Antonio Fillol y su naturalismo radical

Antonio Fillol (1870-1930). Naturalismo radical y Modernismo
Museo de Bellas Artes Gravina (Mubag)
C / Gravina, 13-15. Alicante
Hasta el 25 de septiembre de 2016

El Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana presenta la exposición ‘Antonio Fillol (1870-1930) Naturalismo radical y Modernismo’ que se podrá ver en el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante (Mubag) hasta el próximo 25 de septiembre.

El director del Consorci de Museus, José Luis Pérez Pont, explicó que “con esta exposición el Consorci quiere pone en valor la figura y la obra de Antonio Fillol, uno de los artistas valencianos más particulares del entresiglos. Fillol fue el principal representante del realismo social valenciano de su tiempo”. Pérez Pont añadió que con la muestra presentada se hacía «justicia a un artista que fue muy apreciado en su tiempo y que ha estado relativamente olvidado en la actualidad”.

Antonio Fillol es uno de los artistas valencianos más particulares y atípicos de su generación. La casi totalidad de su obra es fruto de la cultura del naturalismo del fin de siglo, indagando en factores sociológicos y psíquicos con la idea de hacer de la pintura un documento verídico y de análisis de las pasiones humanas.

Fillol cultivó con brillantez diferentes géneros pero fueron la pintura social y la de género las que mayores éxitos y prestigio le proporcionaron, siendo también un agudo y profundo retratista, así como un refinado paisajista. Fillol es un artista atraído por la representación del mundo popular y folklórico.

El sátiro, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

El sátiro, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

A través de una selección de 40 piezas la exposición recoge la obra más significativa del artista y presenta por primera vez al público los lienzos restaurados por CulturArts IVC+R ‘El sátiro’ y ‘Y el mar siempre azul’. Ambos lienzos de gran formato, constituyen dos de las piezas más representativas del pensamiento de este pintor.

Según Pérez Pont, “tras la exposición, la obra ‘El sátiro’ quedará en depósito en el Museo de Bellas Artes de Valencia y la pieza ‘Y el mar siempre azul’, se depositará en el Consorci de Museus que a su vez cederemos para su exposición aquí en el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante, para que pueda ser disfrutada por los alicantinos durante un periodo de dos años”.

“Por tanto esta exposición no sólo da a conocer la obra de Antonio Fillol en Alicante y después en Castellón sino que con ella estamos recuperando el patrimonio artístico valenciano y poniéndolo al servicio de la sociedad”, matizó el director del Consorci quien aseveró que “desde el Consorci de Museus tenemos el firme compromiso de hacer que la cultura llegue a todas las personas y que todos la sintamos como propia. A partir de ahora, los proyectos culturales se decidirán no sólo desde el centro, desde Valencia, sino también de norte a sur, y desde el sur, desde Alicante, hacia el resto de la Comunitat”.

“Territorializar la cultura, hacerla accesible y sentirla como propia son tres de los objetivos del Consorci de Museus para 2017 que sólo conseguiremos creando sinergias entre todas las instituciones que formamos parte del Consorci en igualdad de condiciones”, concluyó.

La bestia humana, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

La bestia humana, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

Las creaciones de Antonio Fillol brillan con luz propia dentro del panorama de la pintura social de su tiempo y resisten la comparación con la de cualquier otro artista europeo; creaciones polémicas y controvertidas, como fue el caso de ‘La bestia humana’ (1897) o ‘El sátiro’ (1906), que hablan con claridad de una conciencia social y sentido crítico que hacen de la pintura un arma de estímulo y reflexión.

La crudeza y radicalidad de algunos de sus temas establecen un vivo contraste con el naturalismo edulcorado y sentimental que prácticamente desarrollaron la mayoría de los artistas de ese período. Si en pintura puede hablarse con propiedad de un “naturalismo radical”, más o menos afín o equivalente al que se desarrolla en el terreno literario, pocos lo representan mejor que Fillol. Los flujos entre su pintura y la literatura de Blasco Ibáñez son muy intensos en esta época. La exposición presenta un retrato del literato elaborado por Fillol.

Varios artistas valencianos de la misma generación se desplazaron a Madrid para asistir al taller de Sorolla (Benedito, Mongrell, Andreu), Fillol permanece en Valencia, y desde aquí comienza a desplegar una intensa actividad y planificación expositiva, pues fue muy activo en su proyección exterior, participando en muestras de todo tipo y viajando por distintas países como Francia e Inglaterra.

Como buen naturalista busca que sus obras sean verdaderos análisis sociológicos, llevando su influencia al terreno psíquico y fisiológico con el fin de investigar la realidad y los mecanismos de las pasiones humanas, ideando grandes composiciones donde aborda temas tan de actualidad como la prostitución, el abuso de menores, la miseria, la violencia, el abandono, la ignorancia o la superstición.

Algunos de sus cuadros fueron motivo de escándalo, como sucedió en 1906 con ‘El sátiro’, que ahora se puede ver por primera vez restaurado. Obra pintada para la Exposición Nacional de Bellas Artes, fue retirada por el jurado dada la crudeza del tema representado, y que desde esa fecha no se ha vuelto a contemplar ya que su autor lo guardó contrariado por la polémica que suscitó el cuadro.

Y el mar siempre azul, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

Y el mar siempre azul, de Antonio Fillol. Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante.

La reaparición de Lola Mas y Miquel Simó

Lola Mas Hernández y Miquel Simó Aznar
Galería del Palau
C / Palau, 10. Valencia
Hasta el 29 de abril

Esta exposición es un auténtico homenaje a la pintura en su estado original, esa a la que ya estamos poco acostumbrados de ver. La mítica Galería Palau presenta durante todo el mes de abril parte de la producción artística tanto de Lola Mas Hernández como de Miquel Simó Aznar. Presentan su obras de manera separada aunque relacionada, tal y como descubrimos tras unos minutos de estar en la galería. La aparente quietud de los paisajes de Lola se unen con fuerza a los, en ocasiones, indescifrables rostros de Miquel Simó. Caras y naturaleza, dos motivos a modo de excusas a través de los que recorreremos las paredes de la galería y que nos trasladarán a un ambiente expositivo diferente.

Lola Mas resume perfectamente en sus piezas la necesidad de naturaleza a través de sus paisajes, “en la ciudad solo podemos ver el hormigón”, explica. Dichos paisajes no se forman de la toma directa sino que poseen las particularidades propias de un proceso nada sencillo. Primero, a través del collage, la artista consigue extraer las formas geométricas básicas en las que normalmente no repararíamos. Como si quisiera desvencijar cada tramo, el pincel, acentúa las formas a raíz de la textura del óleo, creando un oleaje marcado que nos extrae del ensimismamiento del cuadro o la perspectiva del camino, aquella que nos delata observando unas nubes que se entremezclan con manchas amarillas de unos árboles otoñales. A Mas también le gusta experimentar con diversos tamaños y soportes, transparencias y veladuras surgen del cuadro para ser aprovechadas a favor de la pintura. Más allá se presentan sus ‘Retallables’, esculturas rellenadas, blancas, como si también hubiera extraído las formas geométricas de la pared donde ha colgado sus cuadros.

Esculturas 'Retallables' de Lola Mas Hernández

Esculturas ‘Retallables’ de Lola Mas Hernández

Miquel Simó, por su parte, nos ofrece diversas representaciones de la misma motivación. En este caso, la génesis de todo su trabajo parte de una serie de dibujos en las que retrató a su padre hace tiempo. Desde entonces, esos dibujos y el rostro de su padre, se han convertido en modelos de sus creaciones, casi sin importar la técnica. La incesante repetición del modelo no implica un aburrimiento, sino todo lo contrario, cada pieza es única y parece no volver a repetirse. Este efecto permite al espectador tomarse su tiempo en cada acuarela. Un rincón especial ocupan los ensamblajes donde el rostro del padre de Simó ya casi ha desaparecido, dejando paso a los patrones adquiridos por la técnica del artista. Tubos de cartón o de pvc cuestionan una composición, muy controlada, que alteran una y otra vez la mirada del asistente.

Acuarelas de Miquel Simó Aznar.

Acuarelas de Miquel Simó Aznar.

Es así que no tratan de embellecer ni de incrementar la belleza del momento. Ambos saben captar el instante, y cada uno a su manera, tras advertir pasar el tiempo, modelan aquello que perciben y sienten. El itinerario propuesto por los artistas sugiere esa quietud deseada por todos, pero conseguida por pocos.

Uno de los ensamblaje de Miquel Simó Aznar.

Uno de los ensamblaje de Miquel Simó Aznar.

María Ramis