Ilustraciones de ilustres valencianos

Il.lustres valencians il.lustrats
Llibres de la Drassana
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia

No son caricaturas ni tampoco retratos tradicionales. El ilustrador Migue Martí ha acuñado una forma personal de representar una galería de personajes ilustres con los mínimos trazos, a base de enfatizar los rasgos más visibles de su fisonomía. El  resultado se plasma en Il.lustres valencians il.lustrats (Llibres de la Drassana), una guía básica de los hombres y mujeres de la Comunidad Valenciana que a lo largo de los siglos XIX y XX dejaron huella en el mundo del arte, la cultura y otros ámbitos. Son en total 95 personajes seleccionados entre 150, cuya vida y obra resume la historiadora Judith Coronado. Parte del proyecto, cinco diseños grandes y diez más pequeños se pueden contemplar a lo largo de este mes de marzo en la galería Pepita Lumier de la calle Segorbe.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valenciana il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

“He querido hacer una revisión actualizada de aquellos antiguos retratos de nuestros abuelos que fuera también un homenaje a la memoria de los grandes valencianos”, dice Martí. “Para ello en cada caso enfatizaba los rasgos más acusados de su rostro, a veces algún adorno como el broche en forma de nota musical de Lucrecia Bori. Una nariz grande, un bigote, un lunar me facilitaban la tarea. Uno de los que más me costó plasmar fue mi querido y admirado poeta Vicent Andrés Estellés”.

En este quién es quién ilustrado aparecen lógicamente las grandes celebridades, como  Blasco Ibáñez, Sorolla o Joaquín Rodrigo. Pero también personajes populares hoy casi olvidados, como el ventrílocuo Francisco Sanz, el ingeniero Francisco Mora,o el dibujante y fotógrafo Enrique Pertegás. El más antiguo, el escritor  Wenceslao Ayguals de Izco (Vinaroz, 1801-Madrid, 1875) y el más reciente otro escritor, Rafael Chirbes, fallecido el pasado año en Beniarbeig del que Martí ha logrado un sorprendente parecido con sólo tres trazos.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Las mujeres son minoría, un 20%, fiel reflejo del escaso espacio público que ocupaban antaño. Están representadas la escritora romántica Amalia Fenollosa, la soprano Lucrecia Bori, la política María Cambrils, la primera abogada de España, Ascensión Chirivella y la bailarina y coreógrafa Olga Poliakoff.

Con esta galería de personajes ilustres en clave contemporánea los autores pretenden mostrar que, más allá de los casos de corrupción y descrédito político, la Comunidad ha aportado grandes figuras al mundo de la cultura y el arte.

“Hemos invertido un año y medio en este proyecto destinado a lectores de todas las edades”. Efectivamente. La frescura y simplicidad de las ilustraciones  las hace muy adecuadas para introducir a los niños y jóvenes en las glorias del pasado cuyo fulgor no empaña el paso del tiempo.

Algunos de los ilustradores valencianos ilustrados.

Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Bel Carrasco

Vecinos inolvidables

Fotografías gigantes de Luis Montolío

Barrio del Carmen de Valencia

Todos los barrios tienen vecinos más o menos ilustres, más o menos frikies. Personajes que destacan del resto y animan el tono neutro y gris de la fauna urbana con una nota de color. Seres pintorescos por su estrafalaria indumentaria, peinado rasta o el perro mutante que sacan a pasear. Todos los barrios tienen su nómina de vecinos inolvidables, pero sólo el del Carmen de Valencia ofrece una especie de museo a la intemperie de algunos de sus habitantes más carismáticos gracias a las tres fotos gigantes, o ‘para masas’ como las llama su autor, el fotógrafo Luis Montolío. «Elegí a estos tres modelos porque tienen una fuerte personalidad, o tenían ya que Poliakoff falleció  hace unos años», dice Montolío. «Fer González es camarero, pero tiene mucho gusto e imaginación para la ropa y él mismo diseñó su atuendo de guerrero prehistórico. Lo del perrito fue para darle un toque de ternura».

Imagen de Olga Poliakoff, junto a la autora del texto, Bel Carrasco.

Imagen de Olga Poliakoff, junto a la autora del texto, Bel Carrasco.

Víctor, el joven sentado entre escombros junto a un cartel: ‘Se prohíbe tirar basura bajo pena de sanción’, también tiene mucho que contar. «Estuvo diez años a la sombra por robar bancos, pero ahora está totalmente integrado en el barrio», comenta Montolío. «Hace trabajos diversos, mudanzas o pintar pisos y se relaciona muy bien con la gente».

La vida de Olga Galicia Poliakoff, conocida como Olga Poliakoff, aunque para mí siempre será Olguita, pues la conocí de niña en la escuela de su madre, fue corta e intensa, marcada por un origen algo exótico y una entrega total a la danza. Su padre, Julián Galicia,  era colono y cazador de elefantes en África y su madre una bella y elegante dama con una estimulante mezcla de sangre rusa y valenciana. Parecen personajes de una novela romántica, pero su historia no tuvo final feliz, pues Julián murió precozmente, como años después lo haría su hija.  A su entierro fue uno de los primeros que asistí  y recuerdo que se celebró un deslumbrante día de verano.

Imagen de Olga Poliakoff extraída del blog oficial de su hermano David Poliakoff.

Imagen de Olga Poliakoff extraída del blog oficial de su hermano David Poliakoff.

En los años sesenta, Doña Olga abrió una de las primeras escuelas de ballet de Valencia en un piso de la calle Salamanca a la que tuve la suerte de asistir y poco después se trasladó a Conde Altea, centro de formación oficial para varias generaciones. Sus festivales de fin de curso en el Principal eran un evento señalado, esperado con ilusión por sus alumnas y padres a cuya preparación se consagraban madre e hija  con entusiasmo. En ese ambiente de amor al ballet creció Olga, que montó una segunda escuela en la calle Turia y combinaba la enseñanza con su carrera artística como bailarina.

Un accidente de tráfico truncó sus sueños y su vida tomó otro rumbo; montó un local en el barrio del Carmen al que desde muy joven se sintió vinculada y se casó con un rumano. Cinco años después de su muerte, el retrato de Montolío, que  la capta en sus últimos años con uno de sus extravagantes peinados, preside uno de los rincones del barrio en la calle Coronas y quienes la conocimos tenemos ocasión de despedirnos otra vez de ella. ‘Adiós, Olguita, que sigas bailando allí donde estés’.

Imagen de Olga Poliakoff colgada en el barrio del Carmen. Fotografía: Eva Máñez.

Imagen de Olga Poliakoff colgada en el barrio del Carmen. Fotografía: Eva Máñez.

Bel Carrasco