La calma tempestuosa de Vulcania

Vulcania, de José Skaf
Intérpretes: Aura Garrido, Miquel Fernández, José Sacristán, Ginés García Millán
Estreno en cines
Marzo de 2016

Vulcania es un parque temático de los volcanes ubicado en Francia. Ahora, también es una película de José Skaf. Y entre el parque temático y la película hay ciertas similitudes; una especie de eje imaginario que las vincula. Porque si en el parque temático se trata de convertir en algo amable lo que tiende a ser peligrosa naturaleza, también en la Vulcania cinematográfica hay una sensación de calma, tras la cual se esconde una trama subterránea a punto de explotar cual lava incendiaria.

Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“Esa aparente calma anuncia cierta violencia”, comenta José Skaf, quien subraya que la irrupción de la misma se hace “desde la pausa”. No quería realizar una película de ciencia ficción con grandes efectos especiales (“no había presupuesto para ello”), sino mostrar esa “atmósfera opresiva” mediante acciones “que fueran más mentales que físicas”. De manera que Skaf narra la historia de Jonás (Miquel Fernández), afectado por la muerte de su familia en un oscuro accidente, empleando los recursos del thriller más intimista.

Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Jonás compartirá su melancolía con Marta (Aura Garrido), también afectada por lo sucedido, en medio del trabajo en una fundición comandada por sospechosos líderes, encarnados por José Sacristán y Ginés García Millán. “Es un regalo contar con esos actores”, señala Skaf, orgulloso de haber podido contar con semejante reparto para su primer largometraje, sorpresa en el pasado Festival de Sitges. Ciencia ficción distópica, esto es, reflejo de una sociedad abúlica por un exceso de control y seguridad, que, sin embargo, deja traslucir cierto horizonte: “Quería que el final fuera, pese a todo, esperanzador”, precisa el director.

Final esperanzador o no (el espectador tiene la palabra), Vulcania remite a las películas que muestran la pesadilla de cierta alienación social fruto del trabajo industrial y en serie, cuya opresión contrasta con la idealización de un mundo exterior al que constantemente se alude (la ciudad). El anhelo de Jonás y, después de Marta, por alcanzarlo, se verá amenazado por el siniestro control de quienes alimentan el fuego de la comunidad con su gélida organización de la comunidad.

Miquel Fernández y Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández y Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“No hubo intención de crítica social”, advierte Skaf, por mucho que esa disposición de ánimo pueda remitir a la calma y seguridad de las sociedades opulentas en detrimento de la libertad. Vulcania también contiene cierta crítica al control de natalidad y las funestas consecuencias para quien se lo salta. “El hijo que Marta tiene fuera del matrimonio tradicional da pie a los prejuicios del pueblo y a su reacción moral”, apunta el director. Como en Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón, el nacimiento de un hijo provoca la alteración de un sistema que lo vive como problema y motivo de cruenta sospecha.

José Skaf dice que la ciencia ficción es un género que le atrae. Escrito el guión con Diego Soto y rodada en pocas semanas en el Pirineo catalán, Vulcania pretende “hacer reflexionar” acerca del mundo en que vivimos. La dialéctica entre seguridad y libertad, y los entresijos misteriosos del poder, están muy presentes en una película tan ajustada al guión que resta vida a los personajes. Con todo, un más que meritorio debut.

Aura Garrido y Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido y Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Salva Torres

El silencio antisistema de Marcelo Fuentes

Notas urbanas. Marcelo Fuentes
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de julio

Marcelo Fuentes dice que en su obra hay una “voluntad metafísica”. Preguntado acerca de si esa metafísica no es un modo de dejar de comprometerse con la realidad circundante, responde taxativo: “Mi arte es muy comprometido”. Y acto seguido se explica: “Ahora mismo, la dualidad es el sistema, y el arte [su arte] lo que debe hacer es abrir grietas en esa dualidad”. Por eso, frente a la ciudad monumental “que más o menos goza de la atención general”, Fuentes aboga por esa otra ciudad que pasa desapercibida de tanto transitarla deprisa. “Para verla, necesitamos la pausa, el sosiego, la tranquilidad, el silencio”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Las 78 piezas que el Centro del  Carmen acoge en su Sala Dormitorio (espacio que ni pintado) descansan sobre esa máxima: la exploración del vacío. “La nada asusta”, subraya el artista. Y cuando dice nada se refiere a los espacios despojados de seres humanos: “La urbe como un gran escenario cuando ha descendido el telón y los actores descansan”. Aunque su obra destile una luz semejante a la de algunos cuadros de Edward Hopper, Marcelo Fuentes establece las distancias: “En Hopper siempre hay algún personaje que transmite la sensación de soledad, mientras que en mi obra esa soledad la transmite el propio espacio vacío”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas', en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’, en el Centro del Carmen.

A pesar de todo, Fuentes no piensa que su obra se halle atravesada por la angustia que pudiera derivarse de esa soledad. “El espectador participa en esa realidad; la hace suya”. Como hace suyas las emociones derivadas del infinito juego de luces y sombras. “Una fachada iluminada por el crepúsculo o la pared de un acantilado” son algunos de los desencadenantes de esa emoción. “Tal vez”, precisa Fuentes, “porque los ritmos de la naturaleza son inexorables y nuestros modos de ser mundo sólo resisten en el consenso”.

Su obra está plagada de volúmenes propiciados por esa luz que martillea edificios, muros, acantilados o bancos de arena. Volúmenes que terminan por diluirse en manchas abstractas, de manera que lo sólido (la dualidad fácilmente reconocible) se vuelve poroso hasta producir esa sensación vaporosa que envuelve gran parte de su trabajo. De ahí que las ciudades reflejadas se refieran sin duda a Valencia, pero también a Nueva York (“sobre todo”), Berlín, Roma o Estocolmo. Ciudades distantes y distintas que, sin embargo, terminan hermanadas por ese vacío que todo lo llena en la producción de Marcelo Fuentes.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

“Mi visión no cambia ante un paisaje natural o urbano. En cierto modo, el paisaje urbano no deja de ser una forma sofisticada de oquedad en la montaña, de cueva o de nido”. La corrupción, ajena por completo a los vaivenes de la economía, se refiere en la obra de Fuentes a lo que el paso del tiempo impone con rotundidad. “Nuestro modo de ser naturaleza, sometidos al tiempo”. Por eso las ciudades de Marcelo Fuentes conmueven: porque registran esa fragilidad de lo sólido percutido por la débil luz.

Las ‘Notas Urbanas’, tal es el título de la exposición, que ha venido tomando el artista, concentradas en los dos últimos años, son como anotaciones musicales de la urbe en perpetuo cambio lumínico. Alrededor de 15 años después de que expusiera en el IVAM su visión más racionalista de Valencia, vuelve a la carga en el Centro del Carmen con otra percepción de la ciudad más líquida. Los mismos volúmenes sometidos a una voluntad metafísica de total entrega. Y muy comprometida.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Salva Torres