Artistas con red

Plataforma artEnred
Asociación que agrupa a 234 artistas valencianos

En el mundo del circo, las grandes estrellas del espectáculo, los trapecistas, eligen actuar con o sin red, según valoren más la seguridad propia o la emoción del público. En el mundo del arte, que a veces también puede parecer un circo, los creadores que no desean romperse la crisma contra la crisis también optan por la Red, con mayúsculas, para generar sinergias, complicidades y emprender proyectos impensables sin el apoyo de esta inmensa telaraña.

Escultura de José Manuel Ramos. Imagen cortesía de artEnred.

Escultura de José Manuel Ramos. Imagen cortesía de artEnred.

Es la plataforma arteEnred, asociación que agrupa a 234 creadores valencianos o residentes en Valencia, dedicados a la pintura, escultura, cerámica y otras disciplinas: grabado, video art, instalaciones, performances y dibujo.  Nació en 2006, en vísperas de la crisis, y ha logrado sobrevivir a ella, pendiente de esa invisible tela de araña que forman Internet y las redes sociales.

“A nivel de coordinación y relación entre artistas, Internet representa un gran avance”·, dice el responsable de la plataforma, el escultor José Manuel Ramos, miembro de los grupos Fosa Cogora y La Fragua.  “En muy poco tiempo se pueden plantear actividades y exposiciones, que antes eran muy costosas o impensables. Visitas a talleres de artistas, participación en eventos y ferias de forma conjunta, exposiciones multitudinarias, etcétera. Por otra parte, las nuevas tecnologías son una gran ayuda en cuanto a la creación artística,  gracias a los programas de Photoshop”, añade. “También a la hora de planificar catálogos y, por supuesto, se pueden considerar en sí mismas  una disciplina artística”.

Obra de Carmen García. Imagen cortesía de artEnred.

Obra de Carmen García. Imagen cortesía de artEnred.

El espíritu fundacional de arteEnred busca aglutinar a sus miembros y crear sinergias. Dar respuesta a la necesidad de una relación más estrecha entre los artistas plásticos. “Se trata de favorecer un intercambio de experiencias y proyectos”, indica Ramos. “El poder ver y mostrar tu obra, sentir el arte a través de los artistas del entorno, estableciendo una relación de complicidad. La ayuda de las nuevas tecnologías  hacían viable nuestro proyecto y la aceptación fue masiva”.

La plataforma nació en julio de 2006, con su primera exposición colectiva, con el título Vísteme. También por esas fechas se celebró la primera cena de artistas, que es una de las señas distintivas del grupo, que aúna lo profesional con las relaciones humanas y amistosas. Hoy día, arteEnred cuenta con una Comisión de Selección que se encarga de valorar los planteamientos artísticos de los candidatos que desean integrarse en la asociación. “No se trata de un criterio elitista, sino de evitar la masificación”, matiza Ramos.  “Intentamos que exista una calidad artística y conceptual en los nuevos asociados. Dado que somos un número importante,  la inscripción en este momento se realiza solamente por apadrinamiento de artistas ya asociados”.

Obra de Fernando Evangelio. Imagen cortesía de artEnred.

Obra de Fernando Evangelio. Imagen cortesía de artEnred.

Grupo heterogéneo

La edad media de los artistas enredados es de 45 a 50 años. Predominan los que ya tienen en su haber de 10 a 15 exposiciones individuales, y que sin tener una dedicación exclusiva realizan al año varias muestras colectivas. Casi la mitad son mujeres, 124, y también hay algunas firmas consagradas. La mayoría no vive en exclusiva del arte, lo que le da mayor libertad de acción y resistencia  en los malos tiempos. Forman un grupo heterogéneo, desde prometedores artistas noveles a profesionales de la enseñanza, muchos de BBAA de Valencia, incluidos amantes del arte y algunos jubilados que se han volcado en la creación artística.

En mayor o menor medida, afectados todos ellos por la crisis y la subida del IVA en el arte. “Las ansias de crear están por encima de momentos puntuales de crisis como los que estamos viviendo, pero tienen una gran influencia”, señala Ramos. “Sobre todo, influye en la preparación de exposiciones individuales, que  no suelen estar financiadas, lo que obliga a plantearse eventos menos costosos como son las exposiciones colectivas. No pretendemos realizar una muestra por acumulación, donde cada artista pone una obra, y punto.  Apostamos por  eventos con una premisa común que todos los artistas deben seguir”.

Una comisión de selección, coordinada por el crítico de arte Rafa Prats Rivelles, valora el cumplimiento de las bases formales y conceptuales de cada muestra: medidas, formato, temática y resultados artísticos. “Realizar eventos multitudinarios hace que el impacto social y mediático sea mayor. Así, el esfuerzo se ve de alguna manera recompensado en cuanto a catálogos, tarjetas, carteles, etcétera. En todo caso nos toca rascarnos el bolsillo, ya que nosotros  costeamos los gastos”.

Obra de Enric Mestre. Imagen cortesía de artEnred.

Obra de Pepa Alonso. Imagen cortesía de artEnred.

Proyectos colectivos

El último proyecto de la plataforma es la exposición ‘El narrador de objetos. In memóriam Arcadi Blasco’, que se presenta en el Museo de Cerámica hasta el 19 de octubre.  Un homenaje al gran ceramista, fallecido el 15 de marzo de 2013, miembro honorario de arteEnred.  Reúne 70 obras de otros tantos artistas que, usando medios de expresión plásticos, materiales y técnicas diversas, ofrecen su particular visión de la obra de Blasco. Una de las premisas que tenían que seguir a la hora de realizar su obra era tener en cuenta la gama de colores empleada por Blasco. Según sus propias palabras,  «una gama de colores matizados en gamas calientes, ocres, rojizos, pardos, negros; lo que me dan las arcillas naturales que utilizo”.

Entre los futuros proyectos de arteEnred, una exposición en Zaragoza, ‘De inspiración árabe’, en torno a la arquitectura de la Alfagería, edificio emblemático. También ‘Tirant d’Arts, Una aproximació plàstica a l’obra de Joanot Martorell’ que se presentará en las Atarazanas y ‘Con nombre propio’, un proyecto de recuperación de obras y artistas que han permanecido en el anonimato sin el reconocimiento que su trabajo merece.

Obra de Tola Clérigues. Imagen cortesía de artEnred.

Obra de Tola Clérigues. Imagen cortesía de artEnred.

Bel Carrasco

Díaz Prósper y su Valencia turbia

La esquina de Cocotte
Fotografías de la Colección Juan José Díaz Prósper
Fotogalería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 8 de abril

Cuentan que Don Juan, al ver a una joven que se había colado desnuda en su cama, le dijo: “¡Qué haces, insensata, vístete y defiéndete!”. No entendía el aclamado seductor la posesión directa y sin ambages del tan deseado cuerpo femenino. Necesitaba el tiempo, la demora, la recreación, antes de llegar al momento culminante del acto sexual. El erotismo viene a ser algo así: la intermitencia, que diría Barthes, de la piel que centellea entre dos piezas, entre dos bordes, la puesta en escena de cierta aparición desaparición. El erotismo es todo lo contrario a las prisas y, sin duda, un progresivo desvelamiento que busca la disolución del cuerpo encerrado en los límites de la ropa. De ahí lo de vida disoluta. Y de ahí, también, la transgresión de cierto orden y su relación con lo prohibido.

 

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Todo eso y más es lo que nos propone Juan José Díaz Prósper mediante la exposición de sus más de 60 desnudos en Railowsky. Desnudos de los años 40, 50 y algunos de los 60 que, a modo de prehistoria del erotismo, reflejan el “mercado negro” de fotografías en los años del franquismo (“increíblemente, aún sigue siendo tabú”), como parte de una colección más amplia de 15.000 imágenes, de las que alrededor de 250 son exclusivamente eróticas. “Son reflejo del trasiego de fotografías que por aquellos años había, principalmente llegadas del extranjero, sobre todo de Francia”, comenta Díaz Prósper.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

COSQUILLEO ERÓTICO

Son fotografías anónimas que Juan José Díaz Prósper ha ido reuniendo, dejándose llevar por el “cosquilleo” de las primeras que entraron en su vasta colección. Imágenes que, para la exposición de Railowsky, ha bautizado con el sugerente nombre de La esquina de Cocotte. “No existe tal esquina como tal, pero sonaba gracioso, afrancesado y muy literario”. En cualquier caso, bien pudiera ser “la esquina de una famosa prostituta del barrio chino de Valencia”, como sugiere Juan Pedro Font de Mora, responsable de Railowsky. Sea como fuere, ahí están las 34 fotografías, que a su vez contienen series a modo de secuencia cinematográfica, revelando el carácter furtivo y prohibido de muchas de ellas.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Hay un poco de todo. Retratros de famosas vedettes de la época, cuerpos desnudos que se ocultan tras una guitarra, un sombrero, una silla o la más variada lencería, y mujeres posando en general como las pin-ups de calendario, tomando seductoras notas, bajo pieles de leopardo o sometidas por otra mujer al más perverso azote. Algunas fotografías, las menos, poseen cierta calidad artística, pero es el carácter documental lo que confiere al conjunto su inestimable valor. “Las de Ethel Rojo sí están cuidadas, con poses muy estudiadas”, apunta Díaz Prósper refiriéndose a las fotos de la vedette argentina fallecida hace un par de años, mientras subraya el valor documental del resto.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

VALENCIA TURBIA

Hablamos de la Valencia prohibida y de modelos cuyos desnudos provenían de los países europeos más abiertos que España en materia sexual. De ahí el mercado negro, el trasiego de imágenes y la “oculta pero potente industria” que existía alrededor del erotismo. Erotismo que, observando las imágenes de La esquina de Cocotte, llama la atención por ese carácter sepia y la profunda transformación del cuerpo de las  modelos comparadas con el glamour actual. Diríase que hemos pasado de las curvilíneas carnes naturales a las cumbres de silicona y los valles artificiales del photoshop.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Díez Prósper piensa que aunque hay “muchos desnudos en Internet”, la verdad es que “erotismo hay poco”. Eso sí, no cree que se haya perdido ni mucho menos. “En la vida cotidiana ves detalles que resultan muy eróticos”. Y se lanza a explicar lo que a su juicio es el erotismo: “la lentitud de movimientos”. Por eso ha querido que muchas de las fotografías de La esquina de Cocotte tengan ese aire de cámara lenta, esa desnudez progresiva que recogen algunos de los striptease mostrados en imágenes sucesivas. “Hemos suprimido algunas fotos que se repetían, para que la serie no fuera reiterativa”. Porque una cosa es la lentitud, esa caída espaciada de la ropa, y otra muy distinta el calco de poses dentro de una misma secuencia.

La colección erótica de Juan José Díaz Prósper, a quien La Nau de la Universitat de València ya le dedicó una exposición en 2011 titulada Patrimonio y Memoria. Fotografías 1839-1900, es testimonio vivo de esa Valencia prohibida de la posguerra. Haríamos mal en contemplar La esquina de Cocotte con aires de suficiencia democrática. No sólo porque, como subraya Díaz Prósper, el erotismo siga siendo tabú, sino porque el deseo humano jamás se pliega a las razones de la total transparencia. La esquina de Cocotte está repleta de enigmas.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres