Lo bello y lo siniestro de Crajes

Crajes
Plastic Murs
C / Dénia, 45. Valencia
Hasta el 21 de octubre de 2016

‘Lo bello y lo siniestro’ es el título de un libro de Eugenio Trías que, para el caso que nos ocupa, viene que ni pintado. Arranca el texto con dos citas igualmente pertinentes. La primera, de Rilke, dice así: “Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. La segunda, de Schelling, apunta: “Lo siniestro es aquello que, debiendo permanecer oculto, se ha revelado”. Crajes, sabiéndolo o no, sigue el rastro dejado por ambas citas en su exposición de la galería Plastic Murs. Y lo hace añadiendo otro aspecto primordial: el humor.

Con el humor o ironía a veces tierna y otras macabra, presente en sus trabajos en forma de adorables dibujos animados o escatológicos instantes amorosos, Crajes logra amortiguar lo siniestro haciéndolo soportable. Trías viene a decir que la repulsión que provoca lo siniestro, encuentra en el humor su antídoto: “Contracarga de placer opuesta a la sobrecarga de violencia con la que el sujeto reacciona al objeto que suscita en él el sentimiento de lo siniestro”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Carla Rendón y Jessica Ruiz, es decir, Crajes, muestran lo femenino como objeto de esa doble experiencia en torno a su imagen: por un lado, la belleza que encandila, y que ambas artistas recrean de forma glamurosa, y, por otro, el cuerpo que asusta por su destilado de sangre y asociación letal con el esqueleto y la muerte. “Nos interesa la dualidad”, dicen. Romper con el estereotipo de la mujer bella de la que se nutre la publicidad, para que aflore su reverso oscuro como parte indisoluble de la propia mujer. “Lo femenino como concepto de belleza es algo muy vacío, por eso lo contraponemos con algo macabro”, explican estas jóvenes artistas.

De manera que el esqueleto, tan presente en su obra, les sirve para mostrar esa parte macabra de lo femenino, al tiempo que desembraga lo siniestro para que aparezca lo fantástico. “El esqueleto siempre lo asociamos con algo malo y es algo que tenemos dentro”, señalan, para remachar: “Lo bueno y lo malo están dentro de nosotros”. Crajes lo que hace es mantener “una conversación” entre ambos aspectos, sirviéndose en ocasiones de la imaginería religiosa cristiana. De ahí el ejemplo que ponen de María Magdalena y la Virgen María: “Socialmente siempre se entiende como la una o la otra”. Crajes ve ambos aspectos de lo femenino como partes indisociables de la mujer.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

El largo título de la exposición, ‘Accipite et manduca ex hoc omnes: hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’, que remite a la eucaristía cristiana (Tomad y comed todos de él, este es mi cuerpo, que será entregado por todos vosotros), evoca también esa violencia que anida en lo humano desde tiempo inmemorial. Violencia sacralizada que, en el caso de Crajes, aflora desprovista de representación simbólica, para someterse a la pura ficción. “No queríamos sangre realista, sino artificial”, dicen con respecto a las lágrimas rojas de algunas de sus obras.

El rojo también lo asocian al universo del cineasta Stanley Kubrick, por el que sienten predilección. “Los óleos tienen composiciones de corte cinematográfico”, resaltan. Al igual que por Courbet, de quien hicieron una versión de su polémica obra ‘El origen del mundo’, y al igual que le sucedió al pintor también ellas sufrieron críticas ahora vía internet. “A raíz de aquello, ahora mostramos el sexo de forma más explícita”. Lo cual les lleva a manifestar cierta perplejidad: “Estamos insensibilizados ante imágenes hiperviolentas mostradas en los medios y luego ven sangre en una exposición y se escandalizan”. Como tampoco entienden el “tabú que todavía existe en torno a la sexualidad de la mujer”.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

La exposición también incluye algunos bordados (“es la primera vez”) y porcelanas con imágenes alusivas a esa sexualidad incomprendida. Crajes lo que hace es poner sobre el tapete esa incomprensión que, después de todo, remite al origen mismo de la vida. De manera que Carla Rendón y Jessica Ruiz utilizan el cuerpo femenino para rendir cuentas de esa dicotomía entre lo bello y lo siniestro, poniendo el acento en este último. “Es una exposición sobre la maldad humana”, concluyen. Una maldad diluida en ácido como agente provocador.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Crajes. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Salva Torres

Un padre ¿fantástico o de fantasía?

Captain Fantastic, de Matt Ross
Con Viggo Mortensen, George MacKay, Annalise Basso y Samantha Isler

Sigmund Freud, al inicio de su magnífico ensayo ‘El malestar en la cultura’, se pregunta sobre lo que esperan los hombres de la vida y qué pretenden alcanzar en ella. La respuesta para el autor es fácil: la felicidad. El hombre pretende evitar el dolor, el sufrimiento, el displacer y experimentar intensas sensaciones placenteras, señala el autor. Ahora bien, como el propio Freud concluye en su ensayo, el designio de ser felices es irrealizable, pero no por ello hay que abandonar la tarea.

La película Captain Fantastic está infaliblemente orientada por los deseos de alcanzar la anhelada felicidad. El padre de la película de Matt Ross se impone esa tarea: evitar el dolor y el sufrimiento psíquico de su mujer, para que todos los miembros de su familia puedan hallar la felicidad. El camino a seguir es alejarse de la civilización y adentrarse en la naturaleza -en los bosques del noroeste del Pacífico de Estados Unidos.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

En esa naturaleza frondosa e inmensurable se asienta esta familia formada por un padre, una madre y sus seis hijos. Una comunidad familiar organizada alrededor de un fuerte y potente -que no autoritaria- figura paterna, que instaura unas normas educativas y de convivencia espartanas, atávicas, primitivas y platónicas. Y ahí, en ese bosque, protegidos y aislados de la civilización por la madre naturaleza, esta horda familiar parece haber alcanzado cierta cuota de felicidad.

Pero Sigmund Freud ya remarca en su ensayo que al ser humano le resulta difícil ser feliz, debido al sufrimiento que siempre está al acecho. Un dolor que amenaza desde tres fuentes: desde el propio cuerpo decadente y caduco, desde el omnipotente y destructivo poder de la naturaleza y desde la complicada relación con los otros seres humanos -como decía Sartre: el infierno son los otros. Tres fuentes de dolor que nadie, ni nada, puede detener, ni controlar, ni siquiera nuestra sociedad contemporánea a través del progreso tecno-científico.

La familia de Captain Fantastic no es inmune a la amenaza del sufrimiento, a pesar de estar protegidos por la inmensurable naturaleza y la potente fuerza física e intelectual del padre; la muerte inesperada de la madre golpea los cimientos de su felicidad.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Vuelta a la civilización para recuperar el cuerpo de la madre

En esta segunda parte, la película se escora muy levemente hacia un discurso de retórica y crítica ideológica, casi  hasta la pedantería,  contra la cultura norteamericana, desde el punto de vista tanto de la enunciación, como del enunciado. Todos los valores y modos de vida de la cultura norteamericana son denunciados y criticados siguiendo las teorías de Noam Chomsky. Una crítica extrapolable a toda la cultura occidental capitalista, democrática y cristiana, y a sus correlatos de la economía neoliberal, la ciencia, el consumo, la publicidad, los mass-media, la institución educativa y sanitaria, etc…

De tal modo, que en la familia de Captain Fantastic no se celebra ni el día de Navidad, ni el de Acción de Gracias, sino el día de Noam Chomsky. Como se pregunta uno de los hijos: ¿es eso  normal? No, no es normal, pero sí deja en evidencia todo el malestar en la cultura que arrastra el padre de familia.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Pero, en seguida, Captain Fantastic endereza su rumbo hacia la verdad del relato narrativo y artístico: llegar a las pasiones humanas -la culpa, la angustia, la violencia, los celos, etc…-. Un sentimiento de culpa proveniente de la impotencia del padre para  proteger a su mujer y a la madre de sus hijos del sufrimiento y el dolor psíquico que le arrastró al suicidio. “No pude hacer nada”, declara a sus hijos. Un sentimiento que atormenta al padre hasta confesar que “fue un error” haber tomado la decisión de aislarse en ese bosque del noroeste del Pacífico.

Un sentimiento de culpa que le arrebata toda la potencia física e intelectual que le hacía ser el “padre de esa horda familiar atávica”. Abrasado por la culpa, la figura paterna de Captain Fantastic queda desolado y domesticado en el interior de la cocina del nuevo hogar familiar: una granja. Un espacio, la granja familiar, a medio camino entre la civilización y la naturaleza.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Begoña Siles

Mujeres “crajeadas”

‘Accipite et manducate ex hoc omnes: Hoc set enim corpus meum, quod pro vobis tradetur’ de Crajes (Carla Rendón y Jessica Ruiz)
Plastic Murs
C/ Denia, 45. Valencia
Inauguración: 16 de septiembre de 2016 a las 20.00 h

Mirada inocente, vulva sangrante, cadera andrógina, pecho incipiente; múltiples expresiones del cuerpo femenino deseante castigado una y otra vez por la doble moral opresora y violenta. Es lo que se palpa en el ambiente generado por Crajes, colectivo que aborda los conceptos de deseo, dolor y placer contextualizados a partir de la iconografía concreta de las artistas que lo integran: Carla Rendón y Jessica Ruiz.

Fantasía, imaginación y creatividad a raudales han hecho que sus obras, con distintas técnicas y formatos, predominando en esta ocasión el papel, aborden los principales tabúes de nuestra sociedad en torno al cuerpo. Encontramos en ellas imágenes recurrentes que remiten a la enfermedad, la herida, la sangre o el cuerpo corrupto pero siempre sensual a la par que mórbido, atravesando los límites de lo políticamente correcto para denunciar el cinismo y la hipocresía à la manière del Divino Marqués.

Carnario III de Crajes. Imagen cortesía Plastic Murs.

Carnario III de Crajes. Imagen cortesía Plastic Murs.

La ambigüedad y provocación al contemplar un rostro femenino lagrimoso esbozando una mueca que hace dudar de si goza o se revuelve para liberarse lleva a una reflexión sobre el atractivo del cuerpo yacente, como el célebre minotauro de Picasso que aparentemente fuerza a una joven cuyo cuerpo parece sin embargo estremecerse de placer. Se respira un ambiente de necrofilia en esas escenas cargadas de simbolismo y es que el cadáver que asoma en las obras de Crajes no está siendo ultrajado, mantiene una erección que se confunde entre ciertas sombras y un errático barroquismo que acumula personajes diminutos, huesos y objetos, superpuestos en el escenario pasional. Respecto a las mujeres,nínfulas rodeadas de insectos y masturbadas por gatitos, unas gozan de una especie de delirio sadomasoquista mientras que otras están siendo claramente abusadas, apuñaladas, atadas, vejadas, soportando un daño que tiñe sus pálidos torsos de sangre y sumerge sus almas en tinieblas.

Se trata de una toma de conciencia sobre las raíces de la doble moral con base educacional judeo-cristiana, motivo por el cual escogen un título en latín aludiendo a los orígenes de la Eucaristía: Tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. En él se señala la traición inminente de Judas en contraposición a las buenas intenciones del bíblico Jesús que entrega su carne y su sangre en un acto de fe. La reminiscencia religiosa de la que nuestra sociedad actual no consigue desprenderse a menudo culpa a la víctima, en especial si es mujer, por haber mostrado su cuerpo tentador o bien anula su identidad si queda viuda, cubriéndola con el velo negro y esperando, en ambos casos, que jamás se recupere, que sienta el yugo del heteropatriarcado, se doblegue y no replique pero… Inevitablemente lo hace evidenciando los infortunios de la virtud.

Marisol Salanova*

* Texto cortesía de Plastic Murs

El deseo femenino y sus controversias

Mustang, de Deniz Gamze Ergüven
Teatre Serrano
Passeig de les Germanies, 29. Gandia (Valencia)
Martes 12 de abril, 2016, a las 17.30 y 20.00h. 3€

Mustang, la película de la directora de origen turco Deniz Gamze, es una obra llena de humor y ternura, que indaga en el secreto de la feminidad, el deseo y la muerte. Una película sobre esa belleza indisociable del dolor que es uno de los misterios más hondos de la existencia humana.

Mustang habla de esa eterna disociación entre la realidad y el deseo que no ha dejado de torturar a los seres humanos, y que es sin duda el descubrimiento más doloroso a que se tienen que enfrentar los adolescentes en su tránsito hacia la edad adulta. Desde luego un descubrimiento doloroso, ya que la realidad se sustenta en unos pilares culturales que la elevan de los deseos individuales.

Fotograma de Mustang, de Denis Gamze.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Freud, en su ensayo ‘El malestar en la cultura’, se hacía una modesta pregunta: ¿cuál es uno de los deseos a los que aspira el ser humano, como fin y propósito de la vida? Y con la clarividencia que le caracterizaba  respondía: llegar a ser felices. Una felicidad que, para el autor, sólo se alcanza experimentando intensas sensaciones placenteras, ausentes de dolor y displacer. Experiencias placenteras que la cultura parece más restringir que estimular, al alejarnos de nuestras pasiones más instintivas. Por ello, la cultura, afirma Freud, produce un malestar en el sujeto, a pesar de que la suma de instituciones y producciones que la conforman sirvan para proteger al ser humano de la naturaleza y regular las relaciones humanas.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

El malestar

En Mustang, la vida infantil, lúdica, risueña e inocente de cinco guapas hermanas, cuyas edades rondan entre los 12 y 16 años, desaparece en apenas unos meses bajo el yugo de la tradición cultural y religiosa. Nos cuenta su historia la hermana pequeña, que se resiste a aceptar el destino de esa tradición que les coarta la libertad para alcanzar la anhelada felicidad. Cinco hermanas enfrentadas a una tradición cultural religiosa que intenta domar la fervorosa sexualidad que fluye de sus juveniles cuerpos.

Fotograma de Mustang.

Fotograma de Mustang, de Deniz Gamze.

Begoña Siles

Código de vestimenta: gris grafito de Daniel Tejero

‘Operatorium’ de Daniel Tejero
Galería Punto
Av. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 29 de abril de 2016

En esta nueva exposición de Daniel Tejero para la Galería Punto, continúa con la reflexión alrededor del concepto de placer que ya hemos podido ver en otras muestras como por ejemplo en ‘Conflivium Benidormense’, donde el artista tomaba como referencia un lugar real: la parte baja del paseo de poniente de Benidorm, y convertía los detalles a través de su detallado grafito en breves instantes, cuanto menos, placenteros de observar.

En esta ocasión, la muestra ha perdido parte de esa limpieza pulcra aunque mantiene la estética reconocible de Daniel Tejero, cuyos grafitos, aunque protagonistas de la muestra, están acompañados de otras piezas escultóricas. En un primer momento, un gran banco de trabajo inunda todo el espacio, lo que obliga al espectador prudente a acercarse a las obras. Además del gran banco, otros elementos como los caballetes o las pinzas de dibujo sobre las láminas, nos hacen trasladarnos a una especie de fragmento de taller de artista. Como si de un fetiche mismo se tratara, Daniel Tejero juega con la curiosidad que produce adentrarse en el taller, en la primera sala, y presenta el objeto y su historia pasada al mismo tiempo.

En la segunda parte, parece que el color destaca sobre el resto, lo que podría significar que el instante está ocurriendo en ese preciso momento. Para entenderlo mejor, en palabras de Eduardo García Nieto, “al llegar allí todo había tenido lugar y, aún así, no había comenzado. Como un investigador debemos iniciar la búsqueda, analizar los restos y comenzar a construir el relato. Atrevidos, con el coraje de los que inventan su propio lenguaje, sentimos la curiosidad y abrimos nuestra boca para saciar nuestro deseo de conocimiento. ¿Qué puede haber ocurrido en el taller del artista? ¿Por qué se nos ofrece sólido a nuestra mirada, cosificado como un mineral?”

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

En estos casi 20 años de trayectoria profesional, la obra de Daniel Tejero, como la de todo artista investigador, ha ido progresando hacia una mejor comprensión del concepto a desarrollar. Probablemente el ser director del grupo de investigación Figuras del Exceso y Políticas del Cuerpo o más conocido como Grupo FIDEX de la Universidad Miguel Hernández, donde también ejerce de profesor y doctor, le ha llevado a evolucionar desde la preocupación por el cuerpo y las inscripciones sexo, género y sexualidad, a la celebración del deseo y de los placeres.

Es interesante cómo se han unido en este grupo de investigación varios artistas que comparten planteamientos similares y cuyos objetivos pretenden analizar, desde diferentes perspectivas artísticas, los niveles vinculantes tanto dentro del trinomio sexo-género-sexualidad como los mecanismos externos que lo interrelacionan con la sociedad, identidad, teoría, política e incluso con las nuevas tecnologías creativas. Su última muestra pudo verse en el Centre de Cultura Contemporània de València bajo el título ‘Pornosigilo. Grimorio Sexual’.

Para terminar, curiosa es la invitación a la inauguración donde desde el blanco (pulcro de nuevo), surge una fusta grisácea y un breve código “dress code: black”. Una primera pista que lleva al espectador hacia un recorrido donde tendrá que explorar el lenguaje de los deseos, el suyo propio y el presentado por Daniel Tejero.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

María Ramis

La indecisión de Fando y Lis

Fando y Lis, de Fernando Arrabal, por la compañía La Jartá
Teatro Círculo
C Prudenci Alcón i Mateu, 3. Benimaclet (Valencia)
Viernes 12, sábado 13 y domingo 14 de febrero, 2016, a las 20.30h

Fando y Lis es la historia de una búsqueda. La búsqueda del amor verdadero, la felicidad, el sentido de la vida, el encuentro de uno mismo en el espacio que le rodea o, por qué no, de la propia muerte.

La necesidad de avanzar de Lis, mientras busca  el equilibrio entre sus tres “yo” -el que quiere huir, el que duda y el que acepta su fatalidad presente-, en contraposición con el deseo de Fando de perpetuar el juego infantil anclado en su entorno presente, marca el pulso de nuestros personajes en un universo imaginario donde el sin sentido proporciona placer y dolor, juego y castigo, felicidad y tragedia, vida y muerte. Un universo exento de luz, donde “punto de partida” y “destino” significan lo mismo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

La Jartá Teatro, con su propuesta escénica de esta pieza de Fernando Arrabal, enmarcada dentro del “teatro del absurdo” español, reflexiona sobre la mayor de las misiones que alguien debe afrontar en la vida: tomar una decisión.

Más allá de las cadenas que nos atan y del bienestar que podamos creer encontrar en ellas. Cómo nuestras dudas se convierten en personajes que nos aniquilan, que nos quitan todo poder para redirigir el rumbo de nuestra existencia y seguir nuestro camino hacia “Tar”. ¿Está en nuestra mano vencer la imposibilidad radical de progresar?

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

 

Fotografía, sexo y paraplejía

Sexo tras la silla de ruedas
Fernando Pena, psicólogo, sexólogo y director de Pornoeducativo
Finalista en el XV Concurso Mundial de Fotografía de la ONCE

La fotografía fue tomada en uno de los rodajes de Pornoeducativo, un proyecto educativo liderado por psicólogos y sexólogos de Valencia. En el rodaje que se grabaron las lecciones vinculadas con la sexualidad en personas parapléjicas. En estas lecciones un hombre parapléjico desveló de forma clara y sin tabúes varios aspectos relacionados con el sexo y la diversidad funcional.

Todas las lecciones grabadas ese día están en www.pornoeducativo.com. En ellas los psicólogos y sexólogos que dirigen los rodajes  de Pornoeducativo buscaron dar respuesta a preguntas que se formula mucha gente: ¿Puede un chico parapléjico tener una erección completa? ¿Sienten algo en el pene si su pareja lo estimula con masturbación o sexo oral? ¿Cómo sienten exactamente placer sexual? ¿Una persona parapléjica puede eyacular?

Las lecciones grabadas muestran la relación sexual completa de la pareja de una manera clara y sin tabúes. Durante el encuentro sexual ambos van comentando qué se siente y qué no se siente, además de dando consejos y pautas concretas a parejas que estén en su misma situación.

Es un material educativo de mucha utilidad porque muchas personas que se acaban de quedar parapléjicas por un accidente no tardan en preguntarse cómo va a ser a partir de ese momento su sexualidad. Surgen muchos miedos, muchas dudas y muchas preguntas. Gracias a los vídeos de Pornoeducativo estas dudas son resueltas y tanto las personas con paraplejia como sus propias parejas obtienen consejos vinculados con las relaciones sexuales.

La imagen finalista en el concurso de la ONCE muestra una de las posturas adoptadas durante la grabación, en la que se ve en primer lugar la silla de ruedas, y tras ella una cama. Sobre la cama está el chico parapléjico desnudo, y sobre él su chica también desnuda.

Esta es la segunda vez que Pornoeducativo recibe un premio de fotografía vinculado con su esfuerzo por llevar a cabo una educación sexual sin tabúes en la diversidad funcional. El primer premio fue otorgado por el Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana, gracias a una fotografía tomada con un chico tetrapléjico. En ella vimos cómo es la sexualidad en una persona que no tiene movilidad corporal del pecho para abajo.

Imagen Finalista del XV Concurso Mundial de Fotografía de la ONCE.

Imagen Finalista del XV Concurso Mundial de Fotografía de la ONCE.

Franco y la homosexualidad ‘cruising’

Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia La Cabina
Del 5 al 15 de noviembre

Hay escenas de sexo explícito. Y una atmósfera turbia. Todo ello en el marco de un documental que recrea e imagina los 40 minutos censurados de la película A la caza (1980), de William Friedkin, protagonizada por Al Pacino. James Franco lo hace con la intención de ponerse en la piel de los homosexuales que frecuentan ese Interior. Leather Bar que da título al documental y que se estrena en el festival de mediometrajes La Cabina. Es, en cierto modo, su ajuste particular de cuentas con aquella censura cinematográfica, al tiempo que una reflexión acerca de los límites de la creatividad y de la sexualidad humana.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Val Lauren es el actor que encarna en la película de Franco y Travis Mathews al perplejo Al Pacino, sumergido en el oscuro ambiente del ‘cruising’ homosexual. A través de su mirada y del diálogo que mantiene con el propio James Franco, en torno a su papel como heterosexual sorprendido por tan escabrosa sexualidad gay, se va radiografiando ese ambiente, así como las dudas de los propios actores a la hora de encarar el rodaje del film. Interior. Leather Bar es, por tanto, una inmersión a esos bajos fondos del sexo, para zarandear la plácida mirada del espectador identificado con el escandalizado Lauren.

Franco y Mathews utilizan la cámara de dos formas: una digamos más analítica, para recoger los testimonios de los propios actores, y otra explícitamente ficcional, recreándose en el morbo de esos cuerpos que se ofrecen al goce sexual. Mediante el falso documental, los actores van desarrollando sus dudas acerca del límite que estarían dispuestos a traspasar por exigencias del guión. “¿Llegarías a follar en una escena?”, le interroga uno de esos actores a Val Lauren, declarándose ambos heterosexuales. “¿Has besado alguna vez a un hombre?”, continúa diciéndole. Y mediante la declarada ficción, la homosexualidad campa a sus anchas en ese bar de cueros, azotes y miradas furtivas.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

Fotograma de Interior. Leather Bar, de James Franco y Travis Mathews. La Cabina.

James Franco, he ahí su tesis central que tanto parece escandalizar al propio actor que encarna a Al Pacino, admite haber realizado la película cansado de la corrección política que supone la heterosexualidad. También con el fin, inherente a la creación, de explorar esos límites hasta el punto de incomodar nuestras más firmes creencias. De manera que la homosexualidad termina siendo un pretexto para defender esa caza y captura del comportamiento humano libre de cualquier atadura, salvo las explícitamente destinadas a la perversidad sexual.

Así es como la recreación de los 40 minutos censurados deriva en un conjunto de escenas protagonizadas por miradas más o menos lascivas, gestos seductores, cruces corporales y desahogos carnales del cada vez más frecuente porno en el cine más o menos comercial. La propuesta, sin duda provocadora, pone en cuestión el sentido final de tanta libertad creativa, toda ella encaminada a mostrar la pulsión sexual desatada en ese Interior. Leather Bar. Interior en el que la caza, ligada a los instintos más primarios, evoca la trasgresión de la censura aludida y lo que esa ausencia de límites muestra: el culto al goce sexual y la lógica del puro derroche de energía, muy en la línea sadiana. La ley es un obstáculo que hay que superar con el fin de hallar cierta arcadia ligada a la naturaleza.

Salva Torres

Greta Alfaro: La naturaleza humana como problema

El cataclismo nos alcanzará impávidos, de Greta Alfaro
Galería Rosa Santos
C / Bolsería, 4. Valencia
Inauguración: viernes 30 de octubre
Horario de los pases de video durante la inauguración: 20.00, 20.45 y 21.30 horas
Hasta el 18 de diciembre de 2015

El cataclismo nos alcanzará impávidos reúne diversas fotografías de naturalezas muertas, una instalación con teléfonos móviles y la proyección, como elemento central, de un video de media hora de duración, protagonizado por Tim Kruger, que fue realizado por Greta Alfaro durante su estancia en la Academia de España en Roma como parte de una investigación en torno a la iconografía del martirio.

Escribe Bataille1, “La moral de Sade, según Maurice Blanchot, se funda en el hecho primario de la soledad absoluta. Sade lo dijo y repitió de todas las maneras; la naturaleza nos hizo nacer solos, no hay ningún tipo de relación entre un hombre y otro. Así pues, la única regla de conducta es que yo prefiera cuanto me afecta felizmente y que no me importe nada cuanto de mi preferencia pueda resultar perjudicial para el otro. El mayor dolor de los demás siempre cuenta menos que mi placer. No importa que tenga que comprar el más insignificante goce con un inaudito conjunto de fechorías, ya que el goce me halaga, está en mí, mientras el efecto del crimen no me afecta, está fuera de mí”.

Creo que la inquietud que expone irónicamente El cataclismo nos alcanzará impávidos no es ni sobre la naturaleza, ni sobre la naturaleza del hombre, sino sobre lo que a la naturaleza y a la naturaleza del hombre les supone estar sometidos a la acción del hombre mismo.

La situación representada es extraña, desconcertante, como lo son los hechos sociales y de la historia radicalmente injustos, aquellos que evidencian el dominio y la incomprensión de unos hombre hacia otros y que resultan, verdaderamente, difíciles de entender.

1. Bataille, George, El erotismo

Obra de Greta Alfaro. Imagen cortesía de la Galería Rosa Santos.

Obra de Greta Alfaro. Imagen cortesía de la Galería Rosa Santos.

Nacho Paris*

*Extracto del texto para la exposición por cortesía de la Rosa Santos

Mundo B (Bajo sospecha) de Mavi Escamilla

Mundo B, de Mavi Escamilla
Presentación del Catálogo de la Exposición
Martes 14 de julio, a las 19.30h
Aula Magna
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Calle de la Universidad, 2. Valencia
Hasta el 27 de septiembre de 2015

Tres cosas hay en la vida (dice la canción): salud, dinero y amor. Y el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios. Mavi Escamilla que, junto a Miki Leal, ganó la XII Bienal Martínez Guerricabeitia en 2014, maneja esa terna con una visión más oscura, de ahí los chorretones que a modo de lágrimas negras ensucian su pintura. Suciedad que, a tenor de lo visto en el medio centenar de piezas que exhibe en La Nau, proviene sin duda del dinero, de cuyos usos y abusos se nutre Escamilla para construir ese ‘Mundo B’ que da título al conjunto expositivo.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obras de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Que los trabajos expuestos sean de 2007 a 2010, en pleno azote de la crisis económica, se antoja mera coincidencia. Porque lo cierto es que el dinero, ya lo dijo Quevedo, es poderoso caballero, y de eso hace ya 400 años. Lo mismo cabe decir del amor, objeto de múltiples agravios desde tiempos del Marqués de Sade, y ahora igualmente denostado por las urgencias del placer que dicta el más torvo capitalismo. Y si hablamos de las armas que igualmente constituyen motivo de su obra, ahí está la milenaria tradición guerrera para echar por tierra su simple actualidad.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B. Sala Martínez Guerricabietia del Centre Cultural La Nau.

El ‘Mundo B’ en el que hurga Mavi Escamilla, teniendo al dinero, el sexo y las armas como protagonistas, adquiere relevancia por su tratamiento. Diríase que bajo la cara A de un mundo más amable se escondiera la cara B de una realidad más siniestra. Un mundo que Escamilla coloca bajo sospecha, ya sea poniendo toda la carne en el asador de la pulsión (sexual, económica), o bien mostrando la putrefacción de tanta carnalidad sometida al imperio de la corrupción. Sospecha que sirve a la artista para poner en relación el gesto seductor de las mujeres que ofrecen sus cuerpos, con la fuerza igualmente seductora del dinero cuya visa oro todo lo puede.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Señora B, la pieza incorporada a la Colección Martínez Guerricabeitia desencadenante de la exposición, ejemplifica ese poder del dinero, bajo cuyo oropel late una majestuosa calavera. Porque la calavera es otro de los emblemas de ese ‘Mundo B’ que Escamilla pone bajo sospecha. Y resulta sin duda inquietantemente cautivador ese universo donde alternan, nunca mejor dicho, mujeres de alterne y hombres silenciados por cierto afán de posesión desmedida. Porque, en el fondo, lo que provocan esas lágrimas negras en los cuadros de Mavi Escamilla es la conversión de todo el mundo representado en objetos de intercambio.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición 'Mundo B' del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición ‘Mundo B’ del Centre Cultural La Nau.

Por eso las mujeres, los hombres, las pistolas, las tarjetas visa oro y hasta las naturalezas son, qué duda cabe, muertas. Todo ello sometido a la implacable lógica del mercado, allí donde los sujetos son meros objetos y los objetos han perdido su digno valor de uso. Escamilla, como bien sintetiza en ‘I Trust Me’, relega la confianza en Dios (‘In God We Trust’) sustituyéndola por la fe ciega en un dinero emblema de nuestra identidad líquida

‘Mundo B’, como esas facturas en B o cara oculta del capitalismo, del que Mavi Escamilla da buena cuenta en su obra plagada de sujetos inertes, cadavéricos, armados y desalmados (fríos, sin alma), bañados en tinta que en ocasiones chorrea. Lágrimas negras de un universo, todo él, habitado por objetos que se adueñan del sujeto hasta vaciarlo por dentro. Un carrusel de muertos vivientes.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Obra de Mavi Escamilla en la exposición Mundo B del Centre Cultural La Nau.

Salva Torres