El erotismo ‘gandul’ e imprescindible de Messa

Messa. Palpitacions i Art Gandul
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 5 de febrero de 2017

“¿Por qué no pintar sin pintar?”, se preguntó Francesc Sempere Fernández de Mesa (Albaida 1915-1996), dedicándose a ello durante toda su vida bajo el seudónimo de Messa. “Incorporó la doble ‘ese’ a su firma, escritas al revés, por influencia picassiana”, señaló Artur Heras, comisario de la exposición que le dedica el MuVIM a “un imprescindible del arte valenciano”, subrayó Rafael Company, director del museo. “Artur Heras, otro imprescindible, pone en valor una de las figuras clave del arte contemporáneo valenciano”, afirmó el diputado de Cultura, Xavier Rius.

Instalación de la exposición 'Messa. Palpitacions i Art Gandul' en el MuVIM.

Instalación de la exposición ‘Messa. Palpitacions i Art Gandul’ en el MuVIM.

¿De dónde proviene su carácter de imprescindible? Entre unos y otros fueron localizando ese carácter en su “honestidad”, su “provocación fascinante”, su “humor valenciano en estado puro” y su “retaguardismo”, aludido por Heras, como señal de la forma “singular” que tuvo de experimentar en el marco de las vanguardias. El comisario de la exposición, que recordó la que en 1984 se le hiciera en la Sala Parpalló que por entonces él dirigía, recoge en el catálogo de la muestra: “[Me] pregunto si fue tomado en serio por una sociedad indiferente que ignora, y con frecuencia desprecia, a aquellos de sus miembros que rompen los clichés de la norma dominante”.

Con la exposición ‘Messa. Palpitacions i art Gandul’ se pretende redescubrir la figura de un artista “solitario, incomprendido y desconocido”, según apuntó Amador Griñó, jefe de Programación del MuVIM. Palpitaciones porque, como explicó Heras, “es un término que utilizó [Joan] Fuster para hablar del trabajo de Messa en su casa taller de Albaida, donde transmitía ese pálpito del entusiasmo del joven que se pone a experimentar”. Y arte gandul, porque “es un arte vago literalmente, al aprovecharse de cosas ya hechas por otros”, anticipo de lo que después se ha denominado “apropiacionismo”, apostilló Heras.

Obra de Messa en el MuVIM.

‘De quina dona seran aquestes bragues…’, obra de Messa en el MuVIM.

Las más de 70 obras, algunas inéditas, reunidas en la exposición, reflejan ese carácter singular mediante dibujos, la recreación ambiental de su estudio, repleto de objetos inquietantemente empapelados, su serie de ‘apegasants’ y ‘art gandul’, y sus pinturas blancas. Pinturas que Heras describe así: “Probablemente es el reducto donde Messa proyectó con mayor intensidad una carga erótica idealizada e impregnada de pureza bajo esa piel blanca, fusión entre la casa y el cuerpo humano”.

El ‘Homenatge a Zabaleta’, obra de 1974, resume ese hedonismo provocador de Messa, explicado por su hijo Félix Sempere durante el recorrido expositivo. “La pieza fue prohibida por el entonces gobernador civil Oltra Moltó y en ella se ven los cuatro elementos que componen la siguiente frase: ‘A las tres de la madrugada [por el reloj de la izquierda], cuando la luna está en la cumbre [por el astro lunar de la parte superior], hay más mujeres follando [mujer tumbada con miembro fálico entre las piernas dominando el centro del cuadro] que pucheros en la lumbre [objetos en la parte inferior]”.

'Harem', de Messa, en su exposición en el MuVIM.

‘Harem’, de Messa, en su exposición en el MuVIM.

“El erotismo enroscado de los cuerpos mantiene su regularidad a lo largo de los años”, subraya Heras. Ejemplo de lo cual es la pieza más grande de la exposición titulada ‘Harem’ (1980). “La línea se desplaza libre y fácil sobre el papel en la que, probablemente, sea la acción más hedonista, continuada e invariable en la obra de Messa”, agrega el comisario. “Messa combina un grado de inocencia, de virginidad y de osadía y entusiasmo dentro de la vanguardia”, concluye Heras.

Obras de Messa en su exposición en el MuVIM.

Obras de Messa en su exposición en el MuVIM.

La “fugacidad y pobreza”, términos con los que definió el propio artista su arte gandul, adquieren, tras la vista conjunta de su obra, una permanencia y riqueza que, superado el centenario de su nacimiento, reverdece en la sala Alfons Roig del museo valenciano. “Prisionero y solitario entre gente que no me entiende. Mudo dentro de un bosque humano de árboles que se mueven y emiten sonidos que no entiendo”. Así anticipaba Messa su propio sentimiento a rebufo de una obra desconcertante, que ahora se vuelve “imprescindible” en el MuVIM.

Obra de Messa en su exposición en el MuVIM.

Obra de Messa en su exposición en el MuVIM.

Salva Torres

“El arte está muerto y el artista mucho más”

Intramurs
Diferentes espacios del Casco Histórico de Valencia
Del 21 al 30 de octubre de 2016
Encuentro con los artistas Fernando Baena, Miguel Canseco, Inma Luna, Yanice Martins y Marta R. Seobrecueva

Fueron reunidos en la Asociación Cultural Princesa 2.0, sede de Intramurs en Valencia, donde estos días muestran su obra. Lo hacen por pura necesidad, sabedores de que el Arte con mayúsculas no va con ellos; que ese Arte va por los derroteros que impone el mercado. Se limitan a constatarlo y, de paso, reivindicar el arte con minúsculas, el que ausente de los grandes titulares constituye la letra pequeña de toda cultura que se precie. Hablaron, unas veces en tropel estimulados por la conversación, y otras desgranando lo que para cada cual representaba el arte.

Obra de Fernando Baena colgada en un balcón entre la Calle Alta y la Calle Baja de Valencia. Foto de Enrique Miravalls por cortesía de Intramurs.

Obra de Fernando Baena colgada en un balcón entre la Calle Alta y la Calle Baja de Valencia. Foto de Enrique Miravalls por cortesía de Intramurs.

Fernando Baena, Miguel Canseco, Inma Luna, Yanice Martins (que enseguida tuvo que ausentarse porque le tocaba actuar) y Marta R. Sobrecueva hablaron, en ocasiones, del arte como algo muerto y de los artistas como muertos vivientes que tratan de inyectar vida allí donde apenas hay aliento. Pero, en otras, hablaron y mucho de ensanchar los límites, de trascenderlos, de habitarlos para que la energía creativa corriera a sus anchas. Y todo ello, sabedores también del escaso interés que despierta en los poderes públicos, que siguen viéndolo como un hobby, un pasatiempo, un espacio donde pasar el rato tras haber dedicado tiempo a cosas más importantes.

Marta R. Sobrecueva durante su recital. Foto de Estrella Jover por cortesía de Intramurs.

Marta R. Sobrecueva durante su recital. Foto de Estrella Jover por cortesía de Intramurs.

Sobrecueva arrancó diciendo que todo artista lo que busca “es una forma distinta de mostrar las cosas”. Una búsqueda sentida como “necesidad”, para la cual “hacemos uso de distintos materiales, ya sea el papel, la palabra, la acción o un coche” (en alusión a Cancedo que utiliza un 4L para su instalación de Intramurs). “Más que una necesidad, para mí es una suerte”, señaló Luna, que agradecía a la poesía la posibilidad que le brindaba de ir “más allá de la vida diaria”.

“Yo soy apóstumo”, terció Baena, que enseguida se embaló: “Vamos a ver, ¡qué puñetas es eso del arte, con las millonadas que mueve! Si el arte está muerto, el artista mucho más. Y los comisarios lo que hacen es utilizar a los artistas como si fueran una granja de producción. Nosotros hablamos aquí de creatividad, pero no de arte, que va por otros derroteros. Nada que esté jodiendo al poder está en el candelero”. A Martins le interesaba el arte “para estar cerca de las personas”. Y añadió: “Trabajo fuera de los museos, de las galerías, de esos espacios, porque la calle me parece un espacio de mercado. También está dentro de ello. Tiene que haber diálogo entre todos, sin guetos. Si somos artistas, somos todos artistas…”

Yanice Martins en su instalación. Foto de Paula Felipe por cortesía de Intramurs.

Yanice Martins en su instalación. Foto de Paula Felipe por cortesía de Intramurs.

Artistas todos ellos que tienden a ensanchar los límites del lenguaje, ya sea para cuestionarlo o para investigar sus posibilidades. “Yo es que no tengo planteamiento de cuestionar algo y, aunque así suceda, desde luego no es mi intención”, afirmó Canseco. Baena explicó que era artista desde los nueve años y que aunque cualquier ilusión estaba perdida había que seguir, “por mucho que caigan todas las caretas y todos los ídolos”. Y, en ese seguir, “se trata de habitar los límites”, apostilló. “Me interesan más los intersticios que los límites”, subrayó Luna. Pero Baena insistió: “El arte puede, en todo caso, ensancharlos, pero trascenderlos es otra cosa. No hay afuera del lenguaje, hay que asumirlo. El lenguaje es el gran fascista, porque no se puede salir de ahí”.

¿Sois artistas que os gusta provocar? “A mí la provocación como objetivo no me interesa”, apuntó Luna, para quien “tal vez en el mundo performático la provocación sea una de las claves, buscar la risa, el asombro. No sé”. “Abel Azcona, que viene a Intramurs, es uno de esos. No sé, la búsqueda de la provocación per se no me gusta”, destacó Baena. Lo que sí pensaba es que la sociedad, con tanta corrección política, había dado “pasos atrás en muchos sentidos”. Canseco no lo tenía tan claro: “Es relativo, porque alguien de una ciudad como Valencia, Barcelona o Madrid igual no se escandaliza por algo, que en un pueblo o una aldea sí”. Para Luna, la corrección política estaba haciendo “mucho daño al arte, porque constriñe e impide expresarse libremente”.

Inma Luna en un momento de su recital. Foto de Estrella Jover por cortesía de Intramurs.

Inma Luna en un momento de su recital. Foto de Estrella Jover por cortesía de Intramurs.

“Antes no existía lo políticamente correcto, pero había una censura terrible”, argumentó Canseco, mientras Baena pensaba que no era “cuestión de cantidad, como si más riesgo fuera mejor, sino de oportunidad. En el arte de acción es importante la oportunidad, el momento de justo”. “Para mí es fundamental la honestidad. No me interesa tanto la ficción como que lo que se cuenta salga de dentro”, dijo Luna.

Con respecto al papel de la Administración pública en el terreno cultural, Baena fue escéptico: “Debería dar ejemplo y pagar cuando monta una exposición o se proyectan videos en un espacio público, y no lo hace porque piensa que con el catálogo ya es suficiente”. Canseco tiró de ironía: “Sí paga, a los electricistas, a los carpinteros, al transportista, a todos menos al artista”. Luna manifestó que los políticos seguían pensando “que esto es un hobby y que ellos están para cosas más importantes; utilizan la cultura para pasar el rato”. Baena fue más concluyente: “Hace poco tuvo un desliz una presentadora de televisión que para referirse al granero de votos del PSOE habló de granja de votos. Fue un hallazgo, porque efectivamente nos ordeñan votos como nos ordeñan obras a los artistas. Somos los tontos útiles”.

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Instalación de Miguel Canseco.

Instalación de Miguel Canseco en el Centre del Carme. Foto de Enrique Miravalls por cortesía de Intramurs.

Salva Torres

Más raro que una escalera verde

El rayo verde, de Fermín Jiménez Landa
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia

La Gallera, que de no mediar solución a su altísimo alquiler, puede cerrar como centro del Consorcio de Museos, aloja estos días una gran escalera de caracol de color verde. Ocupa todo el recinto, de parte a parte y tumbada en diagonal, porque de pie no cabía. Las desproporcionadas medidas, tomadas a conciencia, impiden su posición vertical. De manera que El rayo verde, como ha titulado Fermín Jiménez Landa su instalación de 13 metros de altura, aparece como un tótem caído al que rendir culto hubiera supuesto contravenir los deseos del artista.

Su intención no era levantar acta de la defunción de La Gallera (“ojalá no sea la última exposición para otros artistas”), sino advertir acerca de lo efímero de ciertas experiencias, como la de percibir el fenómeno atmosférico de ese rayo verde que da título a su propuesta. Rayo que únicamente se puede ver bajo condiciones poco frecuentes durante la refracción de la luz cuando roza el horizonte. “Es la atracción por lo que no podemos tener”, subraya Jiménez Landa, que incluye, como aspectos paralelos de esa atracción, la euforia y el fracaso.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación 'El rayo verde'. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación ‘El rayo verde’. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Euforia por haber logrado sostener, sin cables ni fijaciones, la gran escalera de caracol completamente recta, sin panza, entre ambos extremos del interior del edificio. Y fracaso porque, después de todo, aparece tumbada, que es de lo que se trataba. “Me interesa la inutilidad de una escalera que no sirve para ir a otro lugar, porque el peso del público no lo resistiría”. Una escalera rara como un perro verde, a la que Jiménez Landa ha dotado de un “aire industrial” tan pesado como ligero. Esa dicotomía entre lo enhiesto y lo caído, lo duro y lo frágil, forma parte del espíritu de un artista que utiliza su obra para provocar.

Obra, pues, excesiva, al tiempo que dada al guiño humorístico. Pero con matices, ya señalados cuando presentó su exposición 300,4 litros en la galería pazYcomedias: “Odio el exceso de intelectualidad, porque expulsa al público, pero tampoco me gusta que mi obra caiga del lado del chiste o del gag”. De manera que su rayo verde, siendo excesivo a simple vista e inclinado, sin llegar a caer, remite a esa reflexión de la luz y del propio pensamiento desprovisto de falsos aditivos y colorantes, para que el espectador se sorprenda a través de la pura emoción.

Vista general de 'El rayo verde', de Fermín Jiménez Landa en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Vista general de ‘El rayo verde’, de Fermín Jiménez Landa en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

En este sentido, casa perfectamente con el primer rayo verde descrito por Julio Verne y con el posterior cinematográfico de Eric Rohmer. Porque hay ciencia y un sesgo poético en su instalación. “Me gustan las cosas empíricas de la ciencia unirlas con aspectos distintos de la realidad”. De ahí que haya intentado a su vez “hacer un falso verde en el mar, pero no lo he conseguido, lo cual encaja con este espíritu de frustración”. Acostumbrados a que la realidad quepa en la red virtual que propicia la tecnología, la propuesta de Jiménez Landa viene a cuestionarlo con su inútil escalera: “La obra no es la escalera, sino la relación inadecuada entre el objeto y el espacio”.

Esa falta de adecuación se halla igualmente en El rayo verde que atraviesa La Gallera: “La obra tiene mucha presencia física y es al mismo tiempo fugaz”. A mitad de camino entre la arquitectura y la percepción sensorial de un fenómeno atmosférico, entre lo adusto y lo volátil, la gran escalera de caracol remite a la transición permanente entre dos estados que no terminan de ligar entre sí. Una especie de manierismo (“igual por el camino me he ido haciendo manierista”, dice entre risas), al que se adhiere cierto aire surrealista: “Me ha salido muy siglo XX, muy de vanguardia”. En todo caso, como apunta César Novella, comisario de la exposición, “es una reflexión sobre lo visual”. Reflexión inacabada que, tratándose de La Gallera, puede tener su punto y final con El rayo verde de Fermín Jiménez Landa.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación 'El rayo verde'. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación ‘El rayo verde’. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Salva Torres

El perturbador Carles Santos

Universo Santos, de Carles Santos
Centre Cultural La Nau
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 30 de agosto

Al igual que a Bach le gustaba probar un órgano para comprobar su resistencia, a Carles Santos también le gusta someter al piano a situaciones extremas. De manera que tan pronto le clava en mitad de los pulmones de sus teclas una gran cruz, como un enorme zapato de tacón o una hélice. Así entiende el artista castellonense la música: de forma tan clásica como excesiva. Exceso que algunos han dado en llamar vanguardista, pero que a él no le motiva: “Yo soy un clásico total, total”. ¿Entonces? “Yo es que no estoy seguro lo que es vanguardia y lo que no es”.

Obra de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Y alude a Bach, evocado igualmente en su exposición ‘Univers Santos’ de La Nau: “Escuchas a Bach y no sabes lo que hace. Yo estoy igualmente confundido y la palabra vanguardia me produce algo que no sé qué”. Esa incertidumbre, compuesta a partes iguales de veneración clásica, ruptura, perversión y pasión escenográfica, en la que lo religioso y lo pornográfico dan continuamente la nota, se muestra en La Nau de la Universitat de València.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos'. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’. Cortesía del Centre Cultural La Nau.

Hay de todo: sus amados pianos, algunos apilados como si fueran una falla y otros malheridos; impactantes fotografías de alto contenido erótico; video montajes de sus óperas; algunas publicaciones discográficas, partituras y carteles. Dos salas repletas de referencias a ese ‘Universo Santos’ al que alude el título de la exposición, rematado por ‘El fervor de la perseverancia’. Fervor que alcanza grados de sadismo, provocación y violencia cabalgando entre barrocas puestas en escena e inquietantes sonidos.

Fotografías de Carles Santos en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografías de Carles Santos en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

“Yo estoy con un pie en el teatro y dos o tres pies en la música”. De hecho, dice que los autores teatrales que más le gustan suelen ser músicos. Las dos grandes orejas que completan el cuerpo de uno de los pianos exhibidos resumen esa mezcla de musicalidad y teatralidad en su obra. Mezcla explosiva que ha dinamitado durante 50 años la vanguardia española y de la que se hace eco La Nau con una exposición que no pretende ser “retrospectiva”, porque encaja mal con el espíritu siempre cambiante de Santos, según explicó el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño.

“Es una obra en construcción” que mama de la “tradición histórica del grotesco”. Ariño también apuntó las características de fascinación y perturbación. Fascinación por esa música clásica que siendo muy niño le atrapó, y perturbación porque una vez sumergido en ella (el agua es otra de sus constantes) su sonido adquiere resonancias grandilocuentes. De ahí la conexión con lo sagrado, lo espiritual, lo religioso, perversamente transformado en alusiones al cuerpo violentado.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

La exposición de La Nau sirve de antesala al homenaje que la Universitat de València tiene previsto realizar el 23 de junio a Carles Santos, otorgándole su medalla en el Claustro del edificio universitario. Fundación Caixa de Vinaròs, CulturArts y el IVAM se suman a este proyecto con diversas actividades en el marco del festival Ensems y Serenates, y un ciclo de cine dedicado a quien también orgía sus extremos musicales en el ámbito cinematográfico.

Josep Ruvira, comisario de Univers Santos, destacó, más que la presencia de obras inéditas, la variedad de “piezas transformadas” para la ocasión. La irreverencia del clásico vanguardista le llevó a decir que, puestos a definir la vanguardia, él la veía menos cerca de músicos como John Cage y más próxima al comportamiento de ciertos concejales. “Me gustaría conocer alguno capaz de hacer lo que se ha hecho en una ciudad alemana, planteando 11 años de música a partir de Cage”. No hay mandatario que lo resistiera, ironizó. Eso también forma parte del Universo Santos, cuya tocata y fuga permanecerá en La Nau hasta el 30 de agosto.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su 'Univers Santos' del Centre Cultural La Nau.

Uno de los pianos intervenidos de Carles Santos en su ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Pedro Hernández, cuerpo a cuerpo

Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!, de Pedro Hernández
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Inauguración: sábado 23 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 11 de julio de 2015

Espacio 40 inaugura el sábado 23 de mayo la exposición de fotografía ‘Sens/Sex: ¡El cuerpo la arma!’ del artista Pedro Hernández, nacido en el Cabanyal pero con residencia en Marsella. Se trata de un conjunto de imágenes que, conviene advertir, pueden herir la sensibilidad del público. Un público acostumbrado a ver las imágenes más descarnadas en televisión, pero que luego puede llegar a escandalizarse al contemplar otras más carnales y artísticas.

Fotografía de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Lo que propone Pedro Hernández con ese conjunto de fotografías en torno al desnudo franco y sin concesiones, es atrapar la mirada del espectador y zarandearla mediante un cuerpo a cuerpo a veces envuelto en sombras y otras abrasado por el goce. Hay primeros planos de sexo púbico e impúdico, de senos, de culos. Cuerpos femeninos osados, entregados al placer de una mirada que hurga en ciertos relieves y oquedades para adentrarse en los misterios de la naturaleza arrebatada.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Los desnudos de Pedro Hernández, que hasta el 11 de julio permanecerán expuestos en Espacio 40, se ocultan en la intimidad de las cuatro paredes, al tiempo que se ofrecen transgresores mostrando su poder evocador. Y lo que evocan tiene mucho que ver con la pasión allí donde ésta nos confronta con los límites que impone la cultura en pugna con lo animal. Por muy  cruda que parezca la visión de esos cuerpos, lo cierto es que Pedro Hernández los cocina mediante cuidadosos encuadres y un primoroso trabajo del blanco y negro.

Fotografías de Pedro Hernández en 'Sens / Sex'. Espacio 40.

Fotografías de Pedro Hernández en ‘Sens / Sex’. Espacio 40.

Espacio 40 se adelanta al caluroso verano con esta encendida exposición. Está permitido asomarse a su interior, pero dado el peligro que se corre en medio de tanta llama corporal, conviene protegerse con el cortafuegos de una mirada atenta y desprejuiciada. Cuando el cuerpo la arma, mejor tener a mano el arte con el que aplacar la violencia a la cual esa pasión nos convoca. ¡Pasen y vean ese cuerpo a cuerpo al que nos convocan los desnudos de Pedro Hernández!

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición 'Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández del cartel de la exposición ‘Sens / Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición 'Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!'. Espacio 40.

Fotografía de Pedro Hernández en la exposición ‘Sens Sex. ¡El cuerpo la arma!’. Espacio 40.

 

La provocación de Yara El-Sherbini en pazYcomedias

Yara El-Sherbini. No sé si debería reírme de esto…
Galería pazYcomedias
Plaza del Patriarca, 5. Valencia
Hasta el 18 de abril de 2015
Inauguración: 6 de marzo, 20 h.

De padre egipcio y madre caribeña, Yara El-Sherbini nació en el Reino Unido en 1978. Vive y trabaja en Londres, donde completó sus estudios en artes visuales y su máster en Bellas Artes en la Slade School of Art.

Actualmente está considerada una de los principales exponentes de la nueva generación de artistas británicos y una de las principales protagonistas del movimiento Live Art. Con su característico humor ácido y rebelde, la joven artista desafía las plataformas de expresión tradicionales del sector, inventando nuevos lenguajes y formatos que le permiten un diálogo más directo, fluido y provocador con el público.

Justo antes de su participación este año en la Bienal en Venecia, Yara El-Sherbini presenta en la Galería pazYcomedias, en colaboración con La Caja Blanca, un proyecto comisariado por José Luis Pérez Pont con una selección de obras entre las que se encuentra un trabajo inédito, End of Conflict in the Middle East, que tiene con esta exposición en Valencia su estreno absoluto.

Yara El-Sherbini. Conflict in the middel east. Cortesía Galería pazYcomedias.

No sé si debería reírme de esto… es la frase que más se escucha cuando el público se encuentra con una obra de Yara El-Sherbini.

A la generación PC (políticamente correcta), le preocupa mucho decir, mostrar y pensar según qué cosas. La obsesión por no adentrarnos en un terreno “delicado”, por no ofender al “otro”, llega a bloquear nuestra curiosidad natural, paralizar nuestra capacidad de reflexión y anular cualquier proceso de pensamiento crítico.

En sus obras, con el tono desafiante e inconformista que caracteriza a la juventud más comprometida, Yara El-Sherbini nos incita a aparcar nuestro instinto de autocensura para “mojarnos”; involucrarnos intelectualmente con los temas “complicados” de nuestra realidad social, con las relaciones oriente-occidente como telón de fondo.

Sus herramientas de trabajo son la provocación, la ironía, y sobre todo el sentido del humor –a ratos negro, a ratos infantil. El-Sherbini utiliza “el chiste”, no como herramienta para criticar o ridiculizar, sino como recurso para enganchar con su público y entablar un proceso de diálogo-reflexión al margen de las limitaciones de lo políticamente correcto.

El trabajo de El-Sherbini ya se ha mostrado en prestigiosos espacios como la Delfina Foundation, el CCCB de Barcelona, el INIVA, la Arnolfini (Bristol), la Tate Modern (Londres), Tate Britain (Londres) y la Nacional Portrait Gallery (Londres). La BBC le ha dedicado un documental completo reflejando la capacidad de esta joven artista para alternar exposiciones en los más importantes museos internacionales con la realización en persona de performances provocativas en entornos sociales.

En 2008 fue seleccionada para participar en Art Futures, una exposición anual que presenta las jóvenes promesas que cada año irrumpen en el circuito artístico anglosajón; y en el 2014 llevó a cabo una The Current Situation, una exposición con obras creadas específicamente para el espacio de The New Art Exchange (Nottingham). Algunos de sus próximos proyectos incluyen la exposición colectiva Transmission Interrupted, en la Modern Art Oxford.

Yara El-Sherbini. Jokes from the dark side. Cortesía Galería pazYcomedias

Yara El-Sherbini. Jokes from the dark side. Cortesía Galería pazYcomedias.

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

“Soy un consentido del poder y eso es triste”

Yo, Quevedo, de Moncho Borrajo
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 7 de diciembre

Dice de su último espectáculo ‘Yo, Quevedo’ que es una crítica “muy voraz” contra la monarquía, personificada en el anterior Rey Juan Carlos. Pero, por muy voraz que sea, parece que la provocación ya no es motivo de escándalo. “Es muy difícil provocar ahora”, asume con resignación Moncho Borrajo. “La gente está más acostumbrada, ya no se sorprende tan fácilmente”. Diríase que la provocación, más que en la ficción, está del lado de la realidad, nutrida de continuos casos de corrupción. “Yo soy un consentido del poder y eso es muy triste porque significa que estás en sus manos”. De manera que Moncho Borrajo se limita a actuar en salas pequeñas, “porque ya no te dejan estar en los grandes medios”.

‘Yo, Quevedo’, que se presenta en el Teatro Talia, sigue en la línea de lo que más le motiva al humorista gallego: “Me gusta la provocación y la escatología”. La primera, queda dicho, forma parte ya de la propia sociedad, de forma que el recurso a la sorpresa quedaría en manos de la segunda. Si no fuera porque la escatología se relaciona con lo inmundo tanto con la predicción del apocalipsis, también de moda. Así las cosas, a Moncho Borrajo no le queda otra que meterse en la piel de Quevedo y, como el ilustre provocador del Siglo de Oro, “atacar dando la cara, cosa que no hizo el ladino Góngora”.

Moncho Borrajo en 'Yo, Quevedo'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Moncho Borrajo en ‘Yo, Quevedo’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Para ello, Borrajo hace uso de un 70% de guión escrito y un 30% de improvisación, para lo cual Quevedo le viene de perilla. “Me identifico con él; creo que somos personas necesarias”. Necesarias en tiempos de gruesos debates, donde predomina lo gordo del lenguaje, su grasa, frente a las magras palabras. “Mis tacos siempre han sido para molestar, pero a mí me educaron sin odio”. Por eso apela, más allá del grueso espectáculo, a la inteligencia. “Entonces molestaba que el maricón fuera inteligente”. Y lanza uno de sus tantos titulares: “A la gente hay que juzgarla de cintura para arriba, que es donde está el corazón y la cabeza”.

La trama de ‘Yo, Quevedo’ se ubica en una clínica para artistas descarriados, lo que permite a Borrajo desdoblarse en el hiperbólico literato del Siglo de Oro y en el irreverente humorista actual. “Es una crítica directa con nombres y apellidos, porque si antes estaban los brotes verdes de Zapatero, ahora está quien se los ha fumado”. Y arroja otro de sus titulares: “Ahora tenemos Rinconete, Cortadillo y Nicolás”. Toda esa crítica voraz forma parte de su manera de entender el teatro o el cabaret por el que siente más inclinación: “La mejor forma de decir verdades es con pomada, con humor”. Aunque enseguida suelte un exabrupto: “Este país está llenos de tontos”.

El espectáculo del Talia, que permanecerá en cartel hasta el 7 de diciembre, cuenta con la participación de Lucía Bravo, en el papel de una “enfermera tipo Alguien voló sobre el nido del cuco”, y Carlos Latre, poniéndole voz al Rey Juan Carlos y al presidente Rajoy. Borrajo, que anunció su retirada cuando cumpla 70 años (ahora está punto de los 65, edad en la que murió Quevedo), piensa cerrar con ‘Moncho Panza’ la trilogía que inició con ‘Golfus Hispánicus’. Como recuerda en un soneto Moncho Borrajo, haciendo de Quevedo: “Tan solo soy, cual cómico pretendo, utilizando mi humilde destreza, sacaros del umbral de la tristeza, donde nos tienen ladrones de abolengo”.

Escena de 'Yo, Quevedo', de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Escena de ‘Yo, Quevedo’, de Moncho Borrajo. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres

El Festival de Cannes, por Pedro Hernández

Cannes, Boulevard de la Croisette (1980-1991)
Pedro Hernández
Festival de Cannes
La 67ª edición concluye el sábado 24 de mayo

Como no podía ser de otra manera, el Festival de Cannes arrancó el miércoles 14 con polémica, debida a la presentación de la película Grace de Mónaco, de Olivier Dahan, protagonizada por Nicole Kidman. Forma parte del ADN del certamen. Polémica no exenta del grado de provocación que los organizadores del festival han ido alimentando edición tras edición, hasta llegar a la 67ª que concluye el próximo sábado 24 por exigencias del guión: al día siguiente hay elecciones europeas.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

El Festival de Cannes nació al hilo de declararse la II Guerra Mundial, a modo de protesta por lo acontecido en Venecia, donde triunfaron películas italianas y alemanas arropadas por el contexto de exaltación patria. Tuvo que pasar la contienda bélica para ver la primera edición en Cannes. En 1954, justo ahora hace 60 años, se produjo otro revolcón decisivo en la imagen del certamen: la actriz Simone Silva mostraba sus pechos al aire, abrazándose jovial a un no menos jovial Robert Mitchum. Nacía la sensualidad provocadora que ha caracterizado al Festival de Cannes, y de la que Brigitte Bardot dio buena cuenta citándose con los periodistas cada año en la playa objeto de intensas sesiones fotográficas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández, nacido en El Cabanyal de Valencia, se adentró en ese mundo de erotismo cinematográfico, tras recalar en Marsella por exigencias del guión franquista. Armado con su cámara de reportero gráfico, acudió al Festival de Cannes durante 11 años para retratar como ninguno esa atmósfera de libertad, no exenta de calculada provocación, que se respiraba por dentro y por fuera del certamen. Aquellas imágenes, que Simone Silva inauguró para deleite de la prensa y del público voyeur, con actrices y modelos haciendo topless y mostrando sus encantos más allá de toda prenda, serían hoy en día políticamente incorrectas.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Los desnudos playeros, taladrados por los objetivos de un sinfín de periodistas, han pasado a mejor vida, transformados ahora en grandes escotes y transparencias sobre una atiborrada y más glamurosa alfombra roja. No está bien visto que la mujer pose semidesnuda en la playa de Cannes, objeto de lascivas miradas. Quien desee recuperar esa visión cuya carnalidad hoy sigue asombrando, deberá depositar su mirada en vestidos cuyo coste marea, enfundados en actrices que brillan engalanadas con joyas de cifras igualmente mareantes.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Pedro Hernández retrató durante años esa cara lúdica, publicitaria, provocativa, sensual y, debidamente encuadrada y trabajada la luz radiante que venía de esa Cannes florida, sin duda artística. Lo hizo a contracorriente, situándose allí donde nadie lo hacía; captando del Festival de Cannes, no sólo el glamour de las estrellas, sino el halo que dejaba en las miradas e incluso el silencio que, una vez pasado ese primer fulgor, Pedro Hernández reflejaba en forma de simetrías y composiciones de indudable cualidad estética.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Aprovechando los días que aún quedan para que concluya la 67ª edición del Festival de Cannes, mostramos un buen puñado de aquellas imágenes que Pedro Hernández ha expuesto en diversos espacios bajo el título de ‘Cannes. Boulevard de la Croisette (1980-1991)’. Imágenes cuyo visionado resume el pasado del certamen que premió Viridiana, de Luis Buñuel, La Dolce Vita, de Federico Fellini, Blow-up, de Michelangelo Antonioni, Taxi Driver, de Martin Scorsese, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, Bailando en la oscuridad de Lars von Trier o El Pianista, de Roman Polanski, pero que se alarga hasta el presente, dejando huella de las transformaciones del festival bajo un mismo corolario de industria que se alimenta a partes iguales de cierto imaginario, cierta economía del derroche y el trasfondo artístico que parece quedar eclipsado por el glamour y las cifras.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Fotografías de Pedro Hernández, por cortesía del autor.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández

Marie Trintignant. Foto: Pedro Hernández

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Vittorio Gassman. Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Foto: Pedro Hernández.

Salva Torres

La irreverencia de Alberto Polo

Creus en mi. Alberto Polo

Galería la Real
Camino de la Real, 5, Palma
Inauguración: 6 de septiembre de 2013, 20 h.

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 18x26cm. Papel Algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería La Real

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 18x26cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real

Para Alberto Polo Iañez (Palma de Mallorca, 1980), este juego de palabras (en catalán, “creus en mi” puede significar ‘cruces en mi’ o ‘crees en mi’) nace de la búsqueda de otro ser para encontrarse a uno mismo. Como él mismo dice, “nací católico sin elegirlo y sin entender porqué era el culpable de matar al hijo de Dios, pecador sin saber si lo era”.

Un sentimiento de culpabilidad que, como afirma, nos persigue y que nos hace creer en otra persona “porque no sabemos creer en nosotros mismos”.

Las imágenes que forman parte del proyecto  Creus en mi, provocativas e irreverentes, fueron realizadas entre 2012 y 2013 en Galicia y Mallorca en formato analógico (35 mm, 120 mm y polaroid). Las fotografías están impresas en papel algodón HahnemÜehle.

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 42x29cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real

Alberto Polo Iañez. Creus en mi, 2012-13. 42x29cm. Papel algodón HahnemÜehle. Imagen cortesía Galería la Real