Un Sorolla para comérselo

‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, por el chef Jorge de Andrés
Colabora: Fundación Bancaja
Vertical Restaurante
Ático Hotel Ilunion
Luis García-Berlanga Marti 19, València
Desde el 15 de octubre
Domingo 11 de octubre de 2020

Apuntaba Joan Miró que un cocinero era un artista cuando tenía cosas que decir a través de sus platos, “como un pintor en un cuadro”. El chef Jorge de Andrés, más modesto, dijo durante la presentación de la propuesta gastronómica ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, en colaboración con Fundación Bancaja, que él se consideraba “un currante, no un artista”, porque “cuando hay que fregar el arte desaparece”. Sin embargo, alguien alzó la voz para enmendarle la plana: “Estos platos son obras de arte”. El cocinero salió pronto al quite señalando a la autora de semejante proclama: “Es mi madre”.

Sorolla
‘Cataluña. El pescado’, de Joaquín Sorolla.

El también cocinero Joan Roca, de El Celler Can Roca (Girona), ha repetido en numerosas ocasiones que más que dar de comer, lo que se trata en gastronomía es de crear emociones. Por eso se entiende que Jorge de Andrés pusiera a su madre en el origen de su pasión por la cocina y al pintor Sorolla, y sus 14 paneles regionales creados para la Hispanic Society of America, como soporte natural de los menús ideados para celebrar el maridaje entre arte y devoción culinaria.

“He descubierto a un Sorolla gastrónomo”, resaltó el chef de Vertical Restaurante, encargado de traducir la pintura luminosa del artista valenciano en jugosos platos. Un total de 14 correspondientes a cada una de las regiones de su visión de España. “Pude ver”, explicó De Andrés, “que Sorolla nos dejaba un simbolismo” en sus 14 obras, “donde la gastronomía estaba muy presente”. Por eso Rafael Alcón, presidente de Fundación Bancaja, se refirió a la “ejecución gastronómica e inspiración artística” que caracterizaba la propuesta.

Jorge de Andrés (izda) y Rafael Alcón, en la presentación de ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

“Tradición e innovación apelando a la emoción de los sentidos”, subrayó Alcón. “La gastronomía profesional siempre se ha inspirado en la cocina popular”, agregó poco después el chef valenciano, ahora sí reconociendo que la cocina era un arte, aunque no estuviera reconocida en las bellas artes. En cualquiera de los casos, ahí están los 14 paneles de Sorolla, que Archer Milton Huntington encargó al pintor en 1911, en perfecto maridaje con el arte culinario de Jorge de Andrés. Un total de 14 menús que, desde el pasado 7 de octubre, ya podrán ser paladeados por todos aquellos que lo soliciten a partir del próximo día 15, con una duración mínima de un año. “Para los comensales, esperan diferentes sorpresas, antes, durante y después del menú”, señala el equipo responsable de la propuesta.

Pieza de Laura Maldonado, para la propuesta gastronómica de Jorge de Andrés ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’.

El mar, la huerta, el campo y la montaña, tan presentes en las mencionadas obras de Sorolla, serán los “conectores” de ese viaje gastronómico a través de la pintura. La fiesta del pan de Castilla, a través de sus torrijas; Aragón y sus jotas, con el protagonismo del cordero; los nazarenos de Sevilla, concentrados en un potaje con espinacas y bacalao; unos salmonetes con romesco ligados al pescado de Cataluña; los bolos de Gipuzkoa representados en un plato claroscurista como el calamar sin su tinta; el Concejo del Roncal, en Navarra, con verduras de su huerta; el atún de Ayamonte (Huelva); el dátil con bacon vinculado al palmeral de Elche, o el arroz con gamba de Denia, ya ligado a su natural valencianía, son algunos de los platos de ese viaje territorial con óleo al fondo.

“Sibarita, gurmé, bebedor de vino y gran fumador de habanos”, así recordó De Andrés al gastrónomo Sorolla. Un Sorolla, para comérselo, que ya pintara las figuras y destellos de la luz mediterránea, en los reversos de los menús de los restaurantes que visitó en Estados Unidos. “Muchos artistas lo han hecho como pago por la comida”, ironizó el chef valenciano, tras hablar de un “Sorolla de kilómetro cero”, que aguardaba, por ejemplo, a que un dátil estuviera maduro para pintarlo tal y como su mirada requería.

Imagen virtual de uno de los platos de ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, del chef Jorge de Andrés.

Al igual que Joaquín Sorolla componía un paisaje, Jorge de Andrés ha confeccionado distintos sabores. Y al igual que el maestro de la luz captaba la atmósfera delicuescente del húmedo calor mediterráneo, el cocinero también reúne en sus platos los variados aromas y sabores de la gastronomía española, apoyándose en las piezas diseñadas a tal fin por la artista Laura Maldonado. De nuevo, el maridaje entre la creación pictórica, el diseño contemporáneo y el arte culinario más rompedor desde la tradición.

Como Cicerón resaltara, ligando el placer de los banquetes con la reunión de los amigos y la buena conversación, también De Andrés reconoció que en las mesas ocurría todo. De hecho, reveló el importante encuentro que tuvo lugar en el Hotel Savoy de Londres entre Archer Milton y Sorolla, como germen del famoso encargo, y donde trabajaba Auguste Escoffier, considerado el creador de la cocina moderna, para quien los grandes platos eran muy sencillos. Los grandes vinos, con sus respectivas denominaciones de origen, ponen el broche dionisíaco a esos 14 platos del Sorolla más sibarita.

Imagen de uno de los platos de la propuesta ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, del chef Jorge de Andrés.

Salva Torres

El realismo inquietante de Antonio López

Antonio López, con una sección dedicada a María Moreno
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán 23, València
Hasta el 24 de enero de 2021
Sábado 26 de septiembre de 2020

Tomás Llorens, comisario junto a Boye Llorens de la exposición que Fundación Bancaja dedica a Antonio López, se refirió a la sensibilidad de la obra más temprana del pintor manchego como caracterizada por un realismo que se solía asociar con ecos del surrealismo y del realismo mágico, para terminar diciendo: “Algo de eso hay”, en el conjunto expositivo.

En este mismo sentido, aunque poniendo una lupa en ese realismo, el escritor Salman Rushdie aludió al hiperrealismo como una forma de ver el mundo con tal detalle que nadie puede ver. Sumando todas esas categorizaciones que, como todas, apenas sirven para contemplar la punta del iceberg que constituye la obra de Antonio López, podríamos decir que, precisamente por todo ese lujo de detalles que atraviesa el trabajo del artista de Tomelloso, su obra es un enigma que apenas salta a la vista por su harta elocuencia.

Vista de la exposición dedicada a Antonio López. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Tomás Llorens se aproximó al núcleo de ese enigma cuando advirtió, señalando el apartado dedicado a lo vegetal, que junto al cuerpo humano, la gran ciudad y el interior doméstico integran los ejes temáticos de la exposición, el “mundo inquietante” de Antonio López, con esa “proliferación de novedades sentidas como amenazantes”. A Llorens le faltó extender esa inquietud al conjunto del trabajo, más allá del simple apartado vegetal, para cerrar el círculo de una trayectoria que abarca más de 60 años dedicada a extraer emoción de las estampas más cotidianas.

“Pintamos para contar emociones”, resaltó Antonio López, que por primera vez expone su obra junto a la de su mujer, María Moreno, por obra y gracia de la Fundación Bancaja, productora de la muestra, y del trabajo de los comisarios. La vida de Mari, como se refirió López a su esposa fallecida en febrero, era más importante, dijo, que su pintura, de ahí que la hiciera más libre a la hora de pintar, porque “no debe nada a nadie”, subrayó el artista manchego. “Brota de ella de manera natural”, apostilló.

Saliéndose del discurso dominante (“no hay que ensañarse en ello”), aludió al trabajo de María Moreno como el de una mujer con enorme talento para la pintura, que decidió sin embargo dedicarse a la educación: “Yo defendía su tiempo para pintar”, remarcó, para después señalar el dato de que ahora hay más mujeres que hombres en las facultades de Bellas Artes. “No hay que tener prisa. Los hombres y las mujeres han nacido para estar juntos”, agregó.

Vista de la exposición dedicada a Antonio López. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Dijo que cuando algo no albergaba emoción dejaba de hacerlo, apelando al “arte que se salta todos los trámites”. Y uno de los más engorrosos puede hallarse en aquellos encargos que, como el de retratar a la familia del Rey Juan Carlos, se hallan de entrada limitados por el protocolo y una serie de prejuicios. Antonio López se mostró, a este respecto, taxativo: “El Rey me dijo, ‘nosotros somos una familia española’. Yo sabía que eso no es así, es más que una familia española, pero eso me ayudó”, de manera que él vio a un padre, una madre y tres hijos y le pareció “muy bonito trabajar sobre eso”.

Admitió que si se lo encargaran de nuevo, “no los reyes, sino alguien que tuviera relación con ellos, lo haría encantadísimo”, después de reconocer que anteriormente había pintado “parejas, hombres y mujeres, pero nunca una familia”. Cuando se le preguntó por ese cuadro, ‘La familia de Juan Carlos I’, ubicado en el interior del Palacio Real, aseguró que estaba bien allí, pidiendo respeto para el arte y la pintura “más allá de incumbencias temporales”.

Obra de Antonio López en la exposición que le dedica Fundación Bancaja.

“Este debate es para llenar páginas de periódicos”, resaltó, trayendo a colación la larga historia de los trabajos por encargo. “Qué pasaría si ese problema lo trasladáramos al Museo del Prado. ¿Habría que quitar ‘La familia de Carlos IV’, que eran unos sinvergüenzas todos? ¿O quitar al Papa Inocencio X, de Velázquez, porque es feo? ¿Por qué no vemos la pintura, el arte?”.

Antonio López percutió con su pregunta algo que puede dar lugar a un extenso debate: el del arte comprometido. “El arte nos ayuda de otra manera y hay que respetarlo fuera de todas esas incumbencias temporales”, aseveró. Otra de esas incumbencias, la pandemia por el coronavirus que ha trastocado nuestras vidas, apareció de nuevo ligadas a su trabajo, con esa gran ciudad deshabitada evocando en su obra los efectos del más reciente confinamiento. “Yo hago pintura muy poco periodística. Seguro que acaba apareciendo todo eso, pero no lo busco”, afirmó.

Antonio López
Antonio López junto a una de sus obras en la Fundación Bancaja.

Como acaba apareciendo el misterio vinculado a la inquietud que destila su obra realista. Ya sea una nevera abierta, en cuyas tripas hay alimentos cotidianos que parecen cobrar vida sobrenatural, o el membrillo que dio pie a la cadenciosa y bella película de Víctor Erice siguiendo el proceso creativo de Antonio López, ensimismado con la captación de los cambios de ese membrillo según las estaciones del año, lo cierto es que la pintura del artista manchego diríase poseída por un rigor documental inyectado de poesía.

“Antonio es un pintor que ha trabajado como un estajanovista durante 60 años”, proclamó Tomás Llorens, tras advertir que su obra no era “muy numerosa, pero sí rica y profunda”. Como lo es la de María Moreno, insertada en la retrospectiva “con un pequeño conjunto de obra bellísima”, destacó el comisario. Las obras, procedentes de diferentes colecciones institucionales y privadas, podrán verse en la Fundación Bancaja hasta el 24 de enero. Una obra que, en el caso de López, está preñada de ambición por ahondar en los detalles de la vida. Detalles que, con el paso del tiempo, han ido derivando “hacia un mayor despojamiento y simplicidad”, concluyó Llorens.

“La gente que vale se pierde muchísimo”, subrayó Antonio López, añadiendo que los que habían salido adelante, como él, “hemos tenido la ayuda de Dios”. Cierta sacralidad, de hecho, diríase que brota de su pintura. Una sacralidad inscrita en los objetos más cotidianos, en las urbes vacías, el cuerpo humano y vegetales que, como el membrillo, primero alumbran su obra, para después dejarnos una sombra inquietante de misterio, expresión de su honda emoción por la pintura.  

Antonio Lopez entre dos de sus esculturas. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres     

«El arte no se entiende, se goza»

‘El suicidio de la pintura’, de Uiso Alemany
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 24 de febrero de 1019

Fue lo primero que hicieron todos: recordar a la que fuera ministra de Cultura socialista Carmen Alborch, fallecida el pasado martes 23 de octubre. “Es un día de dolorosa despedida”, señaló visiblemente emocionado Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja, durante la presentación de la muestra El suicidio de la pintura, de Uiso Alemany. “Fue una persona de coraje y autenticidad en muchos aspectos: cultural, intelectual, feminista. Aunque seguro que hubiera preferido, de estar aquí, no regodearse en lo funerario y melancólico”, subrayó Fernando Castro, comisario de la exposición. Exposición de un “artista visceral, singular, pequeño demonio de Tasmania que a veces la lía parda”, apuntó Castro.

Y ese pequeño demonio dio enseguida su primera dentellada: “Ahora que están aquí los medios tengo que decir que se utiliza con banalidad espantosa lo que es el arte y los artistas”. De los 8.000 millones de personas, calibró que habría un artista por cada dos o tres millones, lo que daba una cifra de apenas 4.000 “como mucho” en todo el mundo. Del arte dijo que era “un misterio” y, como tal, “muy difícil de describir”. Y del artista, que es “un bicho raro”, que trabaja “con las emociones y los sentimientos” y que las formas empleadas en sus obras vienen dadas por esa “extraña rareza”. Y fue dando pinceladas, más bien brochazos enérgicos, de esa inquietante convulsión interior que lleva a un artista a crear.

Una mujer ante una de las obras de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una mujer ante una de las obras de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

“No se trabaja desde el intelecto”, dijo, para señalar a continuación: “Es terrible enfrentarse a una tela en blanco”. Alemany la aborda “como el músico de jazz que improvisa”. Y añadió: “Voy descubriendo lo que hago. Pinto con mi mano derecha, que hace lo que le da la gana. Y me gusta más lo que hace la mano, que lo que piensa el cerebro”. Por eso aludió a continuación al misterio de esa creación inconsciente, alejada de la mente más racional: “El arte no se entiende, al igual que no se entiende una sinfonía. El arte se goza. No sé qué es”, reconoció rodeado de las 23 pinturas de gran formato y 160 dibujos de pequeño formato que integran El suicidio de la pintura.

Del suicidio se hizo cargo Fernando Castro, refiriéndose a Joan Miró y su proclamación en 1931 a favor del asesinato de la pintura, con matices por parte del comisario: “Se suicida la concepción tradicional de la pintura, porque ésta nunca muere ya que siempre tiene detrás una pulsión de deseo”. Pulsión y deseo enfrentados en la obra de Uiso Alemany, puesto que la visceralidad se impone a la ley del deseo que debería mitigar y canalizar tan exacerbado torrente de formas y colores. “Es un canto a la pintura que incluso suicidándose sigue viva”, apostilló Castro.

Alcón citó a Picasso para referirse a Alemany, que ha producido toda la obra de la exposición durante este año en su estudio de Sao Paulo en Brasil: “Cualquiera que sea la fuente de emoción que me impulsa a crear, quiero darle una forma que tenga alguna conexión con el mundo visible, incluso si es solo para hacer la guerra en ese mundo”. De nuevo el artista valenciano caracterizado como pintor belicoso, visceral, entregado a su obra con indomable pasión. “El artista es un perro salvaje, un lobo rabioso. Un indeseable, loco que muere rabiando”, proclama del artista el comisario en su escrito sobre la muestra.

De izda a dcha, Uiso Alemany, Rafael Alcón y Fernando Castro.

De izda a dcha, Uiso Alemany, Rafael Alcón y Fernando Castro.

“Si la obra no sorprende al artista tampoco sorprenderá al espectador”, afirmó Alemany. Sorpresa que se radicaliza en la instalación alegórica sobre el mundo del arte que figura en la entrada misma de la exposición. “Es una pieza sobre superficie especular, con una serie de borregos que acompañan a tipos con sombrero”, que el comisario vinculó al esperpento de Valle Inclán, y en la que “te ves tú reflejado en el aborregamiento” que alude al “mundillo del arte”. El misterio de la obra de arte en este caso diluido por tan explícita referencia, contraria a la definición que luego ofreció el propio Castro: “El arte no es la ilustración de unos conceptos asimilados”. Y volvió a la pieza especular: “Crees que eres muy racional, pero en el fondo eres un borrego más”.

El suicidio de la pintura está atravesado de formas vinculadas con ese reino animal del que procedemos (“también el animal que somos”, puntualizó Castro), con presencia del cuerpo y del erotismo, de rostros, de muros y cerramientos carcelarios, en torno a una pintura “como juego lúdico, que va más allá del cubismo y de la pintura convencional”, y que incluso “te lleva a desbordar los conceptos asimilados”. Fernando Castro también alude al carácter “indisciplinado” del artista, que “desmantela la pintura, sin dejar nunca de lado su gran preocupación por las formas”.

Vista de la gran pieza que abre la exposición de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Vista de la gran pieza que abre la exposición de Uiso Alemany. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

Ya es verano con Serenates

Serenates
Centre Cultural La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Del 24 de junio al 6 de julio de 2016

El festival ‘Serenates, que desde 1984 llevan coproduciendo la Universitat de València y la Subdirección de Música de CulturArts, este año con un presupuesto superior a los 50.000€, incorpora su programación a la Feria de Julio. Es la primera vez que tal cosa sucede, de manera que, como dijo el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, “la Feria de Julio se anticipa a junio gracias a Serenates”. Esto es fruto del cambio de política cultural subrayado por el regidor de Cultura Festiva, Pere Fuset: “Antes se contraprogramaba y ahora colaboramos”.

Esa es la principal novedad del Festival Serenates, a la que Ariño agregó el incremento de las actuaciones: un total de 15 frente a las 11 de la pasada edición, lo cual supone la participación de 739 intérpretes, en su mayoría valencianos (644). Porque Serenates nació precisamente para eso: para la promoción de “la música y los músicos predominantemente valencianos, como muestra de nuestro patrimonio cultural”, resaltó el vicerrector de Cultura.

A su lado asentían, Carmen Amoraga, directora general de Cultura y Patrimonio, Glòria Tello, presidente del Palau de la Música, Ramón Alcón, presidente de la Fundación Bancaixa y Ramón Reche, director regional de Valencia del Banco Sabadell, estos dos últimos colaboradores convencidos de la importancia del Festival Serenates: “Apostamos por él desde el primer día”, señaló Alcón; “el festival genera un retorno fantástico”, abundó Reche.

Esa inclusión de Serenates en la programación de la Feria de Julio coincide a su vez con dos aniversarios: los 25 años de Assaig (Grup de Teatre de la Universitat de València) y los 20 de la Orquesta de Valencia. Del primero se representará París, años 60, con un texto inédito de Rodolf y Josep Lluís Sirera, este último recientemente fallecido. Todo un lujo en la programación que, como precisó Glòria Tello, es “un lujo accesible y este es un dato muy importante”.

Jordi Savall, en Serenates de la Universitat de Valéncia y CulturArts.

Jordi Savall, en Serenates de la Universitat de Valéncia y CulturArts.

Como es un lujo contar con Jordi Savall, virtuoso de la viola de gamba, que interpretará La reveuse con obras de Marin Marais y de Sainte-Colombe el día 5 de julio. A Savall todavía se le recuerda, además de por su inigualable trabajo, por haber rechazado el Premio Nacional de Música en 2014 como crítica al “desinterés por la cultura del Partido Popular”. Nada que ver con la actitud del nuevo gobierno: “El año pasado se molestaba y en este colaboramos”, reiteró Fuset.

Silvia Pérez Cruz, en concierto. Serenates de la Universitat de València y CulturArts.

Silvia Pérez Cruz, en concierto. Serenates de la Universitat de València y CulturArts.

Serenates arrancará el 25 de junio con otro lujo más: la actuación de Silvia Pérez Cruz, junto a Javier Colina, Marc Miralta y Albert Sanz, que presentarán ‘En la imaginación”, premio al mejor álbum de jazz de la música independiente. A Pérez Cruz también se la recuerda por el Goya debido al tema musical de Blancanieves, de Pablo Berger, galardón que recibió tras una accidentada entregada a manos de Adriana Ugarte y Carles Santos. Capella de Ministrers, todo un clásico de Serenates, actuará el 26 de junio, día de las elecciones.

Un viejo anhelo de Antonio Ariño se ha hecho realidad este año, con la ampliación de los conciertos a la Plaza del Patriarca. El primero de ellos, además, de singular interés: protagonizado por los Tornejants y la Muixeranga de Algemesí, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2011, cuyo espectáculo de danza y música empezará en el claustro de La Nau y se desplazará hasta la plaza el día 8 de julio. Allí mismo actuarán Urbalia Rurana y La Romàntica del Saladar, un día después, y Pep el Botifarra junto a la Joven Banda Sinfónica de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana (10 de julio).

Serenates, a punto de cumplir sus 30 años, vuelve a su cita anual “con más actuaciones que nunca, unido por primera vez a la Feria de Julio, abierto a todos los géneros musicales, desde el Renacimiento a nuestros días, y con una programación marcada por el eclecticismo”, concluyó Ariño. Y todos los espectáculos a tan sólo 3€, salvo los de la Plaza del Patriarca que serán gratuitos. Un lujo, pues, accesible.

Silvia Pérez Cruz, en concierto. Serenates de la Universitat de València y CulturArts.

Silvia Pérez Cruz, en concierto. Serenates de la Universitat de València y CulturArts.

Salva Torres