La marca Pinazo

Any Pinazo
Marca diseñada por Estudio Menta
Celebración del centenario de la muerte de Ignacio Pinazo

El Any Pinazo, la celebración del centenario de la muerte del pintor valenciano Ignacio Pinazo, ya ha iniciado su recorrido expositivo con la muestra ‘Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927’, en el MuVIM desde el 14 de julio al 17 de octubre. La efemérides, diseminada por toda Valencia y su provincia, se alargará durante todo 2016 y mediados de 2017 con cerca de una docena de iniciativas artísticas con el objetivo de revalorizar la importancia decisiva de Pinazo en la pintura española.

La marca diseñada para la ocasión ha sido obra de Estudio Menta, encargados de aunar el legado histórico que hereda la imagen del pintor con la contemporaneidad tanto de su obra como del planteamiento del Any. “Un proyecto cultural como el diseño de la imagen, pero con un trasfondo institucional y conmemorativo, requería de un equilibrio gráfico entre lo artístico y un lado más sobrio, que transmitiese los valores de modernidad que el Any Pinazo promovía”, valoran desde Menta. El resultado garantiza la contemporaneidad de la efemérides y supone una solución moderna combinada como una capa más para resolver cartelería y otras aplicaciones.

Any Pinazo, marca diseñada por Estudio Menta. Imagen cortesía de la organización.

Any Pinazo, marca diseñada por Estudio Menta. Imagen cortesía de la organización.

El reto de vincular la complejidad pictórica y su espíritu pionero y traerlo hasta la actualidad, llevó a hacer hincapié en su virtud como conector de disciplinas y tiempos. “La primera reflexión a la hora de crear la marca -en versión de los diseñadores de Menta- es que era un error hacer de la misma un simulacro, como ocurre con la firma de Picasso por ejemplo, ya que con Pinazo no existe un arquetipo de obra que sirviese de referente».

«Su trayectoria -continúa diciendo- es más un discurrir, un puente entre tradición y modernidad, un vínculo que abrió las puertas de un nuevo tiempo. Así pues, haciendo una lectura de este símil del puente y de su obra desde nuestra contemporaneidad, llegamos a ese símbolo de la línea oblicua que une puntos: tradición y modernidad”.

Esa conexión está presente también en la solución tipográfica, combinando el uso de una fuente tradicional de carácter moderno (Rasmus) con una moderna de gesto manuscrito (Mériva). La imagen tendrá presencia en infinidad de formatos, desde el cartel oficial del Any Pinazo hasta sus aplicaciones en el espacio público, así como en su página web: www.anypinazo.com, obra de Nociones Unidas para reflejar la complejidad y riqueza de uno de los mejores artistas valencianos de todos los tiempos.

Any Pinazo, por Estudio Menta.

Any Pinazo, por Estudio Menta.

Nacho Martín Silva, Premio Mardel 2015

III Premio de Pintura Mardel
Las Cigarreras Cultura Contemporánea
C/ San Carlos, 78. Alicante

El jurado del Premio de Pintura Mardel 2015, compuesto por Javier Díaz Guardiola, Begoña Martínez Deltell, José Luis Pérez Pont y Sergio Rubira, ha resuelto conceder el premio a Nacho Martín Silva, por su obra «Degradé after S.T.W», y destacar a cuatro artistas con un accésit: Gil Gijón Bastante por «Primera comunión»; José Luis Cremades por la obra «Todos los colores»; Rubén M. Riera por «De-venir»; Ángel Masip por «Meteorismo II».

Mardel logo

 

Premio de Pintura Mardel 2015: Nacho Martín Silva
Degradé after S.T.W, retoma el primer frame de la conocida obra de la artista británica Sam Taylor-Wood, Still life (2001), para reflexionar en torno a la relación entre las disciplinas artísticas a través de los tiempos, la relación entre los modelos y su representación y los conceptos de creación y destrucción.

Nacho Martín Silva. Degradé after S.T.W. Óleo y decapante sobre lino, 31x61 c/u. Cortesía Mardel.

Nacho Martín Silva. Degradé after S.T.W. Óleo y decapante sobre lino, 31×61 c/u. Cortesía Mardel.

 

Accésit: Gil Gijón Bastante
Sus mas recientes trabajos consisten en reproducciones de antiguas fotografías rescatadas de álbumes familiares, utilizando únicamente el polvo y la pelusa del entorno privado de las personas representadas como materia prima para realizarlos. La razón de emplear el polvo doméstico reside en su composición. Cada partícula que lo forma procede tanto de restos orgánicos, como piel y cabello de las personas que viven ahí; como de restos inorgánicos de los objetos que tenemos en nuestras viviendas: fibras de alfombras, ropas y otros textiles, suciedad arrastrada de la calle bajo nuestros zapatos, polución del ambiente, etc. Con ello el artista pretende recuperar de alguna manera esa estratigrafía efímera del inexorable transcurrir del tiempo que representa el polvo y modelarla en busca de una autentica re-presentación, a la vez presentación y representación, con el uso del retrato y las fotografías (para traer al presente tanto a las personas como los recuerdos de estas) y hacer presente a dichas personas, a través de los restos que quedan de ellas en el polvo. El polvo queda convertido de esta manera en una metáfora esencial de la destrucción, del paso del tiempo y de la ruina. Un resto que ya no puede ser fragmentado más y que es empleado para volver a re-crear a la persona cual ave Fénix a partir de su propia materia. El desencadenante para hacer ver al espectador que está viviendo y respirando la memoria; que sus huellas se mezclan con tantas otras ya pretéritas, en un eco eterno.

Gil Gijón Bastante. Primera comunión. Polvo sobre PET, 150x105 cm. Cortesía de Mardel.

Gil Gijón Bastante. Primera comunión. Polvo sobre PET, 150×105 cm. Cortesía Mardel.

 

Accésit: José Luis Cremades
Cremades aborda la pintura desde la abstracción, pues considera que, como decía Carl Theodor Dreyer, la abstracción es esencial para el artista, porque le permite franquear las barreras que el naturalismo le impone y además hace que su obra deja de ser solamente visual, sino también espiritual. Rechazando los regímenes del mimetismo artístico y buscando los modos de abordar las cuestiones escatológicas a través de medio de la pintura opto por un estudio de las soluciones y estrategias pictóricamente abstractas y deliberadoras, alterando sus propios mecanismos y estructuras. Pero siempre partiendo de la experiencia y evolución técnica, ya que su obra artística no trata de reflejar la realidad sino las sensaciones y sentimientos de una persona que se enfrenta a ella. Con su obra trata de introducir en la conciencia del espectador las imágenes que apelan de modo directo a sus emociones y afectos para trascenderle a este campo del pictórico aislamiento abstracto, sin que el artista pretenda preestablecer significados. Es donde el público de modo absolutamente libre y autónomo crea su propia narración para las obras que, parafraseando a Nietzsche, son un puente y no una meta.

José Luis Cremades. Todos los colores. Acrílico sobre lienzo, 81x61 cm. (x12). Cortesía Mardel.

José Luis Cremades. Todos los colores. Acrílico sobre lienzo, 81×61 cm. c/u. Cortesía Mardel.

 

Accésit: Rubén M. Riera
Entre lo visible y lo cegador, como dualidad propia de la luz, Riera articula este proyecto en el que busca ampliar los límites de lo pictórico. Investiga en la búsqueda de modelos alternativos de configuración de lo visible y de cómo los márgenes de la representación se diluyen en el diálogo con el espacio. Con esta obra hace una reinterpretación de las posibilidades visuales que hay en los elementos primarios que configuran lo que entendemos por lenguaje pictórico. Existe una vuelta a los orígenes de la que se sirve para desdoblar la representación y cuestionar la realidad. El artista afirma que «Pintura es también, lo único que realmente somos incapaces de ver».

Rubén M. Riera. De-Venir, 2015. Spray y acrílico sobre polietileno transparente y bastidor de madera, 195x163 cm. Cortesía Mardel.

Rubén M. Riera. De-venir, 2015. Spray y acrílico sobre polietileno transparente y bastidor de madera, 195×163 cm. Cortesía Mardel.

 

Accésit: Ángel Masip
En este trabajo se establece un juego a través de la propia semántica del término y la confusión que este pueda generar; tal y como habitualmente sucede con la experiencia artística y su análisis conceptual, bajo la exigencia de establecer una deconstrucción analítica de la práctica artística tradicional como reflejo de un pensamiento anacrónico. En la obra, la necesidad de esta renovación viene simbolizada bajo la figura de un meteorito informe, reforzado bajo la estructura dogmática que lo soporta. En este baile de símbolos se pone de manifiesto la contraposición conceptual sobre la idea de representación, así como el cuestionamiento de la percepción y de los modelos estéticos; a menudo la experiencia individual nos puede empujar a cuestionar los paradigmas mentales a través de los cuales se asientan estos conceptos. En este caso, la percepción queda confundida por exceso, rozando efectos casi fotográficos, tal vez truncada por las reminiscencias al graffiti urbano y el uso de los materiales periféricos de toscos acabados.

Ángel Masip. Meteorismo II. Capas sucesivas de tinta pigmentada y veladas con spray plata sobre papel. Cortesía Mardel.

Ángel Masip. Meteorismo II. Capas sucesivas de tinta pigmentada y veladas con spray plata sobre papel. Cortesía Mardel.

Pincha aquí para consultar la lista completa de artistas seleccionados en la III edición del Premio de Pintura Mardel.

Vista parcial de la exposición, con los trabajos seleccionados en la convocatoria del III Premio de Pintura Mardel, en Las Cigarreras.

Vista parcial de la exposición, con los trabajos seleccionados en la convocatoria del III Premio de Pintura Mardel, en Las Cigarreras (Alicante).

La historia de España en 59 obras de arte

Colección Mariano Yera
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 22 de marzo, 2015

Hay obras ‘crispadas’ de los 50 de Mompó, Genovés o Saura. Sueños goyescos de los 60, no sólo de Viola, sino de Tàpies, Villalba, Millares, Guinovart o Gordillo. Las explícitamente críticas de los 70, con Equipo Realidad y Equipo Crónica a la cabeza. De los bulliciosos 80, que Miquel Barceló simboliza con sus ‘9 agujeros’. De los 90, carnales y paisajistas: Pérez Villalta, Palazuelo, Navarro Baldeweg. E incluso del siglo XXI, con ‘Herr Profesor’ Paco Pomet, sellando el amplio repaso histórico. El Centro del Carmen, como subrayó su director Felipe Garín, es, por obra y gracia de la Colección Mariano Yera, “un museo de arte contemporáneo español”.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Las 59 obras presentadas en la Sala Ferreras, que permanecerán hasta el 22 de marzo, son como un libro abierto de historia. Natalia Yera, hijo del coleccionista Mariano Yera, quiere que así sea: “Hay que animar a los colegios para que vengan con sus alumnos a verla”. Es su máxima aspiración: “Que el arte nos ayude a ser mejores personas”. De hecho, tal y como destaca en la entrevista con Lucía Ybarra y Rosina Gómez-Baeza, incluida en el catálogo de la colección, “el arte es un veneno, un veneno bueno. Hace de ti una persona más sensible. Tendría que ser un pilar fundamental en la educación de cada persona”.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Por eso Garín insistió en que para Valencia era “un lujo” tener una exposición con casi 60 maestros españoles de la segunda mitad del siglo XX. La Colección Mariano Yera, centrada en tan singular periodo de la Historia de España, reúne la mejor pintura de la época. “Por coherencia y continuidad en el tiempo, probablemente sea la mejor”, reconoció Felipe Garín. Para Natalia Yera, se trata de una colección que su padre empezó en 1999 y que permite seguir “la evolución de la historia del arte en España”, reflejo a su vez de una época en que nuestro país “apenas tenía presencia en el panorama artístico internacional”.

Para suplir esa carencia, la Colección Mariano Yera, compuesta por más de 150 obras de 63 artistas, ha prestado obra a unas 500 exposiciones, tanto a nivel estatal como fuera de nuestras fronteras. Alicante, Castellón y ahora Valencia son las últimas en mostrar tan singular legado. “Es una ocasión única para ver obras de arte contemporáneo de gran calidad y tamaño, que hemos podido contemplar en libros”, explicó Garín.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

El recorrido por medio siglo de España podría abrirse con esa ‘Pareja’ de Juan Genovés o esos ‘Personajes’ de Hernández Mompó, entre turbios y difusos de los años 50, todavía intentando rehacerse de los estragos de la guerra. Enseguida, entre Eduardo Arroyo, Feito, Canogar o Equipo Realidad, enterrando al estudiante Orgaz, hurgarán en esa misma herida, para que luego en los 70 Artur Heras, Lucio Muñoz, Equipo Crónica o el propio Equipo Realidad metan aún más el dedo en la llaga de la dictadura, a punto de convertirse en democracia.

Ya en ella, Broto, Barceló, Dis Berlin, Sicilia, Uslé, Patiño o Perejaume, mostrarán cierto aire rejuvenecido, no exento de cicatrices, entrando al siglo XXI con Ugalde, Galindo o Pomet revelando la emergencia de otros monstruos interiores. La Colección Mariano Yera, Premio ARCO al Coleccionismo privado en 2012, ofrece la posibilidad de seguir ese reguero histórico con una muestra de alta pintura.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

“No es frecuente encontrar cinco obras de Tàpies, cuatro obras de Gordillo, de Juan Genovés, de Guinovart, de Juan Uslé o del Equipo Crónica, ni nueve del Equipo Realidad en colecciones privadas españolas, ni tampoco –y eso sería otro elemento diferenciador- obras que vienen a cubrir de forma eficaz toda la segunda mitad del siglo XX”. Por eso Felipe Garín considera la exposición ubicada en la Sala Ferreras de gran significación para Valencia. “Una explosión de pintura”, por utilizar las palabras de Valeriano Bozal, incluido en el catálogo, que permanecerá en el Centro del Carmen hasta superadas las Fallas, ocasión única para sumar a las mascletaes esta otra combustión artística.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Salva Torres