La familia nuclear, por los aires

Pequeños episodios de fascismo cotidiano, de Bramant Teatre, dirigido por Jerónimo Cornelles
Sala Carme Teatre
C / Gregori Gea, 6. Valencia
Del 14 al 17 de diciembre de 2017, a las 20.30h

La compañía valenciana Bramant Teatre estrena ‘Pequeños episodios de fascismo cotidiano’, una obra que indaga en el concepto de familia nuclear tradicional, que permanecerá en cartel del 14 al 17 de diciembre en la Sala Carme Teatre de Valencia y que forma parte de las Residencias de creación promovidas por la propia Sala Carme Teatre con el fin de dinamizar el teatro contemporáneo valenciano.

Se trata del decimosexto estreno de la compañía que en 2018 cumplirá 20 años, un texto que fue premiado en 2011 dentro del ‘Primer programa de desarrollo de Dramaturgias actuales’ del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM).

Pequeños episodios de fascismo cotidiano. Imagen cortesía de Bramant Teatre.

Pequeños episodios de fascismo cotidiano. Imagen cortesía de Bramant Teatre.

‘Pequeños episodios de fascismo cotidiano’ es una propuesta escrita y dirigida por Jerónimo Cornelles y formada por un elenco de 10 actores y actrices que revisita la familia “convencional” con el deseo de pervertirla irónicamente. Así, se crea un cuadro caleidoscópico entre el teatro, el cine, los falsos documentales y los nuevos formatos expositivos, que acentúa la idea de que la familia, como la identidad, se construye, se ensaya y se representa.

La trama se desarrolla a partir de una serie de entrevistas a una familia para un estudio social de la comunidad a la que pertenecen. Será durante estas entrevistas cuando, a través de confesiones, se revelarán elementos clave que nos permitan entender qué ocurre en el núcleo familiar presentado. Elementos que funcionan como “espejo” donde poder ver parte de nuestros propios núcleos familiares.

Uno de los puntos excepcionales de esta propuesta es que el personaje de hija mayor, en cada uno de los seis episodios en los que aparece, está interpretado/jugado por una actriz distinta. De este modo, se quiere profundizar en la idea que son muchas las mujeres que sufren pequeños episodios de fascismo cotidiano en su familia. Se trata de un recurso para multiplicar y proyectar que no sólo hay una protagonista que sufra este tipo de episodios, sino muchas, todas ellas atrapadas en distintos núcleos familiares.

Tras la función del viernes 15, se celebrará un coloquio y debate abierto sobre “micromachismos” en el que participan Carmen Amoraga, escritora y Directora General de Cultura y Patrimonio de la Generalitat Valenciana, Alberto Ibáñez Mezquita, Secretario Autonómico de Inclusión e Igualdad de la Generalitat Valenciana; Isa Lozano, concejala de Igualdad y Políticas Inclusivas del Ayuntamiento de Valencia y, como moderadora, Ana Mansergas Monte, periodista, además de los espectadores asistentes a la función.

Cartel de 'Pequeños episodios de fascismo cotidiano'. Imagen cortesía de Bramant Teatre.

Cartel de ‘Pequeños episodios de fascismo cotidiano’. Imagen cortesía de Bramant Teatre.

“La vejez es un retorno de la adolescencia”

Un árbol caído, de Rafael Reig
Tusquets Editores

Año 1979. Tres parejas de amigos que comparten una “vida ajardinada” en una urbanización cercana a Madrid comentan el regreso de un amigo común que lleva un tiempo en Estados Unidos. Todos formaron parte de la lucha antifranquista, aunque llevan una vida anodina de burgueses acomodados. Así arranca ‘Un árbol caído’ (Tusquets), la última novela de Rafael Reig, un escritor comprometido con la realidad que afronta con lucidez y valentía en una decena de novelas.

Johnny, hijo bastardo de uno de los protagonistas, es el narrador que les sigue la pista hasta 2003. A través de este muestrario social, Reig pone en la picota a una generación que renunció a sus ideales para disfrutar el éxito y el bienestar económico, acomodados  en el  conformismo. Un arquitecto, un economista, un escritor de éxito y sus respectivas esposas son los personajes de un guiñol de carne y hueso del que sólo se salva Lou, una entrañable ama de casa con síndrome de Down.

A lo largo de la novela se desarrolla una partida de ajedrez, el único juego en el que la suerte no cuenta. El tema de la droga planea en el trasfondo de la historia. “No puedo decir que el Estado indujera el tráfico y consumo porque le convenía: no tengo datos”, dice Reig. “Pero está claro que la aparición de la droga fue muy oportuna, que durmió un descontento social”.

Detalle de la portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Detalle de la portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

‘Todo está perdonado’, ‘Lo que no está escrito’ y ahora ‘Un árbol caído’. Los títulos de sus últimas novelas comparten un tono sentencioso de refranero español. ¿Es pura casualidad o intencionado?

Es por hacerme el contemporáneo. Decía Borges que el único género literario inventado por el siglo XX fue el título. Así es, antes o lo ponía el editor o se ponía cualquier cosa, el nombre del protagonista, el del sitio en que pasaba, Pepita Jiménez o La mina, daba lo mismo; si salía un clavo, se titulaba El clavo y en paz. Hubiera preferido eso, pero me dejé seducir por los títulos rimbombantes, retumbantes y recordables. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el título dirige la forma de leer la novela, enfoca la atención hacia ciertos aspectos.

En la época que describe usted era un niño, ¿cómo ha construido los personajes adultos de la novela?

Bueno, como la mayoría de los niños, y más en aquella época de familias numerosas, tenía a mano padres y amigos de mis padres, tíos y primos mayores, un suministro constante de adultos jóvenes que para mí eran todo un espectáculo y a los que miraba, igual que el narrador de la novela, como si fueran héroes homéricos. Con la edad uno se da cuenta de que eran tan cantamañanas y tan para poco como nosotros mismos, y a la vez igual de conmovedores; de esa evocación melancólica me vino el impulso de escribir esto.

¿Hay algo suyo en el joven narrador? ¿Piensa como él que la vejez es una segunda adolescencia desfigurada?

Hay mucho de mí mismo y, según creo, de mucha gente de mi edad: la misma sensación de ser siempre tan solo personajes secundarios en nuestras propias vidas, para decirlo a la manera de Dickens. Y sí, creo que la vejez, para decirlo ahora a la manera de Marx, es un retorno de la adolescencia, ya no como tragedia, sino como farsa, aunque la verdadera tragedia es, por supuesto, envejecer y morir.

Portada de la novela 'Un árbol caído', de Rafael Reig. Tusquets Editores.

Portada de la novela ‘Un árbol caído’, de Rafael Reig. Tusquets Editores.

¿Por qué las ilusiones y expectativas de cambio de aquellos años se desvanecieron tan pronto en el llamado desencanto?

A mí que me registren. Habría que preguntarlo a Felipe González, o a Javier Solana, a quien vi dando gritos de “¡OTAN no, bases fuera!”. Hubo una sensación de malversación de fondos: todo ese capital de entusiasmo invertido en la izquierda se desvió para pagar cosas como el GAL y otra parte se les pegó a las uñas. Así no es extraño el desencanto.

¿Por qué trata cruelmente a sus personajes, especialmente a las mujeres? 

Las novelas hablan de generalidades, aunque haya casos individuales que las contradigan. No todos los burgueses del XIX eran como Juanito Santa Cruz, pero Juanito está en la novela de Galdós en representación de la estéril burguesía decimonónica. No creo que haya crueldad, sino más bien un esfuerzo por comprenderlos, y sobre todo a las mujeres.

El ajedrez como metáfora de que no podemos engañarnos con excusas que justifiquen nuestros fracasos. Pero en el Madrid de los setenta, ¿no hubiera sido más apropiado el parchís, la oca o las damas? 

En esos juegos interviene más el azar, hay quien tira el dado y sale el número que más le conviene. Lo que me interesaba del ajedrez es que impide echarle la culpa al azar o al empedrado. Las damas me aburren, el ajedrez tiene mucho más espesor y más semejanza con la vida, porque cada pieza tiene distinto valor (que además cambia en cada posición; hay momentos en que lo más valioso es un peón) y cada pieza se mueve de distinta forma. La vida, como el ajedrez, es en teoría calculable, pero en la práctica inasequible a nuestra capacidad de cálculo. Me pareció el ajedrez un vehículo perfecto para expresar cómo vivimos.

¿Qué opina de las jóvenes generaciones y de sus relación con sus ‘viejos’?

Sé muy poco de la gente joven y lo que sé se limita a una parte bastante pequeña, a cierta clase social y a ciertos medios. En general desconfío mucho del concepto “generación”, que a menudo me parece un invento para no tener que hablar de clases sociales. A mí, que soy profesor y además doy con frecuencia charlas en Institutos, me parece que los jóvenes sorprenden a cualquiera que, en lugar de darles consejos o contarles batallitas, sea capaz de callarse y escucharles. Escuchar y poner atención es una experiencia enriquecedora, no sólo con los jóvenes.

Hace un par de años se convirtió en librero. ¿Cuesta más vender los libros propios que los ajenos?

Por ahí se andará el esfuerzo. Los libros se imprimen de mil en mil, pero se venden de uno en uno, cada vez con más dificultad. La librería me gusta, es un empleo agradable, siempre que uno tenga paciencia y facilidad de trato. Digan lo que digan, el libro sigue teniendo un atractivo invencible.

Rafael Reig. Imagen cortesía del autor.

Rafael Reig. Imagen cortesía de Tusquets Editores.

Bel Carrasco

Cuatro mujeres en Femenino singular

Femenino singular, de [In]constantes Teatro
Con Marta Belenguer, Lucía Jiménez, Carolina Solas y María Vázquez
Teatro Talía C / Caballeros, 33.
Valencia Del 21 de enero al 1 de febrero

‘Femenino singular’ pretende reflexionar sobre las mujeres hoy, desde sí mismas, con los hombres como telón de fondo, como sujeto elíptico, con sus caras, sus actos, con todo lo que evidencia que los hombres son circunstancia necesaria, inevitable en esta propuesta, pero su presencia física es eludible: no necesariamente mala.

En la función se liberan de sus responsabilidades, que han sido asumidas por sus maridos-parejas-exmaridos- exparejas-abuelos-hermanos-canguros, cada una como ha podido, han empaquetado a las criaturas y dejando la comidita preparada y la hoja de papel anotada con todo lo que deben hacer en su ausencia, y ni una cosa más, baño, crema, pijama, cena, cama, cuento, apagas la luz, no duermas con la criatura, sola, que se acostumbre, la tele bajita, y ni una cosa más, me entiendes, ni una.

Escena de 'Femenino singular', de [In]constantes Teatro. Imagen cortesía de Teatro Talía.

Escena de ‘Femenino singular’, de [In]constantes Teatro. Imagen cortesía de Teatro Talía.

El mundo al revés. No es mala la idea de que todo se vuelva del revés. Por ahí hay una esperanza. Esa noche Carolina, María, Marta y Lucía, abandonan aparentemente sus roles y asumen otros, los de sus compañeras.

Este texto nace de las experiencias de sus protagonistas, de las mujeres que, subidas al escenario, narran sus vidas desde que decidieron ser madres. Incluso desde antes. Las cosas cambian. Nadie te lo dice, pero cambian. Los hijos te llevan a la renuncia, a la entrega, al sacrificio, a pelear con el tiempo. No hace falta que lo cuenten otros: lo cuentan ellas porque lo han vivido y lo viven. Y aún les queda cuerpo para hacerte reír con el asunto.

Escena de 'Femenino singular', de Inconstante Teatro. Teatro Talía.

De izquierda a derecha, Carolina Solas, Lucía Jiménez, Marta Belenguer, María Vázquez, en una escena de ‘Femenino singular’, de [In]constantes Teatro. Imagen cortesía de Teatro Talía.

Divorcio con hijo, ¿puro teatro?

De mutuo desacuerdo, de Fernando J. López
Intérpretes: Toni Acosta e Iñaki Miramón
Dirección: Quino Falero
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 5 de octubre

El divorcio ya no es lo que era. Cuando el gobierno de Adolfo Suárez lo aprobó hace ya 33 años, se vivió como un canto de libertad. Y a principios de los 80 el director Mariano Ozores ya se hacía eco de tamaña explosión al grito de ‘¡Qué gozada de divorcio!’, con Andrés Pajares corriendo detrás de numerosas faldas una vez liberado del supuesto yugo conyugal. Juan Bosch hizo lo propio con otra película encabezada por Fernando Esteso: ‘¡Caray con el divorcio!’ Humor al primer mordisco, jaleado por cierta pulsión carpetovetónica.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de 'De mutuo desacuerdo', dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Iñaki Miramón y Toni Acosta en una escena de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigido por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Pasado el tiempo y conquistados ya ciertos derechos, el divorcio ha perdido aquella agitación hormonal y se sirve con humor más frío. Los padres separados, principalmente si tienen hijos, lo viven como un punto y aparte en sus vidas, plagado, eso sí, de numerosas interrogaciones. Que es lo que hace Fernando J. López en un texto que Quino Falero lleva al teatro de la mano de Toni Acosta e Iñaki Miramón: dos divorciados condenados a entenderse por el bien de su hijo Sergio, ausente de la función pero muy presente en la comedia ‘De mutuo desacuerdo’, que estará hasta el 5 de octubre en el Teatre Talia.

“El hijo es lo más importante de la obra, porque lo está pasando mal en el colegio por culpa de la separación de los padres”, explica la actriz que encarna a Sandra, una madre arrebatada por la situación. “¡Es increíble cómo podemos llegar a perder los papeles!”, agrega Acosta, actualmente en Antena 3 con la serie ‘Con el culo al aire’. “Todos nos creemos buenas personas, hasta Hitler, porque pensamos que tenemos razones para ello”, señala Miramón. De manera que tanto Sandra como Ignacio, los personajes de la obra, discutirán desde sus respectivas trincheras.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, de Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

A pesar de ello, “tendrán que ponerse de acuerdo”, afirma Quino Falero, para quien ‘De mutuo desacuerdo’ no es una obra “de parejas”, sino que se trata de una comedia en la cual “se reflexiona sobre las diferencias y el modo de relacionar dos vidas opuestas por exigencias del hijo común”. Tampoco es una obra sobre lo masculino y lo femenino, porque “en esta función muchas veces esas posiciones se trasgreden”. Todo lo cual provoca que haya “momentos de risa y también de gran soledad”, precisa Iñaki Miramón: “Se ve la fragilidad de los dos”.

La igualdad de derechos abriendo múltiples interrogaciones, porque la ley nada sabe de la siempre complicado diferencia sexual. “Esta igualdad en los roles crea problemas en la relación”, señala Toni Acosta. Ahora, por ejemplo, ¿quién hace la comida tras un duro día de trabajo para ambos? “El humor de ‘De mutuo desacuerdo’ nace de situaciones tremendas”, reconoce Falero, para quien precisamente el humor es “vehículo de reflexión”.

El espectáculo se estructura mediante diez escenas y “cada una no tiene mucho que ver con las otras”, apunta Miramón. “No teníamos que estar todo el tiempo discutiendo”, sostiene el actor. Para ello, Toni Acosta destaca el lenguaje “muy cinematográfico” del espectáculo, merced a “la luz y los espacios”. Vale, terminará diciendo Acosta, “es una pareja muy complicada”, que “siempre discute sobre lo mismo”, pero como destaca Quino Falero “al final tenemos que ponernos de acuerdo”. Rajoy y Mas deberían, entonces, ver el espectáculo ‘De mutuo desacuerdo’, un título sin duda apropiado.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de 'De mutuo desacuerdo', dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Toni Acosta e Iñaki Miramón, protagonistas de ‘De mutuo desacuerdo’, dirigida por Quino Falero. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres