el que navegar de forma ensimismada. Esta pieza es un cuaderno de bitácora escrito al revés, acotado en un marco dorado suntuoso. Es un paisaje de islas tortugas, en las que probablemente se tome, como en ningún sitio, el aire de la banalidad. Ésta es otra de las ficciones posibles.

'My friend'. Imagen cortesía de la galería.

‘My friend’. Imagen cortesía de la galería.

Lo real se desdobla en representación y se instituye en metáfora, en temblor y euforia. Esta es una grieta en la sintaxis, es decir, una urgencia por la transgresión de la forma que cuestiona constantemente ese rompimiento sintáctico del lenguaje visual, como diría Omar Pascual Castillo. Carlos Nicanor se mueve con agilidad entre las capas de realidad, sin sentenciar una forma como verdadera -lo importante aquí no es la verdad-, sino la ilusión de una nueva génesis, una suma de formas creando un mapa o una cartografía meticulosa de la historia contada desde lo contemporáneo sin una linealidad histórica, sino como una superposición de tiempos infinitos.

La naturaleza muerta es ese tiempo infinito que se esconde detrás de una anamorfosis ontológica y fisiológica. Neomismos produce por tanto un efecto escenográfico del poder de la representación del capitalismo y de la sociedad del espectáculo. Una seducción sensorial en la que ser es ser percibido, por lo que el dominio debe ser percibido para existir en su trascendencia fosilizada.

Entonces nos preguntamos por lo que se esconde detrás de la naturaleza de lo real. Miramos a través del espejo y éste nos devuelve una imagen quebrada, un temblor recorre la carne y se activa ante la certeza de la existencia de lo velado sin poder tocarlo.

Dalia de la Rosa

¿Hay vida táctil en el universo digital?

Graded Metal, de Inma Femenía
Comisario: Alex Brahim
Área 72
C / Barón de Cárcer, 37. Valencia
Hasta el 30 de julio

Lo dice Alex Brahim, comisario de ‘Graded Metal’: “Inma Femenía trabaja al revés. Crea en el entorno digital y luego lo traslada a lo físico. La manipulación, por tanto, de ese metal que da título a la exposición de Área 72, es posterior a la manipulación digital de los colores en el ordenador. Por eso Femenía subraya que la paleta manual del pintor tradicional se aloja ahora en el pantone digital. Pantone que ella trabaja, en cualquier caso, “mentalmente al modo analógico”. Esa “fractura entre lo analógico y lo digital” es, a juicio de Brahim, la que Inma Femenía sutura con su obra.

Detalle de una de las obras de Inma Femenía en la exposición Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

Detalle de una de las obras de Inma Femenía en la exposición Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

Se hace difícil de entender para quienes son de la generación analógica, pero como recuerda el comisario de ‘Graded Metal’, Femenía pertenece a esa otra que se maneja con “naturalidad en la lógica informática”. No sólo con naturalidad, sino pensando que se trata de una herramienta como cualquier otra, para expresar las vivencias táctiles que navegan virtualmente por Internet. “Ese lenguaje digital tiene también su huella”, comenta la artista. Y añade: “La fotografía tiene la huella de la luz” Huella que Femenía rastrea por igual en la cadencia lumínica que ofrece el campo digital. “No hay que tener nostalgia”, concluye.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

Ella no la tiene. De hecho, afronta con pasión lo que las nuevas tecnologías le ofrecen. Y lo que le ofrecen es “un paisaje multicolor” con el que “mostrar el fenómeno lumínico”. Fenómeno asociado al reflejo y la absorción de la luz, que Inma Femenía despliega gradualmente sobre la superficie de un metal que se retuerce y se pliega como invadido por una sustancia extraña. Como si la fractura entre lo analógico y lo digital existiera, y obligara a la artista a hermanar ambos mundos en terca oposición.

Por eso Alex Brahim habla de la actitud “pedagógica” de Femenía, encargada sin querer de establecer vínculos naturales entre ambos registros. Incluso entre esos otros que se desprenden del propio metal, habitado por colores suaves, al tiempo que manifiesta su rigidez. “Hay tensión entre lo sinuoso y lo duro”. De manera que Femenía, como apunta el comisario, trabaja con la “voluntad de controlar la conducta y respuesta del material”. Tensión, en suma, entre “lo controlable y lo aleatorio”.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

Obra de Inma Femenía. Graded Metal. Fotografía de Fernando Rincón cortesía de Área 72.

De hecho, la media docena de piezas realizada ex profeso para Área 72 manifiesta esa dualidad del metal que acoge dócil los colores, para rebelarse por dentro. “Es un material débil que parece que no lo es”, destaca la artista. Y Alex Brahim, acercándose al material, señala su parecido con cierto papel de envoltorio, mientras de lejos se comporta como el duro chasis de un vehículo siniestrado. De manera que la procedencia digital del trabajo de Femenía, termina dejando su huella táctil en ese metal graduado al que alude el título del conjunto expositivo. Como si lo digital, ahora sí, tuviera que ver con la huella más precisamente digital de la mano abriéndose paso en el mundo físico.

“Mediante las arrugas se crea cierta tridimensionalidad”, afirma la artista. Y el comisario agrega: “Se produce un juego óptico; juego de luces y sombras”. ‘Graded Metal’ extiende esas luces y sombras al terreno del diálogo, sin duda tenso, entre el universo virtual y la experiencia del contacto real. Inma Femenía lo resuelve depositando el trabajo con los colores del universo virtual, sobre el metal que le obliga al combate físico. Al revés, como insistía Brahim, pero en el fondo luchando por que afloren ciertas formas allí donde nada está garantizado.

Inma Femenía, en el transcurso de la entrevista. Imagen cortesía de Área 72.

Inma Femenía, en el transcurso de la entrevista. Imagen cortesía de Área 72.

Salva Torres

Fuster: El desnudo como paisaje onírico

Poemas para leer sin respirar, de Jaume Fuster
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de mayo

En cada uno de los 300 ejemplares que acompañan la exposición, Jaume Fuster destaca: “Todas las fotografías están tomadas a pulmón libre con una cámara submarina Nikonos V”. Y en el fotolibro realizado artesanalmente, apenas tres ejemplares de 2.000€, también se destaca la utilización de “originales fotográficos, revelados según el procesado fotoquímico tradicional y una imprenta con tipos de plomo de 1845 para los textos del mismo”. Hasta aquí la técnica. A partir de ahí, 32 imágenes expuestas en Railowsky a modo de destilado onírico de ese manejo instrumental.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición 'Poemas para leer sin respirar'. Cortesía del autor.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición ‘Poemas para leer sin respirar’, en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

El conjunto expositivo lo ha titulado Fuster ‘Poemas para leer sin respirar’. Poemas protagonizados por una mujer (“mi sirena”) cuyo cuerpo desnudo se sumerge en diferentes aguas marinas, para diluirse en ellas hasta conformar cierto paisaje onírico. “Cada imagen es un poema visual”, subraya el autor. Y agrega: “Es más paisaje que desnudo”.

Durante ochos años y 70 carretes, Fuster se sumergió con su modelo en aguas de las playas de Benidorm, Los Muertos y el Cabo de Gata en Almería, e incluso en una piscina forrada con un gran plástico de invernadero, para escribir esos poemas con la tinta analógica de su cámara Nikonos. Poemas que funden el cuerpo desnudo y el líquido elemento creando una realidad paralela que Fuster entiende así: “Cómo el cuerpo de una sirena se descompone en sus átomos, cómo los reflejos se llenan de fantasmas, o cómo el agua se convierte en plata, plomo o mercurio”.

La técnica y los fantasmas en curiosa procesión. Diríase, al igual que sucede viendo una ecografía, que la técnica, su carácter objetivo, produce inquietantes imágenes, de carácter subjetivo, que escapan a su instrumentalización. Fuster apela a ello cuando dice: “Las imágenes trascienden a su referente, se llenan de connotaciones y disparan la imaginación mostrando lo invisible”. Y lo invisible de esos ‘Poemas para leer sin respirar’ se halla en consonancia con ese cuerpo desnudo de mujer sumergido en las profundas aguas del inconsciente.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición 'Poemas para leer sin respirar', en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Jaume Fuster en la exposición ‘Poemas para leer sin respirar’, en Railowsky. Imagen cortesía del autor.

Fuster habla de “espejo líquido”. Un espejo repleto de luces, burbujas y reflejos fantasmales, con la desnudez como epicentro de ese espejismo. Una desnudez que se funde y confunde con el paisaje, porque en el interior de esas profundas aguas el cuerpo siempre remite a orígenes ignotos. De ahí los paralelismos que irradian esas imágenes entre los senos, el pubis y la curvatura de tan evanescente figura con algas, depósitos de arena y el agua que lo licúa todo.

Como apunta Fuster, él se limitó a sumergirse en esas aguas, “encuadrar y disparar”, descubriendo después las formas creadas a partir de la simbiosis del cuerpo con el agua: “Pura abstracción y evocación de un mundo mágico”. Dependiendo del estado de la mar, de la incidencia de la luz y de los movimientos acuáticos de su sirena, Jaume Fuster fue escribiendo esos poemas visuales que Railowsky exhibe hasta el 5 de mayo. Poemas que el autor propone leer sin respirar. Por ello, como sugiere al lector que se sumerge en ellos: “Inspire… espire…”.  Ahí dentro, la respiración va al ritmo de la madre…naturaleza.

Salva Torres

José Antonio Orts y los sonidos del agua

Hidrofanías, de José Antonio Orts
Sala Parpalló
Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 14 de septiembre

La Sala Parpalló del MuVIM acoge la exposición de José Antonio Orts ‘Hidrofanías’, que en palabras de la diputada de Cultura, María Jesús Puchalt, tiene relación con «la dimensión social y cultural incuestionable del agua». Orts ha seleccionado para el MuVIM una serie de sorprendentes instalaciones que adentra al público en una experiencia artística interactiva donde sus esculturas generan la imagen y los sonidos del agua.

Estas manifestaciones acústicas ─sonidos del agua y sus reflejos─ son precisamente las claves que explican el título escogido por el artista: ‘Hidrofanías’. Según explicó el propio Orts, “fanía” alude a la revelación poética que la exposición realiza alrededor del agua. “El agua contiene todas las notas musicales. Eso es algo científico, como el prisma que convierte la luz blanca en toda la gama cromática”.

José Antonio Orts, junto a una de sus piezas de la exposición 'Hidrofanías' en la Sala Parpalló. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

José Antonio Orts, junto a una de sus piezas de la exposición ‘Hidrofanías’ en la Sala Parpalló. Imagen cortesía del MuVIM de la Diputación de Valencia.

A partir de un único “chorrito de agua” –que es el que tiene todas las notas musicales-, José Antonio Orts ha sacado las distintas notas que pueden escucharse en cada una de las instalaciones expuestas en la Sala Parpalló del MuVIM. El autor, calificado por el comisario Amador Griñó de “escultor interactivo y músico”, señaló que “las oscilaciones del agua corresponden con los armónicos que puede conseguir un músico al hacer vibrar las cuerdas de un instrumento”.

La obra de José Antonio Orts recuerda la importancia del líquido elemento. Como ejemplo, el comisario aludió a la instalación ‘Huit Canelles’ que recuerda a los caños que vierten el agua en ocho acequias, tal como ocurre con la ciudad de Valencia y el río Turia, con las acequias de Quart, Tormos, Mislata, Mestalla, Favara, Rovella, Rascaña y Faitanar, que son las que han proporcionado de agua a la ciudad de Valencia y su huerta.

Obra de José Antonio Orts en la exposición 'Hidrofanías'. Sala Parpalló del MuVIM.

Obra de José Antonio Orts en la exposición ‘Hidrofanías’. Sala Parpalló del MuVIM.

Para esta exposición, y dado el vínculo histórico de la Sala Parpalló con las vanguardias, se han desarrollado, en colaboración con NOP films, un total de siete vídeos explicativos con el proceso de montaje de las obras, en castellano e inglés, accesibles junto a las instalaciones mediante códigos QR y etiquetas NFC. Haciendo uso de componentes electrónicos, circuitos, sensores, altavoces, tubos y espejos, José Antonio Orts construye hermosas esculturas ―consideradas únicas dentro del panorama del arte contemporáneo― que permiten crear armonías de agua, únicas, irrepetibles, admirables, y que nos adentran en el universo del arte total.

Las piezas instaladas en la Sala Parpalló, sensibles a la presencia del espectador, han sido diseñadas para emitir sonidos afinados o luces como respuesta a la irrupción de los visitantes. Adentrarse en ‘Hidrofanías’ hace partícipe al visitante del universo creador del artista y, como consecuencia de su deambular entre ellas, construye efímeras sinfonías que se consumen a la vez que se generan, en un acto escénico que trasciende el ámbito de las artes implicadas.

Obra de José Antonio Orts en la exposición 'Hidrofanías'. Sala Parpalló del MuVIM.

Obra de José Antonio Orts en la exposición ‘Hidrofanías’. Sala Parpalló del MuVIM.

 

Paco y Manolo, de intensidades y pérdidas

Preludio, de Paco y Manolo
Con la colaboración de Nauzet Mayor
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 27 de junio
Hasta el 8 de agosto

“Lo único que merece la pena vivir en la vida es la posibilidad de experimentar de vez en cuando un momento perfecto. Y tal vez incluso más que eso, tener la capacidad de recordar esos momentos en su totalidad, contemplarlos como joyas” (Paul Bowles, ‘La casa de la araña’).

Todo el trabajo de los artistas Paco y Manolo ha girado en torno a los mismos temas: “la fugacidad de los momentos vividos, la intensidad del encuentro y la oscuridad de la pérdida”, explica Ismael Chappaz, co-director de Espai Tactel. “Esta oscuridad”, continúa diciendo, “desde el punto de vista de su propia existencia, fue el motivo principal de su anterior exposición en Espai Tactel, de Valencia, y Addaya, en Mallorca, ‘Memento Mori’, donde la sensación de ‘nos queda menos tiempo del que hemos vivido’ dio lugar a un trabajo mucho más oscuro y amargo”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

En ‘Preludio’, Paco y Manolo trabajan los dos aspectos. “Por un lado”, señala Chappaz, “juegan con las imágenes que nos enseñan la felicidad del momento vivido y las mezclan con reflejos y distorsiones para así convertirlas en espejismos. Finalmente, una serie de imágenes, a la manera de los larvae convivalis, les animan a aumentar esa sensación de felicidad, dando lugar a la fugacidad de la existencia”.

Según los artistas, “la vida es el preludio de ese momento en el que la pérdida (del amor, de la juventud, de la belleza) es el mayor de los males a los que nos hemos de enfrentar”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La comisaria Marisol Salanova alude a Borges, cuando decía que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. “Paco y Manolo nos presentan escenas de juventud, goce y belleza como preludio al desvanecimiento en un ejercicio de hermenéutica del cuerpo donde los estereotipos no tienen cabida”.

“Las vulnerabilidades del cuerpo”, prosigue Salanova, “y la identidad son un tema recurrente en la obra de esta pareja de fotógrafos catalanes conocidos sobre todo por los retratos que han realizado a lo largo de más de quince años. Si ya habían explorado la sensación de que el tiempo se nos escapa y es el cuerpo quien constantemente nos lo señala durante una primera muestra en Espai Tactel titulada ‘Memento Mori’, ahora vuelcan su talento en una segunda individual, donde podemos disfrutar de sus fotografías y una puntual colaboración escultórica con el artista canario residente en Mallorca Nauzet Mayor”.

'Preludio', de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

‘Preludio’, de Paco y Manolo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Xisco Mensua: Palabras en la imagen

Palabras en la imagen de Xisco Mensua
Galería Rosa Santos
C/ Bolsería. 21. Valencia.
Inauguración: 28 de marzo a las 20 h.
Hasta el 23 de mayo de 2014

El ilustrado(r) y la fábula del sentido

Divagaciones en torno a la exposición “Palabras en la imagen” de Xisco Mensua

Aunque inicialmente, y dada la abundante presencia de textos dibujados, pudiéramos pensar (y algo de eso hay) que estamos ante un artista paradójico que simplemente desconfía de la imagen (de su capacidad evocadora, de su poder discursivo, de su condición de verdad o semejanza, o de su carácter pánico), y aunque la inquietud de Xisco Mensua nos recuerde al Silvio Lago de Emilia Pardo Bazán que sufría “la penosa incerteza, el titubeo de los desorientados y los deslumbrados, la solicitación de las otras formas artísticas, la ambigüedad ambiciosa que obliga al escultor a buscar efectos pictóricos; al pintor, a introducir poesía lírica o épica, literatura, en fin, en sus cuadros;” en realidad la cuestión es algo más compleja y las dos operaciones que simultáneamente, a mi parecer, lleva a cabo Xisco Mensua son de otro signo. O al menos, otros me parecen sus orígenes y otra su búsqueda; una exploración ligada quizá más a un anhelo, y una perplejidad ante las potencias de la imagen como construcción cultural, o de la visualidad en toda su extensión, que a un desengaño.

Xisxo Mensua "Relámpago" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisxo Mensua «Relámpago» (en «Palabras en la imagen»). Imagen cortesía de la galería.

El cuadro que hace las veces de título de la exposición, si podemos llamarle así, dado que es prácticamente un cartel con la frase “Palabras en la imagen”, pintada en negro sobre blanco con el subtítulo “después de Teoría de la imagen de W. J. Mitchell”, podríamos leerlo (o verlo, aquí empiezan los dilemas) como una declaración de intenciones vinculada a esa voluntad de “mostrar la mirada” expresada en la obra de Mitchell. Así que no estaríamos exclusivamente ante una crítica a la posibilidad de existencia de la pintura como medio absolutamente autónomo, ni frente a un ejercicio de desconfianza hacia el sistema discursivo de la imagen; sino ante un proceso de trabajo en el que se experimenta la dificultad de cercar los límites de la relación entre palabra e imagen, lo irreductible de esta, y la imposibilidad de que no sea a la vez texto, o no provenga de un régimen discursivo exterior y verbal. Y simultáneamente, de que un texto no sea imagen, y no ya solo por su condición, en este caso caligráfica, que nos remite a su pertenencia al dibujo, sino de una manera más esencial porque, en cuanto que es visto y leído, propone o evoca una imagen. De alguna manera, en la búsqueda emprendida parece existir cierta voluntad de acercamiento a las posibilidades de elaboración de una “imagen de la teoría de la imagen”.

Xisco Mensua "Melancolía" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua «Melancolía» (en «Palabras en la imagen»). Imagen cortesía de la galería.

La estrategia que guía esta exploración es casi arqueológica, indaga en los estratos de una forma de relación entre lo visual y lo textual donde las evidencias encontradas, las apariencias de verdad de cada una de las formas discursivas, en su relación, no son estrictamente ni verdaderas ni falsas, ni establecen una relación directa o al menos inmediata. La relación creada a lo largo de la exposición entre imagen y palabra genera una cierta inquietud porque no es absurda, y tampoco inteligible, ni siquiera ininteligible, sino que disloca el orden o la relación de adjetivo y sustantivo que entre imagen y texto tendemos a establecer, borrando lúdicamente, como dice del caligrama Foucault, “las más viejas oposiciones de nuestra civilización alfabética: mostrar y nombrar; figurar y decir; reproducir y articular; imitar y significar; mirar y leer”. Así, al contrario que en una mera ilustración, Xisco Mensua nos hurta un principio de síntesis o de continuidad para, realmente, iluminar o ilustrar (en el extenso sentido de estas palabras) un camino de dos direcciones, en el cual textos e imágenes amplían o multiplican sus relaciones provocando nuevas u otras búsquedas de sentido en una operación que por su carácter alegórico, como dice C. Owens, no es hermenéutica, no restablece “un significado original que pudiera haberse extraviado u oscurecido”; es una “imaginería usurpada” que añade otro significado a la imagen; en la cual el alegorista no inventa sino que confisca, reivindicando su derecho sobre lo culturalmente significante para transformarlo en otra cosa (allos =otro +agoreuein =hablar). Aunque en este caso la sensación que nos da no es tanto de que se sumen o trastoquen significados, sino de que todos ellos se relativizan, se tornan livianos, a veces nos parece más un proceso de disolución que de construcción de sentido.

Xisco Mensua "No lo encontrarás" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua «No lo encontrarás» (en «Palabras en la imagen»). Imagen cortesía de la galería.

Así, la primera de las operaciones llevadas a cabo; el cuestionamiento de que existan dos saberes en conflicto o competencia: el visual y el textual, y uno más veraz que otro, o de que al menos pudiéramos establecer un régimen de continuidad entre ambos, nos desvela la segunda y más delicada y melancólica de las operaciones pretendidas aquí: el cuestionamiento de las capacidades para el desvelamiento de la verdad en los efectos de sentido que elabora cualquier acción o forma de discurso. Como si del palimpsesto de Arquímedes se tratara, imágenes y texto en su resonancia mutua alumbran nuevos significados, pero a la vez nos revelan lo que hay de fábula en la construcción de sentido.

Xisco Mensua "Phrases" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua «Phrases» (en «Palabras en la imagen»). Imagen cortesía de la galería.

A lo largo de la exposición se entrecruzan, entre otros, los textos de Jean-Luc Nancy, Artaud, Derrida, Blanchot, Hölderlin, Machado o Benjamin… con algún cuadro monocromo (en el que se pregunta si el mismo es una imagen) y sombras, reflejos y siluetas… Palabras caligrafiadas, citas de textos que son necesariamente imágenes, y también citas de imágenes, e incluso imágenes citadas en forma de texto –»Melancholia» es un cuadro que es solo la ficha técnica pintada del grabado de Durero–. Y se trasluce un cierto desengaño: “What do you read my lord? Words, words, words” (Hamlet. Shakespeare) o “Hamm: ¿No estamos a punto de… de… significar algo? Clov: ¿Significar? ¿significar nosotros? (risa breve). ¡Esta sí que es buena!”. Y la sensación de que tras esa deriva entre citas de imágenes y palabras, de reflejos e interpretaciones, tras el aliento poético que habita en esa búsqueda de sentido se oculta, tras una duda epistemológica, una voluntad casi científica. A la máxima latina – que es lema de la Royal Society – Nullius in verba (en la palabra de nadie) podríamos añadirle nullius in imagines, ni los discursos ni las apariencias. Pero quizá es porque como decía Juan deMairena sobre el trabajo infinito de la ciencia: “No es porque busque una realidad que huye y se oculta tras una apariencia, sino porque lo real es una apariencia infinita, una constante e inagotable posibilidad de aparecer”.

Ignacio París Bouza

Xisco Mensua "Fin de la partida" (en "Palabras en la imagen"). Imagen cortesía de la galería.

Xisco Mensua «Fin de la partida» (en «Palabras en la imagen»). Imagen cortesía de la galería.