La mirada despierta de Sergio Larraín

Sergio Larraín: Vagabundeos
Organizada por el Centro José Guerrero de la Diputación de Granada y producida por
Magnum Photos
Centro José Guerrero
C / Oficios, 8. Granada
Hasta el 27 de marzo de 2016

El fotógrafo chileno Sergio Larraín (1931-2012) atravesó el universo de la fotografía como un meteorito. Su preocupación por la pureza y su atracción por la meditación lo llevaron, después de muchos viajes, a retirarse al campo chileno, donde enseñó yoga para vivir en autarquía. Desde allí escribió mucho, preocupado por la necesidad de transformar la humanidad.

La exposición abarca toda su trayectoria, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori. Sergio Larraín tenía un ojo muy vivo, desligado de toda convención. Este enfoque a la vez social y poético hace de Larraín un fotógrafo brillante y un modelo que han seguido las nuevas generaciones.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

La del vagabundeo es quizá la poética con la que el arte entró en la modernidad. Baudelaire y Benjamin valoraron en ella la observación atenta y cabal de la ciudad, la confluencia de los ritmos urbanos y el cuerpo del paseante (la mirada alerta, la escucha). También Sergio Larrain elogió (y eligió) esa actitud. Fue fotógrafo por el placer del vagabundeo, por el deseo profundo de estar en el mundo y por la pureza del gesto. Y sin embargo, pasó gran parte de su vida retirado, practicando yoga y meditación, escribiendo y dibujando. Entre esos dos extremos brilla la estela de su paso por el mundo, intensa como la de una estrella fugaz.

Hijo de una familia de la alta burguesía chilena, Sergio Larrain (1931-2012) se alejó muy pronto del ambiente mundano que se respiraba en casa de su padre, conocido arquitecto y coleccionista de arte. A pesar de las difíciles relaciones que mantuvo con él, llegó a reconocer que gracias a la nutrida biblioteca familiar pudo educar su mirada y acceder a la fotografía.

Tras comenzar los estudios en Estados Unidos, viajó por Europa con su familia. A su regreso a Chile en 1951, se aisló durante una temporada y se inició en la meditación. En Norteamérica había comprado una Leica, y comenzó a hacer fotografías al tiempo que frecuentaba asiduamente el animado ambiente artístico de Santiago. En 1954, deseoso de obtener una opinión sobre su trabajo, envió un portfolio al MoMA de Nueva York y Steichen le compró algunas fotografías, lo que le reafirmó en su deseo de ser fotógrafo.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Trabajó como free-lance para la revista brasileña O Cruzeiro, viajó por América del Sur y más tarde recibió una beca del British Council para hacer fotografías en Londres, donde residió durante el invierno de 1958-1959. Con ocasión de este viaje a Europa se hizo realidad su deseo de entrar en Magnum: mostró a Henri Cartier-Bresson su trabajo sobre los niños abandonados de Santiago y fue aceptado en la prestigiosa agencia. Se instaló, pues, en París durante una temporada, lugar desde donde partiría para realizar numerosos reportajes de prensa.

Muy pronto comprendió que ese mundo apresurado no era para él y volvió a Chile. Allí culminó su principal trabajo, sobre Valparaíso, junto a Pablo Neruda, antes de volver a la meditación, al yoga y al dibujo. A partir de entonces vivió en un aislamiento voluntario, durante el que mantuvo correspondencia con numerosos amigos, obsesionado con la idea de salvar al planeta de los estragos causados por el hombre. Pasó los últimos treinta años de su vida en Tulahuén, en el norte de Chile.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Centro José Guerrero.

Esta exposición, comisariada por Agnès Sire, abarca toda la trayectoria de Sergio Larraín, fotógrafo cuya mirada despierta, desligada de toda convención, y cuyo enfoque a la vez social y poético hicieron de él un brillante referente para generaciones posteriores. En las salas del Centro José Guerrero se distribuye su obra en distintas secciones, con un arco cronológico que va de 1954 a 1977, desde los primeros años de aprendizaje hasta su período Magnum, de las imágenes documentales a aquellas más libres de sus dibujos y los satori.

En la planta baja se muestran las series Isla de Chiloé (1954-1963) y Niños abandonados (1955-1963), a la que acompaña el corto Niños del río Mapocho. La primera planta acoge las series tituladas Bolivia, Perú, Buenos Aires, París y Londres (1958-1975). En la segunda planta se exhiben las obras de las series Italia, Valparaíso y Santiago (1959-1977), además de una muestra de los satori y dibujos de su última época y libros, catálogos y revistas que recogen su obra, así como algunos tirajes originales.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

Fotografía de Sergio Larraín. Imagen cortesía de Centro José Guerrero.

 

Transitando por la galería Luis Adelantado

Visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Hasta el 4 de julio, 2014

Vamos a transitar/recorrer el espacio de la galería Luis Adelantado, con la idea de sentirlo un poco nuestro, entenderlo como propio, tanto al contenedor como al contenido.

Bagaje, teatralidad, contraste, cambio, luz…

Pongamos atención sobre algunos de estos conceptos que nos servirán de hilván en esta experiencia. Sazonarán de sentido el camino, veámoslo juntos.

La doble exposición sobre la que vamos a hablar hoy, acoge las obras del artista holandés Folkert de Jong, y la artista francesa Delphine Courtillot.

Ambas muestras están íntimamente relacionadas, más allá de su relación personal, lo cotidiano transciende los límites convencionales para mostrarse tal y como es, honesto y directo.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Folkert es un artista bien conocido por sus instalaciones teatrales, y su crítica cáustica/mordaz hacia los emblemas del poder. Bajo el título de Desengaño, nos invita a reflexionar a través de este concepto y en relación a su trabajo. En este momento nos rodean las obras de Folkert que presiden la entrada a la galería de Luis Adelantado.

Como él mismo comenta, cayó en sus manos un recopilatorio de Poesía española con este título de tintes dramáticos, que tan bien se relacionó con sus obras. El desengaño nos habla de un conocimiento de la verdad que nos saca del error, de la ignorancia…Entronca además con la situación social actual, con algo tremendamente contemporáneo en las obras de Folkert, como la dualidad, de luces y sombras, entre lo oscuro de esas miradas perdidas, y la luz que salpica de optimismo un futuro próximo.

En esta primera sala de la Galería, os invito a deambular por esta especie de sembrado de rostros de terra sigillata que parecen dialogar entre sí. Sus expresiones  son intensas pero contenidas. Si focalizamos nuestra atención en ellas, veremos que son rostros arquetípicos que nos recuerdan a personalidades que ostentan el poder, reinas, príncipes, papas… De hecho son personalidades atrapadas entre el poder, y la ruptura de la luz, manifiesta mediante los vitalistas colores en la base de las esculturas. Para Folkert, este desacuerdo, este entender la realidad como algo que está en continua eclosión, es el campo de cultivo perfecto para la creatividad. En esta ocasión, la presencia de la luz en las obras de Folkert, tiene una fuerte carga simbólica, optimista. Ya que aboga por la etimología primitiva de la palabra Crisis, como oportunidad de cambio.

Obra de Delphine Courtillot en la exposición 'Aterlier familial'. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Delphine Courtillot en la exposición ‘Aterlier familial’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

A continuación, pasaremos a la segunda planta de la galería para conocer el trabajo de Delphine Courtillot. En la muestra Atelier familial veremos distintas influencias (Omega Workshop, Sonia Delaunay…) y una manera de trabajar que nos habla de integrar vida cotidiana y arte. Nos presenta una serie de túnicas de formas rectas y llenas de color, concebidas como arte.

Esta incursión en lo textil, supone una nueva experiencia para Delphine, cuyos trabajos anteriores, si bien vinculados con el imaginario de principios del s.XX, formaban parte de algo más clásico. El punto de partida de este trabajo es una colaboración que llevó a cabo con Folkert,  para la creación del vestuario de una compañía de teatro neoyorquina de Vanguardia. Se sintió muy a gusto a la vez que liberada con este trabajo, de modo que decidió ahondar en él. La idea de que sea un taller familiar, nos habla de un trabajo íntimo, de una familia ficticia tal vez, que se genera con quienes trabajamos habitualmente.

La reflexión que se esconde tras estas túnicas de inspiración ancestral, referencia una  ruptura con la sociedad de consumo, con la falta de derechos que se desprenden de los abusos de la producción en cadena propia de las exigencias del mercado. En definitiva, reivindica la defensa de la identidad como algo único y valioso, y la ruptura con el Made in China. Emplear el mínimo conocimiento técnico, y las formas más básicas para expresar algo con pureza, libre.

Esculturas de Folkert de Jong en la exposición 'Desengaño'. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Esculturas de Folkert de Jong en la exposición ‘Desengaño’. Imagen cortesía de la galería Luis Adelantado.

Continuando con esta experiencia retomamos la visión de Folkert en esta tercera de las cuatro plantas de la galería, y nos encontramos con una de las obras más icónicas de esta exposición. El trono de coronación. Este asiento, es una réplica exacta al trono de coronación inglés que se encuentra actualmente en Westminster Abbey, pero intervenido mediante la presencia de la luz.

El autor está muy interesado por el tema de la materialización del poder, y cómo esto cobra sentido con el paso de los años, el poso de las creencias sobre objetos físicos, otorga incluso una identidad/personalidad a los mismos…. Le fascina la necesidad del ser humano de conectar con este tipo de creencias que transcienden lo humano. De hecho, se convierten en algo autónomo, en un emblema. El trono cuenta con su propio ritual, que se completa al acoplar la piedra del destino al asiento original. A principios de siglo el trono fue atacado, entre otros por las sufragettes, quienes lanzaron sobre él un bolso lleno de explosivos, en su defensa por la equidad.

Para finalizar esta experiencia compartida que espero hayan disfrutado, vamos a disfrutar de esta última sala con escasas palabras, dejando que sean las emociones quienes nos hablen a nosotros, y no al revés…Antes de entrar a esta última sala, sólo diré que se trata de una colaboración entre Folkert y Delphine, donde se mezclan el barro de él, la tela de ella y la luz de ambos, los que estáis aquí lo estáis viendo, los que estáis leyendo estas líneas quedáis invitados a conocerlo.

Agradezco vuestra atención, y espero veros pronto.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig, en un momento de la visita guiada por las exposiciones de Folkert de Jong y Delphine Courtillot en la galería Luis Adelantado.

Isabel Puig