Huella de la piqueta

La Valencia desaparecida, de Ángel Martínez y Andrés Giménez
Editorial Temporae

Ángel Martínez y Andrés Giménez, Martínez & Giménez, forman un tándem peculiar. Con una diferencia de 17 años y distintas procedencias, comparten una afición común, la de arqueólogos urbanos, que les ha llevado estos últimos años a acopiar numerosa e interesante información sobre la evolución de la fachada de Valencia a lo largo de las últimas décadas. Buceando en los archivos y paseando por las calles, establecen comparativas visuales entre lo que hubo y lo que hay desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico. Así, cual implacables notarios dan fe de una historia de derrumbe y destrucción que ha arrasado gran parte del patrimonio histórico casi siempre en aras de intereses privados.

Primero fue el blog La Valencia desaparecida, nacido en abril de 2011, y tres años después un primer libro al que se acaba de sumar, dos años más tarde,  la continuación de La Valencia desaparecida editada también por Temporae. En ella se incluyen 106  fotos antiguas y otras tantas actuales que permiten establecer una comparación entre los que hubo y lo que hay.  “En todas las comparativas ha desaparecido algo, o un edificio o todo el espacio visual”, señalan los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Con esta segunda entrega ya está agotado el tema?

El tema es inagotable por definición. Existen grandes posibilidades de que se convierta en una trilogía. Material hay de sobra, dependerá en gran medida de si la segunda parte tiene tan buena acogida cono lo tuvo la primera. Ganas y energía no nos faltan.

¿Cuáles son las desapariciones más ‘desafortunadas’ que han reseñado en esta segunda entrega?

Es algo opinable y muy subjetivo. Podríamos citar la desaparición del antiguo edificio del Club Náutico de Javier Goerlich, del Palacio de Nieulant en lo que hoy es la calle del Marqués de Dos Aguas, de el Gran Teatro (posteriormente cine Rex), de la casa Palacio Oroval en la calle de Colón con Sorní, del Portal Nou en la plaza del mismo nombre, o de muchas e históricas masías, alquerías y barracas…

¿Cuáles fueron los años de mayor intensidad destructiva? ¿Izquierda y derecha comparten el amor a la piqueta?

Los años del desarrollismo urbano, principalmente en las décadas de los  60 y 70, quizás fueran los peores, aunque en Valencia no se ha dejado pasar una década sin dañar el Patrimonio Urbano. Históricamente, la llamada derecha ha estado en el poder la mayoría absoluta del tiempo, por lo que poco comparativa puede hacerse. En todo caso es una cruz que nos tememos vaya incluso más allá de opciones políticas, aunque ello no quita que ese afán destructor pueda estar más desarrollado en aquellas opciones que ven a la ciudad como el campo de batalla en donde se ejercitan los intereses económicos privados por encima de los intereses del conjunto de la ciudadanía.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Existe hoy día un adecuado nivel de protección del patrimonio y de la memoria colectiva?

Empieza a desarrollarse y a aumentar aunque todavía estamos muy lejos de los niveles de protección y concienciación que se dan, no sólo en gran parte de otras grandes ciudades europeas, sino incluso en muchas españolas. Debería constituir un reto para los actuales nuevos gobernantes de nuestra ciudad.

¿Cómo contribuyen sus libros y el foro Remember Valencia a valorar lo nuestro?

Quisiéramos poner nuestro granito de arena en ese aspecto aunque nos tememos que ese granito es demasiado pequeño. En nuestro primer libro intentamos poner en valor algunos espacios de Valencia que hoy, apenas un par de años después han desaparecido. Un ejemplo es el bajo situado en el número 19 de la calle de la Paz. Se trata de un local cuyos propietarios recuperaron el nombre de histórico, Café Ideal Room, pero destruyendo las vidrieras y todo el interior que habían permanecido prácticamente intactos durante más de cien años.

¿Por qué que los valencianos somos tan propensos a apuntarnos a las nuevas modas y barrer con el pasado?

Los valencianos somos amantes de lo moderno y tendemos a despreciar lo antiguo, de hecho algunas de nuestras tradiciones y fiestas son herederas de ese afán. Quizás esa bonita costumbre de quemar lo antiguo tan propia de las noches de San José y San Juan la hemos llevado demasiado lejos y la aplicamos en nuestro día a día de forma excesiva. Como ejemplo la demolición del Ayuntamiento de la Avenida de Aragón.

Portada de 'La Valencia desaparecida 2', de Ángel Martínez y Andrés Giménez.  Editorial Temporae.

Portada de ‘La Valencia desaparecida 2′, de Ángel Martínez y Andrés Giménez. Editorial Temporae.

Bel Carrasco

Valencia, ciudad chocante

Valencia insólita, de Roberto Tortosa
Editorial Sargantana

La fachada más estrecha de Europa, la estación de tren más antigua de España, el primer hospital psiquiátrico que funcionó en el mundo, la segunda cúpula más grande de España. Muy pocos saben que estos lugares se encuentran en Valencia, enclaves pintorescos y curiosos, eclipsados por la riqueza de nuestro patrimonio histórico artístico. Las primeras piscinas de agua dulce y salada construidas en Europa, la vivienda con el primer caso de fenómenos paranormales documentado en España o un cementerio de la Corona Británica son otros aspectos chocantes dignos de mención.

En el libro ilustrado Valencia insólita (Editorial Sargantana) Roberto Tortosa propone un paseo por esta otra cara de la ciudad que va más allá de lo meramente raro y pintoresco para dar una visión diferente de la urbe.

Cares d'aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Cares d’aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Diseñador industrial de profesión, aunque a causa de la crisis tiene otro trabajo alimenticio, Tortosa pertenece a esa estirpe de cronistas espontáneos apasionados por la historia y el pasado del espacio donde viven. Fotógrafo y escritor, preside una asociación sobre cine y bandas sonoras y creo hace años una web, La Valencia insólita que fue el germen de este libro. Él mismo realizó 3.700 fotografías de las que seleccionó las 400 que ilustran el texto.

“De niño ya me gustaba perderme por el casco antiguo y descubrir rincones singulares”, recuerda. “La curiosidad inicial se fue transformando en afán de conocimiento y me dediqué a estudiar  y a documentar todos esos lugares que  llamaron mi la atención”.

Partiendo de una serie de enclaves que quería reflejar en el libro, ha desarrollado una labor de consulta de diversas fuentes bibliográficas en su colección particular,  fondos de la Biblioteca Valenciana o hemerotecas. En algunos casos concretos recibió asesoramiento de especialistas y en otros he tenido como guías personas que conocen en profundidad los sitios a visitar.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Joyas ocultas

“Existe una Valencia típica y tópica que aparece en las guías turísticas y otra dentro de ella que esconde lugares interesantes pero poco conocidos”, escribe Tortosa en la introducción. “Joyas arquitectónicas como el convento de Santo Domingo o el monasterio de la Trinidad no gozan del reconocimiento que merecen, espacios culturales como La Gallera o la capilla neobizantina de la Beneficencia”

Además de la fachada de la Plaza Lope de Vega, considerada la más estrecha de Europa, su libro incluye imágenes realmente inéditas, “como  la marquesina de la antigua estación de Aragón o el interior del depósito de aguas de Quart, que posiblemente es la primera vez que se muestran al público. Otros como algunos refugios antiaéreos, cementerios o elementos de señalización también resultan prácticamente inéditos”, señala.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

El paseo que propone Tortosa se inicia en clave religiosa por las cruces de término, la Valencia Vicentina y las ermitas. Tras un repaso de las necrópolis, entre las que destaca el Cementerio protestante perteneciente a la Corona Británica, el recorrido prosigue por la ciudad industrial, ferroviaria y marítima, con un colofón dedicado a la ciudad como plató cinematográfico.

“Creo que el libro puede interesar desde el  estudioso del tema hasta al simple curioso”, comenta Tortosa. “Al intentar abarcar en el libro buena parte de los barrios y pedanías de la ciudad, a cualquier lector le será fácil  identificarse con aquellos lugares en donde vive o transita habitualmente”, concluye.

Refugio del colegio Jesús María. Imagen de Rubén Tortosa.

Refugio del colegio Jesús María, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“La guerra del Cabanyal está ganada”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Pepa Dasí, Vicente Gallart, Lupe Frigols y Bia Santos, responsables de Cabanyal
Archivo Vivo, proyecto ganador del premio Europa Nostra 2013
Entrevistados por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Han tenido que librar un sinfín de batallas. Un largo vía crucis de 18 años llevado con heroica entereza. Y aunque las muestras de que la lucha iba por buen camino han resultado copiosas, no ha sido hasta alcanzar el premio Europa Nostra, que recibieron de manos de la Reina Doña Sofía el pasado 17 de abril, cuando los responsables de Cabanyal Archivo Vivo, ahora sí, dan por cerrado el conflicto. “La guerra del Cabanyal está ganada”.

Vicente Gallart y Pepa Dasí, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Vicente Gallart y Pepa Dasí, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Lo dicen con gran satisfacción, no exenta de prudencia, Pepa Dasí, presidenta de la Asociación de Vecinos Cabanyal-Canyamelar, Vicente Gallart, vicepresidente, y Lupe Frigols y Bia Santos, coordinadoras del proyecto ganador elaborado por La Esfera Azul. Y no es para menos, teniendo en cuenta que detrás del premio está el Ministerio de Cultura, cuyo apoyo fue inestimable a la hora de alcanzarlo. Ministerio de Cultura cuyos responsables políticos contradicen de esta forma la percepción que del Cabanyal tienen sus homónimos valencianos, con la alcaldesa Rita Barberá a la cabeza.

Bia Santos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Bia Santos, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

“Lo de Fabra es fuego amigo”

El telegrama de felicitación enviado por el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, va en esta misma dirección, siendo una señal más de que el plan urbanístico “obsesivo” de Rita Barberá por “arrasar” el barrio del Cabanyal “está echado a perder”. Y aunque “lo de Fabra es fuego amigo entre dos personas enfrentadas”, entienden que ese paso adelante del jefe del Consell (“nunca antes lo había hecho”) deja “en evidencia” la distancia que le separa de Barberá. “Está claro que Fabra prefiere estar de lado del Ministerio de Cultura, que es quien ha avalado nuestro proyecto en Europa Nostra”. Y Gallart, tras recibir una llamada, exclama: “¡Rita dice que el telegrama de Fabra ha sido fruto de una respuesta automática del ordenador!”.

Lupe Frigols, de frente, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Lupe Frigols, de frente, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Jamás han entendido la actitud de la alcaldesa de Valencia. “Fue desde el principio comprando voluntades y negándose al diálogo, a pesar de las 90.000 alegaciones que recogimos en tiempo record contra su plan urbanístico”. Y apostillan: “Nunca se dignó a sentarse y, con el tiempo, se ha convertido en una obsesión por su parte; se le ha ido de las manos”. A juicio de todos ellos, en la actitud empecinada de la alcaldesa “hay una parte de enfrentamiento personal; se ha visto en situaciones comprometidas a causa de nuestra resistencia cívica”.

Detalle de la revista objeto La más bella, con la frase del escritor José Luis Sampedro en un lápiz. Fotografía: Ana Pastor.

Detalle de la revista objeto La más bella, con la frase del escritor José Luis Sampedro inscrita en un lápiz. Fotografía: Ana Pastor.

“Rita no sabía con lo que se iba a encontrar”

El proyecto Cabanyal Archivo Vivo, con el que han logrado el respaldo unánime internacional tras ser uno de los 30 elegidos de los 300 presentados, les ha llevado año y medio de trabajo coordinado por más de 100 personas. Proyecto que abarca diversos aspectos, desde el pedagógico, relacionado con la educación acerca de la arquitectura modernista del barrio que podía desaparecer con el plan urbanístico, hasta la virtual en Internet, pasando por centenares de entrevistas (“memoria del patrimonio inmaterial, tan importante o más que el material”) y proyectos artísticos, como la singular revista objeto ‘La más bella’. “Ha sido una lucha a través de la cultura”, destacan orgullosos.

Un momento de los Desayunos Makma en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Un momento de los Desayunos Makma en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Una lucha llevada a cabo por la mayoría de vecinos de un barrio ejemplar (tal y como recoge el jurado en la justificación del premio) y que ellos cuatro ahora representan. “Se ha hecho todo desde el optimismo y la energía, nunca desde el victimismo”. Y se nota. “Rita no sabía con lo que se iba a encontrar”, resaltan a la hora de rememorar los comienzos de su resistencia contra lo que entienden un atropello urbanístico. “Que hay que conectar Valencia con el mar a través del Cabanyal, sí, pero no arrasándolo”. Y Gallart, arquitecto, recuerda que el objetivo del plan era “regenerar y revitalizar el barrio, nunca protegerlo, por mucho que apareciera en el título” del PEPRI (Plan Especial de Protección y Reforma Interior).

Pepa Dasí, presidenta de la Asociación de Vecinos Cabanyal-Canyamelar, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Pepa Dasí, presidenta de la Asociación de Vecinos Cabanyal-Canyamelar, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

“Nadie va a salir de rositas: hay que prevaricación pura y dura”

Pensando ya en el día después, están preparando la elaboración de un documento de medidas, firmado por todos los partidos políticos de la oposición, en el que “se acuerde la retirada del plan, la concesión de las licencias de rehabilitación hasta ahora retenidas y pintar el barrio”. Y como tienen claro que “nadie va a salir de rositas”, están estudiando medidas contra lo que entienden es “prevaricación pura y dura, por no haber dado las oportunas licencias y permitido la degradación del barrio, y una arbitrariedad por parte de la Administración”.

Portada del proyecto Cabanyal Archivo Vivo, diseñado por Sento, ganador del premio Europa Nostra. Fotografía: Ana Pastor.

Portada del proyecto Cabanyal Archivo Vivo- dibujado por el artista e ilustrador Cento Yuste y diseñado por MacDiego-, ganador del premio Europa Nostra. Fotografía: Ana Pastor.

La “estrategia de tierra quemada” de Rita Barberá, sustentada en que si no había ampliación de la Avenida Blasco Ibáñez hasta el mar tampoco habría rehabilitación, la ha ido desmontando el peso de los acontecimientos. “Gracias a nuestra actitud pedagógica y a que la gente no es tonta, tanto tiempo, se ha ido erosionando esa posición intransigente de Rita”. “Ya nadie se cree lo que tantas veces ha dicho de que las máquinas entrarían esa semana para iniciar el derribo”, añaden.

Un momento de los Desayunos Makma en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Un momento de los Desayunos Makma en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Los “18 años de solidaridad vecinal” han contado con la participación desinteresada de personas ilustres, entre las que destacan al escritor desaparecido José Luis Sampedro y al arquitecto José María Ballester, miembro del jurado del premio Europa Nostra. Éste les llegó a decir, visiblemente emocionado, que no quería morir “hasta que el Cabanyal esté rehabilitado”. Lo mismo que afirmó Sampedro. Sólo que en el caso de Ballester está próximo a cumplirse.

De izquierda a derecha, Lupe Frigols, Vicente Gallart, Pepa Dasí y Bia Santos, en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

De izquierda a derecha, Lupe Frigols, Vicente Gallart, Pepa Dasí y Bia Santos, en la terraza de Lotelito. Fotografía: Ana Pastor.

Salva Torres