Autenticidad en estado puro

‘Glory of the Artifice’ /’Liquid Portraits’, de Christto & Andrew
Galería Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 29 de abril de 2016

Los fotografías de Christto y Andrew expuestas en Espai Tactel narran situaciones que podrían parecer banales, en un principio, pero con detenerse un par de segundos, conceptos transversales de historia, política o economía quedan transformados, casi puestos en ridículo, plasmados como si de una inocentada se tratara. Este extraño efecto lo consiguen dotando a sus fotografías de particularidades de intemporalidad. La figura sobre fondo monocromático es el eje estético del que estos dos artistas no suelen alejarse. Los primeros y medios planos son lo común en cuanto a la aparición de personas, mientras que los bodegones destacan por los colores saturados.

La residencia en Qatar de los artistas les hace tomar símbolos de una cultura popular que puede no sernos cercana. Los arquetipos pertenecen a la sociedad oriental, que hoy en día se encuentra en constante cambio, casi alcanzando límites vertiginosos. Es precisamente este proceso el que pretenden captar, la continua contraposición de lo tradicional y lo moderno. Lo realizan a través de una construcción artificial, donde ponen en relieve perfiles falsificados que se manifiestan en un todo, aunándose en una perfecta sintonía con el objeto representado. Oriente y Occidente y sus respectivas e inherentes particularidades sociales se mezclan ininterrumpidamente conformándose en extraños productos de la globalización. Este proceso ha sido bautizado por Eduardo García Nieto como “zona de fricción”, metáfora visual que explica a la perfección lo que Christto y Andrew transmiten con sus obras.

'Advent of absolute knowledge' una de las obras de la exposición. Imagen cortesía de la galería.

‘Advent of absolute knowledge’ una de las obras de la exposición. Imagen cortesía de la galería.

A pesar de todo, la exposición posee una coherencia narrativa que rememora, inevitablemente, composiciones clásicas de la historia del arte: naturalezas muertas o retratos de semi-perfil. Esta perspectiva es perfectamente identificada por el espectador pues hablamos, de nuevo, de un espectador occidental que reconoce, aunque no sea consciente, los parámetros de la pintura renacentista italiana y ha crecido con ellos. El choque impulsivo es ocasionado, casi inmediatamente, debido a la extrañeza que supone admirar dichas estructuras desde una paleta cromática tan abarrotada. El sfumato de Da Vinci que querríamos esperar ha desaparecido a través de la lente fotográfica.

Para finalizar, cabe resaltar que la variedad y diferenciación suele ser un hecho normal en otros conjuntos artísticos, pero en este caso, de las prácticas de Christto y Andrew surgen piezas perfectamente encajadas y en las que no se es capaz de distinguir autoría individual. No se puede negar que las obras de Christto y Andrew en Espai Tactel nos hacen reflexionar sobre los patrones que nuestra actual cultura social ha ido pre-estableciendo en cada individuo y cómo poco a poco han acabado por extenderse a otras sociedades.

Vista general. Imagen cortesía de la galería.

Vista general. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

La felicidad completa de Horacio Silva

Shangri-La, de Horacio Silva
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 20 de septiembre de 2015
Prorrogada hasta el 30 de octubre 2015

Shangri-La es el paraíso imaginado por James Hilton en su novela Horizontes perdidos, después trasladada al cine por Frank Capra. Paraíso, utopía, tanto da. Un mundo ajeno a la codicia humana, donde la felicidad es una mezcla de vivir el presente proyectando hacia el futuro la armonía conciliadora del hombre bondadoso que también imaginó Rousseau. Horacio Silva viajó hace unos años a ese Shangri-La y lo que encontró fue una felicidad contradictoria, que ahora muestra en la Sala Ferreres (“no hay sala más bonita en España”) con obras de gran formato que vienen a cerrar un ciclo existencial.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

“Shangri-La para mí es el Centro del Carmen, porque aquí pasé los mejores años de mi vida como estudiante, de manera que esta exposición es el colofón, el cierre a un ciclo de mi vida”. Por eso Horacio reconoció que se trataba de la exposición “más importante de mi vida”. Shangri-La, aunque cerca del lugar bautizado con ese nombre, se refiere al espacio donde el artista valenciano trabajó durante su estancia en Pekín hace siete años. Nada que ver con la utopía evocada por Hilton en su novela.

“China es un país de muchos contrastes”, destacó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Contrastes como los que señaló el propio Silva, recordando las fachadas cubiertas de pan de oro de algunos edificios, junto a otras plagadas de mugre en el perímetro del aeropuerto alejado del centro de Pekín. Contrastes que pueden verse en el video que acompaña la muestra titulada precisamente Shangri-La. “Al principio pensé en el título de Ciudad Prohibida, incluso pensé en dividir la exposición teniendo en cuenta los pabellones que uno encuentra en esa ciudad, pero finalmente lo deseché con buen criterio”.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Más que trasladar ya sea la Ciudad Prohibida o el Shangri-La de Pekín a Valencia, lo que Horacio Silva hace es recrear sensaciones de ese viaje a Oriente. “No hace falta recurrir a Cavafis o a Ítaca para hacer un elogio del viaje”, estimó Garín, poniendo el acento en el trayecto más que en el propio destino, y subrayando cómo Horacio Silva “no se ha dejado llevar por el mimetismo de lo tópico”.

Sí es cierto que hay rostros de mujeres chinas, algunos mayúsculos y de un colorido desbordante, lo mismo que hay jinetes, relojes, piedras y joyas evocando aquellos pabellones por los que transitaba el emperador. Pero Silva, lejos de reproducir aquel ambiente vivido, esculpe sus sensaciones a base de colores bien distintos a los utilizados en su obra más reciente. “Hay verdes, rojos, rosáceos y violetas que no aparecen en mi pintura anterior”. Colores que vienen a reflejar igualmente el cambio social que se experimenta en el país asiático, donde el gris “debido al control ejercido por el régimen político”, va dejando paso a “colores fuertes y vibrantes en las fachadas”.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

El Shangri-La de la Sala Ferreres destila esa felicidad contradictoria del viaje como depósito de intensas sensaciones que el tiempo almacena. “La sala no se come la exposición”, precisó Garín. Puntualización que sirve a su vez para explicar la tensión entre el grandilocuente escenario evocado, nada menos que el lejano Oriente, y el materialismo poético de la obra expuesta. Melancolía del viaje, que el avión representa, pero que en el caso de Silva se abre en dos: “Como las lágrimas que aparecen en algunos de los cuadros, pueden aludir a momentos de tristeza pero igualmente de alegría”. He ahí la completa felicidad del Shangri-La de Horacio Silva.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Salva Torres

Meditaciones, un libro para entender el alma

Meditaciones, de Enrique Rosell
Editorial Círculo Rojo

“El ayuno es muy útil como herramienta creativa. Con su práctica se instala un estado de extrema lucidez, sensibilidad, captación de otras realidades, conocimiento de uno mismo y los demás y se abre camino la espontaneidad, la sinceridad y la libertad creativa.”

Oriente y su mística lleva mucho tiempo siendo la cuna de un nuevo estilo de vida, un estilo de vida que nos acerca cada vez más a nosotros mismos. Algo que por supuesto en Occidente no hemos sabido hacer. El ayuno es una práctica que realizan yogis de todo el mundo, pero que también ha calado fuerte en el ideario común, en la parcela más personal de nuestro quehacer diario. Ayunar es un modo de encontrarse con uno mismo, de conocer sus límites, eso que parece que buscamos en maratones interminables o en montañas infernales. Encontrarnos en el laberinto en el que a cada uno le ha tocado vivir es una suerte de lucha interna.

Enrique Rosell ha escrito tres libros, en sus tres obras ha buscado el misticismo, la interiorización de nuestras miserias como seres humanos. En ellos ha destripado sus ideas para aclarar las nuestras. Ahora acaba de autopublicar, con todo el esfuerzo que supone eso, su tercer trabajo en papel. Meditaciones, nace con ganas de enseñar, de ser nuestro maestro, el sensei que nos inicie en algo desconocido para nosotros. Nos hace reflexionar sobre la importancia de los privado, de lo íntimo de ser uno con nuestro cuerpo.

Mi vida experimentó un cambio desde 1993, cuando fui diagnosticado de Esquizofrenia Catatónica. Desde entonces he ido probando métodos, técnicas, o terapias como el vegetarianismo, el yoga, la meditación… El ayuno parecía un paso natural e inicié su práctica con curiosidad y entusiasmo. Proporciona unas sensaciones únicas, cuyos paralelismos sólo puedo comparar con el uso de sustancias psicodélicas, que he consumido. Opera un cambio de conciencia, suave y natural, una ingravidez y una sensación de ligereza y lucidez, un hermanamiento con toda forma de vida, la recuperación de un ritmo más lento y conforme a nuestra naturaleza, autoestima, fuerza de voluntad y la posibilidad de pasar hambre “controlada”, lo que ayuda a comprender un fenómeno tan espantoso como es la falta de algo básico como la comida entre millones de personas en el mundo”, dice el autor sobre lo que le ha impulsado a escribir este ensayo.

Llevo practicando ayunos desde 2010. Con el tiempo, se me ocurrió que podría llevar una especie de diario de todo lo que se me ocurría en esos 2 días que lo practico, todo lo que pensaba o experimentaba, y a la vez compartirlo con unos posibles lectores, interesados en el tema. A la vez pensé que podría constituir una especie de experimento literario y a la vez psicológico, con un cierto toque “científico”, y con esa idea surgió “Meditaciones”.

Enrique hace de lo difícil algo fácil, llevar un diario, no debe ser complicado, pero abrir en canal sus ideas y vomitarlas en un libro, siempre es algo complejo, sobre todo, y como sucede en el libro, lo hace de forma seria y sincera. Quizás la mente se despeje un poco más cuando no esté supeditada al deseo de comer, tal vez la densidad espacial se expanda y se aprecien detalles insospechados. Jamás he hecho ayuno, me veo inútil en ese terror, podría caer en la obviedad de decir que me gusta comer, y quedarme en esa frase que dice en realidad poco. Quizás ayunar me  convertiría en alguien diferente, con unos reflejos cambiado, no sé si a Enrique le ayuda a crecer o a llegar a lugares distintos.

El ayuno es muy útil como herramienta creativa. Con su práctica se instala un estado de extrema lucidez, sensibilidad, captación de otras realidades, conocimiento de uno mismo y los demás y se abre camino la espontaneidad, la sinceridad y la libertad creativa. Ayunar es un acto de introspección, de repliegue sobre uno mismo, de soledad, pero a la vez de conexión con todo lo que nos rodea y cuyas sensaciones más cercanas, como ya he comentado, son las que experimenta el consumidor de sustancias psicodélicas”.

Se puede deducir de las pausadas palabras del sonriente Enrique que la trascendencia de la persona se puede alcanzar con el ayuno, o al menos es un principio, “El misticismo está presente en todos y cada uno de nosotros, consciente o inconsciente. La mística, a pesar de la desvalorización que las iglesias oficiales han producido en el fenómeno religioso, es un componente humano. Significa buscar la trascendencia, experimentar nuestra conexión con nuestro yo más íntimo y a la vez con el universo. Esto era más frecuente o común en sociedades mal llamadas primitivas, porque eran más simples y a la vez más naturales, espontáneas y sin tanto conocimiento científico ni normas o leyes sociales. La mística es una llamada al autoconocimiento, a la búsqueda de respuestas, a “sentir”, más que a “pensar” y es un oasis en un mundo tecnificado, normativizado, programado y previsible. En mi caso, también he buceado en métodos ascéticos y místicos y forma parte, con otros muchos, de lo que entiendo por vida plena. El ayuno es también una forma de mística y siempre me han atraído las personas que utilizan su propia vida como búsqueda de experimentación, a pesar de los riesgos. No entiendo la vida sin mística, pero tampoco sin materialismo, porque ambos mundos son complementarios, como los árboles, que tienen una parte aérea y luminosa y otra subterránea y en tinieblas”.

Enrique parece un sabio en sus palabras, su mundo se abre paso a la vulgaridad para hacernos entender, de un modo placentero y nada impositivo, que hay muchas más cosas que las que nuestros ojos pueden ver. Abrir en libro es como atreverte a abrir el pestillo de una ventana antigua y asomar la cabeza por ella, no temblar al sentir el frío, pues esa sensación es nuestra, es parte de nuestra libertad de ser. En el libro encontraremos su visión de este país nuestro, pero siempre desde el ayuno, “Aparte del universo propio del ayuno, desde su práctica, sus sensaciones, sus luces y sus sombras, (este libro) es la excusa perfecta para observar y comentar la sociedad contemporánea, la realidad española, el sistema de valores imperantes, el actual estado de crisis económica, política, social e ideológica. Y como no, la realidad de un enfermo mental, su universo, sus experiencias, sus recuerdos, sus sueños, su intento de ayudar a quienes acaban de ingresar en este extraño “club”. “Meditaciones” es un libro de reflexión, de filosofía, de crítica, pero también de autoayuda, de humor, de amor, de amistad y de sano cachondeo.

Pero, ¿es una acto de rebeldía un libro con esta temática y con su especial socarronería?, “Escribir algo interesante y antisistema, aunque sea minoritario, es ya un acto de rebeldía. Todo lo que rompe con el estatus quo, con los valores dominantes o contra lo “correcto”, llámese capitalismo, patriarcado, liberalismo o el mundo clasista, ya constituye una rebeldía. No soy un revolucionario, nunca lo he sido, y creo que el arma de transformación es la educación y la cultura, y mis libros intentan hacer reflexionar, adoptar otras pautas, describir el verdadero rostro de nuestra sociedad y promover alternativas. Podría también entenderse que ayunar en una cultura consumista es un acto de paradoja, de absurda oposición, y de delirante locura, pero también de resistencia pacífica”.

Y la autoedición, ¿sería también un acto de rebeldía?, “Para escritores que empiezan es la mejor opción. Una editorial convencional sólo apuesta por inversiones “seguras”, por autores consolidados o productos que puedan dar dinero rápido. Por otro lado, los porcentajes que dejan al autor suelen ser de entre el 20 y el 30 % de las ventas. Publicar un libro con autoedición implica pagar tú los costes de impresión de la obra y distribuirlos por tu cuenta, casi siempre en tiradas limitadas, pero también la posibilidad de ganar algo más, puesto que conoces a los clientes potenciales (muchos de ellos amigos, familiares o conocidos) y vas creando unas expectativas en tu entorno más inmediato. Además autoeditarse es una guerra contra los intermediarios entre el autor y el lector, que se aprovechan y se benefician de tu propio trabajo, casi sin arriesgarse ni haber trabajado en ello”.

Llegados hasta éste punto, uno se para y reflexiona algo, podría levantar ampollas un libro que habla, apartando el lado místico que conlleva encartado, y parece hacer apología del ayuno, cuando asistimos a una devastación social, donde hay gente, entre ellos niños, que no pueden comer en nuestro país. “La única manera consciente y voluntaria de ponerse en situación de conocer lo que es el hambre que padecen millones de personas en el mundo, es practicando el ayuno. Para conocer un problema de verdad, hay que experimentarlo, es el camino más directo. Por tanto llamar demagógico o burgués al ayuno es absurdo, porque no se trata de una pose o de una moda, sino de un proceso de minimalismo, donde uno intenta curarse y a la vez mostrar solidaridad, empatía y cercanía con mucha gente que pasa hambre de modo voluntario y a la vez, paradójicamente, se ahorran alimentos. El ayuno enseña que se puede vivir con poco, que la medicina natural está al alcance incluso de los más humildes y que lo importante no es nadar en la abundancia o cometer excesos alimenticios, sino todo lo contrario. El ayuno no es demagógico o burgués, sino un método popular, barato y sencillo, donde se ahorra dinero, se gana salud y te hermana con el hambre mundial y con las clases que padecen muchas necesidades, y que por tanto un burgués o un rico quizás nunca entiendan, porque su universo es el de la abundancia, el exceso y el despilfarro”.

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Javier Caro

Si después de haber leído la entrevista deseas comprar el libro, puedes hacerlo a través de:
E-mail: enriqe-rosell@hotmail.com
Facebook: Enrique Cerrillo Rosell

El-Sherbini: ¿Deberíamos reírnos de esto?

No sé si debería reírme de esto…
Yara El-Sherbini
Galería pazYcomedias
Plaza Colegio del Patriarca, 5. Valencia
Hasta el 18 de abril, 2015

Es de padre egipcio y de madre caribeña. Y se nota. Se nota esa mezcla de tensión vivida en el país de Tutankamón y de alegría antillana. De manera que Yara El-Sherbini (Inglaterra, 1978) se toma las cosas en serio para reírse de ellas. Que es lo que hace en la galería pazYcomedias, donde muestra una selección de su obra comisariada por José Luis Pérez Pont, estrenando en Valencia una pieza jamás vista: ‘End of Conflict in the Middle East’.

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición 'No sé si debería reírme de esto'. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición ‘No sé si debería reírme de esto’. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Está considerada como una de las principales exponentes de la nueva generación de artistas británicos y una de las más destacadas protagonistas del movimiento Live Art. Arte vivo por oposición a ese otro que los artistas de esta (in)disciplina artística consideran, si no muerto, obsoleto. ‘No sé si debería reírme de esto…’, tal es el título de la exposición en pazYcomedias, va en esa dirección: la del “tono desafiante e inconformista” de una obra repleta de “humor ácido y rebelde”, según palabras de su comisario.

Y lo cierto es que Yara El-Sherbini se ríe de unas cuantas cosas, todas ellas relacionados con algunos de los clichés de la sociedad contemporánea. Por ejemplo, las relaciones entre Oriente y Occidente. La mayoría de trabajos que muestra en Valencia tiene que ver con ello. ¿Debería reírse del velo que portan las mujeres árabes? ¿O de las bombas caídas en Oriente Próximo? Deba o no, El-Sherbini no se muerde la lengua y lo hace: se ríe con sus propuestas críticas y obliga al espectador a cuestionarse los límites de esa sonrisa.

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición 'No sé si debería reírme de esto'. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición ‘No sé si debería reírme de esto’. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

La pieza ‘A Carpet Bomb (Persian)’ es eso: una alfombra bomba creada como si fuera una lámpara granada, con su mecha y todo. La instalación ‘Tipping Point’ está hecha con bolos cubiertos de velos, quién sabe si esperando que alguna mano los derribe lanzando contra ellos su agresiva bola. También hay un alfabeto magnético que actúa a modo de chiste, en el que se lee: “Una mujer con velo fue arrestada sospechosa de atentar contra la seguridad nacional. Ella señaló que estaba trabajando bajo cubierto”. El título de la pieza lo aclara todo: ‘Jokes from the dark side’ (bromas desde el lado oscuro).

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición 'No sé si debería reírme de esto'. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Obra de Yara El-Sherbini en la exposición ‘No sé si debería reírme de esto’. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Yara El-Sherbini utiliza ese lado oscuro de la práctica artística para revelar cierto inconsciente, al que apela como motor de una creatividad entre siniestra y juguetona. El estreno absoluto en Valencia de ‘End of Conflict in the Middle East’ se nutre de esa mezcla de oscuridad y chispeante ingenio. Pérez Pont lo explica así: “Es el resultado de una performance en una biblioteca, donde hace desaparecer todo el interior del libro ‘Conflict in the Middle East’ a base de perforar todas sus páginas con una taladradora de papel, acabando simbólicamente con el ‘conflicto’”.

Es la manera que tiene El-Sherbini de enfrentarse a la conflictiva realidad, haciendo uso de los clichés para zarandearlos mediante sus acciones terapéuticas. De hecho, como bien explicaba Freud en ‘El chiste y su relación con el inconsciente’, el desconcierto figura entre las premisas de lo cómico. Desconcierto al que sigue cierto esclarecimiento posterior fruto de la descarga emotiva. ¿Deberíamos reírnos entonces de la propuesta que acoge pazYcomedias? Hay tiempo hasta el 18 de abril de responder a una pregunta que requiere, eso sí, ponerse a prueba.

Conflict in the Middle East, de Yara El-Sherbini. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Conflict in the Middle East, de Yara El-Sherbini. Imagen cortesía de Galería pazYcomedias.

Salva Torres

«La ciencia ficción es más difícil que la fantasía»

Sindbad en el País del Sueño
Juan Miguel Aguilera
Editorial Fantascy
De venta en liberías

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) estudió diseño industrial, pero su vocación es la de diseñar historias en mundos paralelos, tanto en el ámbito de la ciencia ficción hard como de la fantasía oriental. A esta modalidad del género fantástico pertenece su última novela, Sindbad en el País del Sueño, un magnífico relato de aventuras de corte clásico, inspirado en las leyendas de Las Mil y Una Noches. Su trayectoria lo sitúa en uno de los peldaños más altos del podio de los escritores de literatura fantástica que en Valencia cuenta con dos primeras figuras: Laura Gallego, en versión juvenil, y Pilar Pedraza, en la línea gótica.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Aguilera escribió sus primeras obras en colaboración con Javier Redal, historias enmarcadas en la ciencia ficción dura, y ambientadas en La Saga de Akasa-Puspa, una recreación de mundos y ambientes consistente y detallista. Mundos en el abismo y sus continuaciones, Hijos de la eternidad y Mundos y demonios, combinan una trama típica de Opera Space con elementos de ciencia ficción hard. El refugio muestra una gran influencia científica en biotecnología, bioquímica, comunicación entre especies o en evolución. También ha colaborado con el conocido autor Rafael Marín Trechera y participado como guionista en la película Náufragos y en el cómic Avatar. Como ilustrador ha elaborado numerosas portadas para libros de ciencia ficción.

¿Su Sindbad tiene algo que ver con el de Las Mil y Una Noches?

He jugado con la idea de que se trata del personaje real cuya leyenda dio origen a los relatos de Las Mil y Una Noches. Para ello lo he situado en esta época, en el Bagdad del califa Harún al-Rashid, en el año 800 de nuestra era. Nunca me planteé adaptar los cuentos originales, sino crear una historia nueva con este personaje legendario. El que esté interesado en las historias de Sindbad que aparecen en Las Mil y Una Noches, podrá acceder a ellas en la traducción de Vicente Blasco Ibáñez gracias a unos códigos QR contenidos en mi libro. También he usado estos códigos, que se pueden entender como notas a pie de página, para ampliar la información histórica relacionada con la época y la ambientación de la novela.

¿El País de los Sueños y los seres que lo pueblan como djinn en sus diversas variantes están inspirados en algún relato o leyenda oriental, o son fruto de su imaginación?

Los djinn son citados muchas veces en el Corán. Es más, una de las suras está dedicada íntegramente a ellos. Por lo tanto, para un musulmán devoto los djinn existen sin ninguna duda, creen en ellos como yo creo en los maoríes aunque nunca haya visto a ninguno. Según el Corán, Alá creó a los ángeles en primer lugar, pero los hizo perfectos y sin voluntad propia. Luego se le ocurrió la idea de crear a los djinn, unas criaturas menos poderosas que los ángeles pero con libre albedrío, que decidirían por sí mismos si le eran fieles o no, y les dio la Tierra para habitarla. Por fin, Alá creo al ser humano, le dio la capacidad de decidir y también le dio la Tierra, lo que hizo inevitable el enfrentamiento entre hombres y djinn. Me parece una mitología fascinante, y aún más cuando es algo real para una parte importante de la humanidad. Organizando y dándole un poco más de coherencia a estas leyendas creé la trama fantástica de mi novela, imagino que de una forma semejante a como Tolkien utilizó las antiguas leyendas centroeuropeas como base para su Tierra Media.

Portada del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Portada del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo combina la fantasía y la realidad en cuanto a la descripción de lugares reales como Bagdag o las costas de África?

He intentado ser lo más riguroso posible con el entorno histórico, no olvidando nunca que se trata de una novela de aventuras. Es divertido pensar que algún detalle histórico le parecerá increíble a más de uno. Por ejemplo, el personaje de Yahiz es real; escribió el Libro de los Animales del que se habla en la novela, un claro precedente a la teoría de la evolución de Darwin. La embajada de Carlomagno es real y sucedió en esa época. Carlomagno, al hostigar a los rebeldes de al-Ándalus desde el norte, se convirtió en un inesperado aliado del califa Harún al-Rashid. Mi objetivo de mezclar datos reales con fantasía es suspender la incredulidad del lector, facilitarle que se sumerja en la historia, que crea que está leyendo algo real y que así disfrute más con la novela. Es como hacer un truco de magia: es una ilusión pero parece verdad.

¿Cómo se inserta este libro en el conjunto de tu obra?

Suelo decir que soy aficionado a la ciencia ficción pero no tanto a la fantasía. Sin embargo hay un tipo de fantasía que siempre me ha fascinado y es la que leía de niño, la que está relacionada con el universo de Las Mil y Una Noches y con películas como El viaje fantástico de Simbad, con los maravillosos efectos de Ray Harryhausen, o El ladrón de Bagdad, la versión protagonizada por Sabú. Es decir: Bagdad, las aventuras de navegantes en océano Índico, los comerciantes que regatean en un mercado por el valor de unas perlas, los genios (o djinn) saliendo de una lámpara, los animales gigantescos y fabulosos como el ave Roc, los desiertos misteriosos, las noches árabes, las junglas impenetrables… Ese era el mundo de fantasía de las novelas con las que crecí y todo eso está en Sindbad en el País del Sueño. Descubrí a Tolkien mucho más tarde y aunque también me gusta no puede emocionarme igual.

Varias veces ha escrito a cuatro manos con otro autor. ¿Qué sistema utilizasen estos casos?

Es difícil. Para empezar necesitas trabajar con alguien con quien ya exista un respeto mutuo, una admiración por la obra del otro, sólo así es posible confiarse tanto como para ceder parte de tu autonomía como autor. Después de eso, lo mejor es seguir un esquema muy detallado, no puedes empezar sin tenerlo todo claro de antemano. Aun así he tenido varios fracasos, novelas que he empezado con algún compañero y que no he llegado a terminar. Pero cuando sale bien, te sientes arrastrado por una especie de sinergia que hace que todo el esfuerzo valga la pena.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

¿La ciencia ficción es en su opinión un apartado dentro del género fantástico o algo autónomo? Lo fantástico arrasa, sin embargo la ciencia ficción parece en punto muerto.  ¿Qué opina al respecto?

Creo que son géneros diferentes y tienen historias diferentes. La fantasía existe desde hace mucho, las novelas de caballería que leía don Quijote eran novelas de fantasía no muy diferentes a las actuales. La ciencia ficción es hija de la revolución industrial y la primera novela que podemos considerar como tal es el Frankenstein de Mary Shelley. Creo que la ciencia ficción es un género más difícil, mucha gente piensa en la saga de Star Wars cuando se habla de ciencia ficción, pero estas películas están más cerca de la fantasía que de la ciencia ficción. Blade Runner es un buen ejemplo de película de ciencia ficción, es más difícil, responde a los miedos de una época, muchas veces trata temas profundos y no suele ser tan divertida y escapista como la fantasía. Quizá por eso tiene menos éxito.

Es evidente que siente una fascinación por lo oriental y su rica y milenaria civilización. ¿Qué piensa cuando lee las noticias sobre los conflictos que asolan esa parte del mundo? ¿Por qué esos países se han quedado tan atrasados?

Tras publicar mi novela Rihla, palabra que significa viaje iniciático en árabe, me invitaron a un festival en Egipto, unos meses antes de la caída de Mubarak. Pasé el mes de junio de 2010 en el Cairo e hice buenos amigos allí. Gran parte de la documentación sobre los djinn, y la forma en la que los musulmanes los ven, la obtuve en ese viaje. Cuando volví a España seguí en comunicación con mis amigos y amigas egipcios, que a través de chats me informaban de todo lo que estaba pasando y cómo lo estaban viviendo. Muchos de ellos fueron muy activos durante la revolución y recuerdo que me emocioné a altas horas de la madrugada, cuando me contaron desde la plaza de Tahrir la dimisión de Mubarak. Me recordaron los sentimientos de alegría durante la Transición española, ese deseo legítimo de vivir en un país libre. Pero claro, entonces aparecieron los religiosos que habían permanecido agazapados durante toda esa lucha. ¿Por qué están atrasados? Porque el gran avance de occidente es la separación entre la religión y el Estado, y ese es un paso que ellos aún no han dado.

Las ilustraciones del libro son también suyas. ¿Aparte de escribir se dedica también a la pintura?

Soy diseñador. Tenía un estudio de diseño e ilustración con Paco Roca, el autor de Arrugas. La portada y las ilustraciones interiores de Sindbad en el País del Sueño las tuve claras desde el principio, formaban parte de mi imaginación mientras estaba escribiendo la novela. Hice muchos bocetos para decidir el aspecto de los djinn, quería diferenciar las distintas razas que los componen y a la vez ser fiel a las descripciones de los textos antiguos. Hice un modelo en 3d del dhow de Sindbad para orientarme en las descripciones, imaginaba la luz del puerto de Basora y también la de la jungla, y el aspecto físico de los personajes con mucho detalle. Tengo una imaginación visual y a veces intento plasmar estar imágenes con palabras y otras con ilustraciones.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Escribo poesía occidental inspirada en la oriental”

La durmiente, de Susana Benet
Editorial Pre-Textos. Valencia

Una veintena de poemas leves y etéreos, como la pluma de un ave o el pelo de un gato que flotan en el aire y atrapan un último destello de luz. Veinte cápsulas de belleza concentrada que de lo mínimo asciende a la cumbre desde que se otea la existencia y que reflejan una larga trayectoria, del 2007 al 2013. La fascinación de Susana Benet por la cultura oriental en general y los ‘haikus’ en particular se refleja en su último libro, ‘La Durmiente’, publicado por Pre-Textos, que se presentó el 14 de enero, con la presencia de la autora, escoltada por José Saborit, pintor y poeta, y el editor Manuel Ramírez.

Susana Benet (Valencia, 1950) es licenciada en Psicología y combina la escritura, poesía sobre todo, con la pintura de acuarelas, aunque dice “sentirse más poeta que pintora”. Ha publicado varios poemarios: ‘Faro del bosque’, ‘Lluvia menuda’, ‘Huellas de escarabajo’ y ‘Jardín’. Ha sido incluida en antologías de ‘haikus’ y como acuarelista ha ilustrado varios libros dedicados a esta exquisita expresión poética japonesa.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de Faro del bosque, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué ‘La Durmiente’? 

El título tiene que ver con esa frontera que existe entre el mundo real y el soñado, una frontera difusa pues, a veces, ambos se confunden. Duermo mucho y presto mucha atención a los sueños. Algunos poemas han brotado en momentos de somnolencia o de calma, estados de donde surge a veces la inspiración. También me ha sucedido despertarme en mitad de la noche para escribir unos versos que me venían a la cabeza con mucha insistencia. El mundo del sueño es enigmático. Según una de las citas del libro, en el sueño aprendemos a morir y dedico algunos poemas a personas fallecidas.

El libro como tal está dedicado a tu ex pareja, el también poeta José Luis Parra ya fallecido. ¿Qué comentarios crees que le habría suscitado su lectura? 

Creo que habrían sido positivos, pues él fue quien me inició en la poesía y estuvo muy presente en la elaboración de este libro. Conté con su apoyo y su consejo. Desgraciadamente no llegó a ver el resultado final, no llegó a leer todos los poemas que he incluido, pero estoy segura de que habrían tenido su aprobación. Aprendí mucho leyendo sus poemas, que solía pasar a limpio en mi ordenador. Esto me influyó y creo que se percibe en mi tendencia a escribir sobre lo cotidiano, aunque mi forma de expresarme sea distinta a la suya. Es un libro que, de algún modo, le pertenece.

Háblanos de tu fascinación por el ‘haiku’ y la cultura japonesa en general. 

Fue el ‘haiku’ el que me introdujo en la poesía. Fue su brevedad y sencillez lo que me sedujeron. No sé por qué razón me he sentido siempre muy fascinada por lo oriental. No solo por el ‘haiku’, sino también por la poesía china clásica. En este tipo de poesía el lenguaje es claro y sugerente, huye de la pomposidad y el artificio. Predomina la naturalidad, algo que en occidente no es tan frecuente. Lo mismo sucede con la pintura ‘sumi-e’, en la que lo importante es sugerir con pocos trazos una imagen. Con el ‘haiku’ descubrí que podía escribir sobre pequeños acontecimientos cotidianos y transmitir emociones en pocas palabras. Y me di cuenta de que todo, por pequeño e insignificante que parezca, puede convertirse en poema, desde una hormiga hasta una piedra.

Portada de 'La durmiente', de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

Portada de ‘La durmiente’, de Susana Benet. Editorial Pre-Textos.

¿Por qué crees que la gente lee poesía y por qué es tan minoritaria? 

Constato que existen muchos lectores de poesía, incluso entre personas que no se dedican a la literatura. En los talleres de ‘haiku’ que imparto, los niños parecen disfrutar poniendo en marcha su lado creativo y muestran interés por componer y leer estas pequeñas estrofas. Algo que no siempre se estimula en la enseñanza. En mi caso, leo poesía porque es algo capaz de provocar emociones, lo mismo que la pintura o la música. Tal vez sea minoritaria porque no se divulga ni promociona lo suficiente.

¿Qué te impulsa a ti a escribirla  y cuáles son las vivencias y sentimientos que pretendes expresar con ella? 

Creo que es un impulso que brota de forma espontánea, por el puro deseo de crear, aunque en mi caso también influyó haber tenido acceso a ella durante mi adolescencia. En aquel tiempo, cuando leí a Juan Ramón Jiménez, me impactó tanto que deseaba imitarlo y convertirme en poeta. Más tarde conocí a otros poetas que también me impresionaron, como Rilke o Dickinson.

¿Estás al tanto de las últimas generaciones de poetas? 

Aprecio a muchos poetas actuales, aunque me siento más cercana a José Corredor-Matheos, Eloy Sánchez Rosillo, Antonio Cabrera o Miguel d’Ors, por citar algunos. Sin olvidar, por supuesto, a José Luis Parra. Y en poesía oriental, podría nombrar a poetas chinos clásicos, como Su Dongpo, Li Po o la poetisa Li Qingzhao, conocidos en España gracias a editoriales como Hiperión. En realidad, lo que intento es escribir poesía occidental inspirándome en la oriental, que me parece de una delicadeza extrema.

La pintura y la poesía combinan bien. ¿Cómo se ‘maridan’ en tu caso?  

Algunos poetas chinos y japoneses eran también pintores. En occidente, también encontramos personajes como Ramón Gaya, pintor y poeta. En cuanto a mí, me considero más poeta que pintora, aunque disfruto mucho con los pinceles, como simple aficionada. Todavía tengo mucho que aprender tanto en pintura como en poesía.

Que una prestigiosa editorial como Pre-Textos apueste por segunda vez por tu obra es un motivo de gran satisfacción. ¿Qué significa esa confianza para ti? 

Que Pre-textos me propusiera publicar mi primer libro de haikus, Faro del bosque, fue una de las mayores alegrías de mi vida y también una sorpresa, pues me dedicaba a escribir haikus por el placer de cultivar esa estrofa, sin más pretensiones. Con los poemas de La durmiente me sentía menos segura, pues nunca me había atrevido con más de tres versos. Sin embargo, la editorial ha vuelto a abrirme sus puertas y brindarme su apoyo, algo que agradezco de corazón. Gracias a ellos comencé a tomarme en serio como poeta.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Susana Benet. Fotografía: Gabriel Alonso.

Bel Carrasco