Psico, de la alienación al acto criminal

Psico, de Aurelio Delgado
Inspirada libremente en American Psycho, de Breat Easton Ellis
Carme Teatre
C / Gregorio Gea, 6. Valencia
Del 10 al 28 de febrero de 2016, a las 20.30h

A modo de introducción de la novela, Easton Ellis cita a Dostoievski hablando de ‘Apuntes del subsuelo’ cuando dice: … «Individuos como el autor de estos Apuntes no sólo pueden existir en nuestra sociedad, sino que por fuerza deben existir, si se considera las circunstancias bajo las que, generalmente, esta sociedad nuestra se desarrolla».  Y es esta sociedad mínimamente moral, banal, superficial, donde impera la imagen y que hace posible el personaje de Bateman la que interesa a la obra Psico, inspirada en American Psycho, por encima del sadismo y la narración de los crímenes que el protagonista comete.

Portada del libro American Psycho, de Bret Easton Ellis.

Portada del libro American Psycho, de Bret Easton Ellis.

Más que centrarse en el asesino en serie, aspecto fundamental que desde luego se aborda en el montaje, la obra que nos presenta Aurelio Delgado no se centra tanto en la narración de sus crímenes, como en la presentación de un universo que no sólo corresponde al mundo de los brokers de Wall Street  sino que se extiende por todo el mundo occidental,  donde el capitalismo impone unas normas, que atendiendo principalmente al consumo, sumerge nuestra realidad en esa «sociedad del espectáculo» de la que habla Guy Debord.

Christian Bale en un fotograma de 'American Psycho', de Mary Harron.

Christian Bale en un fotograma de ‘American Psycho’, de Mary Harron.

La representación, dentro de esa sociedad, vacía el personaje de Bateman. Lo convierte en un paradigma, si bien llevado al extremo, del hombre actual, presionado a olvidar la esencia en favor de la presencia, de ofrecer una imagen de sí mismo que lo acerque a un ideal de clase, prescindiendo de la moral para establecerse y, si es posible, convertirse en líder.

La paradoja le sobreviene al personaje, cuando en medio de seres condicionados al igual que él mismo para las mismas finalidades, pierde su identidad frente a los demás y se convierte en anónimo, susceptible de ser confundido con cualquier otro. En este contexto donde nada significa más que la apariencia, donde los valores y el hombre mismo se vacían de contenido, no es descabellado pensar que surja el monstruo.

Cartel de Psico, de Aurelio Delgado. Carme Teatre.

Cartel de Psico, de Aurelio Delgado. Carme Teatre.

¿Qué quieren? Miradas de mujeres

En torno a la visibilidad de las mujeres en el Arte

No cesa la queja. Es más, se incrementa día a día. En todo. Nada de lo que pueda hacerse para disiparla es ni será suficiente; la queja es, en esta era posmoderna, ¡qué le vamos a hacer!, una de las actitudes más rentables. ¿Por qué no quejarse, entonces? Ah, y otra cosa; la queja será más rentable en proporcionalidad directa al rencor y el odio que en ella vayan intrínsecos. Son cosas del activismo y de la corrección. En el Arte, también.

No cesa de oírse esa queja. «Queremos más visibilidad». Así, quieren más visibilidad. ¿Quiénes? Ellas, por supuesto, las mujeres. ¿Más visibilidad? No exactamente; lo que dicen querer es la misma visibilidad que los hombres. Para ellas, no puede haber (existir) un hombre artista si no hay (existe) una mujer artista… de forma !simultánea y ubicua! Sí, ésta sería la cuestión. Lo que quieren las mujeres (y tomo el todo por la parte en la medida en que las que callan otorgan, habida cuenta de los beneficios que obtienen de la queja, tengan o no tengan clara la exigencia) es una igualdad numérica, estadística, cuantitativa. Paridad, igualdad. Si alguien quiere comisariar una exposición sobre, pongamos fotografía nocturna, lo que le exigirán los abanderados de la corrección política es que ese alguien NO seleccione a los 12 fotógrafos -sean mujeres o hombres- que le parezcan más interesantes -adecuados, apropiados-, sino que en su elección haya 6 fotógrafas y 6 fotógrafos (6 mujeres y 6 hombres: 6 personas con vagina y 6 personas con pene).

Pero, ¿a quién se quejan esas mujeres tan activistas?, ¿a la sociedad machista, ese corpus amorfo de individuos al que se le echa siempre la culpa de todo? ¿o al mundo del Arte, ese conjunto de personas que configuran el mismo mundo del Arte que «al parecer» es discriminatorio con las mujeres? Porque esa es la queja: las reivindicadoras no se quejan de que haya menos mujeres artistas sino de que la selección habitual -para su exhibición- no sea natural, sino malignamente partidista. Para ellas, sí hay una selección natural y es tan natural que tiene que ser equitativa… por cojones (perdón). Así, natural, o sea, equitativa, igualitaria. Natural (?).

Obra de Ana Gesto exhibida en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Ana Gesto mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Mutatis Mutandi

Podríamos comenzar por diferenciar entre presencia y poder.  ¿Y qué quieren las mujeres: presencia o poder? ¿Qué quieren cuando dicen querer igualdad? ¿Más presencia en las decisiones del poder? ¿Más presencia en los eventos expositivos?

Y podríamos también, para situarnos realmente, remontarnos a los años ochenta, los años de apertura, cambio y desarrollo de la España ulterior a los 40 años de anquilosamiento cultural. ¿Y quién detentaba el poder del Arte durante esa década y la posterior? Pues se lo digo yo: las mujeres. ¿A quién había que conocer si uno quería medrar en el fantástico y sensible mundo del Arte durante los ochenta y los noventa una vez fallecida Juana Mordó? Pues se lo digo yo: a Juana de Aizpuru, a María Corral, a Cármen Jiménez, a Helga de Alvear, a Soledad Lorenzo… a Elba Benítez, a Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares… y poco más allá Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch… Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí? Es verdad que hubo algunos hombres… (Juan Antonio Ramírez, Calvo Serraller, Pepe Cobo…) pero sólo para que la cosa no pareciera demasiado discriminatoria. Así pues, las mujeres con presencia casi absoluta en el mundo del Arte, al menos respecto al poder real.

¿Y los artistas, qué pasa con los artistas, se seguirán preguntando las activistas más comprometidas con su sexo? Pues muy sencillo: los artistas que había eran los que colocaban ellas, los que ellas sugerían, los que ellas ¿imponían?; ellas, las que detentaban el poder: Juana de Aizpuru, Soledad Lorenzo, María Corral, Oliva Arauna, Cármen Jiménez, Rosa Martínez, Elba Benítez, Oliva María, Rosa Olivares, Elvira González, Elena Ochoa…

¿Y ahora, qué pasa? Pues que ahora tenemos, sin ir más lejos, ese festival del Arte tan igualitario y tan poco partidista que se llama Miradas de mujeres. Que, cómo no, es aprovechado para elevar la queja y el lamento en la opinión publicada a su máxima exponencia (impactos mediáticos): «exigimos más visibilidad», «queremos la igualdad». Cada año lo mismo: «exigimos más visibilidad». Un festival que se amplía cada año y que cada vez cuenta con más participantes, que lógicamente nunca serán suficientes. ¿Sólo un festival, sólo él, el de Miradas de mujeres? Noooo, hay un sinfín de eventos que en nombre de la mujer discriminada se reparten durante todo el año por todo el territorio español, la mayor de las veces promocionados y patrocinados por administraciones públicas, institutos de la mujer, y demás entidades subvencionadas.

Sin ir más lejos en Valencia se inauguró la semana pasada una exposición «de» mujeres, una exposición que se ha denominado, supongo que nada inocentemente, ‘Las dueñas del arte’. Se trata de la selección de artistas llevada a cabo por 14 galeristas mujeres de la Comunidad Valenciana. Pero para saber el verdadero alcance y significado de la cifra (14) conviene saber antes que en la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana hay 19 galerías de Arte. Así pues, el mundo del Arte, al menos aquí en Valencia, se encuentra en manos de mujeres. Y no tanto a nivel privado, sino también a nivel político-cultural, para bien o para mal, como saben todos los valencianos. Y no debemos olvidar que, por el motivo que sea, es la clase política -del signo que sea- la primera en promover, tanto de forma directa como indirecta, eventos culturales que tengan por protagonistas a las mujeres. Que lo hacen.

Obra de Diana Coca expuesta en La Nau de la Universitat de València.

Obra de Diana Coca mostrada en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia en La Nau de la Universitat de València.

¿Entonces?

Para contestar a esta enigmática última pregunta podemos acudir a la entrevista que MAKMA les hiciera a tres mujeres activistas directamente comprometidas con el Arte y con la Mujer. En dicha entrevista no se pudo dejar más clara la queja que tiene como objeto la discriminación de las mujeres en el mundo del Arte. Resulta tan paradigmática que recomiendo su búsqueda y lectura. Da mucho de sí.

Dice la directora del Festival en la Comunidad Valenciana Irene Ballester: «Nuestra finalidad es llevar el arte hecho por mujeres a los grandes museos y galerías, pero también a las concejalías de Cultura e Igualdad de cualquier pueblo». Queda claro entonces que sus objetivos, ya logrados (15 comunidades, más de 1.000 artistas, 308 espacios expositivos), han conseguido elevar la presencia de mujeres artistas en espacios tanto privados como públicos; no de mujeres artistas extraordinarias, ni de las mejores mujeres artistas, sino de mujeres artistas («arte hecho por mujeres»). Y como decimos, no sólo a espacios privados, sino a espacios sufragados con dinero público.

Por eso quizá no se entienda esa pertinaz manía del mundo del Arte hacia los estamentos políticos. De hecho en esta misma entrevista aflora lo que acaba siempre por aflorar cuando el mundo del Arte exige independencia en sus sensibles decisiones: su desprecio por ese intrusismo que supone toda acción gubernamental en las cosas de la Cultura. Y por eso dice Lucía Peiró a poco que se descuida, «la política y el arte deberían ir por separado». Y es que, en efecto, se trata de algo que es absolutamente habitual en aquellos que, curiosamente, viven de las prebendas del papá Estado. Aceptan con naturalidad todo tipo de subvenciones y ayudas (de las Concejalías, las Casas de Cultura y Administraciones en general), pero después las quieren mandar a freír espárragos cuando se trata o de hacer lo que les dé la gana o de ganar dinero.

Pero aquí de lo que se trata es de saber si existe realmente discriminación maléfica y organizada o si se trata de algo mucho más sencillo. Es decir, la cuestión es: si aceptáramos, tal y como dicen algunas estadísticas que nos ofrecen las asociaciones más activistas, que las mujeres tienen menos presencia que el hombre en el mundo del arte, ¿será debido a una discriminación maléfica instigada por una sociedad machista o se debe a las leyes de mercado? Veamos lo que dice una de las entrevistadas, concretamente la galerista Teresa Lagarre, es decir, la que representa el mercado (el del dinero y no el de las ideologías): «Yo tengo muchos artistas de la Comunidad Valenciana, el 70% son de aquí, y aunque tal vez sean más hombres que mujeres los que exponen en mi galería, lo cierto es que yo siempre me he inclinado por el arte de las mujeres porque me siento identificada con sus propuestas».

Pues bien, por fin queda claro el por qué teniendo más poder en la gestión -ese poder que se atribuye en exclusiva al maléfico hombre autoritario- después parecen no obtener la misma visibilidad. Una mujer galerista y su programa: se identifica con las propuestas de las mujeres (sic)… pero tal vez (sic) sean más hombres que mujeres los que exponen en su galería. Pero después se suma a la –rentable- queja.

Post Scriptum. Llego de Madrid con varias carteleras de actualidad cultural en mi cartera… y no hay sitio para la duda: Ellas crean. En efecto, en todas las carteleras, e incluso en algunas de las portadas de esas carteleras, aparece ese titular, Ellas crean. Titular que se corresponde con la XI Edición del Festival Ellas Crean, festival que, y ahora cito de la cartelera Madrid en vivo, “aporta un punto de visibilidad para las mujeres creadoras”. También se dice “Este año el Ayuntamiento de Madrid presenta un cartel alucinante, sugestivo y pleno de propuestas que harán las delicias de los asistentes” (y Ayuntamiento de Madrid va en negrita). Este festival, inmediatamente posterior a Miradas de mujeres (que se realizaba en 15 comunidades entre otras ésta) contaba con 46 intervenciones (música, danza, debates, exposiciones, presentaciones…) y con la colaboración de 18 museos.

Cristina Lucas.

Imagen del video de Cristina Lucas mostrado en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Alberto Adsuara

El tiempo que hiere de Pilar Pequeño

Huellas, de Pilar Pequeño
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

Pilar Pequeño habla de “tiempos acumulados”. De las “huellas que va dejando el paso del tiempo”. También de “recuerdos y nostalgia” y de cómo la naturaleza se encarga de unir “diferentes instantes del pasado”. Lo dice con una voz mansa, serena, a veces abriendo mucho los ojos cuando una pregunta le llega con escasa nitidez. Los abre entonces como abre su objetivo para captar la luz igualmente escasa que, en muchas ocasiones, penetra débilmente los espacios abandonados que tanto le gustan. Espacios que Railowsky acoge en una exposición de elocuente y atinado título: ‘Huellas’.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

La que fuera hace cuatro años premiada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, manifiesta a través de 17 fotografías su concepción del tiempo, de la naturaleza, de la vida. Nada que ver con la sensación de eterna juventud que prima en la publicidad. Como tampoco tienen nada que ver sus imágenes con esa idea del mundo estable, seguro, razonable, que vive de espaldas a lo real de la corrupción que impone el paso del tiempo. “Intento que mis imágenes sean ambiguas”. Ambiguas, no por dejar de mostrar explícitamente esas huellas del implacable tiempo, sino porque “me gusta que el espectador las sienta a su manera”.

No es lo mismo la impresión que lógicamente le produce a Pilar Pequeño fotografiar el edificio abandonado que fuera colegio de su padre (de ahí “el recuerdo, la nostalgia”), que la que pueda tener el espectador ante un lugar que desconoce. Aún así, esa vegetación que invade las habitaciones, estancias y balcones del caserón de finales del siglo XIX en la que Pequeño deposita su mirada, con sus paredes desconchadas y sus frágiles suelos de madera, impacta por igual. “Es la ausencia y la presencia de la gente que ha pasado por allí lo que conmueve”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Pilar Pequeño tomó fotografías en blanco y negro de ese espacio en 2003 y lo volvió a visitar diez años después con su cámara digital y en color. “Aquí en Railowsky, por razones de espacio, he preferido reunir imágenes de un solo edificio, para no mezclar”. Imágenes que siempre realiza utilizando la luz natural. “No utilizo flash porque falsea la realidad”. Y la realidad que quiere captar Pequeño tiene que ver con esas naturalezas muertas del paisaje, las plantas o los bodegones, con los cuales disfruta disponiendo “la escena lumínica”, que va “tamizando con papeles y plásticos”.

Las ‘Huellas’ a las que se refiere la exposición son el depósito acumulado de ese tiempo fugitivo que la artista persigue como lo hacía Marcel Proust, mediante su célebre ‘En busca del tiempo perdido’, o Antonio López en ‘El sol del membrillo’, la película de Víctor Erice. Huellas de lo real del tiempo que va desgastando las cosas, de la vida que se marchita y, en consecuencia, de su carácter frágil y caduco. Los marcos de puertas y ventanas, por las que penetra esa vegetación y esa luz que Pilar Pequeño modula para evitar el letal reinado de las sombras, son “estructuras geométricas” características igualmente de su obra.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

“Yo he seguido siempre mi camino. He hecho lo que me ha gustado”. Y aunque venda lo justo, “no para hacer una vida maravillosa”, lo cierto es que sus fotografías atrapan esa verdad que escapa a los dictados del simple mercado. La verdad de las huellas que el tiempo deposita en esa vasta naturaleza, esas plantas o esos edificios abandonados. Porque el tiempo hiere, Pilar Pequeño lo que hace es contener su escozor mediante el tratamiento artístico de la luz a punto de ser devorada por las sombras. Como ha llegado a decir la propia artista: “En estos paisajes cercanos me estoy fotografiando yo, es un permanente mirar hacia dentro”.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Los fantasmas de Chema López

Un cuento de fantasmas para adultos, de Chema López
Sala Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 7 de septiembre

“Parece todo pensado, intelectualizado, pero me he dejado llevar por sensaciones”. He ahí, claramente expuesto por Chema López, la cuerda floja en la que se mueve el fantasma o los fantasmas aludidos en la muestra de La Nau. Por un lado, la racionalidad y, por el otro, las sombras. Por un lado, los avances técnicos que propiciaron la aparición de la fotografía, a la que Chema López rinde homenaje. Y, por otro, las fantasmagorías surgidas del propio aparato fotográfico como reflejo de una realidad esquiva al fenómeno científico.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Bastaría una rápida hojeada a la literatura romántica para constatar el movimiento de gran parte de sus protagonistas por esa cuerda floja. Sujetos obsesivos, de pensamiento agudo e incisivo, que terminan viendo fantasmas allí donde buscaban certezas. La “presencia / ausencia” aludida por Chema López convirtiendo la exposición ‘Un cuento de fantasmas para adultos’ en un viaje alucinante al fondo de la mente. Allí donde la luz debe reinar, aclarando la realidad con sus múltiples figuras presenciales, es paradójicamente motivo de sospechas e inquietantes sombras.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Chema López convoca un buen puñado de fantasmas en su exposición de la Sala Martínez Guerricabeitia. Fantasmas de reyes, de políticos, de criminales; de sujetos anónimos, reconocibles y particulares. Todos ellos convocados por el artista a modo de espectros que vienen a poner en cuestión los límites entre realidad y ficción. O también: a mostrar la extrañeza que provoca cierta realidad, cuando se somete a los dictados de la técnica.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Utilizando el retrato, la catalogación científica del archivo criminal o el video documental, Chema López pone en igualdad de condiciones a los sujetos que protagonizan su cuento, merced a la fantasmagoría que los une como espectros del pasado. El inquietante cuadro de Miguel Primo de Rivera (“lo pintó mi tío”) y una fotografía de Los Ramones, colgada en la alcoba de una casa familiar del artista, vuelven a convocar fantasmas en un video que acompaña la exposición.

La ironía y el sentido del humor permiten rebajar la densidad de tan siniestra atmósfera, pero en ningún caso disminuye el atractivo por la figura en sí del fantasma, en tanto portador de una muerte que encandila y asusta. Atrae su comparecencia una vez desaparecido el cuerpo que le dio vida. Y produce miedo el reflejo de lo que nos aguarda a los vivos que, como ellos, seremos idéntico pasado pese a la tozudez con la que nos aferramos al presente.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

El cuento de fantasmas que Chema López nos cuenta a los adultos, con primoroso acabado tras “dos años preparándolo”, apela a cierta nostalgia del pasado, toda vez que el presente hace aguas por la crisis y el futuro se muestra incierto. Pero Chema López piensa que es precisamente de tanto “vivir en la esperanza”, como terminamos por “no vivir el ahora”. Los fantasmas de su cuento están ahí para recordarnos que reyes y villanos, militares y rockeros punk, son finalmente espectros que conmueven una vez transformados sus mortales cuerpos en figuras de un envolvente imaginario. La muerte, que el fantasma recuerda con su ¿presencia?, termina en cualquier caso imponiéndose en el arrebatado espectáculo de la mirada alucinada.

Obra de Chema López en 'Un cuento de fantasmas para adultos'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Chema López en ‘Un cuento de fantasmas para adultos’. La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

La esencia de lo femenino a través de la naturaleza

Huellas In-ciertas. La esencia de lo femenino a través de la naturaleza. Exposición de arte colectivo entre cuyos artistas encontramos a Evarist Navarro, María Cukier, Dilena Díaz, Antonio Samo, Chiara Sgaramella, Pilar García-Huidobro, Nuria Ferriol, Julia Casesnoves, Josep Aparici y Estela de Frutos.
Comisaria: Sara Abad Catalán
Gestión cultural: Vanesa Abad Catalán
En la Sala de exposiciones de la Facultad de Sociales
C/ De Albalat dels Tarongers, 0. Valencia
Hasta el 10 de Enero de 2014.

Esta exposición colectiva de arte propone una reflexión y una mirada dialogada en torno al vínculo entre Naturaleza y lo Femenino, entendiendo este último a través de conceptos clave como proceso, presencia, instante, cuerpo, receptividad, ecología, imaginación e instinto. A su vez las conexiones con elementos del entorno natural como paisaje, atmósfera, materiales o biología del medio establecerán claves de interpretación y apropiación de significados ocultos más allá de los valores culturales o sociales asociados. Se busca en este recorrido disociar lo femenino del género, en una sociedad que en muchos aspectos, todavía lo vincula a cuestiones de determinismo biológico.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Maria Cukier. Fotografía de Carlos Settier. 

HUELLAS IN-CIERTAS recoge múltiples significados en sí, que viene a mostrar lo esquivo de esta esencia. Ese mostrar es abriendo, dejando a la vista lo que normalmente se queda oculto en lo visible e interpretando indicios a modo de huellas. (Huellas) refleja la memoria de lo que no está, la presencia de una ausencia, algo que hay que desvelar pararse a mirar, buscar e investigar porque no es evidente a primera vista. (In-Ciertas) apunta a la confrontación que se establecerá entre lo que se destila más allá de lo cultural, político o social, a través de esta mirada de lo biológico enraizado en el medio natural y lo que de hecho la conciencia colectiva construida respecto a lo femenino muestra en sí, despertando así valores que quedan ocultos en las sociedades contemporáneas (In), que a la vez han sido o son negados (In), (Ciertas) por entenderlas como esenciales y formando parte de un todo, e (Inciertas) por la ambigüedad también del concepto en sí, en su afirmación-negación presente en los valores sociales y culturales así como por su presencia en la conciencia subjetiva y psicológica individual en constante cambio y mutación.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Evarist Navarro. Fotografía de Carlos Settier.

De esta manera, se pretende mostrar en estas relaciones con la naturaleza y sus elementos señales que nos aproximen a una de-construcción y posterior re-construcción del concepto de lo femenino para revisar, ampliar o cuestionar los significados atribuidos e independizarlos del concepto de género. Con medios de expresión artística como la escultura, la instalación, la fotografía, el dibujo, el audiovisual y la performance haremos un recorrido por el diálogo propuesto. A este itinerario a través de la obra artística se le añade la voz del pensamiento, la de los mismos artistas, que acompañan su obra con una breve cita propia, que aumentará la conciencia reflexiva en torno al enfoque propuesto.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier. Imagen por cortesía de la sala.

Obra de Estela de Frutos. Fotografía de Carlos Settier.