Nueve producciones valencianas en Praga

Festival de cine español La Película
Cines Svetozor
Vodickova 791/41, Praga (Chequia)
Del 14 al 24 de febrero de 2017

El Institut Valencià de Cultura participa con una selección de nueve películas de producción valenciana en el festival de cine español La Película, que se celebra del 14 al 24 de febrero en los cines Svetozor de Praga, pero que también cuenta con proyecciones en otras ciudades de la República Checa como Ostrava, Brno y Hradec Králové.

Fotograma de Fin, de Jorge Torregrosa.

Fotograma de Fin, de Jorge Torregrosa.

En su duodécima edición, el Festival La Película dedica una sección especial al cine valenciano en el que estarán presentes los largometrajes ‘Donde el olor del mar no llega’ (2010, Lilian Rosado González); ‘Kanimambo’ (2012, Adán Aliaga, Carla Subirana, Abdelatif Hwidar); ‘La noche que mi madre mató a mi padre’ (2016, Inés París); ‘Fin’ (2012,  Jorge Torregrossa); ‘La Madre’ (2016, Alberto Morais); ‘La vida inesperada’ (2014, Jorge Torregrossa);  El arca de Noé (2014, Adán Aliaga, David Valero); ‘Orson West’ (2012, Fran Ruvira); y ‘Wilaya’ (2014, Pedro Pérez Rosado). Dentro de la sección de cine español también está presente ‘La distancia más larga’ (2012), de la directora venezolana  Claudia Pinto que reside y trabaja en Valencia.

Organizado por el Instituto Cervantes y la Embajada de España en Praga, el festival La Película cumple doce años con esta retrospectiva de cine valenciano de producción reciente organizada por el IVC, pero también con otros ciclos dedicados al cine español y latinoamericano.

La participación del Institut Valencià de Cultura en este festival cinematográfico de la República Checa se enmarca dentro las actividades del Plan Valenciano de Internacionalización de las Industrias Culturales y Creativas, que forma parte del Plan Estratégico ‘Fes Cultura’, que tiene como principal objetivo hacer visible la creatividad cultural valenciana en festivales y otros espacios de encuentro internacional.

Cines Svetozor de Praga en Chequia. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Cines Svetozor de Praga en Chequia. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Una inédita Cristina García Rodero en Praga

‘Con la boca abierta’, de Cristina García Rodero
Instituto Cervantes de Praga
Na Rybnícku 536/6, 120 00 Praga (República Checa)
Hasta el 6 de junio de 2016

‘Con la boca abierta’ es la primera retrospectiva temática de Cristina García Rodero, y abarca desde los primero trabajos fotográficos de finales de los setenta, hasta la actualidad. La exposición está compuesta por cincuenta y cinco imágenes de las más treinta mil que se han revisado para esta muestra, donde la mayoría de las fotografías seleccionadas son inéditas, rescatadas para un proyecto que durante cuarenta años Cristina García Rodero se guardó en el bolsillo para dejarnos ahora “con la boca abierta”.

“La memoria en ocasiones es perezosa. Necesita apoyos para evocar situaciones enterradas en el olvido. La fotografía es una de las muletas en las que se apoya un tipo de memoria llamada episódica, que funciona como un hangar en el que la psique almacena la información que tiene un significado de carácter personal. Cuando ojeamos el álbum familiar o escarbamos en el arcón de las fotos viejas, se pone en marcha la sala de máquinas de esta memoria biográfica. A veces con resultados sorprendentes, pues las instantáneas no siempre evocan los mismos hechos ni provocan las mismas sensaciones. Algunas de las fotografías de nuestro círculo más íntimo, sólo algunas, activan recuerdos que pensábamos perdidos. Lo expresa muy bien el conocido arranque de la canción de Luz Casal: Cada vez que veo tu fotografía descubro algo nuevo que antes no veía. Esta recuperación de vivencias ante algunos de nuestros tesoros fotográficos privados es un fenómeno común. Lo que no es tan frecuente es que nuestra memoria biográfica active emociones íntimas contemplando fotos en las que aparecen personajes desconocidos. Ese es el efecto que producen las fotografías de Cristina García Rodero. Una extraña familiaridad que puede definirse de varios modos, aunque todas podrían concentrarse en un sustantivo: arte”. (Florentino Moreno Martín, Universidad Complutense de Madrid)

'El sueño de Ariadna', de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

‘El sueño de Ariadna’, de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

La muestra comienza con una fotografía del nacimiento de un niño que, al exhalar su primera bocanada de aire, nos otorga el principio de todo; desde allí navegaremos por los más profundos sentimientos del ser humano, cazados magistralmente por la profundidad y verdad que Cristina García Rodero impronta en su trabajo, acabando el viaje fotográfico con el último suspiro de un velatorio en Georgia.

“’Con la boca abierta’ sigue siendo de interés antropológico y es también un ensayo sobre Antropología del cuerpo. Presenta el ciclo de la vida en vidas diversas que trascurren con la boca abierta. Y explora todo el espectro de significados que se asocian a lo que claramente no es un solo gesto. Son en realidad muchos gestos que generan los músculos faciales, a los que la Anatomía atribuye la mayor responsabilidad sobre la mímica. La boca abierta en los rituales proporciona la base iconográfica del grito que se desplaza a lo largo del eje que va de la euforia al dolor, del pánico a la satisfacción plena, de la más extrema llamada dirigida hacia otras personas a la sensación más aguda de subjetividad afectada. La boca abierta puede convertirse en signo focal y llegar a anular el resto de la cara y en particular los ojos que se cierran o se tornan meramente redundantes. Y además activa codificaciones genéticas que poseemos los seres humanos como especie y que reconocemos en primates e incluso en mamíferos. Es interesante  seguir cómo las aperturas y cierres de los ojos y de la boca están a menudo interrelacionados: a veces se refuerzan y otras se contradicen”. (Honorio M. Velasco, catedrático de Antropología Social y Cultural. UNED)

'Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela', de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituo Cervantes.

‘Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela’, de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituo Cervantes.

 

 

Tras el rastro parisino de Cortázar

Diario de París, de Miguel Herráez
Editorial Trea

Hay que haber alcanzado la cima de la madurez y asentarse sobre una sólida carrera literaria para permitirse el lujo de escribir un libro como éste. ‘Diario de París’ con 26 notas a pie, de Miguel Herráez, combina las rutas por el París de Cortázar con una serie de evocaciones íntimas de su propia infancia en Valencia. Londres, Nueva York, Moscú, San Petersburgo, Praga y Buenos Aires también aparecen en esta selecta guía para viajeros sin prisas, que recorren las ciudades en busca de las huellas que dejaron en ellas grandes escritores.

Miguel Herráez, autor del libro 'Diario de París', de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Miguel Herráez, autor del libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Publicado por el sello Trea, que acaba de recibir un premio nacional a su labor editora, el libro es fruto de las numerosas visitas de Herráez a la École Normale Supérieure de París y otros de sus trayectos por el mundo. Catedrático de Literatura Española de la Universidad Cardenal Herrera, es uno de los grandes expertos en Cortázar, con tres estudios en su haber, y autor de numerosos ensayos y novelas.

“A Julio Cortázar se le suele ligar siempre a la orilla izquierda, el Barrio Latino hasta Montparnasse”, dice Herráez. “Pero también le gustaba mucho el París del norte, justamente donde vivió la última etapa de su vida, en la rue Martel. La zona de los pasajes, los grandes bulevares, los alrededores del canal de Saint-Martin, L´Arsenal. Es inevitable caminar, por ejemplo, por la galerie Vivienne y dejar de percibir que es atmósfera cortazariana por su cuento ‘El otro cielo’, o, por supuesto, el Pont des Arts con todas las referencias a Oliveira, la Maga, de ‘Rayuela’.  En mi libro establezco varios espacios Cortázar, que son esenciales para situar su vida y obra”.

Buenos Aires es otra de las capitales más literarias para Herráez, y también Londres, que conecta en su libro con George Orwell y los bombardeos alemanes, el blitz del 41. “Me seduce mucho ese fenómeno, que es una tragedia, precisamente por su componente literario. Del mismo modo, cómo despegar la ciudad de Praga de lo que implicó en primer lugar la figura de Kafka, o El Golem, del austríaco Gustav Meyrink”.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro 'Diario de París', de la editorial Trea.

Vista panorámica de París, ciudad cuyo rastro literario sigue Miguel Herráez en su libro ‘Diario de París’, de la editorial Trea. Imagen cortesía del autor.

Memoria de ayer

Intercaladas con las rutas de ciudades lejanas, la de la ciudad propia, Valencia en la que nació, vive y escribe. “Ando mucho por Valencia, y lo único que han cambiado sustantivamente desde mi infancia son los nombres de algunas calles”, dice Herráez. “Sigo viendo los bares, cines y los comercios de entonces. Es un ejercicio agridulce, como diría David Le Breton. Quizá tenga también ya su buena carga de nostalgia. Confieso que me sobran palmeras. En mi infancia prevalecían los plátanos, que me agradan más”.

Según el catedrático y escritor, “el imaginario de una ciudad se construye a base de capas, de miradas literarias. Lo que vemos de una ciudad no es la ciudad real, sino la que han visto otros, y que nos la han trasladado por medio de un discurso. Por eso cuando caminas por primera vez por Nueva York tienes la sensación de que ya has estado antes”.

Max Aub, Baroja, Azorín, Ferran Torrent, Josep Francesc Mira o  Manuel Vicent. Son algunos autores que han contribuido con sus libros a recrear una imagen literaria y a la vez reconocible de Valencia, que Herráez ha plasmado en su exquisito y sosegado paseo. En cuanto a la memoria de Blasco Ibáñez, considera que  “se halla muy presente y sobradamente rentabilizada. No es un nombre que decaiga”, concluye.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Julio Cortázar, durante su estancia en París.

Bel Carrasco

Retrospectiva de Jirí Barta, genio de la animación

Retrospectiva del cineasta checo Jirí Barta
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 8. Valencia
Presentación: martes 13 de mayo, a las 20.00h
Exposición en la Sala Josep Renau de la Facultad de BBAA
Hasta el 15 de julio

La Filmoteca de CulturArts IVAC presenta en la sala Luis G. Berlanga de la Filmoteca de CulturArts una extensa retrospectiva sobre el cineasta checo Jiří Barta, una de las grandes figuras de la animación europea actual.  En el acto intervendrán el propio Jiří Barta, el director del Master de Animación de la UPV, Miguel Vidal, y la  directora del Centro Checo de Madrid, Vera Zatopkova, que presentarán el libro que acompaña a la exposición ‘El mundo perdido de Jiri Barta’, que se inaugura por la mañana en la Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes de la UPV y que permanecerá abierta hasta el 15 de julio. Tras la presentación del libro,  se estrenará Yuki Onna, el último cortometraje del director checo, y se proyectarán también el cortometraje Zaniklý svět rukavic (1982) y el mediometraje Krysař (1985).

El cineasta checo Jirí Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

El cineasta checo Jirí Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

La animación checa ha sido una de las más relevantes de Europa y cuenta con figuras tan destacadas como  Jiří Trnka, Karel Zeman o Hermína Týrlová o los más contemporáneos Lubomír Beneš y Jan Švankmajer de quien la Filmoteca de CulturArts ya ofreció una retrospectiva en 2013.

Jiří Bárta es uno de los cineasta más destacados de esta escuela de animación checa y lleva más de tres décadas produciendo obras clave para la animación europea en las que ha enlazado la gran tradición de la escuela checoslovaca y de Europa del Este con las nuevas tecnologías surgidas en unas décadas especialmente cambiantes. Su gran peso como director con la técnica de ‘stop-motion’ y marionetas no le ha impedido adentrarse en el mundo del 3D, la animación informática o las últimas tecnologías. Buen testimonio de ello es su más reciente producción, Yuki Onna (La mujer de hielo), que mezcla animación con actores humanos.

Fotograma de una de las películas de Jirí Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de una de las películas de Jirí Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

Nacido el 23 de noviembre de 1948 en Praga, Jiří Barta realizó sus primeras películas de animación en 1978 en el estudio de Jiří Trnka, uno de los grandes pioneros de la animación en Europa y a quien se considera el Walt Disney de Europa del Este. Con El Mundo Perdido de los Guantes (1982), Barta obtiene un reconocimiento generalizado, pero su obra maestra, El flautista de Hamelín, la realiza poco después, en 1985. Su estilo se caracteriza por el uso del ‘stop motion’ y por emplear soluciones artísticas distintas a las habituales, por un tratamiento muy cuidadoso de la banda sonora y la creación de ambientes poéticos a la vez que dramáticos.

Con la caída del comunismo y la llegada de la economía de mercado, los animadores checos se tuvieron que enfrentar en la década de los noventa a problemas mayores que la censura o la excesiva burocracia. La falta de apoyo por parte del Estado acabó con buena parte de la producción nacional de cine de animación. Barta, reacio a adoptar un perfil más comercial, se encontró una y otra vez con falta de apoyo económico. Su proyecto inacabado Golem, del que existe un corto resultante de la imposibilidad de terminar el largometraje, es el mejor ejemplo de ese difícil periodo en la carrera de Jiří Barta. Con Casita, ponte a cocinar emplea por primera vez la animación en 3D. Aventuras en el ático o quién cumple los años hoy (2009) representa su vuelta a la animación tradicional con muñecos, en un largometraje para el público infantil.

Fotograma de una de las películas de Jiri Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de una de las películas de Jiri Barta. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

 

Carteles con sabor a primavera de Praga

Carteles de cine checoslovacos
Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM)
C / Quevedo, 10 – Guillem de Castro, 8. Valencia
Hasta el 26 de mayo

Antes, durante y después de que los tanques soviéticos entraran en Praga aquel 20 de agosto de 1968, muchos artistas expresaron su desencanto hacia los totalitarismos a base de una desbordante imaginación. Como las flores que evocaban aquella primavera, sin duda pisoteada por una ideología tan roja como la sangre, algunos artistas checoslovacos sembraron de color la sociedad de su tiempo. De manera que mientras la censura hacia de las suyas, ellos la sorteaban depositando su ingenio en las artes aplicadas. Así fue como el cartel de cine se convirtió en todo un fenómeno plástico en la Checoslovaquia invadida.

Una buena muestra de esa imaginación desbordante se halla en el MuVIM, que acoge estos días una exposición de carteles de cine checoslovacos. Un total de 40, con títulos que van de Belle de Jour (Bella de día), de Luis Buñuel, a Psicosis, de Alfred Hitchcock, pasando por Rashomon (Akira Kurosawa), Andréi Rubliov (Andréi Tarkovsky) o La pantera rosa (Blake Edwards). Carteles con sus títulos en checo y en los que a veces se reconocen las figuras que protagonizan esas películas, como Catherine Deneuve, James Dean, Steve McQueen o Barbra Streisand, y en otros se pone especial hincapié en su tipografía (Roma, Flashdance) o en la más singular de las abstracciones. Rostros conocidos, grafismo, ilustración, tipografía, minimalismo, colorido y barroquismo para, en suma, dejar constancia de “un fenómeno único a nivel mundial”, subraya Pavel Rajcan, comisario de tan sobresaliente colección de carteles.

Rajcan, reconociendo el influjo que igualmente dejó la Escuela polaca, señala a los cartelistas checoslovacos como  protagonistas de ese fenómeno “importante en la historia moderna de las artes aplicadas de Europa”. Ni siquiera el norteamericano Saul Bass, que figura como autor al frente de la lista de los 25 mejores carteles de cine que publicó la revista Premiere, por el diseño de Anatomía de un asesinato (Otto Preminger), puede hacer sombra a la cantidad de artistas checoslovacos que convirtieron su creatividad en fenómeno colectivo.

Nezna (Una mujer dulce, R. Bresson), de Olga Polackova. MuVIM

Nezna (Una mujer dulce, R. Bresson), de Olga Polackova. MuVIM

De nuevo Rajcan: “Mientras en el resto de Europa, los carteles de cine se hacían con las herramientas de expresión tradicionales (fotografías de los protagonistas, títulos grandes, dibujo ilustrativo o descriptivo), en Checoslovaquia, a lo largo de 30 años (1959-1989), surgen obras de destacados artistas gráficos y plásticos que no dudan en experimentar y trabajar con herramientas de expresión modernas”. Aplicaban collages, fotomontajes y ensamblajes, inspirándose en el arte informal, el arte pop y la más moderna fotografía.

En medio de la censura política del momento, los artistas checoslovacos encontraron en los carteles de cine una vía de liberación expresiva. “No existía un mercado del arte, era difícil exponer, así que los carteles de cine pasaron a ser la única posibilidad de presentar las obras propias al público”, destaca Rajcan. Los 40 carteles de cine checoslovacos exhibidos en el MuVIM forman así parte de una larga primavera de Praga de la ilustración cinematográfica. Su gran pantalla en versión original de pequeño formato.

Slameny vdovec (La tentación vive arriba, B.Wilder), de Z.Kaplan. Imagen cortesía del MuVIM

Slameny vdovec (La tentación vive arriba, B.Wilder), de Z.Kaplan. Imagen cortesía del MuVIM

Salva Torres