Nagima: ¡Madre mía!

Nagima, de Zhanna Issabayeva
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

La palabra machismo sirve para describir la violencia del hombre contra la mujer, ya sea por manifiesta agresión o simple imposición a la fuerza del ordeno y mando. Su opuesta, esto es, el feminismo, no refleja un exceso parecido por parte de la mujer, sino la más noble expresión de su lucha por la igualdad. De manera que no tenemos una definición que contemple la violencia de la mujer, en un plano similar al contemplado con el machismo. Y haberla hayla. ¿Quieren un ejemplo? La película Nagima, de la directora kazaja Zhanna Issabayeva, presentada en la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove.

Dina Tukubayeva en un fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Dina Tukubayeva en un fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Conviene aclarar que, en el caso que nos ocupa, no se trata de una violencia contra el sexo opuesto, sino la ejercida por una madre contra su hija, abandonada desde muy pequeña en un orfanato. Del padre de esa vilipendiada hija, como de otras parejas masculinas, nada sabremos, porque el film de Issabayeva sólo se ocupa del triste destino de las mujeres que protagonizan la áspera narración. Nagima es la joven destinada a deambular por el mundo, debido a la doble expulsión del universo familiar por parte de su cruel madre: de niña, abandonándola en un orfanato y, ya de adolescente, negándole la posibilidad de integrarse en la familia reencontrada.

Esa violencia de la madre con su hija, sin duda determinante en el lento pero agónico discurrir de los acontecimientos, Issabayeva la muestra descarnada en mitad de un seco paisaje. Cuando la vuelva a abandonar, tras achacar a la hija la ruina que supuso su alumbramiento (Ártico, de Gabriel Velázquez, también alude a este hecho), esa madre dará definitivamente la espalda a Nagima, separando a ambas mujeres una chirriante y cruel barrera en medio de un campo yermo.

Fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

La orfandad es el tema principal de la película; la orfandad y la búsqueda desesperada de amor por parte de Nagima, a raíz sobre todo de la muerte de su amiga y “hermana” de orfanato Anya. Como en ‘Johnny Guitar’, de Nicholas Ray, también aquí solicitará Nagima a un amigo que la mienta: “¡Dime que me quieres!”. Y se lo dirá, pero hará que se lo repita: “¡Dímelo de verdad!”. Abrazado a él, siquiera por un instante, sentirá un amor pero sin cuajo, porque en la vida de Nagima no cabe el amor una vez que la madre lo ha aniquilado con su doble expulsión del universo familiar.

Aún así, Nagima lo seguirá intentando, con toda la torpeza del mundo. A rebufo de esa intolerable crueldad materna, la joven se hará cargo del bebé que tuvo su amiga al fallecer desangrada, repitiendo así el ciclo de orfandad que se sucede en la película como un torrente baldío. Zhanna Issabayeva reconoció al concluir la película que dudó entre dos finales, para quedarse con el que más sentido tenía: aquél que refleja, al igual que lo hace la fotografía, el “tono plomizo y desesperanzado” de la narración.

Fotogframa de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Fotogframa de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Cinema Jove.

Casas a modo de barracones infames, carreteras polvorientas y lugares inhóspitos acogen las vidas monótonas de Nagima, la enferma Anya y la prostituta Ninka: tres mujeres sin futuro, que se aferran a la más triste de las supervivencias. En ese Kazajistán que parece desmoronarse (“no estoy segura de la dictadura, pero sí de su corrupción”, explica Issabayeva), Nagima camina como alma en pena; sin familia, sin papeles, sin nada.

Fotograma de 'Nagima', de Zhanna Issabayeva. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Fotograma de ‘Nagima’, de Zhanna Issabayeva. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

‘Juego de tronos’ a la valenciana

Las semillas del madomus, de Bel Carrasco
Presentación: Juan Miguel Aguilera
Librería Leo
C / Rinconada Federico García Sanchiz, 1. Valencia
Día 28 de mayo, a las 19.30h

Una enorme albufera por la que navegan piratas que secuestran niños para depravados sexuales y estrafalarias compañías de cómicos. Unas fiestas en honor al dios Foc que culminan con hogueras, fuegos artificiales y  apoteosis erótica. Una reina cruel que intriga para mantenerse en el poder por encima de todo, guerras y hambrunas  que devastan la población.

Lectora acérrima de literatura fantástica y adicta a Juego de Tronos, Bel Carrasco brinda en su segunda novela, Las semillas del madomus (Versátil) un homenaje al género en el que se siente como pez en el agua.  “No tengo ni el peso en kilogramos de Martin, ni sus toneladas de talento”, reconoce. “Pero sí una imaginación  calenturienta y me apetecía mucho  crear un mundo propio con su geografía, toponimia y mitología propia. Como es lógico llevé este mundo imaginario al terreno que conozco, el Mediterráneo, donde es más fácil sudar que pasar frío e impera la sensualidad y la corrupción”.

Portada del libro 'Las semillas del madomus', de Bel Carrasco.

Portada del libro ‘Las semillas del madomus’, de Bel Carrasco.

“Algunos consideran que la literatura fantástica es pura evasión, una forma de huir de la realidad”, añade Carrasco. “Pero yo creo que, además de dar una gran libertad al escritor,  es un vehículo perfecto para denunciar los males de nuestro tiempo que, en cierta manera, son los de todos los tiempos. Consecuencia del lado oscuro y destructivo de la naturaleza humana que necesita matar para sobrevivir”.

El mundo urdido por Carrasco es Ylliria, una isla con forma de guitarra o de cuerpo de mujer en cuyo centro se extiende un gran lago, el Damago, nombre del dios hermafrodita al que todos veneran. Un lugar idílico en el que no se conoce el invierno, que fue en origen un matriarcado gobernado por sabias mujeres: las matrix, con ayuda de las guerreras bélices y las dreidas o damas de los madomus, árboles mágicos en cuyo interior viven estas brujas benéficas, intermediarias entre los hombres y el furor de la naturaleza. Esa sociedad armoniosa es destruida por los hombres de hielo y los madomus destruidos.

“Las historia comienza muchos años después cuando Hanna, una chica huérfana que desconoce sus orígenes, emprende un viaje  con la intención de descubrirlos y saber quién es”, explica Carrasco. “A lo largo de este periplo se enfrenta a numerosos peligros y vive un sinfín de aventuras, hasta que descubre su verdadera naturaleza y su misión: localizar las últimas semillas del madomus”.

Además de Juego de tronos, Carrasco reconoce la influencia de El señor de los anillos, El nombre del viento, la película La princesa Mononoke y otras muchas grandes obras de un género “que en España sigue marginado, aunque los jóvenes demuestran cada vez mayor interés hacia él”.

Con un trasfondo feminista y ecológico, Las semillas del madomus es, sobre todo, un relato de aventuras de corte clásico que complacerá a quienes todavía conservan su capacidad de asombrarse ante lo maravilloso y que se puede leer a partir de los 14 o 15 años.

Bel Carrasco es periodista especializada en temas de cultura y sociedad, colaboradora de El Mundo y la revista digital makma.net. Ha publicado la novela El relojero de Real (Atlantis) y participado en un par de libros colectivos de cuentos editados por la Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco. Imagen cortesía de la autora.