Los millennials en Sala Ultramar

Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodríguez
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Del 17 al 26 de febrero, 2015

Tras el éxito cosechado en su presentación oficial en noviembre de 2014, la sala Ultramar acoge de nuevo ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, una obra original del dramaturgo Víctor Sánchez Rodríguez (Port de Sagunt, 1985). Los pases arrancarán el martes 17 de febrero y habrá uno cada día a las 20h hasta el 26, con excepción del viernes 20, en que no habrá función.

Vuelve esta producción, fruto de la colaboración de las compañías valencianas Wichita CO y Tabula Rasa. Un proyecto que se hizo realidad gracias a métodos de financiación alternativa como el crowdfunding o la organización de acontecimientos festivos que, a falta de subvenciones y de medios propios, fueron los que permitieron recaudar los fondos necesarios.

Escena de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de Wichita CO.

Escena de ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

El esfuerzo mereció la pena. La obra recibió una magnífica acogida por parte del público. Entradas agotadas en todos los pases y comentarios satisfechos entre los espectadores. Impresiones positivas respaldadas, además, por las excelentes críticas publicadas en diferentes medios de comunicación valencianos.

El texto, que reflexiona sobre la generación de los que nacieron en los 80, los millennials, habla, sobre todo, de la necesidad de volver atrás, a los orígenes, de ordenar los desperfectos pasados antes de dirigir la mirada hacia el futuro. Y lo hace a través de las voces de actores jóvenes, que han sabido entender a la perfección el mensaje, el ambiente opresivo y los problemas que acosan a los personajes retratados por el también joven autor.

Escena de 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

Escena de ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’ es un texto que aborda con lucidez y una sorprendente, al tiempo que grata, madurez temas que van desde el momento de crisis actual a los escollos que a menudo ha de afrontar la amistad, pasando por los deseos frustrados.

Pero todo con una luminosa esperanza en el porvenir. No sólo hay líneas sencillamente geniales; la recreación de una atmósfera envolvente y el gran trabajo actoral, con interpretaciones llenas de intensidad y altamente emotivas, a buen seguro no dejarán al público indiferente.

La sala Ultramar brinda ahora a todos aquellos que no pudieron asistir a los pases de noviembre una segunda oportunidad. Y, por supuesto, las puertas están abiertas una vez más a los que quieran repetir la experiencia.

Escena de 'Nosotros no nos matamos con pistolas', de Víctor Sánchez. Sala Ultramar

Escena de ‘Nosotros no nos matamos con pistolas’, de Víctor Sánchez. Sala Ultramar. Imagen cortesía de la compañía.

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965’ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco