Mapa ilustrado de Valencia

Valencia Se Ilustra
La Rambleta y Cervezas Alhambra
Sabors
C / Cádiz, 72. Valencia

Los  ilustradores talentosos siguen consolidando su arte como uno de los mejores reclamos culturales de Valencia. La Rambleta de la mano de Cervezas Alhambra abordan la segunda exposición de un proyecto nacido para impulsar a través de su trabajos un ‘mapeado’ de la ciudad, compuesto por las distintas visiones individuales que sobre ella tienen los dibujantes locales.

Ilustración de Raúl Salazar. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

Ilustración de Raúl Salazar. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

Tras unos primeros meses ensanchando la comunidad de ilustradores, el espacio Sabors, ubicado en la calle Cádiz 72 de Valencia, acoge los trabajos de los nuevos artistas encargados de dibujar ‘sus’ ciudades. Participan Raúl Salazar, con su visión de los históricos cines ABC Martí, Soy Cardo con una de las heladerías más emblemáticas en la Plaza de la Reina, Jotaká reimaginando la Plaza del Cedro, Inma Lorente apostando por el Cabanyal, Cachete Jack versionando el barrio del Carmen y Ada Díez con el Edificio La Unión y el Fénix, hipnótico en los aires urbanos.

Ilustración de Inma Lorente. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

Ilustración de Inma Lorente. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

Mediante su vertiente online a través de Instagram y con tres exposiciones trimestrales y una última agrupando el total de los trabajos, ‘Valencia Se Ilustra’ hila todas las partes que forman la ciudad a ojos de los ilustradores. Todo un año para conformar un caleidoscopio artístico con Valencia como protagonista.

El proyecto nace del impulso de Rambleta y Cervezas Alhambra para descubrir Valencia a través de quienes la protagonizan.

Ilustración de Soy Cardo. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

Ilustración de Soy Cardo. Imagen cortesía de Valencia Se Ilustra.

 

¿Quién fue el arquitecto de Nueva York?

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra
Documental producido por Endora

Cumplidos los 40 años, Rafael Guastavino llegó a la Gran manzana, a finales del siglo XIX, sin conocimientos de inglés, ni tener allí ningún contacto o padrino, y de forma prodigiosa y tras muchos avatares dejó su impronta imperecedera en la ciudad. Una huella tan firme y sólida que este valenciano nacido en la Plaza de la Reina pasó a la historia como ‘El arquitecto de Nueva York’. Este es el título de un largometraje documental de 70 minutos de duración producido por Endora que con un equipo  íntegramente valenciano trata de responder la difícil pregunta ¿Quién fue realmente Rafael Guastavino?

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

En pos de su esquivo rastro la directora de Endora y también del documental, Eva Vizcarra junto a los realizadores viajaron a Vila-real, Nueva York y Boston, y se entrevistaron con numerosos especialistas en la obra de este genio desconocido. “En Endora siempre nos interesamos por la cultura y el arte, especialmente por la arquitectura, y cuando me hablaron de este gran hombre supe que tenía que dedicarle un proyecto”, cuenta Vizcarra.

La producción fue posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, TVE, CulturArts y la aportación de María José Soriano, presidenta de Porcelanosa. En total, algo más de 200.000 euros dedicados a recuperar la memoria y la obra de este valenciano hasta ahora sólo conocido por los arquitectos e intelectuales. El filme se presentó a principios de marzo y se podrá ver el próximo 15 de abril en la serie Imprescindibles de LaDos antes de entrar en el circuito de las salas de exhibición. Manuel de la Reina, Carlos Escutia, ambos ganadores de un Goya, y Miguel Gil forman parte del equipo de producción.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Un millar de edificios

A través de testimonios de expertos y animación en 3D de Primer Frame el documental explica cómo Guastavino (Valencia, 1842-Baltimore, 1908) logró el éxito y se forjó una reputación con sus soluciones constructivas, especialmente con la llamada bóveda tabicada o catalana de origen romano y mediterráneo. En una época en la que Nueva York era pasto de pavorosos incendios,  jugó una gran baza. Construyó unas cuantas pequeñas edificaciones según sus técnicas y tras incendiarlas demostró que resistían las llamas. Así se ganó la admiración y la confianza de sus colegas americanos.

En su etapa estadounidense construyó alrededor de un millar de edificios entre los que destaca la Grand Central Terminal, la estación ferroviaria con mayor actividad del mundo, unos 750.000 viajeros diarios. Espacios tan dispares como la biblioteca pública de Boston o la Catedral de San Juan Divino en Nueva York, cuya inmensa cúpula central podría contener la Estatua de la Libertad. También la primera estación de metro, el Zoológico del Bronx, Carnegie Hall, el edificio de la Reserva Federal o el puente de Queensboroug’s, en el que Woody Allen se inspiró en la película que lleva ese nombre. Sus obras se encuentran también en Baltimore, Boston, Filadelfia y otras ciudades.

Rodaje de 'El arquitecto de Nueva York', de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Rodaje de ‘El arquitecto de Nueva York’, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Mujeriego empedernido

La faceta humana del arquitecto es más difusa, aunque sí parece claro que fue un gran mujeriego. De hecho, su exilio a Nueva York fue provocado en parte por un lío de faldas. Abandonado por su adinerada mujer, harta de sus constantes infidelidades emprendió el viaje con una de sus amantes y uno de sus cuatro hijos, que contaba a la sazón nueve años y que prosiguió su obra en Estados Unidos. Dejaba en Barcelona algunas deudas y a una sobrina embarazada. De su intensa vida sólo quedan tres retratos fotográficos que lo representan en tres momentos de su vida.

También se sabe con certeza que nació en la Plaza de la Reina, que su abuelo residió en Vila-real y que padre era ebanista y de origen italiano. En Barcelona dejó sus estudios en artes por los de la Escuela Especial de Maestro de Obras, donde forjó su estilo a partir de la «construcción cohesiva»: bóvedas para fábricas, masías y fincas que suponían un importante ahorro económico, ya que no requerían de encofrado y eran resistentes al fuego.

Gracias al filme de Endora su rostro será por fin familiar a los valencianos y pasará a la galería de personajes ilustres que pusieron esta tierra a muy alto nivel.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

El arquitecto de Nueva York, de Eva Vizcarra. Imagen cortesía de sus autores.

Bel Carrasco

Jordi Milán: “Las bodas son puro teatro”

Campanadas de Boda, de La Cubana
Teatro Olympia
C/ San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 24 de abril al 1 de junio

Una enorme tarta nupcial presidía el centro de la Plaza de la Reina de Valencia. Coronaba el gigantesco pastel una pareja simbolizando a unos recién casados, cuya altura, en contrapicado, se correspondía con la del Micalet. Tamaña bravuconada, ¿para qué? Pues para presentar el último espectáculo de La Cubana, Campanadas de Boda. Llegados desde Madrid, algunos de los actores del elenco artístico descendieron de una lujosa limusina blanca para bailar con sus trajes nupciales alrededor de la tarta.

Integrantes de La Cubana posando en la Plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

Integrantes de La Cubana posando en la Plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

¿Hacían el indio? Diríase que sí, a tenor del griterío que acompañaba sus pases alrededor de la hoguera que simbolizaba el pastel blanco y rosáceo. La Catedral, al fondo, enmudecía. Tambores de guerra, siempre en tono de parodia, contra la “parafernalia” que, a juicio de Jordi Milán, director del espectáculo, representan las bodas. “No nos reímos de ellas, sino de la parafernalia que montamos al casarnos”. En eso, después de todo, consisten los ritos: en la puesta en escena de aquello que representa algo muy valioso para los seres humanos.

Integrantes de La Cubana posando en la plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

Integrantes de La Cubana posando en la plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

La risa, por tanto, tiene su razón de ser. “Todas las bodas son puro teatro”, subrayó Milán. Y tanto más teatro, tanta más boda a representar, de ahí el espectacular montaje de La Cubana en la Plaza de la Reina, como adelanto de las Campanadas de Boda que traerán a Valencia. El Teatro Olympia acogerá la función del 24 de abril al 1 de junio, dos años después de ser estrenada en el Teatro Tívoli de Barcelona, adonde volverá para cerrar una gira que, cuando llegue a Valencia, llevará 630 funciones y 450.000 espectadores.

Actores y director de La Cubana posando en la Plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

Actores y director de La Cubana posando en la Plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

“Va de bodas y de bodorrios”, explicó Milán, tras su visera negra y sus gafas negras, sin aclarar la diferencia. En todo caso, quedó claro que una boda “es un gran espectáculo de teatro”. Y, como tal, La Cubana se lo monta a lo grande para dejar en buen lugar al teatro y, pese a todo, a la parafernalia que entrañan esas bodas parodiadas. Escrita y dirigida por Jordi Milán, Campanadas de Boda pone en escena la historia de dos hermanas que llegan a Valencia a finales de los 70 para montar un pequeño puesto de flores, que luego será un gran negocio llamado Mañicas Flowers. De lo que les sucede a estas dos mañas y sus correspondientes parejas, trata el espectáculo.

Música, baile, vodevil y humor de brocha gorda o fina pincelada, según lo requiera cada ocasión, son los ingredientes del menú con los que La Cubana parodian el rito nupcial. Se ríen “de los preparativos, de la distribución de los invitados, de los regalos” que, según Milán, dibujan la parafernalia del gran teatro que supone toda boda. En la Plaza de la Reina ofrecieron un aperitivo. El resto del ágape nupcial será servido ya dentro del Teatro Olympia a finales de abril, para permanecer en Valencia durante todo el mes de mayo. “Aseguramos dos horas de diversión”, remachó Milán. Y es que a la gente le va la marcha, sobre todo, por lo que se ve, si es nupcial.

Integrantes de La Cubana posando en la plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

Integrantes de La Cubana posando en la plaza de la Reina de Valencia. Imagen cortesía de La Cubana.

Salva Torres

Horacio Silva, por las nubes

Galería Kessler Battaglia

Horacio Silva

Valencia

Pasaje Giner, 2 (Plaza de la Reina)

Hasta el 6 de abril

Si el optimista, como decía Bernard Shaw, es el que inventa el avión, mientras el pesimista se encarga del paracaídas, entonces Horacio Silva pertenece a la categoría de los primeros. Y como prueba ahí está la serie de aviones expuesta en la galería Kessler Battaglia. No sólo es la primera vez que junta de esa manera tantas aeronaves, sino que también es su primera incursión en el registro del videoarte. Lo hace sin paracaídas, pensando, como buen artista, que no hay peor caída que la simple declaración de intenciones. De manera que Horacio Silva se ha puesto al mando de una exposición de altos vuelos.

La ha titulado Gate-22, por la puerta de embarque de los aeropuertos y porque ese número parece perseguir a Horacio, desde que naciera en una calle de Valencia con dicha numeración. Sus posteriores residencias, también: Conde Altea, 22; Dr. Sumsi, 22; Denia, 22. Ese carácter obsesivo del azar termina lógicamente dejando huella. Y puestos a dejar volar la imaginación, que es lo que Horacio Silva hace en Gate-22, nada mejor que ese título para nombrar el conjunto aéreo dispuesto en Kessler Battaglia, a modo de hangar poético donde el artista deposita sus sensaciones viajeras.

“Ha sido una experiencia muy gratificante”, dice. No sólo en relación al conjunto expositivo, sino sobre todo con respecto a su primera videocreación. “Es conceptual, plástica y sintética”. Tres escasos minutos que resumen la concepción poético visual de la muestra. El video tiene dos elementos: el propio Horacio Silva y diversos aviones que sobrevuelan su figura. “Parezco un gigante, dada la proporción entre mi cuerpo y los aviones”. Y agrega: “Es un personaje que sueña y cuando pasan los aviones se despierta”. También recuerda al emblema de las torres gemelas abatidas por el mal sueño de Occidente. Pero esa es otra de las muchas historias que el video de Horacio Silva puede suscitar.

En el fondo, se trata de eso: de “plasmar imágenes que te emocionen”; que “induzcan a la reflexión”. Metidos en la “piel de acero” del avión, el viajero parece sumergido en el letargo que propicia la altura y la invisibilidad exterior. Ahí, flotando en el aire, hay tiempo para pensar en lo que uno deja y hacia dónde se dirige. Horacio Silva ya mostró su Cuadernos de viaje en Las Atarazanas hace diez años. Entonces vendió uno de sus aviones (“un cuadro muy melancólico”) a la compañía Air Nostrum. Pero nunca había acumulado tantos aviones en una sola exposición. “Viajar me gusta mucho y como no hay viaje sin vehículo que te transporta, me faltaba ese elemento”. Dicho y hecho.

Metidos de nuevo en esa piel de acero del avión, inducido por pensamientos flotantes, Horacio Silva cita a Ulises, el viajero homérico que “no piensa tanto en la llegada, como en el transcurso del viaje”. Un viaje muy presente en su obra, porque Horacio lleva haciendo aviones “desde hace bastante tiempo”. Mucho antes que Almodóvar lo tuviera presente en Los amantes pasajeros. “No es cuestión de modas”, recalca Horacio, sino de “retomar un elemento cuya estructura me gusta”. Le gusta porque “te llena el cuadro de forma muy interesante”. Aviones que en Gate-22 te permiten acceder, por esa puerta de embarque tan obsesiva en la vida y obra de Horacio Silva, al flotante universo de los sueños y las pesadillas.

Salva Torres