Frankenstein. Relación umbilical entre ciencia y literatura

‘Frankenstein o el moderno Prometeo. Diálogos entre ciencia y literatura’
Palau de Cerveró
Plaza Cisneros 4, València
Inauguración: miércoles 22 de noviembre de 2017 a las 19:00
Hasta el 23 de febrero de 2018

Coincidiendo con la celebración de los doscientos años de la publicación de la novela más famosa y conocida de Mary W. Shelley, el Palau de Cerveró de la Universitat de València acoge la exposición ‘Frankenstein o el moderno Prometeo. Diálogos entre ciencia y literatura’. La exposición, producida por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad de la Universitat de València y el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero, se inaugura el miércoles 22 de noviembre de 2017 a las 19 horas y podrá visitarse hasta el 23 de febrero de 2018.

De acuerdo con el profesor de la Universitat de València y comisario de la exposición, Pedro Ruiz Castell, la exposición “pretende mostrar la relación entre la ciencia y la literatura, que se consolidó sobre todo a lo largo del siglo XIX, momento en que se articularon una serie de discursos, en el marco del Romanticismo, que pretendían armonizar entendimiento e imaginación, al mismo tiempo que desafiar las normas de objetivación, incluso en la literatura especializada y entre la comunidad científica”.

Célebre ilustración de uno de los experimentos galvánicos implementados por el físico italiano Giovanni Aldini en los albores del siglo XIX. Imagen cortesía de los organizadores.

Célebre ilustración de uno de los experimentos galvánicos implementados por el físico italiano Giovanni Aldini en los albores del siglo XIX. Imagen cortesía de los organizadores.

El título de la exposición evoca a cómo la ciencia y la literatura, lejos de poder ser consideradas como culturas independientes, han mantenido un diálogo constante a lo largo de la historia. De hecho, la manera en que la literatura ha representado históricamente la actividad científica ha sido fundamental para seducir y preparar al público lector para asumir determinadas propuestas científicas y tecnológicas, al mismo tiempo que ha sido una herramienta privilegiada a través de la que facilitar una reflexión crítica sobre las implicaciones éticas y sociales de la ciencia. En este sentido, la obra de Mary W. Shelley se muestra como un sugerente estudio de caso a partir del que abordar todas estas cuestiones.

La exposición está estructurada en cuatro partes. En primer lugar, la introducción reflexiona acerca de la ciencia y la literatura en el Romanticismo europeo, y aborda la cuestión de la autoría de la obra, publicada en un primer momento en 1918 de forma anónima. La segunda parte está dedicada a los debates científicos que influyeron en la elaboración de la novela de Mary W. Shelley: desde la importancia de las expediciones científicas y la cuestión anatómica, hasta la consideración de la electricidad como fluido vital. En la tercera parte se puede encontrar un montaje expositivo que juega visualmente con el momento de la creación, tanto de la obra como de Victor Frankenstein. De hecho, los objetos aquí expuestos invitan a reflexionar alrededor de la última parte de la exposición, dedicada a explorar el impacto y las consecuencias de esta obra, tratando cuestiones relacionadas con la construcción de la identidad, la responsabilidad del científico y el desarrollo de áreas como la fisiología y la electromedicina.

‘Frankenstein o el moderno Prometeo. Diálogos entre ciencia y literatura’ muestra más de una treintena de piezas originales, incluyendo libros de autores, entre los que se encuentran obras de Alexander von Humboldt y aparatos de gran valor histórico, como una encantadora máquina de Wimhurst y un ingenioso aparato electromédico, algunos perturbadores instrumentos de cirugía y un imponente aparato de Rayos X de principios del siglo XX. La mayor parte de las piezas proceden de los fondos de la Universitat de València, con una presencia especialmente importante de obras procedentes de la Biblioteca Historicomédica Vicent Peset Llorca y de los instrumentos científicos de la colección cientificomédica que alberga el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero.

Frankenstein. Makma

Cartel de la película ‘Frankenstein. The man who made a monster’, dirigida por James Whale en 1931 y protagonizada por Boris Karloff y Colin Clive, entre otros. Imagen cortesía de los organizadores.

 

Rèquiem, una visión original del nuevo Prometeo

Rèquiem, una visión original del nuevo Prometeo
Mostra Internacional Mim.
Sueca. Valencia.

La Mostra Internacional Mim de Sueca (Valencia), estrenó ‘Rèquiem’, una apuesta de la compañía alcoyana La Dependent que recrea desde una perspectiva original el mito del nuevo Prometeo. El montaje tiene una espectacular puesta en escena, fuerza audiovisual y el gag como línea de continuidad. La obra, creada y dirigida por el valenciano Amador Artiga, fue muy bien recibida por el público.

El nuevo Prometeo, el mad doctor, esos laboratorios de inicios del siglo XX que hemos visto en tantas películas (las clásicas de terror de la Universal), la popular novela gótica de Mary W. Shelley, son la base de ‘Rèquiem’, la sugerente propuesta de La Independent, la nueva marca creada por la compañía alcoyana La Dependent para el teatro gestual. El científico loco, interpretado por Rubén Mira, sus dos ayudantes, Jona García y Mercé Tienda, nos transportan por la senda del gag a una historia sorprendente, muy audiovisual. Hay momentos en los que los tres protagonistas recuerdan al humor de ‘Los tres chiflados’, Abbot y Costello o Laurel y Hardy. En el lugar donde crean vida, se almacenan miembros y órganos sueltos: brazos, lenguas, cerebros… La risas se desatan entre el público en uno de los gags cuando la ayudante, Mercé Tienda, pincha por error con la jeringuilla a sus dos compañeros. Empieza la ‘revuelta de los brazos’ que acabarà con un chamuscamiento por exceso de descarga elèctrica.

Hay otros instantes de carácter más emotivo como la ‘sinfonía de pies’, la  mariposa voladora, o las grandes manos que aparecen entre los azulejos. Los objetos, los personajes, las imágenes, la música, todo nos sumerge en un atmósfera muy conseguida, en una historia divertida, dinámica, llena de magnetismo.

Las escenas se quedan grabadas en la retina del espectador: El brazo que intenta emerger como una flor lastrado por la falta de energía, el recuerdo del pasado a través de unas imágenes en blanco y negro que cambian el devenir de los personajes; la cabeza dentro de un frasco que advierte al público de lo que van a ver. La estética, el detalle, aparece por todas partes: las paredes se convierten en una caja de sorpresas. Se abren y se cierran, esconden todo un entramado para el asombro del público.

El desenlace final es ingenioso, muy visual e interesante con una curiosa aparición especial. Una acertada resolución sobre el planteamiento del creador creado.
A la impactante puesta en escena, la cuidada estética, la acertada música, el ‘baile’ de los elementos, de los objetos, se une el excelente trabajo de los actores. Una meticulosa labor en los gestos, los movimientos, las posturas, las miradas, al margen de un esfuerzo físico notable que han de realizar durante los 70 minutos que dura el montaje.

Un momento de 'Rèquiem'. Foto, Jordi Pla.

Un momento de ‘Rèquiem’. Foto, Jordi Pla.

Amador Artiga, el director y dramaturgo, ensambla todos los componentes, para convertir a ‘Rèquiem’ en una obra atractiva, en una innovadora propuesta, en una producción de gran calidad.

La marca La Independent empieza con buen pie. Se ha decidido por un primer estreno llamativo, de clase y que supone un paso adelante en el panorama teatral valenciano .
‘Rèquiem’, un espectáculo de proyección internacional

El actor y director Pep Cortés, fundador de La Dependent, afirma que ‘Rèquiem’ ha abierto un nuevo camino , muy interesante y necesario, en el teatro valenciano. Cortés, destaca el increíble trabajo que ha hecho todo el equipo de la obra y asegura que el espectáculo se podría representar en cualquier festival de Europa.

En esa apreciación coincide el actor, director y dramaturgo, Juanjo Prats, quien califica como un gran acierto la obra y resalta que tiene proyección internacional.

Rèquiem abre y explora un tipo de teatro que no es muy frecuente en España”  Afirma Prats. “Es un espectáculo con un sello muy francés de la escuela de Philippe Genty, una escuela donde está el objeto, el actor, dar vida a los objetos, crear un universo muy mágico. Como espectador te hace soñar y el teatro es, en definitiva, imaginar y soñar cosas”.

Amador Artiga, dramaturgo y director de la obra, afirma que han utilizado todas las herramientas para contar una historia y crear un teatro visual. Ha usado los lenguajes a diferentes niveles, el vídeo como un agente externo, que interactúa con los personajes, las marionetas porque permiten elaborar cosas que no se podrían hacer con humanos y el gesto y el cuerpo para transmitir una historia.

Momento de 'Rèquiem'. Foto Jordi Pla.

Momento de ‘Rèquiem’. Foto, Jordi Pla.

Joanfra Rozalén, gerente de ‘La Dependent’ asegura que con ‘La Independent y su primer estreno se inicia una nueva línea artística dentro de la compañía, que se moverà dentro del teatro gestual, visual, con la que se pretende empezar una nueva dimensión en el trabajo interpretativo en la Comunidad Valenciana.

“Nuestra idea es abrir nuevos mercados, con rigor, con seriedad con propuestas que atraigan al público. Hemos de despertar la curiosidad de los espectadores”.

Carlos Figuerola

Joan Verdú: “En el fondo soy muy superficial”

Joan Verdú: “En el fondo soy muy superficial”

Descifrar el último código iconográfico de Joan Verdú (Alzira, Valencia-1959) pasa por entrar en muy diversas materias y técnicas: el problema energético a través del fenómeno electrostático; el psicoanálisis, Jung, Freud, el yo y el ello, la muerte; la recuperación de las lenguas clásicas a través del griego; el surrealismo, la fotocomposición, el dibujo, el collage o los nuevos materiales. Todo y nada es del interés de Verdú, sencillamente se somete a sus inquietudes y las expresa con un lenguaje particular no exento de vocación crítica, aunque confiesa que su obra no tiene intención política.

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La manera de proceder y comunicarse responde a un ser humano humilde y preocupado por no rebasar la línea del engreimiento, lo describiría muy bien Juan Finot, “La bondad no exige nada de nadie, porque se basta a sí misma y encuentra recompensa en su propia grandeza” (La ciencia de la felicidad, ed. Prometeo, Valencia 1966. Pág. 103).

La creación de los monstruos, Joan Verdú. 2011

La creación de los monstruos, Joan Verdú. 2011

Como referentes específicamente citados por él, Goya, John Heartfield, y Grosz, aunque cabría añadir otros nombres como el de Max Ernst, y Andy Warhol. Para quién no conozca su trayectoria como artista ha expuesto –por citar algunas- en Galería L’Eixam, (1979) y Galería Canigó, (Alcoy, 1980) con Solbes en ambas; en Galería Punto  (1980), en Galería Cànem,  (1998) Paz y Comedias (2007) y Mr. Pink (2012), y su obra está presente en colecciones como Michelín, Luis Bassat, IVAM, Caixa de Pensions, Universitat de València, Diputaciò de València o Tomás Ruiz Company por citar algunas.

La creación de los Monstruos, Joan Verdú. 2011

La creación de los Monstruos, Joan Verdú. 2011

Cabe destacar su actividad como columnista en el Diario Levante EMV y diversos medios digitales, y también su debilidad por el cómic y diseño de carteles, actividades que practica desde muy tierna edad. En el año 2005, en pleno auge económico criticó los planteamientos y excesos de la Bienal de artes plásticas de Valencia, de aquel tiempo, cabe rescatar un rimado lleno de gracejo y sátira, que por su sencillez y razón citaremos:

A do fueron las bienales que iban a asombrar al mundo.
Eran bienales mortales.
Hoy son bienales veniales por pequeñitas y punto.
A do fue tanto poder canapé y metacrilato.
Todo es cosa del ayer…

Viñeta crítica de Verdú sobre los desfases de la Bienal

Viñeta crítica de Verdú sobre los desfases de la Bienal

Tras 14 años haciendo referencia a la moda en sus portadas, el magazine sociocultural Hello Valencia rompe y se inspira en un trabajo de Verdú para la portada.

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¿Cómo empezó tu amor por la pintura?

Me recuerdo de pequeñito siempre dibujando. También jugaba con mis indios, el mecano… Pero si echo la vista atrás me veo siempre pintando en casa, en el colegio, en el instituto… y alguna vez me expulsaron de clase por ello.

¿Cuándo viste que esa afición infantil podría convertirse en algo serio?

 Empecé a hacer algún trabajo profesional sobre los 15 ó16 años. Pero hacía cosas indiscriminadamente. Igual pintaba cuadros, que dibujaba cómics, que hacía logotipos… A los veintitantos me di cuenta de que si me quería tomar en serio la pintura no podía dedicarme a dibujar cómics, y viceversa. Porque compaginar las dos cosas es imposible. Estuve unos años dudando hasta que un amigo, el profesor Pablo Ramírez, me dijo: “no elijas tú, deja que el medio te elija a ti”. No le hice mucho caso al principio, pero así acabó siendo. Me eligió a mí el arte. Y dejé de dibujar cómics.

Cerebrémonos, Joan Verdú. 2011

Cerebrémonos, Joan Verdú. 2011

Curiosamente, tus últimos trabajos se relacionan con el mundo del cartelismo y se mueven entre la pintura, el cómic, la ilustración, el diseño…

Como pintor soy bastante pop. Ahora mismo, el cuadro con el que estoy trabajando es una tira de Peanuts, una tira de cómic. Pero digamos que me dedico al cómic de forma muy tangencial.

Se te relaciona más a la figuración narrativa que al pop, por estar asociado a las críticas políticas y las reivindicaciones sociales, mientras que al pop se le asocia más popularmente con la frivolidad.

Es posible que mi trabajo se asocie estéticamente a la figuración narrativa, pero mi obra no es nada política. No me interesa mucho la política. Aunque por supuesto me gusta mucho Goya, Grosz, John Heartfield o Daumier.

En cambio sí te has posicionado cuando ha habido algo relacionado con los problemas del IVAM.

Si atendemos a esa formulación por la cual todo es política, mi arte también es político y yo, lógicamente, soy político de alguna manera.

Alguno de los artículos que escribes para el diario Levante son bastante reivindicativos. ¿Eres más político de palabra que de obra?

Mis columnas son comprometidas políticamente, pero en mi obra me interesan más los temas psicológicos que los políticos. En los últimos años he estado trabajando en base a las formulaciones de Freud, el ego, el superego, el ello -hello sin h-. De hecho, esa serigrafía que he hecho para la portada de Hello Valencia para éste mes de julio, trata del ello en combinación con temas de física y energía, en este caso, la eléctrica. La palabra griega electrón significa ámbar. Y el ámbar se electriza, y si te lo acercas al pelo se te planta. En este caso, la mano de la mujer simboliza el ámbar que electriza el pelo del conejito. Y de la palabra electrón viene la palabra electricidad, electrón. Pero su significado original es ámbar, porque el ámbar tenía esa facultad eléctrica.

En este juego sobre las energías, ¿hay alguna reivindicación en tu obra sobre las energías renovables, las grandes multinacionales…

No, en absoluto. Trata sobre la energía eléctrica. En otros cuadros es la energía cinética o la eólica, precisamente protagonizado también por un conejito al que le vuelan las orejitas al viento y grita: “al vent”. Así es como entiendo las energías, porque yo en el fondo soy muy superficial.

¿Eso es una contradicción preparada o real?

Para nada. En el fondo soy muy superficial.

¿Y en la superficie?

Igualmente. No querrás que en la superficie sea “superintelectual”. Eso quedaría fatal. (Rie)

Inconsciente cleaner, Joan Verdú. 2011

Inconsciente cleaner, Joan Verdú. 2011

El conejo es una figura que se repite bastante en tu obra, ¿tiene algún significado? ¿Es porque te gusta cazar?

No, cazador solo en el arte. Pero ojo, respeto mucho los movimientos ecologistas y también respeto el mundo de la caza. Eso sí, no me provoca ningún respeto un mamarracho que va a cazar rinocerontes.

Tras exponer en Valencia, en Cádiz, Madrid o Barcelona ¿dónde dirías que se entiende mejor tu trabajo?

Eso depende de cómo lo veas, porque por ejemplo a Rita Barberá se la entiende mucho mejor dentro de Valencia. Entonces a mí a lo mejor me pasa lo mismo (rie)

¿Dónde encuentras mayor respaldo, a nivel coleccionista, a nivel críticas, a nivel popular?

 Noto mayor respaldo a nivel coleccionista y, sobre todo, en Valencia.

¿Qué opinas de la relación entre artista y galería?

Es una relación que tiene que ser correcta y si no lo es ya vamos mal. La reglas del juego están establecidas, entonces si todos las seguimos, nos irá mejor.

¿Qué galerías de Valencia te gustan más?

Me gustan Rosa Santos, Mr. Pink, Charpa y Luis Adelantado.

¿Cómo ves Valencia posicionada en el mundo del arte contemporáneo?

Mucho ruido y pocas nueces.

¿Y España a nivel internacional?

Muchísimo más ruido y poquísimas nueces.

Y todo ese ruido, ¿depende tal vez de que en las grandes metrópolis hay más marchantes, más galerías, más capital Y más ciudadanos? ¿En una pequeña ciudad con  menos habitantes puede emerger un gran artista?

Eso es independiente. Puede salir un gran artista de una aldea perdida del bajo Aragón.

¿Y ser reconocido?

Bueno, eso es otro asunto. Pero lo cierto es que marchantes, al menos en Valencia, no hay.

¿A qué se debe la desconexión entre el arte y el gran público?

Eso ha pasado siempre. A las galerías han ido cuatro gatos. Pero luego de repente en Galería Punto expone Eduardo Naranjo- y de esto hace treinta y tantos años- y hay overbooking. O expone Penck y la inauguración estaba petada y la verdad es que lo que presentaba era bastante malo.

Con lo que confirmas que el trabajo de la galería consiste en convocar al público, atraerlo y hacer que el artista tenga visibilidad.

¿Tú te has dado cuenta de lo que acabas de decir? El trabajo de cualquiera es hacer bien su trabajo.

¿Y lo están haciendo las galerías?

Seguramente no. Habrá alguna que sí, pero en general no.

 

Vicente Chambó, transcripción Toni Vivó

Fotografía de portada Carmen Luján

 

“Dios es el gran ausente del arte contemporáneo”

Homenatge a Déu, de Gabriel Alonso y Tomàs Serra
Galería estudio de Gabriel Alonso
C / Denia, 23. Valencia
Hasta mediados de mayo

Las figuraciones plásticas de Dios han sido una constante en la historia de los textos artísticos. Hasta que llegó Nietzsche y decretó su muerte, confirmando así su existencia. Si muere es porque antes estaba vivo. En todo caso, la figura divina como tal desaparece del arte, dejando que su vacío sea llenado por abstracciones más desgarradas. Gabriel Alonso y Tomàs Serra, quién sabe si para abrir cierto debate al hilo de la reciente Semana Santa, retoman aquel halo místico para montar una exposición que pretende ser un singular Homenatge a Déu.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del autor.

Singular porque, aún volviendo a Dios, lo que hacen Alonso y Serra es aproximarse a su figura desde lugares distintos y controvertidos. Gabriel Alonso toma prestadas las imágenes de la crucifixión y de la María Magdalena para suavizar tanto dolor y sufrimiento. “Son imágenes más suaves y amables, y menos sanguinolentas de lo que hizo Mel Gibson en el cine (La pasión de Cristo)”. Es precisamente esta pasión del hijo de Dios la que seduce a Alonso: “La idea de un hombre clavado en una cruz tiene mucha fuerza, más allá de la liturgia”.

Tomàs Serra por su parte se acerca a la figura de Dios adoptando un punto de vista más humano, menos dado a mitologías y escenas metafísicas. Lo suyo es el cuerpo con toda su crudeza. “Tiene poca literatura”, explica Gabriel Alonso, en cuyo estudio de la calle Denia en Ruzafa se exhiben las diez obras que integran el Homenatge a Déu. Así, en valenciano, dice Alonso que suena mejor. Además, sin proponérselo, resulta que déu se refiere tanto a Dios como a diez, que son las piezas mostradas.

Obra de Tomàs Serra en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del estudio Gabriel Alonso.

Obra de Tomàs Serra en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del estudio Gabriel Alonso.

Ya hace diez años, un grupo de artistas valencianos, entre los que se encontraban los propios Alonso y Serra, expuso en la galería Rosalía Sender una serie de obras bajo el título de Plaers de butxaca. Siguiendo esa estela más lúdica y placentera, vuelven ahora a la carga ellos dos en solitario con esta propuesta nacida de cierta “tormenta de ideas”. Lo sintomático es que haya sido Dios el tema elegido. “Dios es el gran ausente del arte contemporáneo”, subraya Gabriel Alonso. De manera que volver sobre sus pasos era una manera de abrir cierto debate o, cuando menos, “buscar su resonancia para ver qué pasa”.

Y lo que pasa es que Dios, como aquello que no termina de ser entendido, se halla en el centro del acto creativo. “La representación tiene mucho que ver con lo sacro: el símbolo y el mundo”. De hecho, como destaca Alonso, el origen del arte tiene una de sus explicaciones en los chamanes, “que eran intermediarios entre la gente y esa fuerza X que nos desborda”. Homenatge a Déu es una forma de plantarle cara a ese origen sacro por caminos que huyen de él.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición 'Homenatge a Déu'. Imagen cortesía del autor.

Obra de Gabriel Alonso en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía del autor.

“El concepto de Dios ha cambiado mucho, antes era más jerárquico y autoritario, mientras que ahora nos ablandamos y eso se refleja en su figuración”. Un Cristo blando, a veces diminuto en proporción a María Magdalena, secundado en el calvario por figuras igualmente blandas, es el que Alonso representa. También juega con una lapidación a San Esteban con toques futbolísticos, en tanto los que apedrean visten camisetas de Madrid y Barça. “Es que el fútbol es una religión, con su templo del Valencia [por Mestalla] y todo”.

Tomàs Serra se ciñe al cuerpo desnudo por todo campo de operación profana. Toma como referentes ciertos cuerpos del natural para recrearlos a base de multitud de líneas que parecen diseccionarlo. “Su obra tiene mucho de análisis, de ver más allá de la apariencia”. Reconstruye anatomías como si fuera Prometeo o Frankenstein, para hurgar en la creación por vía recreativa. Su Dios tiene que ver con la materia en continua transformación. Gabriel Alonso y Tomàs Serra homenajeando a Dios cada cual a su manera.

Obra de Tomàs Serra en la exposición 'Dios'. Imagen cortesía de la galería estudio de Gabriel Alonso.

Obra de Tomàs Serra en la exposición ‘Homenatge a Déu’. Imagen cortesía de la galería estudio de Gabriel Alonso.

Salva Torres

NOÉ: EL ARCA DE ARONOFSKY

La Biblia continúa siendo una fuente inagotable para la industria cinematográfica. Prueba de ello es Noé (Noah, 2014) la última cinta de Darren Aronofsky (1969), inspirada en la novela gráfica Noé: Pour la cruauté des hommes (2011) en la cual colaboró como guionista. Queda patente a lo largo de la filmografía del director una cierta predilección por narrar historias de dramas personales que inciden en temas capitales como la vida y la muerte, el bien y el mal o el destino. Réquiem por un sueño (2000), La fuente de la vida (2006), El luchador (2008), y la más reciente, Cisne negro (2010) versan en mayor o menor medida sobre ello. Son relatos vertebrados en torno al sufrimiento haciendo de este aspecto universal de la condición humana su gran baza a la hora de conectar con el espectador.

Noé (Russell Crowe) y Tubal (Ray Winstone) dos caras de una misma moneda.

Noé (Russell Crowe) y Tubal (Ray Winstone) dos caras de una misma moneda.

Noah es la historia de la lucha del hombre contra su destino y contra sí mismo. En esta epopeya, Noé (Russell Crowe), encarna al buen salvaje viviendo en comunión con la Creación junto a su mujer Naameh (Jennifer Connelly) y sus hijos Sem, Cam y el pequeño Jafet. A través de un pasaje onírico, el fin del Hombre, se le es revelado a Noé en forma de diluvio. En su periplo en busca de respuestas Noé y su familia rescatan a la pequeña Ila (Emma Watson) − futura mujer de Sem − y conocen a los Vigilantes; ángeles caídos atrapados en roca, castigados cual Prometeo al proporcionar a los hombres conocimiento sobre la Creación. Los Vigilantes, una clara alusión a la tradición judaica del golem, o la presencia de Matusalén (Anthony Hopkins), serán algunos deus ex machina de los que Aronofsky se valga para suplir lagunas del relato bíblico. En contraposición a Noé se encuentra la figura de Tubal (Ray Winstone). Éste abomina del Creador y su obra al haberle dado la espalda al hombre, destruyendo todo a su paso impelido por la propia inercia de garantizar la supervivencia de su pueblo y la sociedad industrial fagocitaria que rige.

Aronofsky representa la pugna entre el ser humano y su dualidad mediante el descenso al abismo que experimenta un Russell Crowe que no se veía desde Gladiator (Ridley Scott, 2000), interpretando a un Noé atormentado por la culpa fruto de su abnegación para con los designios del Creador. El personaje de Noé aparece naturalizado alejándose del estereotipo de personaje bíblico de integridad y moral absolutas siendo un espejo en que se reflejan las flaquezas del ser humano. El amor, el deber y la esperanza son otros grandes temas presentes en el film que dotan al mismo de buenas interpretaciones que, sin embargo, quedan empañadas por el irregular ritmo de la cinta.

Noah se trata de una visión personal del relato bíblico, no pretende ser fiel al mismo sino que sirve de escenario para la tragedia humana. Existe una crítica a la sociedad actual que se deja entrever en las diferencias entre la forma de vida de Noé y de Tubal, mientras que uno ejemplifica una forma de vida sostenible, Tubal, representa una sociedad despiadada con el entorno y consigo misma, en donde el hombre es un lobo para el hombre. En conclusión Noah es un alegato a favor de la redención del ser humano que a pesar de sus taras merece ser salvado por sus virtudes.

Diego Tur

Noé junto a su familia atravesando el yermo.

Noé junto a su familia atravesando el yermo.