Alegorías del consumo en la obra de Carlos Saura

Crónicas del No-Tiempo, de Carlos Saura
Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’
C / Cervantes, 16. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
Hasta el mes de julio de 2016

En un lugar de la Mancha… Villanueva de los Infantes, se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’, que conmemora su quinto aniversario con la exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ del pintor Carlos Saura, nativo de la localidad, pero criado y residente en Valencia.

La exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ hace un recorrido por la obra realizada en la última década del pintor. Un recorrido sin orden cronológico que se inicia con el cuadro ‘Arquetipos 2008’. Un acrílico donde se muestra a cinco espectadores con una mirada entre interrogativa y sorprendida al contemplar/se en los bustos expuestos sus propios rostros. Una alegoría de la posición del espectador con respecto a la obra de arte: esto es, el espectador como parte indisoluble de la obra, y la obra como un espacio de disolución para el espectador al abrir cierta interrogación en sus pensamientos, en sus valores prefijados.

Arquetipos, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Arquetipos, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

La obra de Carlos Saura y, en concreto, la expuesta en ‘Crónicas del No-Tiempo’, interpela al observador hasta disolverle en la indisoluble interrogación que el contenido y la estética de la representación plantean.

Obras como ‘She loves cakes & dogs’ (2011), ‘La sangre del ídolo’ (2011), ‘El ídolo’ (2010), ‘Star system’ (2010), ‘Reality blinds you’ (2010), ‘Superposición cuántica’ (2010) y ‘Seguridad ficticia’ (2008), representan aspectos y objetos de la realidad financiera, de consumo y mass-mediática de nuestra sociedad neocapitalista posmoderna. Aspectos y objetos convertidos en ídolos que ciegan la verdadera experiencia humana, tal y como reflejan los cuadros y los alegóricos títulos de los mismos.

The Idol, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Fotografía: Begoña Siles.

The Idol, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Fotografía: Begoña Siles.

La interrogación en la obra de Carlos Saura surge no sólo del contenido de la representación y de sus títulos, sino también de todos esos objetos y de las figuras geométricas que irrumpen en su trabajo. Cierto universo pictórico que entronca, bajo la mirada lúdica del pastiche, con muchos aspectos del capitalismo multinacional asociado a la sociedad de consumo. Unas cualidades temáticas y estilísticas propias del arte posmoderno de las últimas décadas del siglo XX, tal y como señala Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo.

La mirada crítica de Carlos Saura orienta al espectador a interrogarse en la misma dirección que sugiere el inicio del ensayo ‘El malestar en la cultura’ de Freud: “No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio, los valores genuinos que la vida ofrece”. ¿Cuáles serían esos valores genuinos que ofrece la vida y que son menospreciados?

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Una pregunta a la cual Carlos Saura intenta dar respuesta. Por una parte, en  los retratos de matemáticos, de físicos y de músicos que componen las series tituladas ‘Science as Art’ y ‘Chronicles of the Nontime I, II y III’, ambas de 2015; y, por otra, en los cuadros dedicados a la naturaleza: a la diosa madre naturaleza -‘La Novia del Sol’ (2014), ‘Das Rheingold: Freida III’ (2007) y ‘Erda’ (2011)-  y al mar Mediterráneo -‘Autofocus’ (2014), ‘Verdeazul I y II’, (2014), ‘Mediterráneo’ (2013)-.

La ciencia como arte y lo femenino como naturaleza parecen ser los espacios que pueden trascender a la idolatría de los valores económicos y de consumo propuestos por la sociedad neocapitalista. Probablemente por ello, en esa serie de cuadros la mirada pastiche del trazo posmoderno del autor se disimula tras la admiración y fascinación por lo representado: el genio del músico y del científico y la diosa femenina de la naturaleza.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Ahora bien, la mirada posmoderna de la obra de Carlos Saura retorna al espectador en los cuadros de referencia cinematográfica: ‘The drama (Key largo)’ (2014) -fotograma de la película ‘Cayo Largo’ de John Huston (1948)- ‘Tomato sauce’ (2013) -pintura del rostro de Christopher Lee como Drácula-  y ‘El ataque’ (2013) -‘Con la muerte en los talones’ de Alfred Hitchcock (1959)-. En estos cuadros, las escenas cinematográficas se ven invadidas por objetos que deconstruyen hasta la ironía el drama, la angustia y el terror inherentes en la obra fílmica tomada como referencia.

Carlos Saura en su exposición 'Crónicas del No-Tiempo'. Fotografía: Begoña Siles.

Carlos Saura en su exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’. Fotografía: Begoña Siles.

En el universo pictórico de Carlos Saura la alegoría crítica surge de esos objetos que irrumpen en sus cuadros: navajas, tomates, pasteles, tostadoras,  pistolas de juguetes, playmobil, calaveras, planetas, etc… Objetos que se fusionan con el mundo representado en la obra y con el título de la misma para crear la metáfora que moviliza al observador hacia la interrogación.

Reality blinds you, de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Reality blinds you, de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Begoña Siles

El collage esquizofrénico de Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat: Ahora es el momento
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Del 3 de julio al 1 de noviembre de 2015

“No pienso en el arte mientras trabajo, trato de pensar en la vida”. Jean-Michael Basquiat (1960-1988). En esa vida que se desprendió de él, por azar o no, con una sobredosis de heroína, a la edad de 27 años. Tristemente demasiado joven para descender al mundo de Hades e incomprensiblemente demasiado joven para que su obra estuviese ya aclamada por la crítica, por los coleccionistas y por artistas como Andy Warhol, Jim Jarmusch, David Byrne, Keith Haring. Recordar que Jean-Michael Basquiat fue el primer artista afroamericano en exponer en el amplio circuito de galerías de prestigio de Nueva York y Europa y que su obra Dusthead, pintada cuando tenía 21 años, fue vendida en 1981 por veinte millones de dólares. En la vida de Basquiat, la muerte y la fama surgieron demasiado pronto, demasiado rápido.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Eroica, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El rizoma

El mundo pictórico de la obra de Basquiat, desde el grafiti hasta el lienzo, se distribuye a modo de rizoma. Múltiples significantes abigarran el espacio creativo.  La letra escrita, los números, el dibujo y el color se amalgaman sin orden, ni ley, ni centro. Frases escritas, fórmulas matemáticas, expresiones médicas, dibujos de animales, de objetos infantiles, de cuerpos fragmentados, a modo de los libros de anatomía, se apretujan en el lienzo junto a dos de sus figuras más significativas de su obra: la corona tricorne, icono de su firma, y los seres trazados con la fisionomía del hombre negro.

La obra de Jean-Michael Basquiat es un collage propio de la escritura esquizofrénica del arte visual posmoderno. Basquiat pinta su obra de mayor raigambre artístico en el auge posmoderno de la década de los ochenta del siglo XX.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Autorretrato, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo, señala que el collage es un rasgo de estilo de la pintura del siglo XX, sea ésta posmoderna o no; la escritura esquizofrénica, junto con el pastiche, son cualidades estílisticas propias del arte posmoderno. Según este autor, un arte, el posmoderno, que expresa muchos aspectos del capitalismo multinacional, de la sociedad de consumo y mass-mediática. Y una escritura posmoderna que está unida a la experiencia esquizofrénica, entendida ésta como un desorden en el lenguaje donde los significantes materiales pululan aislados, desconectados, discontinuos, sin establecer una secuencia coherente en el tiempo y en el espacio.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

El ring, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La obra de Jean-Michael Basquiat está impregnada de la cualidad de la experiencia esquizofrénica. Los significantes en toda su materialidad explotan en el interior del lienzo fragmentando el tiempo y el espacio y estallando toda posiblidad narrativa.

El sentido artístico de la obra de Basquiat está ahí, en la ruptura temporal y espacial, en la falla narrativa, en la materialidad de lo rasgos infantiles de sus dibujos, de sus colores, de sus letras, de sus números, en la inmensa apertura de la boca y en los desproporcionados dientes de esas figuras de seres cubiertos con las máscaras de la fisionomía del hombre negro, afroamericano.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

La ironía de un policía negro, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Bocas tétricas, irónicas, iracundas, impotentes para acallar, a pesar de su majestuosa presencia, el desgarro de angustia que produce la discontinuidad que somos y la continuidad perdida que fuimos y seremos, como señala Bataille en su libro Erotismo.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Six Crimee, de Jean-Michel Basquiat. Cortesía de Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Los espejismos de Jeff Koons

Jeff Koons: Retrospectiva
Museo Guggenheim Bilbao
Plaza Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 27 de septiembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao ha estado vinculado a la obra de Jeff Koons desde su inauguración en 1997. La escultura ‘Puppy’ (1992), ese terrier gigante cubierto de plantas en flor situado a las puertas del museo, y de ‘Tulipanes’ (1995-2004), ese ramo de flores inmenso de acero inoxidable colocado en la terraza del edificio, han iluminado de color las placas de titanio del Guggenheim. Es lógico, por tanto, que la primera muestra retrospectiva de la obra de Jeff Koons en nuestro país sea en el Museo Guggenheim, el mismo año en que éste ha alcanzado la mayoría de edad.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Tulipanes, de Jeff Koons, en la terraza exterior del Museo Guggenheim Bilbao.

Por fin, la obra de Jeff Koons ha entrado en el interior del museo y las salas han explotado con el color, el brillo y la luz que exhalan sus esculturas y sus pinturas monumentales. Esculturas y pinturas barrocas, kitsch, pastiches, hiperrealistas, ready-mades, collages, palabras todas ellas que definen la obra de Koons, a la vez que oscurecen la mirada para la reflexión.

Una obra desmesurada, de volutas y de grandes movimientos (en el material utilizado: acero inoxidable, madera policromada, cristal de murano, porcelana….). Una obra que parece que le tiene miedo al vacío y, por eso, cuando hay vacío lo llena en seguida con flores y la recubre con espejo para que toda la superficie se llene con el reflejo de los espectadores y los objetos de la sala. Una obra para invadir el vacío y llenarlo con una escritura demasiado floripondia y frondosa, como la sociedad de consumo y mass-mediática que la inspira.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Jeff Koons. Retrospectiva. Museo Guggenheim Bilbao.

Koons intersección Guggenheim

La obra de Jeff Koons hace que el Guggenheim resuene a celebración, especialmente por las piezas que componen  la serie ‘Celebration’ (1994-2004) expuestas en esta retrospectiva. Esta serie recrea objetos típicos de las fiestas infantiles en pinturas y esculturas, tales como ‘Play-Doh’ (1995-2008), ‘Balloon Dog’ (1995-1998), ‘Cat on Clotheslin’ (1994-2001), ‘Moon’ (1995-2000), etcétera.

Sí, el Guggenheim puede celebrar tan explosivamente como las obras de Koons su mayoría de edad. El Museo Guggenheim del arquitecto Frank O. Gehry, o mejor el “fenómeno Guggenheim”, comparte una de las cualidades que se le otorga al “fenómeno artístico” de Koons: su posmodernidad. Y, en concreto, de ese conjunto de ideas eclécticas y heteróclitas que conforma la posmodernidad, destacar aquella que considera el arte posmoderno como un producto del capitalismo de consumo y ocio.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Rabbit, en Jeff Koons. Retrospectiva. Cortesía del Museo Guggenheim Bilbao.

Si Jeff Koons ha creado su obra con los productos de consumo y ocio propios del mundo hogareño (colección ‘The New’ 1980), deportivo (serie ‘Ball 50/50 Tank’ 1985), y massmediático (colecciones ‘Popeye’ y ‘Hulk Elvis’, 2009-2015), el edificio ideado por Frank O. Gehry ha transformado la ciudad de Bilbao en un espacio para el consumo y el ocio de un turista, en estos momentos, incipiente. Toda huella de su pasado industrial y moderno propio de un capitalismo de producción ha sido borrada.

El turista, al igual que el observador de la obra de Jeff Koons, circula eclipsado tanto por la ciudad como entre la obra expuesta. El primero, el turista, por el titanio que recubre el Museo Guggenheim; el segundo, el observador, por las esculturas de acero inoxidable pulido con acabado de espejo de Jeff Koons. Y tras ese primer y breve deslumbramiento, ambos visitantes verán reflejada su propia imagen, debido a la cualidad reflectante de la superficie del material.

Superficies reflectantes, al igual que las aguas de Narciso. El tiempo dirá si el “fenómeno artístico” de Koons y “el fenómeno Guggenheim” no se hunden tras ese primer reflejo deslumbrante que las aguas del mercado del consumo artístico y turístico ha colocado como imagen digna de admiración, tanto estética como monetaria.

Antiquity 3, en 'Jeff Koons. Retrospectiva'. Museo Guggenheim Bilbao.

Antiquity 3, en ‘Jeff Koons. Retrospectiva’. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles