Cine político dirigido por mujeres en la SGAE

III sesión del ‘Ciclo de cine político dirigido por mujeres’
Sala SGAE Centre Cultural de València
Blaquerías 6, Valencia
Jueves 19 de abril de 2018 a las 18:30

La tragedia de los refugiados que huyen de la pobreza o la guerra, y la lucha por la memoria histórica y la justicia en Argentina, son los dos ejes sobre los que gira la tercera sesión del ‘Ciclo de cine político dirigido por mujeres’ de la Fundación SGAE. El jueves 19 de abril, a las 18:30, la Sala SGAE Centre Cultural de València (C/Blanquerías, 6) acogerá la proyección de las películas documentales ‘Los sueños de Idomeni’, de Amparo Climent y Héctor Melgares, y ‘Tiempo suspendido’, de Natalia Bruschtein. La entrada es gratuita.

Esta muestra de cine político dirigido por mujeres es una iniciativa del Consejo Territorial de la SGAE de la Comunidad Valenciana, a través de la Fundación SGAE. Su objetivo es contribuir a visibilizar el trabajo de las mujeres del audiovisual, un cine “comprometido y diverso, transformador y transmisor de ideas”, en palabras de la directora del ciclo, Ana Laura Díaz.

En 2016, Europa cerró la frontera de Grecia con Macedonia. Miles de personas de diversas procedencias (sirios, afganos, iraquíes y kurdos, en su mayoría) quedaron abandonadas a su suerte, durante meses, entre las vías del tren de la Estación de Idomeni (Grecia). Muchas de ellas eran mujeres embarazadas y niños que huían del horror de la guerra. Amparo Climent y Héctor Melgares quisieron documentar la tragedia y dejar constancia de la pésima situación de los refugiados en este campamento de Idomeni. El resultado es ‘Los sueños de Idomeni’, película con la que han querido también rendir homenaje a la valiente y generosa labor desempeñada por centenares de voluntarios que durante un tiempo aparcaron sus vidas para ayudar a las personas refugiadas en la frontera de Idomeni.

SGAE. MAKMA

‘Los sueños de Idomeni’ sigue la estela de ‘Las lágrimas de África’, anterior largometraje de Amparo Climent en el que retrató el sufrimiento de los inmigrantes subsaharianos en su intento por llegar a Europa a través de la valla de Melilla. El documental ha sido seleccionado en diversos festivales y, además de sumar seis candidaturas en los 31º Premios Goya (2017), ha sido premiado en festivales como el 9º Cine Visible de Bilbao o el IV Luna de Cortos de Orbigo.

Artista multidisciplinar, actriz y realizadora, la valenciana Amparo Climent ha desarrollado una intensa actividad en los ámbitos del cine, el teatro y la televisión. Ha firmado los largometrajes documentales ‘Las lágrimas de África’ (2015) y ‘Los sueños de Idomeni’ (2016). Ha realizado también diversos cortometrajes, como ‘Recuerdos en el jardín’ (2015) o ‘El sueño de Mirelle’ (2014). Como autora dramática, ha escrito numerosos textos; entre ellos, ‘El último destello’, con el que obtuvo el Premio Agustín González de Teatro en 2011. Por su parte, Héctor Melgares ha dirigido más de una decena de cortometrajes, como ‘Le visage: The window’ (2018), ‘Sweet dreams’ (2017) o ‘Mental’ (2015). Como actor, ha participado en series de televisión (‘Cuéntame’ o ‘José Mota presenta’) y un buen número de cortometrajes. Ha trabajado también en teatro; de hecho, en 2015 la Unión de Actores le reconoció como actor revelación por su trabajo en ‘Calígula’.

Contra la amnesia de la historia

En ‘Tiempo suspendido’, la cineasta argentina Natalia Bruschtein propone una reflexión sobre el tiempo y la memoria a partir de la figura de su abuela Laura Bonaparte. Dedicada profesionalmente a la psicología, Bonaparte fue también una conocida activista por los derechos humanos tras sufrir la desaparición de varios familiares (entre ellos, tres hijos) durante la dictadura que azotó Argentina entre 1976 y 1983. Fallecida en 2013, fue una de las integrantes de la organización Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. La película ‘Tiempo suspendido’ relata su lucha a favor de la justicia y contra el olvido de los crímenes de Estado en Argentina, pero también la pérdida de su propia memoria, algo que, de algún modo, le permitió desprenderse del dolor y despedirse de la vida sin sentir que traicionaba a la familia que perdió.

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Desde su estreno en 2015, en la sección oficial del 30º Festival Internacional de Cine en Guadalajara (México), donde obtuvo el Premio Especial del Jurado Iberoamericano, el Premio FIPRESCI y una Mención Especial del Premio Mezcal, el documental ha sido seleccionado para su proyección en más de medio centenar de festivales y muestras internacionales de más de veinte países. Durante ese trayecto, ha recibido más de una docena de reconocimientos; entre otros, el de Mejor Largometraje Internacional en el Festival Ícaro de Guatemala, Mejor Largometraje Documental en el 45 International Student Film Festival de Alemania, la Placa de Oro del Chicago International Film Festival y el Premio al Mejor Documental del Budapest International Documentary Film Festival.

A propósito de la Mención Especial que le otorgó el Festival Internacional de Cine de Guanajato, el jurado apuntó: “Esta increíble historia de una persona concreta se convierte en historia universal al tratar con la amnesia histórica. La película recuerda exitosamente el pasado con el fin de proyectar esperanzas para el futuro”.

Natalia Bruschtein nació en Argentina, pero reside en México desde 1976. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica de Ciudad de México y se estrenó como realizadora cinematográfica con el documental ‘Encontrando a Víctor’, que obtuvo una nominación de la Academia Mexicana de Cinematografía en la categoría de Mejor Corto Documental. Como sonidista, Bruschtein ganó el Premio Ariel por su trabajo en el documental ‘En el hoyo’, de Juan Carlos Rulfo, y como montadora, el Premio Coral del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de Cuba por ‘Cobrador. I’n God we trust’, de Paul Leduc. ‘Tiempo suspendido’ es su primer largometraje como directora y guionista.

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Rocío Villalonga. Éxodo o genocidio

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca
Galería Alba Cabrera, Valencia
C/ Félix Pizcueta, 20, bajo. Valencia
Inauguración: 12 de noviembre de 2015, 20h.

Reproducimos un fragmento del texto del comisario de esta exposición, acerca del proyecto de Rocío Villalonga, en el que la artista aborda la actual crisis humanitaria, que transita entre el éxodo o la migración, el destierro o el genocidio. Se trata de un nuevo trabajo de Villalonga, en el que destaca una gran instalación realizada ex profeso, que bien merece una visita.

“(…) Para abordar la cotidianidad no es posible abstraerse conscientemente de lo político, pues la lectura de un trabajo artístico no puede realizarse desligada de la realidad social que representa una determinada geografía y un determinado tiempo, pues de lo contrario nos quedaríamos en la superficie, en la anécdota. Rocío Villalonga, con su exposición en la Galería Alba Cabrera de Valencia, centra su atención en los desplazamientos no voluntarios de personas. Los movimientos migratorios no son un problema nuevo, ni es la primera vez que la artista lo trabaja en su obra. En esta exposición apuesta por formatos cargados de simbolismo, que trasladan al soporte artístico los aspectos múltiples de esta realidad fragmentada.

La ONU[1] planteó en el año 2000 la necesidad de combatir los desastres del mundo enunciando 8 objetivos de desarrollo para el Milenio, poniéndose como meta para lograr resultados el año 2015. La propia organización siempre ha reconocido el retraso que se cernía sobre el plan de trabajo establecido y la dificultad de cumplir con las previsiones. El ejercicio de la doble moral hace que los mismos estados que han contribuido a determinar una política de “tierra quemada” a favor de sus intereses, sin considerar las consecuencias humanas, ambientales y culturales, sean los que pretendan expiar sus culpas representando la figura del “donante”. Bien está que contribuyan económicamente a paliar los efectos de su codicia, pero mejor estaría si reconsideraran y modificaran los medios de explotación que emplean, para de verdad transformar la realidad del planeta. Tres cuartas partes del mismo agoniza claramente, pero en el mundo desarrollado, en la zona de privilegio, han estallado ya las alarmas que evidencian el fin de una era. La angustia humana, retransmitida por televisión durante años, provenía de lugares que nos resultaban lejanos pero, en una magnitud infinitamente menor, se ha trasladado ahora a nuestro propio escenario, para que entendamos un poco mejor su significado.

Las mariposas monarcas (Danaus plexippus) migran desde México a Canadá, y en años con vientos favorables llegan al suroeste de Gran Bretaña, a España, a Marruecos y a Rusia, siendo uno de los pocos insectos que logra realizar travesías transatlánticas. Pero lo más llamativo es que durante esos desplazamientos la mariposa se reproduce, muere y es su descendiente la que continúa el viaje sin haber recibido las enseñanzas parentales.

Rocío Villalonga toma como referencia el ejemplo de superación de esta especie para abordar la larga y dolorosa crisis humanitaria que obliga a millones de personas a abandonar sus entornos vitales para emigrar, para huir, buscando ponerse a salvo, persiguiendo el sueño de una vida mejor ante el fracaso de unos derechos humanos universales que, en realidad, no son más que tinta seca sobre papel.

Explica Enzensberger[2] que en todas las épocas ha habido grandes masacres y pobreza endémica; los enemigos eran enemigos, y los pobres eran pobres. Pero sólo desde que la historia se ha convertido en historia mundial se ha condenado a pueblos enteros declarándolos superfluos. Y curiosamente los autores de tales sentencias se mantienen despersonalizados: se llaman “colonialismo”, “industrialización”, “progreso tecnológico”, “revolución” o “colectivización”; las sentencias se dictan en voz alta y se ponen sistemáticamente en práctica, de modo y manera que a nadie le puede quedar la menor duda del destino que le ha sido asignado: éxodo o emigración, destierro o genocidio.

¿Por cuánto tiempo? ¿Por cuántas vidas?”

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca, 2015. Cortesía Galería Alba Cabrera.

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca, 2015. Cortesía Galería Alba Cabrera.

José Luis Pérez Pont


[1] http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/
[2] ENZENSBERGER, Hans Magnus. La gran migración. Anagrama, Barcelona, 1992.

Los 30.000 kilómetros a pie de San Juan de la Cruz

El preso de la ballena, de Eduardo Alonso
Atrio Llibres

“Venerado en su tiempo y raro en la actualidad”. Así describe Eduardo Alonso al célebre poeta místico San Juan de la Cruz, a quien novela en El preso de la ballena (Atrio Llibres). Venerado como santo, que no todavía entonces por su deslumbrante poesía, y raro en nuestros días, porque su renuncia a todo placer terrenal chocaría con los hábitos del consumo actual, del “placer al instante”, que recuerda el propio Alonso. “Personaje contradictorio y por tanto interesante”, destaca quien da cuenta de esas contradicciones en un libro que le ha llevado 15 años escribir, entre parones e investigación documental.

Siguiendo los pasos, fruto de esa labor investigadora y, literalmente, de calcular la distancia recorrida por el místico en su aventura de “oración, mortificación y ayuno”, Alonso calcula que pudo andar 30.000 kilómetros. Andanzas que empiezan cuando descubre siendo muy joven su vocación espiritual, que le llevará de un lugar a otro persiguiendo lo que fray Juan explicó a la mismísima Santa Teresa: “Nuestra primera empresa es perseguir la libertad interior”.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

Portada del libro El preso de la ballena, de Eduardo Alonso. Atrio Llibres.

El preso de la ballena, porque así se sentía el místico en la vida terrenal que comparaba con esa ballena de la novela, narra las peripecias de San Juan de la Cruz como hombre, más allá de su condición de inmenso poeta, en el marco de la “desconcertada España” de la segunda mitad del siglo XVI. Una España en la que “muchas gentes pobres se iban a las ciudades o se echaban a los caminos” repletos de “mendigos y pícaros”. O donde muchos otros “buscaban refugio en los conventos” o se aventuraban “en una nao con destino a las Indias y los más azogados se hacían soldados para vivir la vida de un sorbo intenso”, que Alonso lo resume así en el libro: “España, mi natura; Italia, mi ventura; Flandes, mi sepultura”.

Con un rico lenguaje y descripciones pormenorizadas de los asuntos cotidianos que iban trenzando la vida de San de la Cruz, Eduardo Alonso dice haber intentado “construir la identidad de este personaje en su mundo”. Introvertido, solitario, estudioso, así describe el escritor al santo y poeta cuya “grandeza” estaba en su “simbolismo”. Suyo es el inigualable ‘Cántico espiritual’, en el que articula las posiciones masculina y femenina con arrebatado goce. En todo caso, Alonso se detiene en lo prosaico de su igualmente apasionada vida.

Y lo hace incluyendo pasajes sorprendentes. Como el dedicado a su segunda noche de internado como joven novicio, en la que fue despertado y llevado a rastros a una estancia contigua. “Mámalo, le dijeron, obligándolo a chupar el miembro enhiesto del jefe. Luego se desentendieron y el novato volvió al lecho”. Alonso subraya que lo narrado en El preso de la ballena es fruto de muchas horas de documentación (“cuando empecé hace más de 15 años apenas existía Internet”), que le han permitido recrear con todo lujo de detalles la vida de la época, lo que hacían o no hacían las monjas y con lo que el propio San Juan de la Cruz se iba encontrando.

“Hablo del hombre que fue y el que dicen que fue con el que deseó ser”, observa Alonso, quien preguntado sobre la melancolía del santo afirma: “La melancolía era enfermedad femenina exquisita; de espíritus finos”. Y San Juan de la Cruz lo era. Tanto que abandonó los placeres terrenales para obtenerlos por la vía de la creación, aunque ésta la hiciera incluso “de rodillas sobre guijarros”, para espantar posibles satisfacciones. Precisamente las que resulta imposible ahuyentar leyendo su poesía. O las que destilan las páginas de El preso de la ballena.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Eduardo Alonso con su libro El preso de la ballena entre las manos. Fotografía: Silvia Zarza.

Salva Torres

l’Auditori de Torrent recibe al genial Richard Bona

Jazz Panorama 2015
George Lacson Project, Richard Bona y Ruthie Foster
Auditori de Torrent. Valencia
Jardines de l’Hort de Trénor
Del 17 al 19 de julio de 2015

L’Auditori de Torrent ofrece un año más una oportunidad única a los amantes del jazz para disfrutar del buen hacer de grandes figuras de este género en el magnífico entorno de los jardines de l’Hort de Trénor de Torrent. Del 17 al 19 de julio, los jardines abrirán sus puertas para acoger los tres conciertos que conformar el cartel de este año, elaborado en colaboración con Serious Fan Music.

Formación de la Berklee Alumni Project.

Colectivo internacional George Lacson Project. Imagen cortesía de l’Auditori de Torrent.

El concierto inaugural del festival correrá a cargo de George Lacson Project, un colectivo internacional de músicos de la filial en Valencia de la Berklee School of Music, cuyo sonido fusiona jazz tradicional, funk, R&B con las innovadoras influencias de la música contemporánea. Liderado por el bajista George Lacson, originario de St. Louis, Missouri (USA), este grupo ha conseguido tener, en el poco tiempo que lleva en España, un número importante de seguidores, cautivados por sus poderosos shows en directo.

El guitarrista camerunés Richard Bona. Imagen cortesía de l'Auditori de Torrent.

El bajista camerunés Richard Bona. Imagen cortesía de l’Auditori de Torrent.

Para la noche del sábado, el festival cuenta con la participación de Richard Bona, bajista, cantante y compositor fuera de serie. Nacido en un una aldea de Camerún, ha vencido obstáculos como la pobreza, las presiones familiares, la lejanía y la mala suerte para convertirse en un músico de proporciones enormes tanto en su tierra natal como en las grandes ciudades y teatros de todo el mundo. Comenzó su carrera como solista con Scenes from My Life en 1999. Richard Bona llega con su banda Mandekan cubano integrada por cinco veteranos de la escena musical  latinoamericana en Nueva York para mostrar un repertorio polirítmico.

Ruthie Foster. Fotografía de Mary Keating Bruton cortesía de l'Auditori de Torrent.

Ruthie Foster. Fotografía de Mary Keating Bruton cortesía de l’Auditori de Torrent.

Y el festival lo cierra la noche del domingo Ruthie Foster, una de las voces más representativas del blues y del soul del panorama actual. Cantante y compositora, que comenzó llenando con su voz las iglesias de Texas, puede conmover al público hasta las lágrimas o el éxtasis en una misma canción. Reflejo de la calidad de sus trabajos son las nominaciones al Grammy -en la categoría de mejor álbum de blues- por The Truth According to Ruthie Foster, publicado en el 2009, por Let it Burn, publicado en el 2012 y por Promises of a Brand New Day, el disco que presenta ahora.

Todos los conciertos se celebrarán a las 22 h. La taquilla, las puertas del recinto y el servicio de cafetería se abrirán desde dos horas antes. Las entradas de los conciertos se pueden adquirir de manera anticipada en las taquillas de l’Auditori de Torrent y en www.auditoritorrent.com

 

Tras los Goya: Magical Girl

Magical Girl. El sueño de la razón

Minimalista como un haiku o el  haiga que lo acompaña, así podría definirse la atmósfera de la última película de Carlos Vermut: sencilla, sobria y contundente. Exiliada la ampulosidad en decorados, vestuario y gestos, en Magical Girl priman las palabras y los actos: expresiones de los deseos, verdades y mentiras de sus protagonistas. Esta fábula contemporánea fundamentada en las invisibles y dramáticas relaciones de sus personajes –como ya hiciera el cineasta en Diamond Flash (2011), a cuyo estilo regresa− se erige en un thriller psicológico cuyo juego de espejos trasciende la pantalla. La situación económica actual −especialmente−, la lucha de clases y la búsqueda de la felicidad desencadenan una trama de la que emerge lo siniestro. La desesperación de un profesor de literatura en paro con una hija enferma y el miedo a la soledad de una manipuladora y caprichosa paciente psiquiátrica, se mezclan con el carácter bondadoso de un  jubilado profesor de matemáticas. La pugna entre el pasado que regresa y un futuro en calma, entre la razón y la sinrazón, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, o las letras y los números, conducen a una violencia anunciada semejante a la que Villaronga analiza en sus obras.

Existe un fuera de campo que jamás se muestra donde los personajes se definen y se completan, radicando en él ese sutil aire misterioso que los rodea y acerca, convirtiéndolos en caras de una misma moneda que se revela dependiendo del giro. Destaca un José Sacristán mudado en superhéroe de barrio y una Bárbara Lennie de extrema e íntima complejidad. Si los espacios que la rodean resultan vacíos, fríos y asépticos, no lo es menos su vestuario. Acostumbrados a que se premien los vestidos de época, terror o fantasía, hubiera resultado alentador galardonar el trabajo de Iratxe Sanz vistiendo al personaje de Bárbara. Sus ropas, planas, simples y elegantes, más allá del aderezo, funcionan como contraste entre la hipotética serenidad exterior y un interior tan tenso y enmarañado como el que Buñuel quiso para la Deneuve de Belle de Jour (1967) que vistiera Yves Saint Laurent.

La narración dividida en actos con sus apostillas, la mezcla de cultura japonesa y tradición española –aunque a algunos les chirríe, no existe arbitrio en la inclusión del tema La niña de fuego o la referencia a la tauromaquia− junto a ese nexo de unión que vincula a sus personajes convierten Magical Girl en una apuesta diferente y atractiva. Como si de un funambulista se tratase, Vermut arriesga en el alambre. No es fácil mantener a flote una película de constante balanceo, sin embargo, le resulta. Enhorabuena.

Tere Cabello

Raíces rebeldes del rock

Young Americans. La cultura del rock 1951-1965, de Alejandro Lillo y Justo Serna
Punto de Vista Editores

Justo Serna y Alejandro Lillo pertenecen a distintas generaciones. Uno nació en 1959, el otro en 1977, ambos son licenciados en Historia Contemporánea de la Universitat de València, doctor y doctorando, respectivamente. Juntos han creado la plataforma Serna&Lillo Asociados y puesto en marcha el proyecto  CoolTure, cuyo objetivo es producir análisis culturales que permitan a la gente entender mejor el mundo en el que vivimos en un estilo ágil y ameno. Uno de los frutos de esta asociación es ‘Young Americans. La cultura del rock, 1951-1965′ (Punto de Vista Editores), un viaje a las raíces rebeldes de esta música,  nacida en la próspera América de Kennedy, la guerra fría y la carrera espacial.

“En este libro contamos una historia sobre los reclamos de una sociedad de consumo y la publicidad de un capitalismo doméstico”, dice Lillo. “Pero también de una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Analizamos una sociedad que hizo del derroche y de la juventud su gloria”.

Serna y Lillo se aproximan a ese mundo sin pretender exhumarlo. “No obramos como eruditos y dejamos, deliberadamente, cosas sin tratar. Mostramos y sugerimos, exponemos y revelamos. Lo que fue portada tapó a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. La televisión recreaba y multiplicaba las posibilidades de aquella sociedad. La música retenía y difundía.  El rock no sólo era sexo. Era deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo querían todo y lo esperaban todo. Únicamente faltaba su cumplimiento”.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Portada del libro de Alejandro Lillo y Justo Serna, durante un acto de presentación. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Conciencia generacional

El surgimiento de los jóvenes como grupo diferenciado de los adultos fue un proceso lento que tuvo su punto de inflexión en los Estados Unidos de los cincuenta a causa de distintos factores. “Por esa época los jóvenes se saben diferentes”, señala Lillo. “Comparten tiempo en el colegio y en la universidad, tienen dinero para gastar debido a la buena situación económica de sus padres, y lo demuestran. Principalmente, uniformándose, vistiéndose de manera similar -cazadoras de cuero, gorras, pantalones vaqueros, tupés-, diferenciándose del estilo de los adultos. Critican el mundo de sus mayores con descaro y rompen las reglas establecidas. La sociedad norteamericana de la época era muy conservadora, muy mojigata, muy reprimida. Los jóvenes no quieren formar parte de un mundo que perciben como hipócrita y falso. Necesitan liberarse, expresar lo que sienten, decidir sobre sus propias vidas”.

El rock´n´roll es la música que aglutina las aspiraciones y canaliza  el malestar y la insatisfacción de los jóvenes. Elvis Presley, Eddie Cochran, Chuck Berry, Little Richard y tantos otros ídolos expresan a través de sus canciones los anhelos de su generación. “Los chicos y chicas se identifican con su música”, apunta Lillo. “Por fin alguien les entiende, por fin alguien expresa lo que ellos sienten pero no son capaces de verbalizar. Pero ese es un éxito que sólo puede llegar con la sociedad del bienestar. Elvis vuelve locos a más de 70 millones de adolescentes sólo cuando en todos los hogares de Estados Unidos hay una televisión y todos pueden verlo cantando y moviendo las caderas. Para los adultos era una obscenidad; para los jóvenes, una liberación”.

Música comprometida

¿El rock de hoy día mantiene todavía su fibra rebelde? “Es una pregunta difícil de contestar”, responde Lillo. “Creo que la música siempre tendrá algo de revolucionaria, de rebelde e inconformista, con independencia de su estilo. Hay una cierta domesticación del rock, sí, pero también hay espacios de fricción, de conflicto. El sistema capitalista asimila con relativa facilidad los movimientos contestatarios. Sin embargo, en la música sigue existiendo, en algunos ámbitos, una fuerte resistencia a determinadas prácticas, a determinados comportamientos del mundo adulto que resultan criticables o inadmisibles. Lo que está pasando en España durante estos años de crisis es significativo. Los músicos se posicionan. Muchos de ellos también dan la cara. Como hicieron otros durante la transición. Eso es algo que necesitamos y que es muy de agradecer”.

Justo Serna y Alejandro Lillo se conocieron fuera del ámbito académico y poco a poco descubrieron que tenían muchos intereses comunes. “Compartíamos la pasión por el cine, por la literatura, por la música y por la historia, claro”, dice Lillo. “Descubrimos también que nuestros diagnósticos, que nuestras opiniones y pareceres también eran similares, que nuestra forma de entender el oficio de historiador y de abordar el estudio de la cultura eran coincidentes y enriquecedoras. Se nos hizo difícil desaprovechar la oportunidad de trabajar juntos”, concluye este joven historiador valenciano.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Justo Serna y Alejandro Lillo firmando ejemplares de su libro. Fotografía: Gonzalo Moreno.

Bel Carrasco

“El reparto justo de la riqueza es utopía”

‘Pluto’, de Aristófanes, dirigido por Magüi Mira
Festival d’Estiu Sagunt a Escena

El Festival d’Estiu Sagunt a Escena cerró su programación de teatro clásico con una obra escrita hace 25 siglos cuyo contenido mantiene plena actualidad: el enfrentamiento entre la plutocracia y la democracia. ‘Pluto’, la última pieza escrita por Aristófanes, es una ácida fábula sobre la injusta distribución de la riqueza. El dramaturgo griego critica la corrupción de los senadores de su época y su acumulación de bienes a través de la figura del dios Pluto que vaga ciego por las calles. Javier Gurruchaga, histriónico y magnífico como siempre, encabeza el reparto en su doble papel de Pluto y de la Pobreza.

Estrenada en el Teatro de Mérida, este Pluto 2014 es una versión de Emilio Hernández, dirigida por la actriz y directora valenciana Magüi Mira. Tras su paso por Sagunto seguirá la gira por otros escenarios españoles. Entre los últimos trabajos de Mira: ‘Ay Carmela’, de Sanchis Sinisterra, que se representó en San Petesburgo, ‘Kathie y el hipopótamo’, un texto de Vargas Llosa interpretado por Ana Belén y ‘En el estanque dorado’. En 2012, protagonizó ‘La Anarquista’ de David Mamet en Madrid y Nueva York.

Escena de Pluto, de Aristófanes, bajo la dirección de Magüi Mira, en el Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de Pluto, de Aristófanes, bajo la dirección de Magüi Mira, en el Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Es evidente que el tema del dinero está a la orden del día. ¿Por qué,  concretamente, esta obra de Aristófanes?

Es una fábula llena de ingenio que incide en la necesidad de repartir justamente la riqueza. Me interesó su poesía, la crítica política tan mordaz, el humor inteligente y transgresor. La suma de todo me parece una bomba muy potente capaz de zarandear a cualquiera que se ponga a tiro. Fue el último texto que escribió Aristófanes y es una fiesta muy ácida. Ácida porque seguimos en la utopía. No hemos conseguido erradicar la pobreza.

¿Cuáles son las similitudes más evidentes que advierte entre su época y la actualidad?

Quise contar este duro cuentecito precisamente porque estamos viviendo una realidad paralela. Aristófanes vivía una democracia descompuesta y podrida por un altísimo índice de corrupción y en un momento en el que la pobreza crecía sin límites. Comer un plato de puré de lentejas era un gran logro. Hasta ese momento la política en la sociedad griega solo había tenido como objetivo el bien común, pero los senadores empezaron a cobrar por sus servicios y ahí empezó el viaje a la corrupción que denuncia Aristófanes. Los ricos empezaron con el vicio asqueroso de acumular y acumular dinero.

Magüi Mira, directora de 'Pluto', de Aristófanes, en Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Magüi Mira, directora de ‘Pluto’, de Aristófanes, en Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

¿Con qué criterios se ha adaptado el texto al público de hoy?

Emilio Hernandez ha hecho una gran versión, potenciando el humor y la esencia del discurso político de Aristófanes. No hemos tenido que adaptar nada. Esta es la tragedia que vivimos ahora: somos contemporáneos de Aristófanes. Seguimos ahí. Han pasado 2.400 años y no hemos conseguido establecer un reparto justo de la riqueza. Sigue siendo una utopía. Lo contamos con humor, como Aristófanes. El humor, como buena emoción que es, abre la puerta de la reflexión y del pensamiento, y así dobla el goce del espectador. Y con mucha música. Con nueve actores que cantan, y son personajes que aparecen y desaparecen de un coro que es el pulmón de la función. Nueve actores muy talentosos.

Escena de 'Pluto', de Aristófanes, bajo la dirección de Magüi Mira, en el Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de ‘Pluto’, de Aristófanes, bajo la dirección de Magüi Mira, en el Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

¿Cómo influye el hecho de ser actriz en su faceta de directora?

Fundamental. Es mi gran arma para conseguir llegar al final del viaje. Un viaje que hacemos todo el equipo. Todos sumamos. Sé cómo conseguir esa suma. Hago repartos con actores a los que puedo admirar, y tengo la suerte de que aceptan mis propuestas.  Yo sé respetar el trabajo de un actor o de una actriz. Escucho. Precisamente porque no siempre los directores con los que he trabajado me han respetado y escuchado a mí. Sé que puedo tener en la mano un gran texto y magníficas ideas y propuestas como directora, pero que si no tengo unos actores comprometidos y con talento, no hay nada que hacer. No voy a llegar al público, objetivo primordial.

¿Qué tal se ‘portan’ Gurruchaga, Marisol Ayuso  y los otros actores?

Como lo que son, grandes profesionales, inspirados, y comprometidos con la ética de la historia que contamos, y con la estética que la contamos. Creando unos personajes únicos y vivos y formando ese coro que es el verdadero pálpito de la función.

Escena de Pluto, de Aristófanes, dirigido por Magüi Mira. Festival d'Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Escena de Pluto, de Aristófanes, dirigido por Magüi Mira. Festival d’Estiu Sagunt a Escena. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

“Las guerras ahora son económicas”

¿Economía de guerra o guerra de las economías?, por Paco Álvarez
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeid, 6. Valencia
Conferencia pronunciada el martes 4 de junio

El centenario de la I Guerra Mundial (1914-18) está siendo recordado mediante diversas conferencias y ciclos de películas, como los que se vienen desarrollando en el Institut Français de Valencia y próximamente en el Festival Internacional Cinema Jove, respectivamente. Paco Álvarez, ex vicepresidente de la Bolsa de París y ahora responsable de la “bitácora de divulgación de la cultura financiera y bursátil” labolsaylavida.org, se hizo cargo de esa guerra en una conferencia en el citado instituto francés de título elocuente: ‘¿Economía de guerra o guerra de las economías?’

Y es que para Paco Álvarez no admite dudas: “Yo siempre he asociado las guerras a la economía”. Y para demostrarlo se puso a enumerar la serie de datos que lo confirman. Datos todos ellos enmarcados en la máxima que presidió tanto aquella gran guerra como la actual crisis económica: “Las guerras empiezan o se hacen por temas económicos, para poseer más tierras, más mano de obra, más producción, más poder, que es lo que persigue el modelo económico vigente”.

Uno de los cuadros expositivos utilizado por Paco Álvarez en su conferencia '¿Economía de guerra o guerra de las economías?'. Institut Français de Valencia.

Uno de los cuadros expositivos utilizado por Paco Álvarez en su conferencia ‘¿Economía de guerra o guerra de las economías?’. Institut Français de Valencia.

Por eso Paco Álvarez concluyó: “Las guerras ahora son económicas”. Y agregó: “Hay guerras de obuses, de bombas, de cañones, y en los países civilizados eso se transforma ahora en guerra económica”. Quiso dejar claro que, aun no siendo idénticas, porque “muertos hay algunos, pero no son comparables con los del 14-18”, sin embargo en la actualidad “hay millones de familias que lo están pasando muy mal”. De manera que, en su opinión, las muertes se han transformado en injusta precariedad y pobreza.

“Renault fabricaba tanques para Francia, antes de convertirse en potente industria del automóvil”. Al igual que España fabrica bombas lapa, “el país que más produce”, con la lógica intención “de venderlas; de nuevo, la relación entre economía y guerra”. Paco Álvarez subrayó que la famosa “economía de guerra” procede de la “medida que toma un gobierno para ganarla”, utilizando como instrumento para conseguir esa victoria “los propios seres humanos”.

Paco Álvarez. Imagen capturada en Youtube.

Paco Álvarez. Imagen capturada en Youtube.

En su conferencia recordó cómo un corresponsal de la televisión pública alemana se le acercó al final de una charla pronunciada en Madrid, para reconocerle lo siguiente: “Alemania intentó en 1914 y luego en 1940 dominar Europa, y ahora lo está intentando de otra manera”. De nuevo la guerra y la economía. Paco Álvarez señaló que precisamente Alemania es la que está ahogando a los países del sur por haber sido unos “viva la virgen, y ahora nos castiga”. ¿Cómo? “Impidiendo al Banco Central Europeo prestar dinero a bajo interés, mientras lo hace con los bancos al 0,25% para que ellos compren deuda pública al 3 ó 4%”. Con tan jugosos beneficios, “¿por qué los bancos van a prestar dinero a las pymes y familias si obtiene mucho más con la compra de esa deuda pública?, se preguntó el analista financiero.

Para finalizar su explicación, Paco Álvarez echó mano de una serie de citas, entre las que destacan éstas: “El sistema económico actual asesina”. Lo dijo en el periódico turinés La Stampa, nada menos que el Papa Francisco. “El capitalismo lleva en sí la guerra”, pronunciada por Jean Jaurés, político socialista francés, fundador de L’Humanité, asesinado al poco de iniciarse la I Guerra Mundial.

Paco Álvarez. Imagen de su web labolsaylavida.org.

Paco Álvarez. Imagen de su web labolsaylavida.org.

Salva Torres