EACC. Performance inaugural de Javier Núñez Gasco

Javier Núñez Gasco. Fuera de acto
Espai d’art contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n. Castellón
Performance inaugural: 30 de enero, 20.00 h.

En los trabajos de Javier Núñez Gasco (Salamanca, 1971), especialmente aquellos en los que se introduce en el territorio de las artes escénicas, la realidad y la ficción se muestran indistinguibles ante el espectador. Su implicación directa, performativa, es una característica que se formula con éxito en sus obras. Sus proyectos guardan una lógica entre sí, como resultado de una dinámica que persigue crear realidades en lo social, alimentándose del contacto con lo extraordinariamente sencillo de cada día. La observación y la reflexión acerca de lo que sucede a su alrededor, a nuestro alrededor, encuentra en sus obras una formalización imaginativa, liberada de juicios de valor.

Fuera de acto es una propuesta de confrontación entre la obra artística y el público, mediante la exposición variable de algunos de los trabajos realizados por Javier Núñez Gasco en el ámbito de las artes escénicas durante los últimos años. Este proyecto, comisariado por José Luis Pérez Pont, se ha concebido específicamente para el Espai d’art contemporani de Castelló como una experiencia vinculada a las artes vivas.

La representación teatral descansa sobre un acuerdo tácito entre público y actores, que gestiona la ilusión del hecho escénico y consiste en aceptar que lo que ocurre en el escenario es una forma de verdad consentida durante el tiempo de la representación. En lo cotidiano la realidad también se construye mediante pactos y representación de roles. Mediante convenios no escritos con los otros establecemos acuerdos temporales para la construcción de realidades. De este modo participamos en la creación de un espacio público basado en la representación.

Fuera de acto plantea una ruptura de los acuerdos establecidos dentro de las exposiciones de arte contemporáneo. La exposición se convierte en obra en sí misma y la obra que se presenta siempre está en constante cambio. No interesa que el objeto expuesto sea un fin sino un catalizador de la acción. En este caso, el espectador es el protagonista, se convierte en actor y mira la obra desde dentro y desde fuera, a la vez que el artista se erige en actor y torna espectador al mismo tiempo.

Una parte importante de este proyecto es el workshop: Obra completa/Fuera de acto, impartido por el reconocido director y dramaturgo lisboeta André E. Teodósio y el artista Javier Núñez Gasco, con el que se propone una ruptura de acuerdos y la creación de nuevos pactos. Con ese objetivo y con el firme propósito de que las obras cambien y actúen como catalizadores dependiendo del contenido con que se llenen, se plantea un laboratorio de construcción de sentido en el que cada participante pueda aportar ideas e interpretaciones, un taller teórico práctico organizado por el EACC y dirigido a personas con interés especial en las artes plásticas y escénicas.

Se trata de releer los roles que funcionan dentro de las artes escénicas en relación con el display expositivo, los modos de reconocimiento del objeto, su posibilidad de producir acción y la carga performativa generada por el observador. En definitiva, se trabaja sobre la posibilidad de inversión de sentido en el objeto artístico, la capacidad de dotarlo de intención y actuación, y cómo ello afecta a la mirada condicionada del espectador.

El taller se celebra del 26 al 30 de enero en el mismo espacio expositivo que albergará la muestra posterior Fuera de acto, y se invitará a los participantes a colaborar en la construcción de lo que pretende ser una exposición diferente. Las aportaciones inmediatas generadas durante el diálogo entre los participantes, el artista plástico y el experto en dramaturgia servirán para configurar las acciones que se realizarán en la performance inaugural del 30 de enero de 2015, convertida en una exposición que durará tan solo unas horas.

En esa fecha la sala permanecerá vacía, siendo a través del relato que los asistentes tendrán acceso a las obras ausentes, en un ejercicio de transmisión oral de conocimiento. La pieza Mil palabras: acción, objeto, contadores es el resultado del workshop, como una fórmula de mediación en la experiencia personal entre el individuo y la obra de arte. Diez personas, los “contadores”, describen las obras mientras realizan una secuencia de movimientos marcados por el espacio expositivo entre los objetos ausentes. Esta “coreografía” es interrumpida por un músico que interpreta una melodía haciendo uso de un objeto transformado, Arma muerta, resultado de la adaptación del cañón de una escopeta para convertirse en flauta travesera. Con esta melodía los “contadores” acuden de forma ordenada a un punto de la sala, un tramo de pared en el que se han perforado una serie de orificios formando una frase. Algunos de esos orificios están preparados para que, soplando a través de ellos, se generen distintas notas de la escala musical. Una vez situados frente a esta pared y habiendo finalizado la melodía de la “flauta”, los “contadores” adoptan una postura acordada y soplan por los orificios de este Instrumento en un “cluster” sonoro. Al mismo tiempo que se activa el acorde, se desvela el mensaje oculto en su vestimenta.

Javier Núñez Gasco. Ejecución: acto y resultado, 2015. Imagen cortesía del artista.

Javier Núñez Gasco. Ejecución: acto y resultado, 2015. Imagen cortesía del artista.

La segunda performance, Ejecución: acto y resultado, comienza inmediatamente después. Para esta acción se cuenta con la colaboración de agentes de la policía científica, expertos en balística, que descargarán cientos de disparos con un arma del calibre 22 sobre tres resmas de papel de imprenta colocadas en el suelo de la sala con el fin de escribir una frase atribuida, aunque nunca escrita, por el dramaturgo Antón Chéjov.

El proyecto de Javier Núñez Gasco pretende retomar el hecho escénico y llevarlo fuera de los límites del escenario, romper el acuerdo y crear nuevos pactos. Metafóricamente, el proyecto consistirá en disparar esa pistola de la que hablaba Chéjov, más allá del espacio convenido, en ese territorio de nadie, en el campo de lo cotidiano, en el que los acuerdos de construcción y representación de realidad están en constante cambio y movimiento. Dicho de otra manera, Fuera de acto pretende trasladar hechos teatrales a la realidad misma.

Una semana después, el 6 de febrero de 2015, tendrá lugar la inauguración de la exposición con una revisión de los trabajos de Javier Núñez Gasco relacionados con las artes escénicas, ahora ya presentes en la sala, que convivirán en el EACC con la presencia de las piezas resultantes de las performances realizadas y su registro en vídeo.

El título Fuera de acto pretende romper la estructura formal de la exposición otorgando todo el protagonismo al público, que es el que dota de contenido y transforma los acontecimientos. Es aquí donde radica su verdadero propósito.

Javier Núñez Gasco. Prótesis para una bailarina. Cortesía del artista.

Javier Núñez Gasco. Prótesis para una bailarina. Cortesía del artista.

Javier Núñez Gasco (Salamanca, 1971)
Vive y trabaja entre Madrid y Lisboa. Su obra se caracteriza por haber logrado desarrollar una mirada propia para acercarse a la realidad, así como las múltiples formas con las que afronta los recorridos que separa en ocasiones al arte del sentido común. Para su proyecto Miserias Ilimitadas, Lda. (2002-2007) diseñó una fórmula empresarial legalmente constituida -con sede en Portugal-, creada con el fin de promover la solidaridad social y anticipando la llegada de una miseria ilimitada a las sociedades de la opulencia, para desesperación de una parte creciente de la ciudadanía. Aunque quizás sea Microchip (2002) el más perverso de sus proyectos y en el que más claramente se evidencia la facilidad con la que pueden crearse y difundirse falsedades a través de los medios de comunicación de masas. Su implicación directa, performativa, es una característica que se repite con éxito en buena parte de sus trabajos. Sus proyectos guardan una lógica entre sí, como resultado de una dinámica que persigue crear realidades en lo social, pues se alimentan del contacto con lo diario.

La implicación que requieren por parte del comprador, del coleccionista, algunas de sus piezas –iniciadas en 2005-, es una característica común en Tu Creador no te olvida y Resting pieces (R.I.P.). La primera de éstas rinde homenaje a las ideas que, por diversas razones, no ha podido llevar a cabo, y sirve como base para el proyecto Resting pieces (R.I.P.). Este último es un work in progress a partir de lápidas funerarias o conmemorativas talladas en piedra, que contienen algunas de esas ideas no realizadas. Concebido para el circuito comercial artístico, la obra se completa y cobra sentido con el acto de la compra. Las propuestas valiosas e imaginativas de Núñez Gasco son numerosas, como las que resultan de su colaboración en el ámbito teatral. Con la compañía Teatro Praga han surgido proyectos como Público incondicional (2009), Sueño (2010) o Miedo escénico (2012) que son el eje del proyecto Fuera de acto (2015) en el Espai d’Art Contemporani de Castelló. Trabajos en los que la acción del artista se convierte en un modo de relación parasitaria a través de la que indaga la ilusión del hecho escénico, consistente en aceptar que todo lo que ocurre en el escenario es una forma de verdad consentida durante el tiempo que dura la representación, a la vez que el público supone que esta verdad está contenida en una ficción.

Ha participado en numerosas exposiciones y ferias nacionales e internacionales, su obra forma parte de colecciones como la de Fundación Botín, Purificación García o Centro Ordóñez-Falcón de Fotografía, entre otras.

Hiperrealismo: imágenes en alta definición

Hiperrealismo 1967-2013
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 19 de enero de 2015

La muestra comienza con los fundadores del fotorrealismo norteamericano de los años 60 y 70, cuando la abstracción dominaba el horizonte artístico (cumpliéndose así una vez más ese movimiento pendular que parece inevitable entre los opuestos): John Baeder, Robert Bechtle, Chuck Close, Don Eddy, Ralph Goings, Richard Estes, John Kacere, Ron Kleemann o John Salt, para continuar con su internacionalización en las siguientes generaciones hasta la actualidad: Anthony Brunelli, Davis Cone, Robert Gniewek, Gus Heinze, Don Jacot, Ben Johnson, Yigal Ozeri, Raphaella Spence o Bernardo Torrens, entre otros.

Los primeros comparten con ese otro estilo característico de la década, el arte pop, el gusto por los motivos triviales y cotidianos: coches y motos relucientes, letreros luminosos, gasolineras, escaparates, el colorido artificial de los bares de carretera… Suelen ser primeros planos, con ese efecto borroso tan propio de la escasa profundidad de campo de las fotografías que utilizan como modelo.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Jacot en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque estos pintores utilizan la fotografía como instrumento para la pintura, con técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de mallas. El proceso que siguen es el de captar la realidad mediante la fotografía para luego copiarla en el lienzo hasta en sus mínimos detalles. Pintan con pistola a través de mallas copiando la foto celda por celda, o, si utilizan pincel, raspan la pintura para quitar su huella, para no dejar ninguna textura, ninguna materia, buscando que el cuadro se limite a reproducir el efecto de la pura ilusión fotográfica. De esta manera, el aumento del realismo (hiperrealismo) es en este caso la operación que surge de esta doble manipulación de la realidad, la cual queda como bajo un efecto de postal.

Está claro que es la realidad de los objetos, no del sujeto, lo que les interesa. Tal como les llega la imagen, la devuelven aumentada. En esa devolución, en esa copia, apenas van restos de subjetividad, ningún poso ni rastro alguno de la impresión o movimiento íntimo que ha podido suscitar en ellos. Es la realidad puramente visual, la imagen como pura imagen lo que les atrae de tal manera que cualquier filtración que no sea puro dato objetivo, queda eclipsado. Aquello que no sea imagen veraz, perfectamente reconocible, cualquier interferencia del sujeto, queda excluida.

Obra de Neffson en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Neffson en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al no haber respuesta del artista, ningún rastro de él en el cuadro a excepción de su extrema habilidad, se puede decir que este estilo es unidireccional, un viaje pictórico de sentido único.

Pero el caso es que si una obra de arte vive realmente es por la respuesta que el artista (y el espectador) dan a la realidad que les llega, y su valor está en proporción a la cantidad de interrogantes que suscita esa realidad. En el caso hiperrealista, la carencia de ida y venida, de viaje de doble sentido, es un deseo, una meta, que se consigue implacablemente.

Obra de John Kacere en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Kacere en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Llama la atención este delirio por la perfección, por la reproducción exacta, el énfasis en la precisión extrema y la minuciosidad. Hiperdefinición, exactitud, perfección, minuciosidad, son palabras extremas. Y por el hecho de serlas vienen de rebote las opuestas: vaguedad, imprecisión, improvisación, fantasía, imperfección… Parece como si lo humano fuera aquí tabú. Delirio de perfección, es decir, intolerancia del error, de la contradicción, de la sorpresa. El hiperrealismo tiene esta faceta de máquina. El hecho de querer que no exista el fallo, es decir que no haya intrusión de lo subjetivo, remarca este rasgo de reproducción androide.

La condición para este estilo es el virtuosismo, el dominio absoluto de la técnica. La obra no debe quedar fuera del control del autor. De esta manera se ejerce sobre ella absoluto poder, tanto que la obra queda amordazada, fija, tan exacta en su perfección como fría y cerrada. Todo ese virtuosismo, ese despliegue descomunal de talento y técnica, toda esa elocuencia, no evitan sin embargo que la pintura sea muda. Y es que hay que tener claro que lo que se pinta así no ha sido hecho para que el espectador vierta en la obra aquello que pueda completarla. Este sólo puede verla y dejarse asombrar por ella. Es perfecta, y su perfección es la conquista de su autor, como Pigmalión.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Ralph Goings en la exposición sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Pero la idea de una imagen hiperdefinida, acabada, perfectamente reconocible, es la utopía del gusto imitativo, que al no tener en cuenta la naturaleza fugaz de la imagen, su movimiento transitorio, comete el error de sobrevalorar una realidad que es sólo un estado entre otros muchos de la cosa representada. Por mucho que el hiperrealista se empeñe en lo contrario, las cosas siempre serán más y de otra manera que como las vemos o las pensamos.

En nuestro deseo de realismo para poder movernos con seguridad por el mundo, solemos tomar la idea por la cosa en una placentera ilusión de reconocimiento e inteligibilidad. Dicho con otras palabras, se suele caer en esta idealización de la imagen, de la apariencia, tomándola por lo real porque nos permite hacernos la ilusión de entender la realidad, el mundo que nos rodea y a nosotros mismos.

Obra de Raphaella Spence en la exposición 'Hiperrealismo 1967-2013' del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Raphaella Spence en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ del Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Nos da un placer de complacencia narcisista. El pintor que se complace en el hiperrealismo de la representación goza de sí mismo a través del cuadro. Igual que el espectador que se complace en reconocerlo, en entenderlo. La obra se convierte así en pretexto para ese tipo de narcisismo que la inspira, pues se admira la habilidad del artista, su goce, y no el valor en sí mismo de la obra, es decir, en lo que esta tiene de disparadora de contenidos del sujeto.

Lo mismo pasa con el espectador que se complace en esta relación de espejos; lo que espera del arte es lo que espera de una cámara fotográfica en su gesto objetivador: que se ajuste al orden racional de las cosas, ese orden programado para que no falle el entendimiento con la imagen. Por eso el espectador ve satisfecha en la obra que reconoce y entiende, su propia complacencia. Es así que quiera verse por encima de la obra y hacerse dueño de ella. Quizá sea por esto tan del gusto de la mayoría y esté vigente siempre en el modo de mirar (y enjuiciar) la obra artística.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de John Salt en la muestra sobre Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Porque a fin de cuentas parece que el arte va a padecer siempre esta confusión, la del enfrentamiento entre dos puntos de vista paralelos, condenados a no encontrarse nunca: por un lado, el artista-espectador que se mueve en la lógica de lo que es reconocible y entendible, y por otro el que, sintiendo la experiencia de otra lógica que quiebra todo lo conocido, no puede evitar moverse a tientas en ese vasto espacio de incertidumbre.

Obra de Don Eddy en la exposición sobre el Hiperrealismo en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Obra de Don Eddy en la exposición ‘Hiperrealismo 1967-2013’ en el Museo de BBAA de Bilbao. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Video de Néstor Navarro sobre la exposición:

Hiperrealismo Bellas Artes de Bilbao from Makma on Vimeo.