La cara oculta de la fuerza femenina

Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed, de Paula Bonet
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2016

Paula Bonet (Villa-Real, 1980) ha alcanzado la meta con la que sueña todo joven artista. Un objetivo que va más allá del triunfo y la fama. Acuñar un estilo propio que la define y la  identifica en medio de la vorágine que es hoy el arte y que, además, conecta con la sensibilidad artística imperante. Afincada en Barcelona desde hace un par de años, la artista pasó por Valencia para presentar en la Galería Pepita Lumier una exposición muy especial. ‘Y llegas a perforarme en el blanco de mi sed’ es el título poético y excesivo de esta muestra que reúne 11 óleos, 24 grabados y 30 dibujos que se podrán ver hasta el 4 de junio. Se trata de un adelanto del próximo proyecto de Bonet, el libro ilustrado La Sed, que publicará Lunwerg en octubre 2016. El texto reúne un coro de  voces de varias poetas y escritoras presididas por la dramática figura de Anne Sexton que se suicidó en 1974.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Lo que más me fascinó de ella es el hecho de que tratara con tanta crudeza y sin ningún tipo de censura temas dolorosos de la experiencia de ser mujer que siempre habían sido considerados tabú”, dice Bonet. “También que utilizara la autobiografía para este fin, con total libertad, sin tapujos. Me fascinó el uso que hace de la literatura para entenderse a sí misma, cómo a través de ésta conseguía encontrar cierta serenidad y alivio en el drama en el que le tocó vivir”.

Poeta suicida

Junto a su amiga Sylvia Plath, Clarice Lispector o Virginia Woolf, Sexton pertenece a la estirpe de las autoras marcadas por un sino fatal y tendencias autodestructivas. Lo tenía aparentemente todo. Belleza, talento, éxito, dos hijas, pero algo  en su interior le impedía disfrutarlo felizmente. El 4 de octubre de 1974 se puso un abrigo de pieles que heredó de su madre y, después de beberse un par de vodkas, se encerró en su garaje y puso en marcha el motor de su Cougar rojo.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

“Sexton es una de las autoras que siento como refugio, que me ayudan a entenderme y a aceptarme”, añade Bonet. “Y es una de las voces que intenta contener el personaje principal del proyecto editorial en el que estoy trabajando, La Sed. Para reflejar su angustioso universo lo que he hecho es buscar los lugares comunes, aquellos en los que me siento retratada a través de su trabajo. Una vez localizados he intentado ser tan sincera en mis imágenes como lo fue ella en sus textos”.

‘El problema está/ en que dejé helarse a mis gestos./ El problema no estaba/ en la cocina o en los tulipanes/ sino sólo en mi cabeza/ mi cabeza.’ Es uno de los poemas de Sexton que aparecen en la exposición orlado de dibujos de pájaros muertos o agonizantes, almejas fuera de temporada, lenguas humanas. “Las que presento son imágenes dibujadas con puntas de acero”, escribe la artista. “Grabadas a golpe de baño de ácido. Estampadas sobre el papel a fuerza de ser reventadas contra el tórculo”.

Domina lo sombrío, tétrico y oscuro, apenas unas cuantas pinceladas de color, ella que era tan amante del rojo. Pero asegura que no refleja un estado de ánimo depresivo, ni se trata de un punto de inflexión en su obra. “Siento una armonía y una plenitud que nunca había experimentado hasta ahora”, afirma rotunda.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Obra de Paula Bonet. Imagen cortesía de Galería Pepita Lumier.

Tiene motivos sobrados para sentirse satisfecha. Y uno de ellos es su estancia en Barcelona. “Allí  he encontrado una serenidad y calma que no había disfrutado antes. Es un lugar perfecto para la creación. Desde que llegué me vi participando de un clima sano en el que el respeto por el trabajo ajeno, la suma de fuerzas entre creativos de distintos ámbitos y las ganas por seguir y por construir me hicieron sentir muy cómoda. Es un lugar perfecto desde el que continuar cuestionándose y continuar trabajando”.

Licenciada en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia, Bonet amplió su formación en Santiago de Chile, Nueva York y  Urbino. Comenzó su carrera centrándose en el óleo y el grabado y, a partir de 2009, decidió dedicarse a la ilustración. Sus retratos de mujeres, de los que ella misma ha sido modelo algunas veces, expresan una atinada combinación de fragilidad y fortaleza femenina que conecta con el sentir de las jóvenes de hoy. Practica un tipo de ilustración aparentemente sencilla de líneas limpias y tintas de color sólo en algunos puntos de la imagen en blanco y negro. Como ella mismo ha dicho en varias entrevistas, es un concepto de dibujo “muy íntimo”.

Su primer trabajo como autora, ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ es un libro muy personal acerca de las cosas o situaciones que se acaban en el momento que menos se espera  destrozando los planes presentes y futuros. El duelo y el dolor por esa situación ilustrado con delicadeza y realismo en la misma proporción. También ilustró ‘La petita Amèlia es fa gran’ (La pequeña Amelia se hace mayor), un relato infantil de Elisenda Roca.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Paula Bonet. Fotografía de Noemí Elías.

Bel Carrasco

La Volière de Hélène Crécent

La Volière, de Hélène Cécent
Trentatres Gallery
C / Dénia, 62. Valencia
Inauguración: viernes 22 de mayo, a las 20.00h

La volière es el término que designa en francés esas enormes jaulas en las que los pájaros vuelan pero no escapan. Es también el nombre de la exposición en la Trentatres Gallery de la artista francesa Hélène Crécent (Pau,1966).
Fascinación por los pájaros, animal nada domesticable. Solo en el Museo del Prado, el biólogo Gómez Cano contabilizó en su día 729 pinturas con representaciones de aves de 36 especies: de la saga Brueghel al concierto de Jan Fyt.

Más allá de los muros académicos, en las cuevas de sueños olvidados donde nos introdujo el cineasta alemán Werner Herzog, nuestros antepasados ya consideraron importante detener la frágil estructura de las aves en la superficie con memoria de la roca.

La exposición en Trentatres, una de las galerías de arte de referencia más frescas de Valencia, está más cerca de la fascinación primigenia –entre el art brut (expresión acuñada por Dubuffet para referir el arte más allá de la puerta de salida del sistema: trazos de dementes, niños y reclusos) y el pigmento natural de la caverna– que de los híbridos de Max Ernst.

Mirada virginal o primigenia y, sin embargo, la obra de esta pintora, poeta y escultora con aspecto de bailarina de danza clásica está penetrada, versada, por decirlo quizás de forma políticamente correcta, de formación, desde la Ecole des Beaux Arts de Bordeaux a las influencias de la también francesa Annette Messager (Le repos de pensionnaires) o de los mejores representantes del grupo CoBrA (Karel Appel o Asger Jorn).

No hay en esta volière de pájaros arrebatados -como no había en la adaptación hitchcockniana de Daphne du Murier- interés por el último motivo ni voluntad de conocerlos bien a todos. Que lo haga el espectador. Una únicanota basta para caracterizar una de las exposiciones más interesantes de esta primavera: Crécent ha emprendido el regreso, un jalón, en la delirante tarea de deshacerse.

Despojada, con la técnica más rudimentaria, la mirada ahora interrogada, ahora decidida de las aves cuestiona la verja de hierro pero también de auto-concesiones de nuestra propia volière: la danzarina disposición de los pájaros dibuja también el bosquejo de un mapa de salida.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Jesús García Cívico*
*Por cortesía de TrentaTres Gallery

El pájaro y la jaula, el arte de Ana Karina Lema

Ana Karina Lema Astray
Espacio40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta finales de abril

Valencia está de enhorabuena. Espacio40, la galería dedicada tanto al arte como al buen vino, acoge hasta finales de abril un gran número de las sugerentes y preciosas obras de Ana Karina Lema Astray. La delicadeza de los lienzos contrasta con la dureza de sus títulos, que el espectador deberá descifrar por sí mismo. Y es que esta artista de fama internacional, nacida en Buenos Aires, ha logrado crear un mundo único de símbolos, miradas y texturas donde la belleza y el color se entrelazan con mensajes que harán reflexionar al visitante sobre su propia vida.

Pájaro rojo, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Pájaro rojo, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Tela, hilo, dibujo y pintura se entremezclan en el trabajo de Ana Karina Lema para trasladarnos a un mundo de deliciosa naturaleza: árboles que crecen hacia el cielo, pájaros brillantes, flores, nidos, hojas que danzan al viento… todo ello florece y crece en un universo artístico repleto de poesía, en el que mujeres de miradas tristes rodeadas de jaulas y alambres alertan de que un doble sentido se oculta entre los cosidos y trazos de apariencia dulce.

Cabezas flotantes, obra de Ana Karina Lema Astray. Imagen cortesía de Espacio40

Cabezas flotantes, obra de Ana Karina Lema Astray. Imagen cortesía de Espacio40

Contemplar sus obras implica reflexionar sobre la realidad, que no siempre es lo que desea reflejar: la felicidad se transforma en opresión, la fortaleza en nostalgia, la pasión en amenaza… Su trabajo de apariencia amable orbita en torno al gran tema de la artista: la libertad y la carencia de ella. Como pájaros que se posan sobre un árbol pero quedan enredados en la hiedra, los seres humanos caminamos por la vida rodeándonos inconscientemente de cosas que acaban por enjaularnos y atraparnos. El alambre de espino se tensa, nos envuelve, nos arrebata la libertad. Y todo esto queda bordado en los lienzos de Ana Karina como una sutil advertencia.

Emboscada, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Emboscada, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Con títulos como ‘Caí en mi propia trampa’, ‘Emboscada’ o ‘En la jaula’, Ana Karina Lema parece plasmar los peligros de vivir, aunque ella se resiste a confirmar cualquier interpretación como “definitiva”. Para la artista, el significado de sus obras debe ser único para cada persona que las contempla, y no desea imponer una interpretación estricta de sus trazos. Una vez más, la libertad –esta vez de pensamiento- impregna las obras de esta excepcional creadora.

Sin rastro de los caracoles, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Sin rastro de los caracoles, obra de Ana Karina Lema. Imagen cortesía de Espacio40

Ana Karina Lema Astray comenzó a pintar desde muy niña, y convirtió su pasión en su medio de vida. A pesar de haber nacido en Buenos Aires, la artista pasó parte de su infancia en A Coruña, aunque acudió a Valencia para ampliar sus estudios y la ciudad acabó por atraparla. En 2004 obtuvo el Doctorado en Bellas Artes, especialidad Grabado, en la Universidad Politécnica de Valencia. Ha sido galardonada con numerosísimos premios, y su obra ha viajado a todos los rincones del planeta: desde Brasil hasta Jordania, México, Francia, Argentina, Estados Unidos o Italia, sin contar con las múltiples exposiciones en el ámbito español.

Por su parte, Espacio40 apuesta por una idea innovadora: el mestizaje entre el arte y el mejor vino en un emplazamiento único, en el que hay espacio para toda la cultura, desde la música hasta la danza pasando por la gastronomía. Con un carácter cercano y repleto de amor por su trabajo, Espacio40 desea transmitir al visitante que el arte está vivo y puede ser disfrutado por todos. Las obras actualmente expuestas oscilan entre 300 y 2.500 euros, y están teniendo una gran acogida por parte del público valenciano.

Caí en mi propia trampa, obra de Ana Karina Lema Astray. Imagen cortesía de Espacio40

Caí en mi propia trampa, obra de Ana Karina Lema Astray. Imagen cortesía de Espacio40

Beatriz Vera